miércoles 1 de julio de 2009

La justicia kamba ra'anga


Montanaro vuelve al Paraguay, en silla de ruedas y con tapabocas (Foto: Juan Aguero). Su representación cómica a cargo de los kamba ra’anga de Itaguazú (Foto: René González).


No hubo necesidad de que el enmascarado y folklórico locutor en guaraní nombrara siquiera su nombre.
En la mágica noche de Itaguazú, en las cumbres de la agreste serranía de Altos, los guaikuru y los kamba ra’anga bailan una danza colectiva que evoca antiguos rituales de fuego, al son de la banda koygua, mientras la multitud apretujada en torno a la kancha kora aplaude y festeja cada representación cómica surgida del ingenio popular.
“¡Ahora llega un visitante famoso…! ¡Alguien que seguramente hizo muchas cosas malas en el pasado y que se fue del país cuando las cosas se pusieron bien feas…! ¡Pero aquí está de vuelta con nosotros…!”, exclama en lenguaje aborigen la voz impostada del locutor con máscara de travieso duende.
Entre el murmullo multicolor de la fiesta popular se abre paso una grotesca figura en silla de ruedas, escoltada por otras siluetas igualmente enmascaradas.
Se produce un repentino silencio. Un momento muy breve en que el inconsciente colectivo rescata de la memoria la otra imagen: la original, la que se registró en la madrugada de ese viernes 1 de mayo de 2009, en los corredores del Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi, cuando aquellas fotografías e imágenes en video le mostraron al mundo que el ex ministro del Interior y victimario mayor de la dictadura stronista, prófugo de la Justicia, Sabino Augusto Montanaro, había llegado sorpresivamente, anciano y enfermo, con la intención de morir en su patria.
No hubo siquiera necesidad de nombrar su nombre. Bastó la caricatura de aquella imagen que se multiplicó en las pantallas de la televisión, en las portadas de los diarios y en los sitios web de noticias.
Aquel anciano de siniestra historia, conducido en silla de ruedas, con un tapabocas que le cubría el rostro, volvía a revivir en forma de farsa por un kamba ra’anga enmascarado, vestido con una tosca túnica hecha de bolsas de tela, trasladado en su silla por otros personajes aun más grotescos, en medio de la hilaridad y los gritos de jolgorio de la muchedumbre, mientras era paseado en una caravana, sometido a estrambóticas caídas, golpes y gritos de burlas.
“Oú jey Montanaro (El regreso de Montanaro)” se convirtió en la representación cómica más celebrada y exitosa en la tradicional fiesta de San Pedro y San Pablo, en la compañía Itaguazú de Altos, durante las noches del 28, 29 y 30 de junio.
En la representación anónima de la comedia popular, con sus identidades difuminadas detrás de las máscaras, los jóvenes pobladores campesinos asumen la corporización de un anhelo colectivo. Y mientras el verdadero Montanaro sigue evadiendo el justo castigo gracias a los resquicios de una Ley que él nunca supo cumplir ni respetar, su otro yo caricaturizado en la leyenda ritual de Itaguazú recibe la condena social de la burla y el escarnio público.
Es la justicia kamba ra’anga.

viernes 26 de junio de 2009

Madrugada en la tierra de nadie


¿Cómo es despertarse súbitamente en el frío cortante de la madrugada, con una lluvia de balas martillando las paredes de tu casa?
Al periodista Santiago Benítez todavía se le quiebra la voz cuando relata las horas de horror que le tocó padecer con su familia, el pasado domingo 21 de junio, cerca de las 5:00 a.m., cuando manos anónimas dispararon desde las sombras contra su vivienda, en la ciudad de Pedro Juan Caballero. Nueve balazos quedaron incrustados en las paredes, huellas lacerantes de la violencia criminal y la estructural impunidad.
En el subconsciente colectivo volvieron, inevitables, los trágicos recuerdos de lo sucedido con otro periodista, también llamado Santiago, hace 18 años, entonces director propietario de ZP 31 Radio Mburucuyá, la misma emisora en la que hoy su tocayo y discípulo desarrolla su labor profesional.
Aquel 26 de abril de 1991, al mediodía, en la exacta línea fronteriza entre Pedro Juan (Paraguay) y Ponta Porá (Brasil), la llamada “tierra de nadie”, tres sicarios dispararon 21 certeros balazos contra el vehículo de Santiago Leguizamón, apagando una voz valiente que se atrevió a soñar con un Amambay distinto, de trabajo y desarrollo, libre de oscuros amos del narcotráfico. La Justicia paraguaya nunca pudo (o nunca quiso) aclarar el crimen, que continúa alevosamente impune.
El ataque de esta semana, contra el otro Santiago, fue un aviso, una amenaza, un “estate quieto”. Cuando la mafia dispara a matar, nunca yerra el blanco. El colega Benítez estaba divulgando demasiadas noticias molestas, mientras se preguntaba por qué las autoridades nacionales, y sobre todo policiales, permiten que Pedro Juan sea escenario de una sangrienta batalla entre el Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV), las dos organizaciones criminales brasileñas que han plantado su bandera en territorio paraguayo.
“La Policía Nacional, con personal corrupto en sus filas, no tiene las más mínimas condiciones de brindar seguridad a nadie. Muy por el contrario, la tan añorada seguridad la tienen los delincuentes, que a cambio de sumas semanales de dinero, están enterados de todos los movimientos que realiza la Policía Nacional” dice un pronunciamiento de los comunicadores pedrojuaninos, nucleados en la filial Amambay del Sindicato de Periodistas del Paraguay.
Santiago Benítez hoy quiere abandonar Amambay, por su propia seguridad y la de su familia. Sería un grave retroceso, una victoria de la mafia. Santiago y los demás periodistas de la región cumplen un importante rol social al mantener viva la voz de la población, y deben recibir el más fuerte respaldo de todas las instituciones democráticas para seguir desarrollando su valiosa labor, con las máximas condiciones de seguridad y protección.

viernes 19 de junio de 2009

400 muertos sin justicia


Hace cinco años, cuando aquel fastuoso Templo del Consumismo se convirtió en ratonera mortal, en un lugar tan siniestro que no hubiera imaginado ni el mismo Dante en su clásica representación del Infierno, encontraron que las puertas estaban cerradas. Esa disposición criminal le costó la vida a cerca de 400 seres humanos y dejó una similar cantidad de heridos.
Hoy, los sobrevivientes y los familiares de las víctimas del incendio del Supermercado Ycua Bolaños vuelven a encontrar otras puertas cerradas: las de este corrupto y kafkiano sistema jurídico que algunos insisten en llamar Justicia.
Si los plazos inexorables se cumplen, y la indolencia o la complicidad lo permiten, el próximo 2 de agosto la causa judicial por la más grande tragedia ocurrida en la historia del Paraguay -aparte de las dos guerras - se extinguirá sin remedio y quedará envuelta en la impunidad más terrible y absoluta.
¿Es posible tanta indolencia, tanta corrupción, tantos oídos sordos ante los gritos de dolor que se elevan al cielo?
A cinco años de la magna tragedia no hay un solo responsable preso. Todos los acusados de haber participado en las criminales decisiones y negligencias que enlutaron a la sociedad paraguaya gozan de libertad, mientras las víctimas deambulan cual molestos fantasmas, cada vez más solos y huérfanos de la solidaridad, mientras la Justicia se les escapa como arena entre los dedos.
Hoy quedan exactamente 42 días de plazo para que la causa se extinga oficialmente… y cada minuto que pasa es una carrera contra el tiempo. ¡Es hora de reaccionar y de unir nuevamente todas las voces, todas las manos, todos los corazones, junto a los incansables luchadores del 1-A!
La lucha por la Justicia no es solamente la lucha de las víctimas y sus familiares. Es una lucha de todos. El Paraguay entero será responsable si es que el mayor crimen colectivo acaba en el opa reí.
Seremos responsables de la impunidad los ciudadanos y ciudadanas que no fuimos lo suficientemente solidarios para indignarnos, alzar nuestra voz y actuar con justa rebeldía.
Serán responsables los partidos políticos y los miembros del Poder Legislativo, con sus ministros de la Corte inamovibles y sus magistrados elegidos por cuota.
Serán responsables los del actual y los del anterior Poder Ejecutivo, que prometieron tanto e hicieron muy poco por amparar los derechos de las víctimas.
Y por sobre todo serán responsables los que manejan este nefasto Poder Judicial, al que de Justicia ya solo le quedará el nombre.

lunes 15 de junio de 2009

Adiós a las armas


Eran los temibles dueños del país. Imponían miedo con su sola presencia armada y uniformada. Los camiones verdes recorrían los polvorientos caminos del interior, a la cacería de humildes jóvenes campesinos, muchos de ellos menores a los 18 años establecidos para el Servicio Militar Obligatorio (SMO). Era doloroso ver esos rostros oscuros y asustados, marchando arreados como reses de ganado hacia los fortines del Chaco o las fronteras.
En las remotas y aisladas poblaciones, los cuarteles militares eran castillos feudales que se alzaban como siniestros centros de poder represivo sobre el destino de hombres y mujeres.
El “glorioso Ejército paraguayo”, que no fue capaz de impedir el desvío del río Pilcomayo hacia la Argentina, o de detener el robo de los milenarios bosques hacia el Brasil, fue usado por la dictadura stronista como tropa de combate contra su propio pueblo, al arrasar a sangre y fuego la colonia San Isidro de Jejui, San Pedro, en 1975, por el “delito” de haberse convertido en una isla de la utopía, o al imponer un sitio de hambre contra los rebeldes campesinos del asentamiento Tavapy Segundo, Alto Paraná, en 1986, solo porque reclamaban un pedazo de tierra propia.
Un amplio sector de las Fuerzas Armadas se redimió con la historia al protagonizar el levantamiento armado de febrero de 1989, que derrocó al dictador Alfredo Stroessner y abrió caminos a la transición democrática. En ese proceso, acabó devorado por su propia revolución: la Constitución de 1992 instituyó la Objeción de Conciencia, que en la práctica significó la muerte del SMO.
En todos estos años, los cuarteles militares paraguayos se han ido sumiendo en un franco y lento deterioro, que de alguna manera es también el reflejo del proceso en que se sumió toda la sociedad. La larga lista de más de 100 soldados muertos por abusos o negligencias durante la conscripción, agudizó la rebeldía civil de los jóvenes y multiplicó el número de objetores.
Hoy los destacamentos fronterizos son ruinosas edificaciones en donde abundan jefes y oficiales, mientras escasean los soldados. No debe extrañar que policías bolivianos, brasileños o argentinos ingresen impunemente a realizar arrestos en territorio paraguayo, cuando hay un solo militar para cuidar cada 13 kilómetros de frontera.
En estos 20 años de transición democrática hay un gran debate que falta: ¿qué modelo de Fuerzas Armadas queremos para el Paraguay del Siglo Veintiuno?

viernes 5 de junio de 2009

Crónica desde el corazón del frío


Hace frío. Mucho frío. El termómetro marca 4 grados centígrados en la helada soledad de la noche. El viento del Sur hiere como mil alfileres en la piel. Dentro de la precaria choza de hule amarrada a un árbol del Parque Alejo García de Ciudad del Este, la pequeña M.E., de 6 añitos, llora y tiembla convulsivamente. Ni las ajadas mantas, ni el calor de la hoguera cercana, ni el angustiado abrazo de su mamá, consiguen sacarle ese temblor.
Una fogata de leños raquíticos arde sobre las baldosas de la plaza, frente a la sede de la Gobernación del Alto Paraná. Medio centenar de indígenas Ava Guaraní se apretujan alrededor, buscando el calor que no llega. ¿Por qué será que esta hoguera no calienta como el tatapyi de los ancestros, en los tekoha del monte? Ya no hay monte, ya no hay tekoha, y la ciudad es fría como el cemento, como el corazón de los blancos.
La gente está encerrada en sus casas, calentita con sus estufas y sus frazadas. Los autos pasan raudamente por la avenida Bernardino Caballero con los vidrios cerrados y la calefacción prendida. Nadie se detiene. Nadie se entera de que ellos están allí, tiritando de frío. Duele el viento del Sur que hiere en la piel, pero más duele el frío que se mete en el alma.
Son diez familias, poco más de 50 personas. Hay 37 niños y adolecentes menores. Vivían en la selva protectora, a orillas del río Paraná, pero hace varias lunas los blancos construyeron una represa, entonces el río se enojó e inundó sus tierras, y ellos tuvieron que marcharse, cuenta el líder Benito Martínez. Tras un largo peregrinar se asentaron en la comunidad Tekoha Pyahu, en el kilómetro 12 Monday, entre las basuras del vertedero municipal de Ciudad del Este.
Cansados de ser invisibles, ignorados y olvidados, hace tres semanas se instalaron en el Parque Alejo García, no muy lejos de donde están sus hermanos Mbya Guaraní, en otras precarias “tolderías urbanas”. Piden un ómnibus para llegar a Asunción y armar un campamento frente al Instituto Nacional del Indígena (INDI), a ver si no les dan tierra y asistencia.
Luego de las publicaciones de Última Hora, llegó gente del Gobierno y la Municipalidad a traerles algunas ropas y cestas básicas de alimentos, pero ninguna solución de fondo.
En su discurso de asunción al mando, el 15 de agosto de 2008, el presidente Fernando Lugo anunció que el delito contra los indígenas dejará de “navegar en las aguas de la impunidad”.
Los Ava Guaraní siguen allí, en la plaza desnuda… y el frío continúa.

miércoles 3 de junio de 2009

Treinta años de periodismo


Yo tenía 17 años y necesitaba desesperadamente conseguir un empleo. Tras concluir el bachillerato en la calcinada Salto del Guairá, cargué mis maletas y me trasladé a Asunción, convencido de que mi destino era convertirme en periodista. Pero un accidente segó la vida de mi padre en aquel trágico 1979, dejándome con una madre y dos hermanas desconsoladas, y mis mejores sueños al borde del abismo.
Mi tío Blas Roberti me tiró un cable salvador: “El director de Última Hora es amigo mío, le voy a llamar”. Con mis textos estudiantiles dentro de una carpeta verde, llegué hasta el viejo edificio de la calle Benjamín Constant 658, y tras una larga antesala, me encontré ante un sorprendido Demetrio Papu Rojas.
“Pero… ¡sos muy joven todavía!”, me reclamó el director, que no tenía más de 25 años. Tras un interrogatorio que no ayudó a despejar sus dudas, llamó al jefe de Redacción, el profe Pedro Justino Macchi. “Tomalo como practicante. No le vamos a poder pagar nada todavía”, decretó Papu.
El 1 de junio de 1979, a las 7.15 de la mañana, con cara del adolescente más perdido del mundo, ingresé a la Redacción de Última Hora. Macchi me presentó a los demás editores. “¿Qué…? ¿Ahora contratamos criaturas?”, se burló Félix Humberto Paiva. En seguida me encomendó mi primera misión: “Andá a comprarme una coca de la cantina”.
Recuerdo esa primera mañana como una interminable navegación entre periodistas apurados que me desalojaban de sus mesas. Al filo del mediodía, Macchi me encargó una tarea: “Andate al Mercado a traerme precios de la carne y las verduras”. Allá fui, con el inefable Fotosky Irala, que partía a otra cobertura y me iba a dejar en el camino.
Quiso el destino que en aquel momento se produzca una batalla campal entre inspectores municipales y vendedoras del mercado. El intendente Pereira Ruiz Díaz quería despejar la calle Battilana, pero las mercaderas se resistieron con piedras y palos, dejando varios heridos. Fotosky disparó su cámara, mientras me indicaba a quién entrevistar. En seguida me arrastró a la camioneta y volvimos al periódico: “¡Esta es la noticia del día!”.
Cuando Macchi lo supo, se puso eufórico. Buscó a un periodista que redacte la noticia, pero todos estaban muy ocupados, o ya se habían marchado. El diario era vespertino, y estábamos en la hora de cierre. Le dije que no se preocupe, que yo mismo le iba a redactar. Huyendo de su mirada de desconfianza, me senté ante la primera máquina de escribir y traté de disimular que estaba temblando. Veinte minutos después dejé sobre su mesa las dos cuartillas. Las leyó, hizo algunas correcciones, y me dijo que me podía retirar.
Esa tarde sentí un escalofrío al ver en las páginas impresas mi anónimo primer artículo. Se me escaparon algunas lágrimas, que me las sequé rápidamente, para que nadie se de cuenta. Al día siguiente, el director Rojas me llamó a su despacho y me anunció que estaba oficialmente contratado como periodista practicante, y que desde ese mes iba a cobrar mi primer sueldo.

Sangre y tinta. Se cumplen 30 años desde aquel lejano día. ¿Tanto y tan poco?
En 1995, cuando publiqué la serie “El país de la droga”, el hijo del Rey de la Marihuana de Capitán Bado, Ramón Morel, me ofreció un fajo de dólares para cubrir “mis gastos”. Lo rechacé con amabilidad y le expliqué que la entrevista que me había dado en la clandestinidad no tenía precio.
En 2002, cuando publiqué una serie de reportajes sobre los escuadrones de la muerte en la frontera seca con Brasil, me llegó un sobre que contenía una bala calibre 45 con un papel pegado con cinta adherente, en donde estaba escrito mi nombre. La tengo bien guardada, cual amuleto de la suerte.
Tuve el privilegio de cubrir la muerte del ex dictador Alfredo Stroessner, en Brasilia. La alegría de encontrar vivo al desaparecido periodista Kike Galeano, en Sao Paulo. La osadía de llegar al corazón del narcotráfico y del contrabando, de radiografiar las muchas formas de corrupción que corroen el alma del Paraguay. La discutida primicia de revelar la otra cara de Fernando Lugo, con el tema de sus presuntos hijos. Pero también tuve el grato placer de contar las maravillas del otro país: la revolución de la limpieza en Atyrá, la experiencia de salud comunitaria en Fram, los fuegos mágicos de Tañarandy…
Me hice periodista porque tengo miles de preguntas que me consumen el alma. Porque quiero saber y entender qué pasa, y ayudar a que la gente también sepa y entienda. El mundo sería otro si tuviésemos mejor información para decidir con mayor criterio y conocimiento nuestro propio destino.Creo que el periodismo es un fin y no un medio. Elegí ser periodista para ser periodista, y no como el camino más corto para enriquecerse, conseguir un cargo público o figurar en una lista de candidatos.
Treinta años después, mis sueños están enteros. Y todavía queda tanto por hacer…

domingo 31 de mayo de 2009

Carta de adiós a un orientador vocacional

Estimado doctor:
No voy a asistir a la próxima sesión de orientación vocacional en su consultorio, porque ya resolví la profunda crisis existencial que me tenía re-angustiado desde que terminé la secundaria. Se acabó la duda acerca de cuál carrera universitaria seguir, qué profesión abrazar en la vida.
Es que leí una noticia en la tapa del diario Última Hora y se me iluminaron los ojos. ¡Al fin vi la luz! Me convencí automáticamente: ¡Yo quiero ser guardia de Yacyretá!
Imagínese, doctor. ¿En qué otra carrera, oficio, profesión o lo que sea, en este país, puedo aspirar a ganar los 19 millones de guaraníes al mes que, según un informe de la Contraloría, ganaba un guardia de seguridad en la binacional?
Sí, claro: yo sabía que allí corría mucha plata al bolsillo de los muchachos. ¡Si el propio presidente argentino Menem calificó a Yacyretá de “monumento a la corrupción”, imagínese! Por eso no me extraña que la Contraloría diga que entre enero y agosto de 2008, última etapa del gobierno colorado de Duarte Frutos, la entidad gastó 23 millones de dólares solo en salarios, y entre quienes más cobraban hay políticos como el ex presidente de seccional de Villarrica, Dario Vázquez, 23 millones al mes, o el ex intendente de Ayolas, Antonio Barreto, 20 millones, sin que existan registros de que alguna vez hayan ido a trabajar.
Todo eso no me extraña. Lo que me sorprende es que, según la propia Contraloría, esa situación no haya cambiado mucho. Que a casi diez meses de haber asumido el “Gobierno del cambio y la transparencia”, el propio actual director de Yacyretá, ingeniero Carlos Cardozo, salga a justificar que los altos sueldos son una “conquista laboral”.
Cardozo debe saber de qué habla. Sus compañeros del partido Tekojoja en Alto Paraná cuentan que hace poco más de un año tenían que contribuir dinero para pagarle su combustible en las giras políticas. Ahora, sin embargo, él tranquilamente saca de su bolsillo 98 millones de guaraníes para devolver al erario público, porque dice que se equivocó al autorizar el financiamiento de un congreso de jóvenes socialistas en un Cuartel Militar.
Así que lo tengo resuelto, doctor: ¡Yo quiero ser guardia de Yacyretá! Y no pretendo cometer el error del ingeniero Aldo Ríos, quien siendo funcionario de la entidad, el mes pasado divulgó documentos que mostraban que se iba a pagar 5 millones de dólares por un Sistema de Monitoreo y Control de Gestión que nunca funcionó. En lugar de ser premiado por transparentar una irregularidad, Ríos fue inmediatamente despedido. Y en seguida el director Cardozo emitió la circular DMD 038/2009, por la que “está expresamente prohibido proveer documentaciones a personas extrañas a la institución”. De lo contrario, ¡ñácate!
Adiós y gracias por todo, doctor.
Su ex cliente, el futuro guardia de Yacyretá.

jueves 21 de mayo de 2009

¡Grande, Joaquín!



¡Y ganó nomás, como tanto esperábamos!
Con un total de 3.500 votos volcados a su favor a través de Internet, el cortometraje animado Sebastian’s Voodoo, del joven realizador paraguayo Joaquín Baldwin, resultó el gran ganador del Festival cinematográfico de Cannes, Francia, en la categoría “Short Film Corner”.
A su manera, Joaquín repite o multiplica la gran hazaña que lograra nuestra compatriota Pacita Encina, en el 2006, cuando su opera prima, el film Hamaca Paraguaya, obtuvo el Premio de la Crítica en la sección “Un certain regard” (una mirada peculiar), también en Cannes.
El hecho de que jóvenes e ignotos realizadores, surgidos de un país casi sin historia audiovisual, totalmente huérfanos de apoyo del Estado o de instituciones privadas, se alcen con el mayor y más codiciado premio cinematográfico en sus respectivas categorías, es algo que habla muy bien del Paraguay, en medio de tantos flashes noticiosos internacionales sobre escándalos de hijos presidenciales, amenazas de bombas, complots políticos y mezquindades palaciegas.
Al igual de lo que fue la historia de Pacita, la de Joaquín Baldwin es también la historia del chico con genio y vocación, que logra abrirse paso para hacer lo suyo, contra viento y marea,.
Hace apenas 7 años era un talentoso diseñador de páginas web que trabajaba junto a Cristian Chena, en la revista Hypermedia, en Asunción, mientras soñaba con hacer cine de animación, y sentía que le faltaba el oxígeno.
Un buen día hizo sus maletas y partió a Ohio, Estados Unidos, para probar suerte en la Columbus College of Art & Design. De allí dio un salto a la UCLA, en Los Ángeles, donde realizó sus primeros cortos animados, entre ellos Papiroflexia, que pudo inscribir y lograr que sea finalista en el “Short Film Corner” de Cannes, en 2008.
Esa vez quedó lejos en la competencia final, pero Joaquín no tiró la toalla y redobló la apuesta. La experiencia ganada la volcó en Sebastian’s Voodoo. La excelencia lograda en la realización del nuevo corto permitió que sea elegido entre los diez finalistas, entre 1.400 obras presentadas desde todas partes del mundo.
El resto fue el aporte de los espectadores internautas, que tras deleitarse con asistir al magnífico material audiovisual en You Tube, dejaron sus votos a favor. Una rápida cadena promocional recorrió la red, con epicentro en Paraguay. La mayor parte de los 3.5oo votos fueron paraguayos, incluyendo a fans de lejanas localidades del interior del país, rompiendo el mito de que este es un pueblo al que no le gusta el cine, y que tiene poco acceso a Internet.
En los 4 minutos y pocos segundos que dura el corto, Joaquín cuenta la dramática y enternecedora historia de un muñequito vudú que logra escapar del gancho de un siniestro hechicero, pero en lugar de huir y salvarse a sí mismo, al ver que sus otros hermanos están condenados, entabla un mágico duelo de alfileres con el brujo, en el que finalmente decide sacrificarse para que los demás puedan vivir.
Una fina y elaborada técnica de animación, un hábil y magistral uso de encuadres, luces, música, ritmo, edición y tiempo dramático, permiten avizorar que Joaquín Baldwin, va camino a convertirse en uno de los más grandes directores paraguayos del cine de animación. Ahora tiene en proyecto convertir a Sebastian’s Voodoo en un largometraje producido por los grandes estudios. Luego de este premio, es seguro que lo va a lograr.
¿Todavía no viste el corto? Haz click aquí: Sebastian's Voodoo. Y disfrútalo, en alta definición (HD).

martes 19 de mayo de 2009

Todos con Sebastian's Voodoo

Joaquín Baldwin es uno de esos talentosos chicos compatriotas que nos hacen sentir orgullosos de ser paraguayos.
Desde un país de extrema pobreza y orfandad a la hora de hacer cine, este joven compatriota de 25 años se abrió paso en el difícil mundo del entretenimiento audiovisual y hoy brilla con luz propia con su estupendo corto animado Sebastian’s Voodoo, que compite en en la Short Film Corner, en el festival de Cannes, Francia, y hasta ahora va en primer lugar en el voto on line. En 2008 ya había sido finalista con su anterior corto Papiroflexia.
Aquel joven y talentoso diseñador web que empezó trabajando en la revista de informática Hypermedia, con Christian Chena, y que en el 2002 se mudó a Los Estados Unidos, para estudiar en la Columbus College of Art & Design, en Ohio, para luego realizar un Master en la UCLA, en Los Angels, va camino a convertirse en uno de los grandes paraguayos en el cine mundial. Ahora acabamos de saber que Sebastian’s Voodoo figura entre los ganadores de los Oscar Estudiantiles de la Academia de Hollywood, cuya ubicación se conocerá el 13 de junio.
Así como la talentosa Pacita Encina, nos llenó de alegría hace pocos años, cuando su opera prima Hamaca Paraguaya ganó el Premio de la Crítica en el Festival de Cannes, ahora Joaquin Baldwin nos lleva de nuevo a la cumbre artística del cine mundial.
Hay tiempo hasta este 20 de mayo para seguir votando por su corto Sebastian’s Voodoo y asegurar la gloria. Solo hay que tener una cuenta en You Tube, ingresar: , ver el corto y oprimir la quinta estrellita roja para registrar tu voto.

¡Vamos, que el cine paraguayo tiene mucha vida y futuro por delante!

lunes 18 de mayo de 2009

Querida Ña Sara

No necesita ganar elecciones y ocupar un alto cargo en el Gobierno para transformar positivamente su entorno social. No inventa historias sobre conspiraciones políticas o anónimos planes de atentados para llamar la atención; simplemente hace noticia con su cotidiana y esforzada labor.
No recibe millonarios aportes de Yacyretá o Itaipú para financiar pomposos encuentros revolucionarios en donde discutir hipotéticas acciones de compromiso con el cambio; mientras muchos otros se pasan debatiendo, ella está trabajando y produciendo cambios efectivos, todos los días.
En el Día de la Madre, numerosas familias pobres han podido celebrar y compartir una comida digna, gracias a la campaña que Sara Servián implementa desde la Coordinadora de Amas de Casa, junto con la Cámara Paraguaya de Supermercados, poniendo a disposición 100 paquetes diarios de productos comestibles abaratados en 74 supermercados del país.
Ña Sara empezó esta iniciativa hace 3 años, junto al dueño de un supermercado barrial, cuando se le ocurrió crear un combo de productos básicos para una cena de Navidad, a un costo reducido para la gente humilde. Bautizó al emprendimiento con un nombre en guaraní que se volvió legendario: “Ñande karura”.
Su férrea voluntad encontró eco favorable en los empresarios de la Capasu, que hoy la ayudan a multiplicar la iniciativa cual bíblicos panes y peces en más supermercados y en varias épocas del año.
Es una mujer ya anciana, modesta y sufrida, pero su avanzada edad no le impide estar de pie todos los días, dirigiendo el comedor Mitâ Raity, en Tablada Nueva, donde entre 100 a 200 niños pobres hallan un plato de comida y sobreabundancia de amor.
Incansable luchadora, está siempre presente en las movilizaciones por una causa justa. “El derecho se exige, no se mendiga”, es su frase favorita. Pero no vacila en abrirse y plantear su postura crítica cuando sienten que la quieren utilizar, como sucedió recientemente con la marcha de los Sin Techos.
Hay un episodio que la pinta de cuerpo entero. En abril de 2008, tras la victoria electoral de la Alianza, Ña Sara estaba en la casa de Fernando Lugo, en Lambaré, cuando vio al coronel Heriberto Galeano. Encaró al militar y le increpó: “¿Qué hace aquí? ¡Usted es un corrupto, un símbolo del Paraguay que queremos cambiar!”. Cuando le dijeron que el propio Lugo mandó llamar al coronel, reaccionó airada: “¡Si eso es verdad, a partir de ahora me convierto en la primera opositora a Lugo!”.
En estos días en que muchos hablan del desencanto colectivo ante la inacción y la torpeza gubernamental, o cuando dicen que no hay noticias positivas, ni líderes en quien confiar, destaco la figura de Ña Sara. Ella es un ejemplo vivo y cotidiano de que el cambio es posible. Solo hace falta tener coherencia, idealismo, convicciones firmes, voluntad y espíritu de trabajar por los demás.

sábado 2 de mayo de 2009

La Justicia en los tiempos de la gripe porcina

Le decían Chanchito, porque era gordo y sus modales recordaban a los del animal. Es un detalle de humor negro que ahora vuelva al Paraguay, tras 20 años de permanecer prófugo de la Justicia en Honduras, cubierto con un tapabocas ante la amenaza de la gripe porcina.
Las fotos de prensa y los informes televisivos lo muestran como un abuelito enfermo y cansado, postrado en silla de ruedas, sucumbiendo a la nostalgia de pasar sus últimos días en su Patria natal, aunque sea en la domiciliaria cárcel de oro que la bondad de la Ley puede regalarle, debido a su avanzada edad.
Pero es bueno que la memoria esquiva de la sociedad recupere la verdadera historia de unos de los más siniestros personajes que engendró la dictadura stronista, responsable directo de la persecución, tortura, asesinato, desaparición y exilio de cientos de compatriotas, además de haber sido uno de los jerarcas que más se enriquecieron ilícitamente.
Sabino Augusto Montanaro fue nombrado ministro del Interior por el dictador Alfredo Stroessner en noviembre de 1966, tras la caída de su antecesor Edgar L. Insfrán, y conservó el cargo hasta el fin de la tiranía, en febrero de 1989. Junto con el jefe de Policía, Alcibiades Brítez Borges, y el jefe de Investigaciones, Pastor Coronel, formaron el tenebroso trío que dirigió la implacable acción represiva durante más de dos décadas, en que se cuentan el aniquilamiento de las Ligas Agrarias, la OPM, la Pascua Dolorosa, el caso Goiburú, el atraco a Jejuí, el caso Martín Almada, la masacre de Caaguazú, la clausura de medios de prensa. Llegó a ser presidente del Partido Colorado, tras atracar la Junta de Gobierno de la ANR, al frente del “cuatrinomio de oro”, en agosto de 1987.
Al caer la dictadura, la fortuna personal de Montanaro estaba calculada en 10 mil millones de guaraníes. Sus bienes los obtuvo a través del ejercicio del terror. Una de sus varias estancias, Ganadera Chaco, la adquirió a precio regalado, luego de apresar y amenazar a su anterior propietario, Ramón Balbino Garelli. La transferencia la hizo en su propia inmobiliaria, Santa Elisa. Otra de sus tantas empresas, Comercial Industrial SRL, monopolizaba todas las ventas al Ministerio del Interior.
Tras huir presuroso, se refugió en Honduras, donde se hizo pastor de una Iglesia evengélica. Hay quienes dicen que vio la luz divina y se arrepintió de sus pecados. De ser así, tiene ante sí la oportunidad histórica de reparar en parte sus horribles crímenes, devolviendo lo robado y revelando la ubicación de las tumbas clandestinas en donde yacen anónimamente tantos compatriotas ejecutados, cuya desaparición aún mantiene en vigilia a sus familiares, y aún calcina la conciencia de una sociedad que no puede acabar de cerrar sus heridas.

viernes 1 de mayo de 2009

Confesiones de las mujeres de Lugo




Por Andrés Colmán Gutiérrez y Jorge Torres Romero
(Publicado en la Revista Noticias de Argentina, edicion 1687 del 25 de abril)

-¿Necesitás algo más, monseñor…? –le preguntó la joven Viviana Rosalith Carrillo, de 16 años de edad, al obispo de San Pedro, Fernando Armindo Lugo Méndez, tras entregarle las ropas de cama, en la habitación donde él iba a pernoctar esa noche, como huésped ilustre.
El obispo la miró y la tomó de las manos, al responderle con voz suave y seductora:
-Sí, necesito… ¡te necesito a vos!
Era una calurosa noche de verano del 2000. El prelado había llegado en una gira pastoral por el interior del departamento de San Pedro hasta la localidad campesina de Choré, en donde una solícita feligresa, Edith Lombardo de Vega, invitó a Lugo a alojarse en su casa.
La señora Edith le presentó a su sobrina y ahijada, Viviana, una adolescente que se estaba preparando para recibir la confirmación de su fe católica, en una ceremonia que el mismo obispo iba a presidir en pocos meses.
No se sabe que más pasó esa noche, en la soledad de la habitación. Lo que sí se sabe, según le contó la chica a los abogados Walter Acosta y Claudio Kostinchok, es que allí empezó una relación prohibida entre el maduro obispo y la joven adolescente en vías de ser confirmada, que luego desembocó en un embarazo, del cual nació un niño, Guillermo Armindo, el 4 de mayo de 2007.
“Debido a mi corta edad e inexperiencia, fui seducida por su forma de hablar, por sus palabras bonitas, por sus expresiones bellas, y por las promesas que me hizo de renunciar a su cargo por mí, y que pretendía compartir una vida conmigo y que tengamos muchos hijos y formemos un hogar, habiendo sido él mi primer y único hombre”, revela.
El miércoles 8 de abril, en plena Semana Santa, los dos abogados presentaron en Tribunales la primera demanda de filiación contra Lugo, en la que Viviana Rosalith Carrillo le pedía al actual presidente de la República del Paraguay que reconozca la paternidad del pequeño Guillermo Armindo, iniciando la sucesión de escándalos que tienen al Paraguay paralizado, en donde tres (hasta ahora) pequeños niños han logrado lo que no lograron ni los dirigentes del otrora poderoso Partido Colorado, ni las supuestas conspiraciones políticas del folklórico general Lino Oviedo: hacer temblar al gobierno del presidente Fernando Lugo.
Así no solo se puso en jaque al hombre político, sino que se consolidó el mito del hombre íntimo: que Lugo es un play-boy empedernido –un “gaucho” como se le llama aquí- y que tiene una colección de hijos cuya existencia se rumorea desde hace años, pero que nunca había podido comprobarse. La Iglesia ya conocía la intensa actividad sexual del obispo cuando decidió separarlo elegantemente de la Diócesis de San Pedro y dejarlo sin cargo. Lo que no imaginó es que su pasado volvería para condenarlo.

PREFERENCIAS. “¡Al monseñor Fernando Lugo siempre le gustaron las jovencitas…!”, exclama con una sonrisa burlona Benigna Leguizamón, la segunda de las tres mujeres que hasta ahora se atribuyen públicamente haber mantenido relaciones sexuales y engendrado hijos del presidente, cuando aún era obispo de la Iglesia Católica.
Benigna tenía 18 años y un bebé en brazos en mayo de 2001, cuando llegó hasta el obispado de San Pedro, en la desolada región Norte del Paraguay, a pedir ayuda al entonces célebre “Obispo de los Pobres”, Fernando Lugo.
El padre de su hija, Francisco Luján, médico anestesista del hospital local, estaba casado con otra y le negaba la prestación alimentaria. La adolescente madre soltera confió en que el obispo le ayudaría en su desamparo, y así fue. Lo que ella no se esperaba era lo que él iba a pedirle a cambio.
“Al principio lo veía como un padre, como una persona bondadosa y amable. Me dio palabras de consuelo, me hizo sentir mejor, y me pidió que vuelva en ocho días. Así lo hice, y entonces me invitó a ir de paseo a su granja. Me fue envolviendo. Yo era una joven campesina, poco instruida, pobre y desesperada con una hija a la que tenía que cuidar. El se aprovechó de mi necesidad y me llevó a la cama. Y poco después me quedé embarazada de él”, recuerda Benigna.
Aunque no quiere entrar en detalles sobre los momentos íntimos de la relación, la mujer cuenta que los encuentros se consumaban en una granja rural que Lugo había comprado, a nombre del Obispado, en las afueras de la ciudad de San Pedro del Ycuamandyyú.
El obispo la alzaba en la camioneta y la llevaba a recorrer por el interior del Departamento, y más de una vez, los caminos de Benigna se cruzaron con los de Viviana Carrillo, la otra madre del otro hijo.
“Yo le conocí a Viviana, porque cuando pasábamos por Choré, nos quedábamos un rato en la casa de su tía y madrina, Edith Lombardo, pero yo ni me imaginaba que Fernando también andaba con ella en la misma época en que andaba conmigo, y seguro que ella tampoco se imaginaba que el papá de su hijo andaba también conmigo”, admite.
De aquella relación, también prohibida, el 9 de setiembre de 2002 nació Lucas Fernando, un chico que pronto cumplirá 7 años de edad. La mujer supo entonces que estaba condenada a callar por siempre el nombre del papá de su hijo.
“¿Cómo les iba a decir a la gente: me embaracé del monseñor Lugo? En el Paraguay, cuando una tiene hijo de un pa’i (sacerdote) y más todavía de un obispo, tiene que guardar silencio por vergüenza, es mejor decir que el niño no tiene padre, o que su papá es el Pombero (duende mitológico guaraní)”, comenta.
Un detalle llamativo es que a pesar de no haberlos reconocido inicialmente, Lugo insistió en que sus hijos lleven sus mismos nombres, o el de sus descendientes.
Benigna relata que cuando le contó al obispo que estaba embarazado de él, este insistió en que inscriba al niño con los dos nombres suyos: Fernando Armindo. “Yo le dije que Armindo me parecía un nombre muy feo, por eso le llamé Lucas Fernando”, dice.
La otra madre, Viviana Carrillo, relató a sus abogados que también le pidió ponerle su segundo nombre, Armindo, y el del abuelo del niño, Guillermo.

SIN REGRESOS. El 16 de agosto de 2008, al iniciar su primera jornada como presidente de la República, Fernando Lugo anunció públicamente que renunciaba a percibir su salario como jefe de Estado y lo iba a donar íntegramente para la ayuda a los pobres.
Al conocerse que tres mujeres admitían públicamente que él era el padre de sus hijos, la pregunta que se formuló la dirigente feminista Clara Rosa Gagliardone, presidenta de la Fundacion Kuña Aty, es con qué recursos el presidente asistirá a los niños, ya que no se conoce que Lugo tenga otros ingresos económicos.
Hasta ahora, según el relato de las madres, la asistencia del “padre de la patria” (como ahora se lo llama) a sus vástagos, ha sido escasa o nula.
En el caso de Benigna, ella admite que el entonces obispo le pasaba una ayuda económica mensual de 50 mil guaraníes (10 dólares), hasta octubre de 2003, cuando el niño cumplió dos años de edad. Luego la ayuda se cortó totalmente y el prelado ya no la recibía en el obispado, ni atendía sus llamadas telefónicas.
“Después que renunció como obispo, le llamé a Fernando y le conté que el niño se iba a bautizar y le pedí ayuda. El mismo se negó a darle ayuda, diciendo que no contaba con dinero, ayuda ésta que le pedí, en vista de que mi actual pareja en aquel entonces había sufrido derrame cerebral. El niño (Lucas Fernando) se comunicó con él por vía telefónica, pidiéndole una bicicleta. El mismo contestó: ‘Sí te voy a comprar’, cosa que hasta el día de hoy no cumplió”, relata Benigna.
En el caso de Viviana Carrillo, en el texto de la demanda que sus abogados presentaron inicialmente ante la Justicia, ella cuenta que el actual presidente “suele ayudarlo a su hijo económicamente, pero sólo después de que tenga que mendigarle varios días por su asistencia o cuando el mismo se halla enfermo”.
Cuenta que la asistencia económica era provista por un sobrino del presidente,
Fernando José Lugo, ya que el mandatario se mostraba cada vez más esquivo. “La última vez que nos vimos, estando dentro de un vehículo con él, discutiendo nuevamente por la desatención del mismo para con su hijo, y al señalarle que no podía ser que yo tuviera que mendigarles todos los meses para que su hijo pudiera comer, y que aparentemente él no lo quería, me dio un golpe en la cara, señalándome que jamás dijera eso”, sostiene.
En su denuncia a la Justicia, Viviana relata: “Me prohíbe salir en público, señalándome que es peligroso que la gente me vea, porque hay mucha gente mala, y que tiene muchos enemigos políticos que podrían utilizar a su hijo para coaccionarle. No me permite trabajar, y también es celoso, no queriendo que ningún hombre se me acerque, por lo que es toda una tortura vivir de esta manera, siempre con la excusa de que es peligroso por el cargo que él ocupa, por lo que me encuentro totalmente sola y aislada, pues mis familiares y amigos se apartaron de mí”.
Viviana Carrillo se vio favorecida, cuando tras el escándalo desatado con la revelación periodística de su caso, el presidente admitió públicamente que era el padre de la criatura. Hoy la mujer y su hijo viven en una casa que Fernando Lugo tiene en la ciudad de Lambaré.
Benigna Leguizamón no tuvo la misma suerte. Ella sigue viviendo en una pobreza extrema, en un barrio marginal de Ciudad del Este, en la zona de la Triple Frontera entre Paraguay, Brasil y Argentina.
El abogado Marcos Fariña, representante legal del presidente, le dijo que Lugo “no niega ni admite” que Lucas Fernando sea hijos suyo, pero prefería realizar una prueba de ADN en forma privada. Benigna se negó tajantemente y el martes 21 de abril inició una demanda judicial de filiación contra el mandatario.

MADRE MILITANTE. El similar perfil de “jovencitas campesinas ingenuas” que presentan las dos primeras madres que reclaman la paternidad de Fernando Lugo, fue roto el miércoles 22 de abril, con la aparición de Damiana Hortensia Morán, directora de una guardería en Capiatá (ciudad aledaña a la capital Asunción), la tercera mujer que dice haber engendrado un hijo del presidente.
A diferencia de sus predecesoras, Damiana se presenta como una activista social y política, vinculada al partido de izquierda Tekojoja, liderado por Fernando Lugo y relata haber conocido a Lugo en el 2006, luego de retirarse como obispo y lanzarse a la arena política.
Alega que de esa “relación militante” nació su hijo Juan Pablo (en homenaje al Papa fallecido), de un año y medio de edad, un “fruto del amor incondicional”. Ella no pide que el presidente reconozca a su hijo, habla maravillas de Lugo y considera que el caso de Benigna Leguizamón es “un fraude” preparado por enemigos del presidente.
El jueves, los diarios Última Hora y La Nación instalaron la sospecha de que el tercer caso fue instalado por sectores del propio Gobierno para tratar de lavar la deslucida imagen de Lugo.
Por las dudas, Damiana ya abre el Paraguay: dice que son seis las mujeres que demandarán el reconocimiento de filiación de sus hijos al presidente, y propone crear una Asociación de Primeras Damas o Primeras Madres, para negociar juntas cuestiones como la distribución de la ayuda alimentaria o la eventual herencia de los herederos del semental monseñor presidente.
Quizás Fernando Lugo no produjo los cambios que el electorado paraguayo esperaba de él, pero logró cambiar el rezo del Padre Nuestro. Entre los muchos chistes populares que han empezado a circular masivamente por Internet o por textos SMS de teléfonos celulares, se incluye la nueva versión humorística de la tradicional oración cristiana.
“Padre nuestro que estás en Mburuvichá Roga, cotizado sea tu nombre, venga a nosotros tu apellido, hágase el ADN en San Pedro como Ciudad del Este, danos hoy nuestra prestación alimentaria de cada mes, perdona las demandas de nuestras madres, como también nosotros perdonamos tu abandono, no nos dejes caer en la miseria y líbranos de la prensa. Amén”, dice la recreada plegaria.

sábado 21 de marzo de 2009

DIEZ AÑOS...

¿Quién decidió el asesinato del vicepresidente de la República, Luis María Argaña, aquel 23 de marzo de 1999? ¿Quién dio la orden de disparar a quemarropa contra la multitud congregada en la Plaza del Congreso, en la trágica y heroica noche del 26? ¿Quién derramó la valiosa sangre de Henry Díaz Bernal, Manfred Stark, Armando Espinoza, Víctor Hugo Molas, José Miguel Zarza, Cristóbal Espínola, Tomás Rojas y Arnaldo Paredes? ¿Quién acribilló a balazos la esperanza joven izada en el viento rebelde de un Marzo que ya será por siempre Paraguayo?
Diez años después, el corrupto e ineficaz sistema de Poder Judicial que algunos llaman erróneamente Justicia, no ha podido responder a estas y a otras lacerantes preguntas. No ha podido… o no ha querido.
Diez años después, la presunta Justicia ya dictaminó que los asesinos no son los asesinos, y ya aceptó como plenamente válidas las surrealistas teorías de que las balas dieron la vuelta en la esquina y cayeron desde otra dirección, o que los Mártires de la Plaza se dispararon a sí mismos, así como también dictaminó que nunca hubo intentos de derrocar al Estado de Derecho en abril de 1996, ni en mayo de 2000. Los tanques de guerra nunca salieron a las calles, nunca hubo cañonazos contra la pared del Congreso, la realidad nunca existió y todos hemos sido víctimas de una alucinación colectiva
Diez años después hay una cruz de madera plantada en medio de la plaza, frente al viejo Cabildo, envuelta en nubes de olvido, indiferencia o silencio. Quienes hace diez años estaban allí, dispuestos a dar su vida por la libertad, hoy están en otra parte, -quizás en nuevos espacios de poder gubernamental, negociando con aquellos a quienes entonces consideraban “enemigos de la democracia”-, y les incomoda recordar todo lo que vivieron y sufrieron en esos días y noches de amor y de guerra. Pero aún así nunca faltará alguna vela encendida al atardecer, algún ramo de flores frescas, alguna canción emocionada en memoria de los mártires.
Diez años después, hay quienes siguen preguntándose si la más grande e increíble gesta ciudadana en la historia del Paraguay, valió realmente la pena. Y también muchas voces obstinadas y tercas seguimos creyendo absolutamente que si no hubiera habido un Marzo Paraguayo hace diez años, tampoco hubiera existido un vuelco histórico como el de abril de 2008, y que la sangre de los Mártires de la Plaza sigue iluminando este contradictorio, claroscuro, dubitativo pero imparable tiempo de cambio que hoy vive el Paraguay, en busca de su nuevo destino.

viernes 27 de febrero de 2009

Contrabando y política


“Yo soy comerciante, no soy contrabandista”, me aclaró Evaristo Ríos, luego de relatar cómo realizó varios vuelos en su avioneta, ingresando ilegalmente partidas de cigarrillos a la Argentina, cargas presuntamente pertenecientes al actual director de Yacyretá, ingeniero Carlos Cardozo.

Quise saber cómo se llama entonces al hecho de introducir cigarrillos a un país vecino, sin pagar impuestos, y él me explicó: “El contrabando se cometió en otro país, no en Paraguay. Nosotros llevamos una carga con factura legal, de una manufactura que expedía todo en regla”.

Años atrás había escuchado la misma explicación por parte del caudillo colorado Reinerio Santacruz, dueño de varias tabacaleras en el Este, cuando le pregunté cómo se sentía al ser acusado de contrabandista. “Yo no hago contrabando. Yo fabrico cigarrillos y los vendo legalmente en el Paraguay, pagando todos mis impuestos. Ahora, si mis productos aparecen al otro lado de la frontera… ¡yo no tengo la culpa!”, me dijo.

Cuando el colega Roberto Sosa entrevistó a Evaristo Ríos el jueves a la mañana, en radio Cardinal, para preguntarle si el avión Cesna 180, que cayó detenido el 13 de julio de 2005 en Corrientes, Argentina, con 1.659 cajas de cigarrillos, pilotado por el coronel Lorenzo Benítez Liseras (el mismo al que el presidente Lugo visitó subrepticiamente el miércoles y lo reincorporó a la milicia, a pesar de estar condenado por contrabando), era de su propiedad, Ríos contestó que sí.

Cuando Roberto le preguntó de quién era la carga aprehendida, Ríos largó la bomba: “Nosotros trabajábamos con el ingeniero Cardozo, por decirlo así, hacíamos contrabando de cigarrillos”.

Tras una afanosa búsqueda, llegué a su casa, en el Área 5 de Presidente Franco, el jueves a la tarde. La misma residencia en la que estuvo el entonces candidato presidencial Fernando Lugo en el 2007, cuando se formó la primera directiva de Tekojoja Alto Paraná. Allí Carlos Cardozo fue elegido secretario general, y Evaristo Ríos secretario de finanzas. Es decir: Ríos manejaba las finanzas del movimiento político referente del actual presidente de la República.

Me concedió la entrevista con amabilidad, aunque luego ya no quiso hablar con otros medios. No tengo pruebas de que las acusaciones de Ríos contra Cardozo sean verdad, pero sus palabras están allí, registradas en el grabador. Dirigentes de Tekojoja Alto Paraná confirman que estas mismas denuncias las hizo hace un año, en Asunción, ante los máximos directivos de la organización política, aunque ahora estos aseguren desconocer a Ríos.

Encontrar vínculos entre contrabando y política en los Gobiernos colorados resultaba algo casi natural. Pero comprobarlo en el entorno de un Gobierno que se embandera con las mejores esperanzas del cambio, resulta decepcionante. ¿A usted no?

 

sábado 21 de febrero de 2009

Villa hule Salto Monday

Desde que la represa de Itaipú asesinó en 1982 a los magníficos Saltos del Guairá, la única cascada importante que le queda al Paraguay como atracción turística es el Salto Monday, en las afueras de Presidente Franco, Alto Paraná.

No tiene la espectacularidad que tenían los Saltos del Guairá, o que tienen las argentino-brasileñas Cataratas del Yguazú, pero igualmente es hermoso e imponente. El gran caudal cayendo desde una altura de 40 metros de roca basáltica, en medio de un verde valle, deja boquiabierto a cualquier visitante.

Pero no es fácil apreciar en su plenitud esta maravilla. La señalización es pobre y deficiente. La propia ministra de Turismo, Liz Cramer, confesó que le cuesta llegar sola, sin la asistencia de un guía. Ni la Municipalidad, ni la Gobernación, ni Itaipú, ni el Gobierno central, se han dignado en construir una carretera asfaltada que facilite la llegada de turistas. Solo hay un empedrado escabroso.

El Parque Municipal Salto Monday es lindo, bien cuidado, con un precio de entrada simbólica (3.000 guaraníes por persona). Pero hay un problema: los miradores solo permiten ver la caída desde un costado. Las mejores vistas, las del frente, están en terrenos de propiedad privada, actualmente abandonados, y desde hace año objetos de invasiones por parte de personas autodenominadas “sin techos”, que ocasionan graves problemas de inseguridad a los visitantes.

Durante el último Festival del Salto Monday, periodistas que acompañaron a la delegación oficial de la Senatur fueron asaltados y despojados de sus cámaras cuando intentaban tomar fotos e imágenes en video desde el frente. Numerosos visitantes denunciaron robos y asaltos cada vez que buscan mirar la cascada desde una mejor perspectiva.

Hay una villa de ocupantes a la entrada al parque y varias alrededor. El 14 de febrero, Día de los Enamorados, 140 personas ingresaron a una propiedad de 12 hectáreas, en la zona más alta, y crearon la Villa San Valentín, un conjunto de precarias chozas con vista panorámica de frente a la cascada, que irónicamente se bautizó como “Villa hule Salto Monday”. Una publicación de Última Hora motivó la intervención del fiscal Troadio Galeano, quien logró que los ocupantes accedan a abandonar el inmueble, pero la amenaza sigue latente.

En un país serio, cuyas autoridades impulsen la protección de los recursos naturales y el desarrollo del turismo como una actividad económica importante, las tierras alrededor del Salto Monday ya habrían sido expropiadas, o declaradas como reserva manejable, con emprendimientos estatales y privados que permitan el máximo cuidado y el disfrute pleno de esta maravilla de la naturaleza. Aquí no. Aquí recién ahora se estudia la posibilidad de declarar la zona “de interés municipal”. El resto, nada.

Hace 25 años, los paraguayos permitimos que se cometa el mayor crimen ecológico de Sudamérica, al dejar que una represa mate a los Saltos del Guairá. ¿Dejaremos ahora que el Salto Monday se pierda entre una maraña de villas marginales?


lunes 26 de enero de 2009

La historia del EPP (1): Una banda armada con entrenamiento guerrillero


En 1997, siete ex seminaristas y activistas sociales decidieron iniciar la lucha armada e intentaron robar un banco en Choré para reunir fondos. Fueron descubiertos y encarcelados, pero la ruta de sangre y pólvora ya estaba trazada.

Por Andrés Colmán Gutiérrez 

-¡Quieto…! ¡Manos arriba! ¡Policía…! –gritó el jefe de la Comisaría de Choré, Álvaro Ramírez, apuntando su revólver al interior de la vivienda, mientras dos de los oficiales abrían la puerta con un fuerte empujón.

Adentro se hallaba una mujer en estado de embarazo, quien “intentó agredir a puñaladas con una tijera al personal interviniente”, según el parte policial. Los hombres la rodearon y le sacaron el objeto cortante. La identificaron como Carmen María Villalba Ayala.

En otra habitación estaba un hombre junto a la boca de un enorme túnel cavado en el piso. “Se apoderó de una escopeta pajera, trató de cerrojar o cargar a fin de disparar a los intervinientes, oportunidad en que los oficiales Giménez, Simiano y Guillén se tomaron de la escopeta, neutralizando la acción”, narra el comisario Ramírez. La identidad del hombre fue confirmada como Alcides Oviedo Brítez.

Desde el fondo del patio, un soldadito dio la alarma con un disparo de fusil al aire.

-¡Chake…! ¡O dispará hikuái…!

Cuatro hombres acababan de salir corriendo por detrás. Los policías salieron en su persecución. Tras un intercambio de disparos, tres fueron capturados: Lucio Silva, Francisco Lezcano Espínola y Pedro Maciel Cardozo. El cuarto logró escapar y nunca se supo su identidad. Antes, otro había sido arrestado cerca del cementerio local. Su nombre: Gilberto Chamil Setrini Cardozo.

INTENTO DE ROBO. Era el 15 de diciembre de 1997, al mediodía. La noticia sacudió a la apacible localidad de Choré, en el desgarrado San Pedro. Acababan de descubrir que la amable vecina Carmen Villalba, a quien veían tejer en el patio de la vivienda que un mes antes habían alquilado con su marido Alcides Oviedo, frente a la sucursal del Banco Nacional de Fomento, integraba una banda que estaba cavando un túnel para robar el local bancario.

El pozo, que iniciaba dentro de la vivienda y se encaminaba hacia la bóveda, ya tenía 60 metros de largo, 1,75 de diámetro, con caños conectados a un extractor de aire y reflectores. Los seis fueron condenados a 3 años y 3 meses de cárcel, y salieron en libertad condicional en el 2000. Sus nombres volverían a sonar en enero de 2002, cuando la Fiscalía acusó a los miembros de “la banda de Choré” de estar involucrados en el secuestro de María Edith de Debernardi.

Lo que nadie imaginaba el ardiente mediodía de diciembre de 1997, en Choré, es que esa primera acción delictiva ya encubría el proyecto de iniciar un peculiar estilo de lucha armada, que diez años más tarde tomaría la forma de un grupo autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).

ACTIVISMO ECLESIAL. Un denominador común une a los fundadores del grupo armado: casi todos despertaron al activismo social y político dentro de la Iglesia Católica paraguaya.

Alcides Oviedo, actualmente preso y condenado por el secuestro de María Edith de Debernardi, a quien los miembros del EPP consideran su “comandante en jefe”, nació en Capitán Meza, Itapúa, en 1969, en el seno de una modesta y numerosa familia de diez hermanos. Su padre había muerto asesinado en la cárcel.

A la edad de 12 años ingresó al Seminario de Encarnación, donde se hizo amigo de otros dos jóvenes campesinos: Gilberto Setrini y Pedro Maciel Cardozo, oriundos de San Pedrito, General Delgado. “Éramos muy inquietos, los tres. Nos íbamos a los asentamientos a predicar la biblia, pero veíamos la gran pobreza que había, y eso nos conmovió” cuenta Maciel Cardozo, quien se  separó del grupo luego del frustrado robo al banco de Choré.

EL MARXISMO. En 1990 son trasladados al Seminario Mayor de Asunción para cursar Teología y prepararse a ser sacerdotes. Sus inquietudes sociales los llevan a profundizar lecturas identificadas con el marxismo, como la obra de los teólogos de la liberación. También contactan con activistas sociales y de izquierda, entre ellos a Juan Arrom, líder del partido Patria Libre, quien estudiaba una materia en el Instituto de Teología y se convierte en compañero de aula de los tres itapuenses.

Sus ideas radicales causan conflictos internos y en 1992 ocho seminaristas son expulsados, acusados de “comunistas”. Alcides Oviedo, Gilberto Setrini, Pedro Maciel y Raúl Araujo acuden junto al entonces auxiliar de la Arquidiócesis, el obispo Jorge Livieres Bank, a quien piden ayuda para continuar sus estudios.

“Vinieron a decirme que el Seminario no estaba abierto a las necesidades del pueblo y hablaban de reivindicar los valores del marxismo. Creo que ya no estaban en una actitud de fe. Se politizaron a través del contacto con Juan Arrom y otros compañeros de este, que militaban en la izquierda y frecuentaban el seminario”, corrobora monseñor Livieres, hoy obispo emérito de Itapúa.

Los jóvenes ex seminaristas forman el Movimiento Monseñor Oscar Romero para “impulsar la conciencia a favor de la revolución”, a cuyas filas se unen dos chicas ex catequistas llegadas desde Concepción: Carmen y Rosa Villalba. La política se mezcla con el amor: Alcides Oviedo se casa con Carmen y Gilberto Setrini se une sentimentalmente con Rosa.

“UN TRABAJO”. En 1997, Oviedo y Setrini visitan a Pedro Maciel Cardozo, quien trabajaba en una heladería de Asunción y le proponen realizar “un trabajo social en el interior”, sin darle muchos detalles.

El ex seminarista los acompaña hasta Choré, donde se entera que el plan consistía en cavar un túnel para robar el banco y recaudar fondos para “hacer la revolución”. Allí conoce a otros nuevos miembros del grupo: Lucio Silva y Francisco Lezcano, campesinos del asentamiento Cororo’i, San Pedro.

Maciel Cardozo no lo dice expresamente, pero el plan de iniciar un grupo armado de corte guerrillero, dispuesto a recabar fondos a través de robos y secuestros, ya estaba en plena gestación.

Próxima entrega: Relaciones peligrosas, contacto y entrenamiento con el Frente Manuel Rodríguez y las FARC.

lunes 5 de enero de 2009

Algo pasa en el Norte

Foto: Escombros de la Comisaría Policial de Huguá Ñandú, Concepción, atacada e incendiada por miembros del EPP el 18 de abril de 2006.

Hay quienes ríen cuando se habla de un peculiar grupo guerrillero que desde hace años realiza esporádicas acciones armadas en Concepción  y San Pedro. Pero a cada tanto sus huellas se imprimen a fuego en las portadas de los medios de comunicación, como en el primer día de este 2009.

A la manera del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que el 1 de enero de 1994 salió a luz, atacando guarniciones militares en el Sureste mexicano, la columna de hombres armados que se hace llamar Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) escogió la noche de Año Nuevo para asaltar y quemar un destacamento militar en Tacuatí. La misma fecha en que se celebró los 50 años del triunfo de la revolución cubana.

Si las vinculaciones se comprueban, es el mismo grupo que el 18 de abril de 2006 atacó e incendió la comisaría policial de Huguá Ñandú, en Concepción. Entonces, el “comandante Alexander”, -identificado por un presunto ex miembro como Osvaldo Villalba, acusado de estar implicado en el secuestro y asesinato de Cecilia Cubas-, le gritó al suboficial de policía Leonardo Cabrera: “¡Decile a tu Nicanor que apenas estamos empezando!”.

El 12 de marzo de 2008 atacaron la estancia del sojero brasileño Naborth Boht, en Curusú de Hierro. Incendiaron un camión, dos tractores, una cosechadora. Dejaron panfletos y pinturas que decían: “Comando Germán Aguayo del Ejercito del Pueblo Paraguayo (EPP). Tierra a los campesinos paraguayos. Quienes matan al pueblo con agrotóxicos pagarán de esta manera”.

En agosto de 2008 se los vinculó con el secuestro del ganadero Luis Lindstron, ex intendente de Tacuatí. Desde la cárcel, la procesada Carmen Villalba explicó que el EPP es “una organización revolucionaria político militar” con un nacionalismo inspirado en Francia y el Mariscal López.

Como siempre, hubo sonrisas escépticas: ¿Guerrilleros en el Paraguay, en pleno Siglo Veintiuno? Suena a novela de ficción, a realismo mágico, a teleserie tercermundista. Pero los disparos siguen sonando, los secuestros continúan, los escombros de locales policiales-militares y establecimientos productivos siguen ardiendo…

Era lógico que consideren enemigo al gobierno “explotador y antiimperialista” de Nicanor Duarte Frutos, pero llama la atención que sigan alzados en armas contra el actual gobierno de Fernando Lugo, identificado con sectores de izquierda.

Algo pasa en el Norte paraguayo, secular territorio del olvido y la pobreza. El Ejecutivo insiste en que son delincuentes comunes. La Fiscalía los considera secuestradores prófugos. Pero son mucho más que eso, ya que tienen un evidente entrenamiento insurreccional, un discurso político radical, un aparente apoyo de bases campesinas y una habilidad en moverse sin haber sido detectados hasta ahora por las fuerzas de seguridad. Encarar contra ellos una respuesta puramente represiva no será suficiente, ni acaso lo más acertado.

 

viernes 26 de diciembre de 2008

En busca de las buenas noticias perdidas

El anterior presidente paraguayo, Nicanor Duarte Frutos, intentó tener su propio canal de televisión y su propio periódico de “noticias positivas”, pero apenas llego a sacar dos ediciones. Parece que las noticias se le acabaron muy pronto.

El actual mandatario, Fernando Lugo, ya publicó en estos días el primer ejemplar de su propio periódico y ahora anuncia la construcción de una agencia estatal de noticias en internet.

"Es un portal que pretende traer información general, pero no del formato de la propaganda o de la información oficial sino desde el formato y el estándar de cualquier portal periodístico”, explicó Augusto dos Santos, ministro de Información.

El detalle de que el proyecto está vinculado a la agencia informativa estatal Telam, de Argentina, cuyos asesores colaborarán en el proceso de estructuración, del 6 al 18 de enero, causó roncha entre varios colegas blogueros del periodismo argentino.

El influyente Dario Gallo, ex editor de la revista Noticias y actual editor de Perfil.Com le da con un hacha al proyecto desde su Bloc de Periodista. Lo mismo hace el correntino Gonzalo Peltzer, ex vice-director de Última Hora de Asunción y actual director de El Territorio de Posadas, en su blog Paper Papers.

“Los paraguayos van de mal en peor si van a ser asesorados por la agencia de noticias que dirige el ex Página12 Martín Granovsky. Télam es la imagen decadente de una organización periodística reducida a órgano oficial” escribe Gallo.

Y Peltzer, que muy bien conoce la realidad paraguaya, agrega: “Poder y periodismo no casan. Para colmo han elegido a Télam para que los asesore. Télam maneja -manipula- la información oficial, censura a sus propios periodistas y distribuye y paga (cuando quiere) la publicidad del gobierno nacional que mendiga gran parte de la prensa argentina”.

Habrá que ver como viene la mano. Algún punto a favor hay que darle a Augusto Dos Santos, un periodista que hasta ahora se destacó por su honestidad intelectual, su solvencia moral y gran profesionalismo.

Pero uno tiene ganas de preguntar: en vez de gastar en agencias y periódicos “buena onda”, ¿no sería más efectivo y barato que el Gobierno mejore su política de comunicación al relacionarse con los medios?

miércoles 24 de diciembre de 2008

Preguntas en Navidad

¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma? (Mateo, 16:26).

¿De qué sirve llenar la casa, los árboles, la ciudad entera, de luces doradas y resplandecientes… cuando el alma permanece a oscuras?

¿De qué sirven tantos árboles de plástico importado con nieves de algodón, tantos muñecos barbudos ridículamente vestidos con abrigos de lana en medio del calor infernal… cuando bastan "dos trocitos de madera" para techar el mágico pesebre?

¿De qué sirve atropellarse en los shoppings en busca de regalos... cuando lo que falta es un gesto verdaderamente solidario, una acción de caridad humana y cristiana que nazca desde lo profundo del corazón, para darle real sentido a la Navidad?

¿De qué sirve gastar tanto dinero en fiestas, manjares, bebidas, adornos, show, luces, música... si el niño Dios -cuyo cumpleaños celebramos- eligió todo lo contrario: nacer en un humilde establo de animales y vivir su vida en la mayor austeridad?

¿De qué sirve el infernal estruendo de las bombas y los petardos, el vértigo de la velocidad por las calles, el volumen de la cachaca o el reguetón- al máximo… si todo eso no alcanza a llenar el vacío interior?

¿De qué sirve inundar el correo con bellas y coloridas tarjetas navideñas, con esplendorosos mensajes que reproducen los mejores deseos impresos en tinta brillante… si todo lo que allí dice nunca lo ponemos en práctica?

¿De qué sirve regalar un pan dulce o una sidra en esta Navidad… si vamos a olvidarnos por el resto del año de quienes nada tienen para comer y para beber?

A pesar de todo… y porque a cada instante que transcurre se nos brinda la oportunidad de ser siempre mejores...

¡FELIZ NAVIDAD… Y UN MÁGICO 2009!

sábado 13 de diciembre de 2008

Movilizaciones que paralizan

Desde hace algunos meses, cada vez que llego desde Ciudad del Este a Asunción y trato de acercarme a la Redacción de Última Hora en el microcentro, me quedo atrapado durante largo tiempo en el caos del tráfico embotellado, a causa de alguna manifestación social de protesta.
-¡Ey…! ¿Qué diablos pasa?...
-¡No se puede pasar! ¡Hay una manifestación de sin techos que cierra toda la calle…!
-¡Nde… que macana! ¿Y ahora, cómo cuernos llego a la oficina…?
Gritos. Ruido de motores y bocinas. Largas colas de ómnibus y automóviles trancados. Histeria e indignación colectiva. Consignas y batucadas de fondo. Y calor… siempre mucho calor.
Un día son los pobladores sin techos. Otro día, los campesinos sin tierra. Otro día, los docentes sin aumento. Otro día, los asuncenos ya casi sin cerro. Dentro de poco, los productores sin esperanzas pero con tractores.
Las marchas y manifestaciones sociales se han vuelto un espectáculo permanente en el paisaje urbano de una Asunción colapsada por el exceso de vehículos y multitudes en sus viejas calles estrechas. Prácticamente no pasa un día sin que algún sector social o político decida ejercer su derecho a manifestar sus reclamos ante las autoridades, sin importarle mucho si de paso se viola el derecho de terceros a circular libremente y llegar a tiempo al lugar de trabajo, o a donde sea.
Movilizarse está bien. Es signo de rebeldía y organización social. Es la mejor demostración de que hay una ciudadanía activa y dinámica, que se resiste a la pasividad y el conformismo ante un sistema de injusticia. Pero así como hay cierres de rutas o de calles que abren el camino… también hay movilizaciones que paralizan.
La crónica social y política del Paraguay refleja la identidad de un pueblo moviéndose constantemente en busca de sus mejores utopías. Desde las peregrinaciones guaraníes en busca del yvy marane’y, la tierra sin mal, hasta la conquista electoral del 20 de abril de 2008, hay una rica y larga historia de colectividades en marcha, en busca del país soñado.
Pero cuando se produce un gran exceso de marchas de protesta, en muchos casos con objetivos y reclamos poco claros o escasamente realistas, imponiendo el derecho de unos sobre el derecho de otros, cercenando arbitrariamente las mejores horas laborales y productivas de un gran sector de la ciudadanía, la movilización deja de ser revolucionaria para volverse totalitaria, paralizando y ocasionando graves perjuicios al mismo país que los marchantes y manifestantes dicen representar.