viernes, 10 de diciembre de 2010

Réquiem por un paragua

Te decían “El Gallo”.
Un “marcante” que te ganaste por ser “guapo” en tu humilde oficio de albañil en Buenos Aires, por el orgullo con que ostentabas tu condición de paraguayo en esta gran ciudad donde te dicen “paragua” con una marca de desprecio, al igual que llamaban “bolita” a la chica boliviana, Rosemary Churapuña, a la que asesinaron igual que a vos en la noche de ese trágico martes 7 de diciembre, cuando el sueño de una vida digna en tierra ajena y lejos de la patria se les cambió en repentina pesadilla.
Tu nombre era Bernardo Salgueiro y tenías 22 años de edad. Habías llegado hace un año desde las verdes campiñas del Paraguay, como tantos miles de compatriotas, huyendo de la pobreza rural, de la injusticia y el abandono en tu propia tierra, convencido de que en la gran capital argentina es más fácil pelearle a la miseria, hacerte un sitio en alguna villa, conchabarte en obras de construcción, juntar dinero para regresar cuanto antes y adquirir el ranchito propio bajo el cielo de ñandutíes, en donde ver crecer libres a tus hijos.
Quiso el azar, o el destino, o el juego de los poderes políticos y mafiosos en este conurbano bonaerense, que esa noche de martes estuvieras allí, en la entrada de la Villa 20, cuando empezó el violento operativo policial de desalojo contra los ocupantes del Parque Indoamericano, y te vieras envuelto en un confuso torbellino de gritos, corridas, humo, gas lacrimógeno, pedradas, disparos, hasta sentir ese golpe seco en el abdomen que te hizo doblarte, gritar por ayuda mientras sentías que el aire se te iba, que era la vida misma y todos tus sueños los que se te escapaban.
Escuché a tu hermana Griselda, con esa voz tan paragua y tan dolida como música de lamento guaraní, contar que esa pelea ni siquiera era la tuya, que solo estabas allí para buscar a tus dos sobrinos pequeños y llevarlos a casa del abuelo, en Barracas, pero ese disparo que hasta ahora nadie sabe quien lo hizo, aunque todos lo sospechan, te convirtió en mártir de la lucha social, en un nombre de bandera, en una consigna heroica, en un rol que nunca pediste y nunca quisiste. Solo querías la vida distinta que tu propia patria te negaba.
Te decían “El Gallo”.
Caíste al atardecer de un martes 7 de diciembre, lejos de tu tierra. Quiso el destino que me encontrara también justamente aquí, en esta Buenos Aires convulsionada por tu muerte, para escribirte este réquiem apurado, dolido, conmovido. Bernardo Salgueiro, compatriota, hermano: que descanses en paz.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Los indeseables

Sobreviven desde hace tres o cuatro años en míseras chozas de hule y cartón levantadas en las veredas, arrinconadas contra la alambrada de un gran terreno baldío, en los costados de la Terminal de Ómnibus de Ciudad del Este, y otro grupo junto a la valla del Centro Regional de Educación.
Son cerca de 170 personas, principalmente mujeres, niños y adolescentes, pertenecientes a las etnias Mbya Guaraní y Ava Guaraní, que han ido llegando desde dispersas comunidades de Caaguazú y Caazapá, huyendo de la miseria y del olvido en sus antiguas tierras arrasadas, hasta recalar y constituir sus precarias “tolderías urbanas” en el paisaje esteño. De allí han sido desalojados con la fuerza policial y llevados en camiones hasta sus lugares de origen, más de una vez, pero siempre acaban volviendo, porque alegan que en el campo morirán de hambre. En la ciudad al menos pueden mendigar, o robar, o prostituirse.
Son mirados como “enemigos públicos”, indeseables invasores del espacio público urbano. Este jueves 18, más de 500 personas, entre taxistas, productores de la Feria de Hortigranjeros, educadores y alumnos, marcharon por las calles para exigir a las autoridades que los indígenas “sean echados de la ciudad y nunca más se les permita regresar”.
Se los ve como un grave peligro cotidiano. Niños y jóvenes siempre drogados, ojos vidriosos por el crack o el pegamento, mendigan junto a los semáforos, exigiendo dinero con actitud agresiva. Adultos en estado de borrachera casi permanente ofrecen a sus niñas de apenas 11 años como precoces prostitutas a los infaltables degenerados. Hay innumerables denuncias de robos y asaltos a traseúnntes, especialmente a turistas y viajeros que llegan a la Terminal.
La gota que colmó el vaso de la indignación fue el asesinato de Críspulo Porra Arévalos, un humilde cuidador de autos de más de 70 años, que hace un par de semanas fue apuñalado mortalmente por Juan Ramírez, joven indígena de 18 años, solo porque el hombre le exigió que no molestara a los visitantes a la Feria.
Triste cuadro de lucha social de ciudadanos humildes contra sus propios hermanos aún más pobres y degradados. Es entendible el reclamo de los manifestantes, pero… ¿no están errando en el blanco? La marcha de protesta, en lugar de ser contra los indígenas, ¿no debería ser contra las autoridades del Gobierno central, departamental y municipal, por desentenderse tan irresponsablemente de la suerte de los más desposeídos de todo?
Y pensar que atender la cuestión indígena fue una de las principales banderas del Gobierno Lugo. ¿Qué se ha hecho desde el Indi, aparte de haber utilizado políticamente y luego descartado a una digna y querida líder nativa como Margarita Mbywangi?

martes, 16 de noviembre de 2010

Lecciones del 7 de noviembre


El 20 de abril de 2008, cuando el pueblo paraguayo eligió mayoritariamente en las urnas al ex obispo Fernando Lugo como presidente de la República y puso fin a 60 años de gobierno principalmente dictatorial del Partido Colorado, la mayoría de los análisis políticos destacaban que la ciudadanía había adquirido “plena madurez y conciencia cívica”, y que finalmente había aprendido “no solo a votar, sino también a elegir”.
Ahora, la historia parece haber cambiado. El domingo 7 de noviembre, a medida en que se iban conociendo los resultados de las elecciones municipales, en los que el coloradismo se reveló ganador de intendencias y mayoría de concejalías en numerosos municipios, incluyendo a la capital Asunción y a ciudades gran importancia y significación política, las reacciones de muchas personas, en los medios de comunicación y en las redes sociales, eran las siguientes: “El paraguayo sigue siendo un pueblo de cretinos”, “la gente no quiere el cambio, prefiere la corrupción”, “retrocedimos en la historia, no vamos a aprender nunca”, “cada pueblo tiene los gobernantes que se merece”.
Confieso que me cuesta entenderlo. ¿Cómo es posible que el mismo “pueblo maduro y consciente” se transforme tan rápido en “un pueblo de cretinos”, como si pasáramos mágicamente del estado sólido al líquido? ¿No será muy mesiánico esperar que la gente vote necesariamente por las opciones que nosotros creemos mejores, y no por lo que ella -la gente- cree que es mejor?
La pichadura es mala. No deja entender correctamente la realidad. No deja aprender de ella. Hay un mensaje que la mayoría de la ciudadanía expresó en los resultados del 7 de noviembre. Si no lo sabemos leer, que mal.
Será tal vez el desencanto ante expectativas que no fueron satisfechas en estos dos años y más del Gobierno Lugo. Serán las alianzas decididas mal y pronto por una élite política, sin participación real del electorado. Será el discurso supuestamente progresista, que solo plantea enunciados teóricos y mediáticos, sin un trabajo político cercano a la gente.
Si no existe capacidad de generar alternativas que convenzan de verdad, no queda otra que aprender a perder, a convivir y a reconstruir mejores opciones desde la llanura. Es el saludable juego de la democracia.

viernes, 29 de octubre de 2010

Kuwait en la Triple Frontera

Una batalla campal internacional se inició el pasado lunes 25 de octubre, cerca de las 9 de la mañana, en la frontera entre Paraguay y Brasil, a un kilómetro aguas abajo del Puente de la Amistad, cuando agentes de la Policía Federal brasileña empezaron a disparar desde la costa contra una embarcación que cruzaba mercaderías por el río Paraná, desde un puerto clandestino del barrio San Miguel de Ciudad del Este, en el sector ribereño popularmente conocido como Kuwait.

Ante la lluvia de disparos, la lancha de los contrabandistas retornó a la costa paraguaya, donde los tripulantes respondieron al fuego con armas automáticas, generándose un infernal tiroteo de costa a costa, de país a país, durante cerca de tres horas.
Desde el centro se escuchaba el eco sordo de los balazos, pero ni la Policía, ni las autoridades de la Fiscalía o del Poder Judicial, acudieron en el momento a verificar lo que estaba sucedieron. Un grupo de periodistas llegó hasta cierta distancia y pudo registrar escenas de mujeres y niños huyendo despavoridos, y alumnos de una escuela que rezaban con el miedo en sus rostros.
Cuando todo terminó, hubo varios relatos anónimos sobre lo sucedido, pero nadie quiso asumir una denuncia oficial y menos dar entrevistas. Se supo que dos de los tripulantes de la lancha resultaron heridos por los balazos, y recién al día siguiente la Policía obtuvo sus identidades: Padero Alderete Gaona y Roberto Ruda, brasileños que residían ilegalmente en el lugar, sin documentos de identidad. Para entonces, ambos ya habían desaparecido.
Las paredes de las humildes casas ribereñas exhiben sus mordeduras de balas, tanto por lo sucedido ese lunes, como de otros incidentes anteriores. Los moradores han aprendido a convivir con la existencia de los puertos clandestinos, que operan principalmente en la oscuridad de la noche, pero ahora están preocupados de que ya lo hagan a plena luz del día. Irónicamente llamaron Kuwait a su barrio, pero ahora temen que ese nombre que evoca a un lejano escenario bélico, se les vuelva una realidad cotidiana.
¿Puede la policía brasileña disparar impunemente desde la costa del vecino país hacía un sector marginal densamente poblado en territorio paraguayo, sin que eso signifique un incidente internacional, una violación de la soberanía, por más contrabando que lo justifique? Aquí, hasta ahora, nadie ha reclamado por eso. Los puertos clandestinos mueven mucho dinero y son parte fundamental del engranaje de la economía fronteriza.

viernes, 22 de octubre de 2010

La venganza de los edificios

Meses atrás se cayó el techo del Palacio de Justicia de Ciudad del Este. Este martes 19 ocurrió lo mismo con el histórico local del Correo Paraguayo, en Asunción. Ayer viernes 22, el edificio del Congreso Nacional literalmente hizo agua: la lluvia se coló por los agujeros del techo, invadiendo la lujosa Sala VIP de Sesiones de la Cámara de Diputados, y mojó costosos equipos informáticos y carpetas de documentos de los parlamentarios.
No faltarán quienes intenten explicar que estos “accidentes” se deben a simples fallas técnicas, sea por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento en el caso del Correo, o por deficiencias estructurales como consecuencia de la corrupción, al utilizar materiales de baja calidad en la construcción de los otros locales.
Sin embargo, quienes nos consideramos seguidores de Cortázar y García Márquez, proclives a leer los signos de los tiempos y a encontrar vida en la materia inerte, no podemos dejar de interpretar que detrás de estos sucesos se ocultan mensajes bien determinados. Es la venganza de los edificios.
Quienes conocen el gran mercado judicial del Este, inapropiadamente llamado Palacio de Justicia, no deben extrañarse de que el techo se desplome de vergüenza o de cansancio ante la alevosa compra-venta de resoluciones y sentencias de jueces, o de votos adelantados de ministros de la Corte. Hay quienes aseguran haber visto más de una vez a la estatua de la diosa Astrea bajar de su pedestal, sacarse la venda, tirar la balanza y echar a correr despavorida por las calles.
Lo del Correo, tampoco sorprende. Tantos años de cartas violadas y encomiendas saqueadas, robadas, perdidas. Tanto prebendarismo, burocracia e ineficiencia acumulados. Es como para sacudirse y querer sepultar todo lo viejo. Dejar que surja algo nuevo.
En donde menos existen dudas es en lo ocurrido en el Congreso. A pocas horas de que la mayoría de los diputados aprobaran, por 47 votos a favor y 15 en contra, una estirada declaración que enarbola como amenaza la posibilidad del recurrente y rayado juicio político, hay que dar gracias de que solo se haya producido un fuerte chubasco interior, y no un diluvio bíblico.
Ok, podrán decir que todo esto es solo un fantasioso delirio para llenar esta columna de fin de semana. Todo lo que quieran. Pero yo, por las dudas, en estos días evito pasar por cerca de estos escenarios de tantos excesos oficiales y políticos.

viernes, 15 de octubre de 2010

El Gran Mercado Judicial

El Palacio de Justicia de Ciudad del Este queda a tan solo dos cuadras de la Feria de los Productores Hortigranjeros, junto a la Terminal de Ómnibus, y a seis cuadras del Mercado de Abasto, pero en la práctica es como si el mismo fuera apenas una prolongación de estos frecuentados centros de comercio popular.
La diferencia es que en estos dos últimos locales se ofrecen a viva voz frutas, verduras, queso, huevo, carnes, mandioca, ropas, calzados…, mientras en el primero se ofrecen libre y abiertamente en venta: resoluciones y sentencias de jueces, servicios de agilización o extravío de expedientes, implementación de chicanas, votos adelantados de ministros de la Corte Suprema de Justicia. ¡Hagan sus ofertas, señores…! ¿Quién paga más…?
Todos lo saben, todos lo dicen: en Ciudad del Este hay tres mercados: el de la Terminal, el del Abasto… y el más grande de todos, el Judicial.
Todos lo dicen, todos lo saben, pero pocas veces se ha podido documentar y mostrar de manera tan flagrante la alevosa y escandalosa corrupción, como lo han hecho en estos días algunos colegas periodistas de Última Hora y Telefuturo, junto con un equipo investigador del Ministerio Público, encabezado por el fiscal anti-corrupción Arnaldo Giuzzio.
Ver las filmaciones hechas con cámara oculta en la que el juez de Santa Rita, Carlos Ortega, recibe 2.000 dólares como anticipo de una coima de 15.000 dólares a cambio de una sentencia judicial, nombrando como presunto cómplice a su colega Manuel Trinidad, juez penal de Ciudad del Este, es algo que revuelve el estómago… aunque aquí nadie se ha sorprendido por eso. Todos lo saben, todos lo dicen. Lo único llamativo es que los muy tontos se hayan dejado filmar.
Tampoco sorprende mucho que el ministro de la Corte, Sindulfo Blanco, aparezca salpicado en la presunta venta de un voto suyo a cambio de 15.000 dólares, a cargo de un funcionario judicial llamado Carlos Torres, en una causa en la que la sentencia no se conocería públicamente hasta cuatro meses después del cobro. Por suerte en Paraguay hay muchas personas llamadas Carlos Torres… y siempre se puede alegar un caso de homonimia.
Todos lo dicen, todos lo saben: Habrá imputaciones, separaciones de cargo, sumarios abiertos, declaraciones rimbombantes de gremios de abogados, mucha prensa durante día o semanas… y luego, nada. El gran Mercado Judicial del Este no va a interrumpir sus vitales actividades bursátiles por estas nimiedades.

sábado, 9 de octubre de 2010

El invisible Paraguay kamba


Entre las muchas deudas pendientes que el Paraguay tiene con sus habitantes a lo largo de su historia, hay una que es quizás la más dura, la más negada y la más invisible: el necesario reconocimiento de su población afrodescendiente, la que formó parte de esta Nación desde su periodo colonial, y que hoy sobrevive aún ignorada bajo el ropaje de oscuras sombras.
Soy de los muchos que crecimos aprendiendo la mentirosa lección escolar de que “en el Paraguay no hubo esclavos negros”, y de que los pocos únicos son los que llegaron en 1820 con el caudillo uruguayo Gervasio Artigas.
La primera en romper el mito fue la querida Josefina Plá, en 1972, con su libro fundacional Hermano negro. En los últimos años, una nueva generación de historiadores, como Ignacio Telesca, nos revela que hubo una importante y numerosa presencia africana desde el mismo inicio de la colonia. Según censos de 1782 y 1799, los pardos, entre esclavos y libres, conformaban más del 11% de la población de país. La esclavitud se mantuvo aun después de la Independencia, hasta 1870. Una de las instituciones que más mantenía esclavos era la Iglesia Católica, en sus órdenes religiosas.
Esta semana me ha tocado asistir en Managua, Nicaragua, a un encuentro de periodistas de toda América Latina, convocados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), para conocer de primera mano y debatir las más recientes investigaciones sobre derechos de la población afrodescendiente en el continente.
Ha sido una experiencia rica aproximarse a las valiosas maneras en que las organizaciones de afrodescendientes reivindican el reconocimiento de su identidad, su cultura y sus derechos, a lo largo de los países de la América también negra. Y es triste y doloroso saber que el Paraguay está entre los países que menos reconocen la existencia, la visibilidad y los derechos de su población de piel más oscura.
El Gobierno del Paraguay no tiene una sola dependencia oficial que se ocupe del colectivo afro descendiente, y todo recae muy amplia y genéricamente en la Defensoría del Pueblo. No hay datos ni cifras estadísticas oficiales sobre el porcentaje de la población que se considera parte de este grupo humano. La mayoría de los demás países latinoamericanos incluirán en su próximo censo preguntas para saber quiénes y cuántos son afro descendientes, pero aquí no existe esa intención. Solo se ha podido hacer una prueba piloto, a iniciativa de comunidades como la de Kamba Kua, pero a base de voluntariado y poco respaldo institucional.
En pleno Siglo Veintiuno, pareciera que los paraguayos y las paraguayas seguimos teniendo vergüenza de reconocer que una buena parte de nuestra historia, de nuestra identidad y nuestra cultura, además de europea e indígena, es también kamba. Hay una sonoridad de tambores llegados del África que se ha metido hondamente en nuestra polca, como lo demuestran valiosos trabajos realizados por músicos como Rolando Chaparro con su Afropolka, y Mario Casartelli con su Kamba mba’epu. Quizás en esta negación haya también una parte de culpa por la esclavitud que les hicieron padecer nuestros antepasados blancos, o un racismo latente que sobrevive, aunque no lo queramos asumir conscientemente.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Se venden niñas, tratar en Paraguay

Este jueves, 23 de setiembre, se “celebró” el Día Internacional contra la Explotación Sexual y Trata de Personas. No faltaron los discursos y mensajes oficiales sobre el “arduo e interesante trabajo” que presuntamente se realiza desde organismos del Estado paraguayo para erradicar este aberrante delito, considerado el tercer negocio criminal más lucrativo en el mundo, luego del tráfico de drogas y de armas.
Hay mucha mentira e hipocresía en este tema. Se gastan millones en realizar congresos, seminarios, conferencias, estudios, encuestas, investigaciones, confeccionar y distribuir publicaciones, carpetas, folletos, afiches, cedés y devedés promocionales… que repiten lo mismo de siempre, pero casi nada se hace para atacar los puntos críticos de la frontera por donde numerosas niñas y adolecentes mujeres paraguayas siguen siendo llevadas ilegalmente, para ser sometidas a una inhumana explotación sexual en los burdeles y prostíbulos de Argentina, Brasil, Chile, Bolivia, Perú, México, Estados Unidos y España, principalmente.
Me ha tocado acompañar a equipos de medios periodísticos internacionales, como Televisión Española (TVE) y el canal estadounidense Infinito, que vinieron en estos días al Paraguay, siguiendo la huella de una serie investigativa que hicimos en Última Hora sobre la trata en la Triple Frontera. Por la dura realidad de pobreza y de ignorancia en que viven miles de familias, nuestro país tiene hoy como un inmenso cartel internacional que dice: “Se venden niñas, tratar en Paraguay”.
Les pude mostrar a los colegas que aquella realidad que expusimos en ÚH, en enero del 2008, no ha variado absolutamente nada: por solo 8.000 guaraníes o 5 pesos es posible hacer pasar ilegalmente a una niña en canoa a través del río fronterizo, desde las costas paraguayas del Sur del Alto Paraná (Península, Cedrales, Puerto Irala, Bertoni, Paranambú), sin que funcionarios de Policía, Marina o Migraciones controlen documentos. Lo que si piden, apenas huelen que hay tráfico ilícito, es la correspondiente coima.
Hace pocas semanas, los miembros del Centro de Atención, Prevención y Acompañamiento a Niñas, Niños y Adolescentes (Ceapra), la única organización no gubernamental que mantiene un hogar para víctimas menores de la trata en todo el Paraguay, fueron desalojados del local que ocupaban en el barrio Boquerón de Ciudad del Este, porque ya no tenían para pagar el alquiler. La Organización Internacional de Migraciones (OIM) les cortó la única ayuda financiera que recibían. La Secretaría de la Mujer y la Itaipú Binacional les prometieron ayuda, pero hasta ahora… nada. Allí andan, en otra casa prestada, donde no saben hasta cuándo podrán permanecer.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Los sobrevivientes de la Isla de la Utopía


Están allí, acampados frente a la sede del Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (Indert), en Asunción, casi desapercibidos para los medios de comunicación. Tienen el pelo canoso, la piel marcada por los años y los golpes recibidos, pero en sus miradas se percibe intacto el brillo de aquella antigua rebeldía. Siguen siendo los mismos hombres y mujeres que hace tres décadas se internaron en los montes de San Pedro para fundar la colonia San Isidro de Jejuí, con la utopía de "vivir como hermanos”.
Eran tiempos sombríos de la dictadura stronista, pero en algunos sectores del campesinado, bajo el influjo de aires renovadores en la Iglesia Católica, surgían las Ligas Agrarias Cristianas, en busca de una sociedad más justa y solidaria.
La Fenalac (Federación Nacional de Ligas Agrarias Cristianas) obtuvo del IBR la adjudicación de tierras junto al río Jejuí. En mayo de 1969, en un área de 230 hectáreas, se establecieron 31 familias (unas 150 personas), dispuestas a construir un modelo autosustentable de tenencia asociativa de la tierra y de producción comunitaria.
Se convirtió en "mal ejemplo". La dictadura no podía permitirlo. El diario Patria, vocero del Partido Colorado, acusó que San Isidro era un "koljós" soviético en medio de la selva. En la madrugada del 8 de febrero de 1975, un pelotón al mando del teniente coronel José Félix Grau asaltó la colonia y apresó a los moradores. El pa'i Braulio Maciel, párroco local, fue baleado en la pierna.
Los ranchos fueron destruidos, las chacras arrasadas. Las tierras, por las que ya habían pagado hasta el último guaraní, fueron confiscadas y revendidas. La Isla de la Utopía se convirtió en estancia. San Isidro fue borrada a sangre y fuego. Pero sus pobladores —presos, torturados, perseguidos y dispersos, con la absoluta prohibición de regresar al lugar— mantuvieron vivo el sueño.
Con la caída de la dictadura, empezaron la lucha por recuperar sus derechos. Dos veces fueron desalojados con violencia por la Policía, acusados de invadir sus propias tierras. En 2005, treinta años después de haber sido expulsados, el juez Silvino Delvalle, dictaminó que 150 hectáreas les sean devueltas.
Desde entonces, la burocracia estatal ha impedido el cumplimiento de la reparadora sentencia. El Indert del Gobierno de Fernando Lugo, abanderado con la reforma agraria, pone aún más escollos que los gobiernos colorados. Cansados de esperar, los sobrevivientes de la Isla de la Utopía están allí, acampados en la jungla de cemento, reclamando un sueño más antiguo que sus propias vidas.
No habría que dejarlos tan solos.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Memo para la posteridad


Aquí están, estos son…
Los que elegimos por voto universal para ser representantes del pueblo en la Cámara de Diputados, pero nos traicionaron grosera y alevosamente para representar a los intereses de unos pocos poderosos fabricantes de cigarrillos, que se niegan a ajustarse a las regulaciones internacionales de protección de la salud, y no tienen escrúpulos para seguir amasando millones a costa de la muerte.
Aquí están, estos son…
Los que hicieron retroceder al Paraguay varias décadas en el tiempo, borrando de un plumazo valiosas conquistas como la prohibición de fumar en lugares cerrados, o advertir con mayor rigor los peligros de contraer cáncer. Los que desoyeron irresponsablemente las recomendaciones de la comunidad médica y los organismos mundiales de la salud. Los que exponen al país a recibir sanciones por violar acuerdos internacionales.
Aquí están, estos son…
Los 41 diputados que aprobaron el jueves una Ley de control de tabaco a la medida de los cigarrilleros y rechazada por la ciudadanía. Los que seguirán siendo culpables de que unas 730 personas mueran anualmente en el país por causas relacionadas al tabaquismo, según datos de Ministerio de Salud. Tomen nota, hagan copy paste y guarden la lista en el archivo de la memoria, para que los hijos de nuestros hijos lo sepan y no lo olviden.
Aquí están, estos son: Andrés Retamozo, Arístides Da Rosa, Arnaldo Samaniego, Atilio Penayo, Blanca Duarte, Carlos Liseras, Clemente Barrios, Concepción Cubas, Eladio Gómez, Herminio Dávalos, Hugo Velázquez, Jorge Baruja, Juan Espínola, Juan Vázquez, Juan Ziet, Justo Cárdenas, Justo Zacarías, Luis Gneiting, Luis Sarquis, Luis Sarubbi, Madgaleno Silva, Mario Morel, Mario Soto, Nardi Gómez, Oscar Silvero y Víctor González, todos del Partido Colorado, Asociación Nacional Republicana (ANR).
La lista sigue con Andrés Giménez, Blas Vera, Blas Lanzoni, Carlos Zena, César López, Dionisio Ortega, Edgar Ortiz, Gustavo Cardozo, Hugo Capurro, Jorge Ávalos, Julio Mineur, Luis Neuman, Mirta Mendoza, Modesto Salinas y Nelson Segovia, todos del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA).
Aquí están, estos son…
No los olvide.
Muy pronto vendrán otra vez a prometernos la Luna y a pedir nuestro voto.
No sé usted… pero yo tengo muy clara la respuesta que les voy a dar.

viernes, 20 de agosto de 2010

El cáncer maligno y la cuestión Benigna


No le están saliendo bien las cosas al presidente Fernando Lugo. Además de su delicado estado de salud tras el cáncer que se le detectó, la amenaza de juicio político a su ministro de Defensa, ahora vuelve al tapete el tema de sus hij0s no reconocidos, con nuevas posibilidades de conflicto judicial.
Benigna Leguizamón, la segunda mujer que le querelló por reconocimiento de filiación, y que luego retiró la demanda tras un evidente acuerdo privado, rompió su silencio en el programa Última Hora, conducido por el colega Luis Bareiro en Telefuturo, con revelaciones que pueden ser un nuevo dolor de cabeza para el jaqueado Gobierno.
Benigna confirmó públicamente datos que veníamos manejando of the record. Admitió que tras las chicanas y presiones políticas que congelaron su causa judicial, en diciembre de 2009 aceptó un acuerdo con el abogado Marcos Fariña, representante legal del presidente, en el que aceptó le transfieran una casa amoblada en la ciudad de Presidente Franco, y una cuota mensual de 2 millones de guaraníes para su hijo L.F., con la promesa de que Lugo reconocería su paternidad en el 2013, tras entregar el Gobierno.
Lo revelador de esta confesión es que Benigna sacó a luz el nombre de otro de los “empresarios fantasmas” del entorno presidencial: el de Cesar Luis Sosa, propietario de una red de hoteles en Asunción, Villarrica y Ciudad del Este, quien junto a Fariña dio la cara en esta oscura transacción y asumió los gastos en nombre de “su amigo” el presidente. La escritura de compra de la casa y el contrato de posterior transferencia a Benigna, están firmadas por Sosa.
El primer encuentro público entre Benigna y Fariña se hizo en el Hotel Presidente, en Asunción, propiedad de Sosa. Benigna afirma que Lugo se reunió privadamente con su presunto hijo, en dos ocasiones, en el Rosa Palace Hotel de Presidente Franco, también propiedad de Sosa. En ese mismo lugar, el empresario le paga mensualmente los 2 millones de guaraníes de la supuesta “ayuda” o prestación alimentaria.
Ahora, molesta porque no le cubren 20 millones de guaraníes de deudas en muebles, la mujer va a la televisión y amenaza con reiniciar la demanda. Más allá de lo que la Justicia resuelva sobre la filiación, su confesión abre cuestionamientos más preocupante: ¿Cuál es el papel de empresarios como Sosa? ¿Por que cargan con las cuentas de las cuestiones privadas que afectan al presidente? ¿De dónde sale el dinero para estos “arreglos privados”?

viernes, 13 de agosto de 2010

Cáncer y política


No hay que ser dramáticos, pero tampoco minimizar la situación: Es la primera vez, en la historia contemporánea del Paraguay, en que a un presidente se le detecta cáncer, en vísperas de cumplir sus dos primeros años de gestión. En la balanza de evaluaciones sobre la tarea gubernamental hay ahora un elemento inesperado, que vuelve relativas muchas apreciaciones políticas.
Por más que los médicos digan que el mal es curable y permitirá a Fernando Lugo seguir gobernando con normalidad, no será tan fácil. Quienes conocen de cerca al cáncer, saben que la lucha es dura y dolorosa. Y ya están ahí los buitres de la política, especulando miserablemente con que una enfermedad les permita acceder a lo que no son capaces de lograr por vías institucionales.
Lo que le pasa al jefe de Estado hace más visible la realidad de muchos ciudadanos y ciudadanas, golpeados por dolencias que ubican inesperadamente ante el espejo de la vida y la muerte, y que no tienen el privilegio de ser asistidos por los mejores oncólogos, encargar sus análisis a un laboratorio de Harvard, o ser sometidos a tratamientos en el Hospital más especializado de Brasil.
Pero Fernando Lugo es el primer mandatario y no un ciudadano común. El linfoma no Hodgkin amenaza no solo a su salud, sino también a la del sistema democrático. Es legítimo que el Estado le provea los medios y recursos necesarios para cumplir adecuadamente su función.
Uno le puede criticar muchas cosas al gobernante, pero eso no impide sentir compasión por la persona, expresarle solidaridad y desearle de corazón que pueda curarse. Actitud que tampoco implica perdonar errores, ni eventuales irregularidades en el ejercicio del poder, solo por hallarse enfermo.
El sistema republicano cuenta con mecanismos constitucionales de sustitución de un mandatario, en el caso de que haya impedimentos graves para gobernar, y está bien que los analicemos y los tengamos previstos, pero con la debida seriedad y respeto.
Mientras Lugo pueda cumplir su mandato, aún en delicado proceso de tratamiento médico, debe contar con el respaldo de toda la ciudadanía democrática, ante cualquier sector golpista u oportunista que pretenda aprovecharse de su estado de salud para conquistar indebidamente el poder.
Quiera Dios que se cumpla el milagro de una buena y pronta curación… y en una de esas hasta sea capaz de ofrecernos un mejor Gobierno que el realizado en estos dos primeros años.

viernes, 30 de julio de 2010

Vivo o muerto


Es lo que decían los polvorientos carteles del Viejo Oeste: Wanted dead or alive (Buscado vivo o muerto). Fotos borrosas, rostros dibujados a carbón, cabezas humanas puestas a precio. Cazadores de recompensas que disparaban primero y preguntaban después. Era más seguro cobrar por cadáveres y nadie reclamaba en ese territorio sin Ley. Muerto el perro, se acabó la rabia.
El Paraguay del 2010 no es el Far West del siglo XIX, por más que a veces se le parezca. Aquí existe un Estado de Derecho y significativos avances en la legislación y la acción institucional. Aunque algún sector importante de la población aplauda con entusiasmo, no es correcto que un presidente de la República declare que la muerte del ex integrante del Ejército del Pueblo Paraguayo, Severiano Martínez, era “una noticia largamente esperada”. Ninguna muerte de un ser humano, por más peligroso criminal que se considere, debe ser noticia esperada para gobernantes de un país democrático.
Hallar y matar al prófugo fue un punto positivo para las fuerzas de seguridad, en la misión de acabar con la banda armada de secuestradores con entrenamiento guerrillero. Pero, en un país con tradición de policías de gatillo fácil, hay un error conceptual en la orden de capturarlos “vivos o muertos”.
Un instructor de Swat dijo que el mejor Grupo Comando es el que consigue atrapar vivo al más peligroso criminal y entregarlo a la Justicia. Aunque decida "no entregarse vivo", un combatiente profesional sabe “anular a un objetivo hostil sin usar fuerza letal”, disparando a puntos no vitales del cuerpo. ¿No podía ser el caso, con siete tiradores entrenados, con fusiles de asalto, chalecos anti-balas, contra un hombre con una sola pistola, mal alimentado y varios días de sobrevivir en el monte? Nadie puede ponerse en la piel de hombres en una situación límite con armas, pero el acribillamiento abre pie a teorías de ajusticiamiento, presuntas “quemas de archivos”, y pérdida de oportunidad de obtener informaciones valiosas.
Lo más preocupante es la perversa lógica instaurada del “si ellos matan… nosotros también matamos”. O la cuantificación de números de víctimas y policías asesinados contra el de delincuentes abatidos, como si se tratara de una mortal competencia. Un Estado de Derecho no puede responder con la misma técnica de los criminales, porque el respeto a la vida humana y la aplicación de la Ley es lo que lo diferencia de quienes se ponen al margen. La pérdida de nuestros familiares, amigos y conciudadanos, no dejará de dolernos. Pero en su memoria debemos exigir Justicia y no venganza.

viernes, 23 de julio de 2010

La otra policía


Son apenas 22 hombres y mujeres, sin patrulleras, casi sin recursos presupuestarios, manteniéndose con la contribución de algunos empresarios, con una existencia institucional todavía nebulosa… pero en un año y medio han conseguido cambiar en gran medida la imagen de corrupción e inseguridad que generalmente tienen los extranjeros al ingresar al Paraguay por el Puente de la Amistad.
En la noche del último domingo, el popular programa televisivo Fantástico, de la Rede Globo del Brasil, emitió un reportaje en el que alabó a la nueva Policía Turística paraguaya, una fuerza pública “eficaz y diferente” en la estigmatizada Ciudad del Este, que orienta y defiende a los visitantes. El informe mostraba como los peculiares agentes de uniforme color celeste ayudaban a un turista brasileño a recuperar su dinero, tras haber sido engañado por un vendedor callejero que le entregó una caja con botellas de agua mineral en vez de la notebook que le había vendido.
“Me quedé gratamente sorprendida. Es la primera vez, en los 5 años que llego viviendo en el Brasil, que la Rede Globo emite una noticia positiva sobre Ciudad del Este”, me escribe emocionada desde Sao Paulo la colega Nancy Areco, ex reportera del Sistema Nacional de Televisión, hoy afincada en el país vecino
La Policía Turística es un proyecto impulsado contra viento y marea por Liz Cramer, ministra de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur), que arrancó en diciembre de 2008 como una división interna de la Policía Nacional, operando desde una pequeña oficina cedida por la Aduana en la zona primaria del Puente de la Amistad, y con un decidido respaldo de la Fedecámaras, que nuclea a entidades de comercio y organizaciones ciudadanas del Este.
De enero a julio de 2010, además de resolver 60 casos de estafas a turistas en casas comerciales, aprehender a 24 delincuentes en flagrancia y demorar a 154 sospechosos, logró reducir a cero los casos de asaltos a turistas en la entrada al país, así como los pedidos de coimas e intentos de sobornos en la zona primaria del Puente.
Los miembros de la unidad son cuidadosamente seleccionados entre jóvenes aspirantes, y sometidos a un estricto control. No ha faltado el caso en que uno de ellos fue denunciado por intentar coimear a un turista, pero rápidamente fue sometido a investigación y proceso judicial, y deshonrosamente expulsado del cuerpo. La diferencia con otras fuerzas es que aquí no hay impunidad.
Además de la de Ciudad del Este existe otra en Salto del Guairá y pronto se habilitarán en Encarnación y Asunción. Será cuestión de seguirles la pista y ver cómo evolucionan, pero hasta ahora el resultado es alentadoramente positivo: hoy los extranjeros que llegan al Paraguay sienten que el uniforme celeste de la Policía Turística les inspira confianza, seguridad, honestidad, eficiencia y buen trato. Que ya es mucho.

viernes, 16 de julio de 2010

¡Opata ko la mundo...!


Las voces de alarma no se hicieron esperar. Apenas se supo que el Senado argentino había aprobado la Ley que avala el matrimonio entre homosexuales, tras una maratónica sesión de más de 14 horas, en algunos medios locales se escucharon verdaderos gritos de temor: ¡Dios mío, a dónde llegamos…! ¡Qué perversión! ¿Qué les vamos a decir a nuestros hijos? ¡Estamos como en la época de Sodoma y Gomorra! ¡Opáta ko la mundo…!
Son voces nacidas ante el miedo a lo nuevo. Para un importante sector de la población, formada con los rigores de una cultura tradicional y conservadora, es la sensación de la estantería que se tambalea con todo lo que parecía tan seguro, tan firme, tan cuadrado… ¿Cuánto tardarán en copiar aquí el “mal ejemplo” argentino? ¿Qué va a pasar con el modelo de familia que nos inculcaron?
Cuesta abrirse a lo diferente cuando uno se ha pasado la vida cerrando los ojos a otras caras de la realidad, buscando convencerse de que quienes tienen una orientación sexual distinta son personas anormales, enfermas o inmorales, y no pueden gozar de los mismos derechos que las personas consideradas “normales”. ¿Formar pareja, casarse, compartir bienes, tener proyectos de vida en común…? ¡Ni soñarlo!
Pero he aquí que un buen día uno se despierta y descubre que el mundo ha evolucionado. Y que quizás es uno el que se ha quedado atrás, y le cuesta reconocer que hay avances cívicos que vienen de la mano con la madurez de la humanidad. ¿Acaso los reclamos de libertad para los esclavos o el derecho al voto para las mujeres, en su momento no parecieron también una locura? Ahora los vemos en el tiempo como derechos tan lógicos y naturales.
La Argentina hoy da el ejemplo, como primera Nación latinoamericana en poner fin a una larga y oprobiosa discriminación contra los homosexuales, tras un largo y enriquecedor debate, en que se han oído todas las posturas y se han permitido todas las manifestaciones. Tarde o temprano, en el Paraguay vamos a tener que profundizar este mismo debate a nivel institucional, y sería bueno que tengamos más argumentos que los puramente fundamentalistas o religiosos. Que primen el respeto y la convivencia civilizada, la tolerancia y la inclusión. Crezcamos, maduremos, aprendamos.
¿Qué les vamos a decir a nuestros hijos? Digámosles la verdad: que el mundo no se va a acabar porque los homosexuales pueden contraer matrimonio legalmente. Por el contrario, es un mundo que se está volviendo más igualitario, y ellos tendrán la suerte de vivir en él, con mucho menos discriminación.

martes, 13 de julio de 2010

Ser joven en el Paraguay (segunda parte)


–No te metas, mi hijo. No es tu problema.
–Sos muy joven todavía, no podés entender.
–¡Sacate ese arito, parecés un maricón!
–¡Estás loca...! ¿Cómo vas a estudiar esa carrera? ¡Te vas a morir de hambre!
–Vas a estudiar ingeniería, como tu papá. Así tenés el futuro asegurado.
–¡Apagá esa música horrible!
–Dejá de escribir boludeces y hacé algo productivo.
–Esa chica no te conviene.
–Tenés que volver antes de la una.
–Esos amigos no te convienen.
–Vos andás en algo raro.
–¿Cómo vas a salir vestida así a la calle?
–¡Cortate el cabello, parecés una mujer!
–¿Por qué te cortaste el pelo tan cortito? ¡Parecés un tipo!
–Cuando seas grande vas a poder decidir.

***

¿Les suena conocido...?
Son algunas de las características frases con las que los adultos solemos "orientar" la vida de los jóvenes.
Les hablamos desde la distancia.
Desde atrás de una muralla.
Desde el otro lado de los barrotes de una cuna.
Creemos que todavía no han crecido, cuando en verdad quienes no hemos terminado de crecer somos nosotros.
Nunca les hablamos, por ejemplo, sobre el sexo. ¿Será porque nosotros mismos no sabemos lo que es?
Los cuidamos de las drogas, pero no de los malos gobiernos, ni de esa otra droga que es la mala televisión.
Les reprochamos que el reguetón o el trash metal no son música, sino ruido para drogadictos, olvidando que nuestros padres nos decían lo mismo cada vez que escuchábamos a U 2, a Pink Floyd, a los Rolling o a The Beatles.
Ellos se juntan en el shop, a la salida del cole.
Beben cerveza como si tuvieran toda la sed del mundo.
Ponen el volumen de la música al máximo, pero no les alcanza para aturdirse.
Quieren votar, pero no saben a quién. La palabra política les produce náuseas. Sueñan con un país diferente, pero no saben cómo...
A veces quisieran estar lejos, muy lejos.
Han nacido en nuestros brazos... y de pronto parecen extraños.
Ya no los conocemos, o tenemos miedo de conocerlos.
A lo mejor no hay que buscar entenderlos.
A lo mejor solo hay que quererlos.

viernes, 9 de julio de 2010

Lo mejor del Mundial


A veces el universo se ve mejor por el ojo de una cerradura. A veces lo pequeño habla de lo grande, el árbol ayuda a ver el bosque. Solo que en un show tan brillante y grandioso como un Mundial de Fútbol, los pequeños detalles se pierden entre tanto oropel planetario. Pero hay quienes tienen la capacidad de ver… y de contar.
“Lo mejor del Mundial” tituló una de sus vibrantes crónicas escritas en su blog el periodista Martín Muñoz (creo que es mexicano, no hay muchos datos acerca de él en la red, solo sé que es el editor general de Yahoo! Deportes). No se refería al mejor equipo, ni al mejor goleador, ni al mejor arquero, ni al mejor árbitro, ni siquiera a la promocionada “Novia del Mundial”, nuestra bella compatriota Larisa Riquelme.
No. Martín se estaba refiriendo a un gesto humano, a algo que sucedió durante muy pocos minutos o segundos, al término del partido entre Paraguay y Japón, el martes 29 de junio, aquel largo y dramático cotejo de 120 minutos de juego sin goles, que tuvo que definirse en penales, y que nos puso finalmente entre los ocho mejores equipos de fútbol del mundo, cuando un futbolista japonés equivocó un penal y acabamos ganando por 5 a 3.
Fue una explosión de júbilo entre los seguidores de Paraguay, y una depresión colectiva para los de Japón. Y mientras el mundo se llenaba de colores, las cámaras enfocaron por un fugaz momento a Yuichi Komano, el jugador japonés que había fallado el penal, y que allí estaba llorando desconsoladamente, sin que ninguno de sus compañeros le dieran apoyo.
Dos jugadores paraguayos se aproximaron a Komano. El primero fue Edgar Barreto. Así lo cuenta Martín Muñoz: “Se acercó al japonés y, en una de esas raras instancias en la vida en la que no hacen falta palabras, el paraguayo, con un gesto intentó consolar al hombre que les había abierto sin querer las puertas de cuartos de final. No fue el único, luego llegó Nelson Haedo Valdez y el fútbol nos mostró su mejor cara. La que vemos tan pocas veces”.
Hay dos o tres fotos de ese momento. Un reportero de Associated Press percibió lo que ocurría y se acercó a disparar, rápido. Lo de Barreto ya no alcanzó a registrarse, pero hay una bellísima foto en la que Haedo toma entre sus manos la cara de triste niño huérfano de Komano, y recuesta su cabeza por la de él, transmitiéndole toda la ternura, toda la grandeza, la calidad y la calidez humana.
Coincido con Martín: Definitivamente, fue lo mejor del Mundial.

miércoles, 7 de julio de 2010

Ser joven en el Paraguay


Ser joven en el Paraguay es comenzar a ser adultos o ancianos antes de los 15 años. Es crecer a golpes de realidad, hipotecar el futuro a cambio de un puesto de vendedor en un shopping. Es empacar los sueños dentro de una ajada mochila y salir a enfrentar al mundo sin pasaporte.
Ser joven en el Paraguay es archivar los libros y las ilusiones en el ropero, para resignarse a subsistir en la chacra, en un taller, en una carpintería. Es esperar pacientemente en largas colas frente a una agencia de empleos: certificado de buena conducta, antecedentes policiales, experiencias laborales, referencias comerciales, ¿sabe hablar inglés?, ¿conoce el Window Vista?, ¿tiene nociones de márketing?, vuelva el lunes, nosotros lo vamos a llamar, lo sentimos mucho pero el puesto ya ha sido ocupado.
Ser joven en el Paraguay es vivir bajo la constante sospecha de estar cometiendo un delito que nadie sabe explicar cuál es. A ver, documentos. Contra la pared. De dónde viene, carajo. Les tienen que venir a buscar sus padres. ¿Por qué tenés los ojos colorados?, seguro que estuviste fumando marihuana. ¿Estudiando toda la noche, quién te va a creer?
Ser joven en el Paraguay es vivir la vida a ritmo de video-clips. Es morirse por un jean de Valentino o una campera de Caro Cuore. Es llorar con una película de la serie Crepúsculo. Es creer que Dios tiene el rostro de un cantante de reguetón.
Ser joven en el Paraguay es soñar que se llega al paraíso desfilando a través de una pasarela. Es matarse de hambre por parecerse a Larissa Riquelme, Egni Eckert o Patty Orué. Es vivir desmayándose como los poetas del romanticismo.
Ser joven en el Paraguay es creer que se puede apagar con mucha cerveza la sed de tantas preguntas. O que se puede tapar con el sonido al máximo del mp4 o el i-pod el molesto y estruendoso ruido de la realidad.
Ser joven en el Paraguay es creer en todo y no creer en nada. Es ser feliz y hundirse en la depresión sin sentido aparente. No entender nada y de pronto comprenderlo todo. Odiar a los políticos y amar a los jugadores de la Albirroja. Ser ingenuo y cínico a la vez. Creer que la felicidad está al alcance de la mano o del lado oscuro de la luna. Querer cambiar el mundo o desear que estalle en pedazos.

lunes, 5 de julio de 2010

Paraguay ganó


Paraguay si ganó el Mundial de Futbol Sudáfrica 2010.
Ganó la admiración y el respeto del mundo.
Hoy figuramos en el mapa con nuevos colores y sonidos.
Fue la mejor participación paraguaya en todos los mundiales, algo que casi nadie esperaba de un equipito que se fue colando a pura garra y pasión entre los favoritos.
Valió la pena. En ese último partido ante España, en cuartos de final, la Albirroja cayó con dignidad, con orgullo, con grandeza.
¡Hicimos historia...!
Me siento orgulloso de ser paraguayo.
Ahora la vida está volviendo poco a poco a su ritmo habitual. Hasta ya hay otras noticias en la tele, que no sean fútbol.
Nos queda la angustia… ¿qué cosas nos unirán y nos harán felices, ahora que la Albirroja ya no está en Sudáfrica?
¿Será que han aprendido algo los políticos y dirigentes de lo que nos pasó en este Mundial?
¿Será que entenderán el mensaje que la ciudadanía les pasó con tanta alegría en las calles? ¿Que los paraguayos sí podemos (y queremos) estar unidos detrás de cosas buenas, grandes y movilizadoras, y no matarnos peleando por macanadas?

viernes, 2 de julio de 2010

El paraíso con la punta de los dedos


Si, ya sé… Es solo fútbol. Es solo una pelota pateada por once tipos contra otros once tipos en un estadio, mientras el mundo entero está en las graderías, mirando. Es solo eso… pero es más. ¡Mucho más…!
Trataba de explicarle a un amigo extranjero, que me preguntó con asombro por qué los paraguayos estamos tan pasados de revoluciones, tan eufóricos y combativos, como si el destino mismo de la Patria dependiera de un partido de fútbol.
Intentaba hacerle entender que en esta isla rodeada de tierra, que ha padecido no solamente cien sino todos los años de soledad, en donde ya creíamos que el infortunio se había enamorado de nosotros, darnos cuenta de que estamos entre los ocho mejores equipos de fútbol del mundo, disputando la final de Sudáfrica 2010, no solo tiene un sabor a gloria, sino es además una reivindicación histórica, una sensación sublime de acariciar el paraíso con la punta de los dedos.
Le decía que nunca antes, en todo el largo calvario de dictaduras y democracias enmascaradas, he visto tanta alegría en el rostro de la gente como lo vi en las calles, tras la victoria ante Japón. Y hasta quienes no somos hinchas fanáticos, y a veces hasta cometemos la tontería de afirmar que es el fútbol un deporte masificador y alienante que desvía la atención de las cosas importantes, nos encontramos sorprendidos de nosotros mismos, vestidos con la casaca albirroja, comiéndonos las uñas ante el televisor.
Le decía que ojalá aprendiéramos todos de este momento único. Que es lindo sentirse tan solidariamente abrazados por encima de nuestras diferencias, y que si pudiéramos encauzar estos positivos valores que nos da el futbol hacia otros ámbitos como la política, la economía o las relaciones sociales, allí si no nos iba a parar nadie.
Le dije finalmente lo que les digo a todos los no paraguayos: Déjennos gozar libremente de esta alegría. Déjennos sentirnos tan unidos en medio de nuestras históricas rencillas cotidianas. Déjennos vibrar con la satisfacción que nos dan los chicos de Martino (y que hasta ahora nuestros políticos, ni nuestros dirigentes sociales, no han sabido darnos). Déjennos el placer de intentar llegar hasta donde podamos, con esa garra, con esa pasión, con ese ser paraguayos que quizás muy pocos entienden, pero que a veces da increíbles y gratas sorpresas.
Y ya no digo más, porque está por empezar el partido contra España. Entran once jugadores a la cancha, pero seis millones y medio de corazones entramos con ellos.
¿Se escucha, Sudáfrica…? ¿Se oye, Planeta Tierra…?
Ronco grito guaraní que retumba por encima de las vuvuzuelas: ¡Vamos Paraguay! ¡Vamos Albirroja! ¡Vamos, vamos a ganar…!

sábado, 26 de junio de 2010

El rostro joven del miedo


Cerca de las 04.00 de la madrugada salieron de una de las más renombradas discotecas de Ciudad del Este, frente al Lago de la República. El muchacho pidió a su novia que la espere en la vereda mientras retiraba el auto. Cuando volvió, ella ya no estaba. Bajó a buscarla. Oyó un grito y acudió desesperado, pero dos desconocidos surgieron de entre las sombras y lo encañonaron con sus pistolas, llevándolo a empujones hasta un sitio desolado, donde presenció cómo otros hombres tenían sujeta a su pareja y la estaban violando sexualmente.
Fue un amanecer interminable y siniestro. Tras saciar sus instintos, los desconocidos les despojaron de todas las pertenencias de valor y les obligaron a recorrer cajeros automáticos para vaciar sus cuentas bancarias y entregarles el dinero. El muchacho y la chica, ambos muy jóvenes, miembros de familias de buena posición económica en la sociedad esteña, fueron finalmente abandonados en una zona baldía, en las afueras de la ciudad.
Ocurrió hace dos semanas. El caso no fue denunciado a las autoridades, por temor o vergüenza. Varias otras historias similares circulan de boca en boca en estos días por Ciudad del Este, mencionando a una presunta banda de violadores y asaltantes que andaría suelta por las calles, acechando principalmente a la salida de pubs y discotecas.
En la madrugada del domingo último se produjeron dos atentados con armas de fuego contra jóvenes. En uno de ellos fue asesinado Rubén “Lato” Cácerez. Su acompañante, R. D., pudo sobrevivir y escapar por milagro. En el otro ataque, Victor Manuel Pintos resultó herido en la cabeza. A los pocos días, anónimos mensajes de textos empezaron a circular vía celular, con una lista de cerca de 20 amigos de las víctimas: “Cuídense. Principales blancos. Este sábado no salgan”.
Una sensación colectiva de miedo e inseguridad se ha instaló en la población, al punto en que las autoridades han debido adoptar medidas urgentes, prohibiendo fiestas estudiantiles, controlando severamente el ingreso de menores a locales nocturnos e instalando barreras policiales en las calles. El jueves, en medio del festejo por la clasificación de la Albirroja, los jóvenes esteños realizaron una marcha para reclamar seguridad y el combate a la delincuencia.
La criminalidad no es algo nuevo en esta región fronteriza, pero hoy repercute con mayor fuerza al afectar directamente a jóvenes de clase media y alta. La mayoría de los padres de familia viven una cotidiana carrera de lucro y ambición, con muy poco tiempo para ocuparse de sus hijos, y de pronto descubren haberles otorgado demasiada permisividad en un ambiente donde abundan los excesos de fiestas nocturnas, con un trasfondo de tráfico de drogas, peleas entre pandillas y culto a la violencia… y no saben qué hacer. Hoy claman que el Estado o la Policía salgan a ocupar el rol de vigilantes que ellos no supieron cumplir.

sábado, 19 de junio de 2010

Karai Félix


Era habitual cruzarse con él en la calle, en un micro cargado de pasajeros, o descubrir su presencia solidaria en un acto político o cultural, sin que muchos supieran que ese abuelito de barba entrecana y andar humilde es uno de los más grandes poetas en lengua guaraní.
Aprendí a admirarlo en la Escuela de Locución, donde compartimos el ejercicio de la docencia durante muchos años. Yo llegaba a dar clases y el estaba allí, compartiendo sus historias mágicas, sin advertir que había sonado el timbre, como si habitara otro tiempo y lugar. Sin atreverme a interrumpirlo, me colaba en el aula y me dejaba envolver por esa voz dulce y profunda que nos traía aromas de naturaleza agreste, tierra roja mojada por mil lluvias, acordes de guitarras y sonidos de machetes rebeldes.
Supe de su infancia sufrida en las soledades campesinas de Paraguarí, donde nació en 1924 como Félix Giménez Gómez, hasta que adoptó para siempre el artístico nombre de Félix de Guarania. Supe de su secuestro en Medicina por la dictadura de Morínigo, de su primera obra de teatro censurada y prohibida, de las muchas persecuciones y encierros, hasta que en 1960 la dictadura de Stroessner lo expulsó del país.
Fueron 26 largos años de exilio, en que sobrevivió dando clases de guaraní en universidades de Moscú, mientras sus poemas iban naciendo con el dolor y el amor por la Patria lejana, hasta que el amanecer de la democracia le permitió regresar con sus hijos.
Escribió cerca de una docena de libros, incluyendo una versión al guaraní del Quijote de Cervantes. En lo personal, me conmueven las adaptaciones al guaraní de clásicas canciones de Chico Buarque, Silvio Rodríguez, Violeta Parra, Chabuca Granda, John Lennon, Joan Manuel Serrat, entre otros, para los dos discos El canto de los Karai de Ricardo Flecha. Los versos del Imagine de Lennon, transportados del inglés al guaraní, hablan de la sublime universalidad tan joven del viejo Karai Félix.
A sus 85 años de edad, Félix de Guarania está muy enfermo y requiere la solidaridad de sus compatriotas. Perdió la vista y la movilidad, y sus familiares casi ya no disponen de recursos para costear su tratamiento. Este prócer de la cultura, incansable militante de la vida, unos de los pocos raros ejemplos de coherencia y dignidad que tenemos los paraguayos, sufre la misma triste situación de abandono y pobreza en que terminaron sus días tantos artistas y creadores. Aunque recibió medallas y condecoraciones, y percibe una casi simbólica pensión graciable del Congreso, su caso demuestra lo tremendamente injustos y poco solidarios que seguimos siendo con quienes nos engrandecen con su arte y sabiduría.

viernes, 11 de junio de 2010

Locos por las armas


Tras un trágico “accidente” que cobró la vida de un chico en el barrio San Miguel de Ciudad del Este, envolviendo en un horrible drama a la familia de una querida amiga, conocí con horror la última diversión de moda entre los jóvenes: El juego de la “ruleta rusa”, un revólver cargado con una sola bala, a la que hacen girar el tambor y luego aprietan el gatillo apuntando al jugador de enfrente, con apuestas en dinero a ver si se dispara o no.
El episodio no es aislado, sino la manifestación sintomática de un país que arrastra una larga tradición de culto al mbokapu, donde impera un impune tráfico ilícito que mueve millones, ligado al narcotráfico, especialmente en zonas fronterizas de Ciudad del Este, Salto del Guairá y Pedro Juan Caballero, donde las armas se venden como si fueran caramelos.Escribo este artículo desde Montevideo, Uruguay, en un seminario convocado por la Fundación del Premio Nobel de la Paz costarricense Oscar Arias, en donde me toca exponer resultados preliminares de una investigación sobre tráfico de armas en Paraguay, que realizamos con la abogada Yenny Villalba.
Sobre estadísticas de la Policía Federal brasileña, que en dos años decomisó 20.000 armas introducidas ilegalmente por Ciudad del Este, es posible cuantificar que se trafican 30.000 armas de fuego por año desde el Paraguay, especialmente con destino a organizaciones criminales brasileñas como el Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV).
En este seminario accedemos a nuevos y preocupantes datos oficiales. Diana Vargas, directora de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, revela que en el Paraguay hay 700.000 armas no registradas en poder de ciudadanos. El teniente coronel Oscar Villagra, de la Dirección de Material Bélico de las Fuerzas Armadas (Dimabel), indica que sólo 288.887 personas han registrados sus armas, y reconoce la dificultad de controlar la venta y el uso. El director de operaciones de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), Miguel Chaparro, muestra como los narcotraficantes adquieren con suma facilidad en el mercado negro poderosas armas de guerra, desde fusiles de asalto hasta ametralladores y cañones anti-aéreos.
Paraguay mantiene una tasa de homicidio de entre 12 y 13 por cada 100.000 habitantes, que según índices de la Organización Mundial de la Salud es calificada como epidémica, ya que lo normal es de 0 a 5. Otro factor alarmante es que hay 210 empresas privadas de seguridad registradas, que emplean a 24.000 guardias privados, más que el doble de los 10.000 policías operativos.Un punto muy positivo expuesto por los representantes del Gobierno es que existen acciones en marcha para ejercer un mayor control y reducir el tráfico y transferencia de armas.
Pero Paraguay aparece muy detrás de experiencias comunitarias de entrega y destrucción de armas que se llevan a cabo en países como la Argentina. Aquí, por el contrario: una donación de explosivos c-4 de Estados Unidos para destruir armamento obsoleto de las Fuerzas Armadas acabó siendo robado y ofertado en el mercado negro, junto a las armas que se debían destruir.

sábado, 5 de junio de 2010

El mundo será una gran pelota de fútbol


Es lindo ver a la gente eufórica y patriota, con banderas al viento, ahora que la selección paraguaya está en Pietermarizburg para disputar el Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010.
Me sumo con entusiasmo al coro de la pasión albirroja... pero no puedo evitar preguntarme: ¿por qué nadie alienta con igual fervor al país, cuando se enfrenta contra la endémica corrupción, en ese otro mundial en el que si somos negativamente campeones?
¿Por qué nadie sale a la calle, vestido con la camiseta roja y blanca, a gritar "¡Arriba, Paraguay...!" cuando la patria disputa su cotidiano partido contra la pobreza y la miseria?
¿Por qué no hay hinchadas multitudinarias, batucadas rítmicas, caravanas con bocinazos frente al Panteón de los Héroes, gargantas roncas, abrazos efusivos, gritos y llantos de emoción... cada vez que el Paraguay logra alguna conquista mínima en el torneo contra la injusticia?
¿Por qué las radios y los canales de tevé no dedican interminables programas y transmisiones vía satélite, y los diarios no nos inundan con coloridos suplementos... cuando salimos a disputar el campeonato contra el atraso y el subdesarrollo?
El fútbol es pasión de multitudes. Perfecto. Pero... ¿por qué no lo es la solidaridad? ¿Por qué no convertimos también a la honestidad en un "deporte rey"? ¿Por qué no tenemos a un Roquegol haciendo vibrar de emoción a la platea en el campo de la política? ¿Por qué no hay un Nelson Haedo o un Lucas Barrios rompiendo defensas enemigas para meter goles a favor de la cultura, el trabajo, la educación, la salud pública, la protección del medio ambiente...?
Desde el 11 de junio, la vida será solo fútbol. Estaremos prendidos a la tele y nos va a importar un carajo que se desbloqueen o no las listas sábanas, que se apruebe la Ley de seis horas para los funcionarios públicos, que sean capturados los líderes del EPP, que aumente el índice de violencia y criminalidad, que suban los precios de la canasta familiar, que alguna otra mujer demande al presidente por paternidad, que los niños pobres se caguen de frío y de hambre junto a un semáforo, que el lago Ypacaraí tenga aguas rojas o que un unicornio azul ande suelto por la Plaza Uruguaya.
Mientras dure el Mundial, el destino de la patria paraguaya dependerá del Tata Martino y sus once leones guaraníes correteando detrás de un balón, ante las cámaras de la tevé planetaria. El planeta Tierra se habrá convertido en una inmensa pelota girando bajo los pies de algún dios deportista en la gran cancha de fútbol del universo.

viernes, 28 de mayo de 2010

Huevadas violentas



Se hacen llamar dirigentes sindicales, líderes que en teoría luchan por un modelo de sociedad alternativa con mayor justicia y equidad, pero el comportamiento demostrado el miércoles a la tarde, al rodear y atacar a la sede de la Redacción del diario Última Hora, en Asunción, arrojando huevos y petardos, además de proferir insultos verbales de todo tipo, contradictoriamente los asocia a exaltados integrantes de turbas o patotas, o de violentas barras bravas futboleras.
La Mesa Coordinadora Sindical quiso justificar que la manifestación fue dirigida solo contra el empresario Antonio J. Vierci, presidente del grupo empresarial al que pertenece este diario, en protesta por “la línea editorial que responde a intereses fácticos”, pero quienes se hallaban en el interior del edificio atacado eran periodistas y funcionarios, obreros de talleres y de transporte, y asustados clientes atrapados por la violencia.
A los comunicadores nos resultó aun más inexplicable identificar entre los dirigentes al propio secretario de organización del Sindicato de Periodistas del Paraguay, el colega Eduardo “Coco” Arce. Un medio periodístico atacado por una turba, y el directivo del gremio que debería defendernos, ubicado del lado de los agresores.
La línea editorial de un diario es la opinión oficial de sus editores, con la cual se puede discordar libremente, y existen mecanismos democráticos para contestar y expresar el disenso: el derecho a réplica, los espacios informativos, las secciones de opinión pública, o las variadas opciones de libre acceso y contestación que permite también la edición digital en internet. Un acto de agresión como el que protagonizaron los funcionarios públicos no solo cae en la práctica ilegal de la violencia, sino además configura un atentado contra la libertad de prensa y de expresión.
Quienes conocen mi manera de pensar y mi postura personal, saben que siempre apoyé las conquistas laborales, y en este caso estoy a favor de la Ley que reduce las horas de trabajo de los funcionarios públicos, por más que crea que en este conflicto se juegan intereses políticos extra-gremiales, en la pulseada de poder entre el Gobierno y sus adversarios en el Parlamento. Dentro del pluralismo que caracteriza a Última Hora, nunca he sentido restricciones para expresar mis opiniones en mis columnas semanales, aunque resulten discordantes con la línea editorial del diario.
Es lo que muchos periodistas venimos haciendo desde hace décadas: informar responsablemente y expresar con libertad nuestra opinión, y leer y escuchar con respeto a quienes disienten, sin salir a patotear y a arrojar huevos a la cara de todos los que piensan distinto.

viernes, 21 de mayo de 2010

El hombre que hizo temblar a la dictadura


Diciembre de 1969. La caravana de promeseros asciende la loma de Caacupé, mientras el país se estremece bajo una fuerte oleada represiva del terrorismo estatal. Los campesinos de las Ligas Agrarias son perseguidos a sangre y fuego. En los oscuros calabozos, medio centenar de presos políticos claman sordamente a una Justicia que tiene los ojos más vendados que nunca.
El dictador Alfredo Stroessner se dispone a hacer gala de catolicismo en la tradicional Procesión de la Virgen de Caacupé, cuando le comunican que el nuevo obispo de la Diócesis serrana ha resuelto suspender la festividad religiosa, en protesta contra “las injusticias y falsedades de parte de los responsables del Gobierno del país”. En una carta pastoral, el prelado escribe: “La Procesión de la Virgen hubiera debido significar íntima alegría de todos los hogares, pero en muchos la luz de la alegría se apagó. El temor alejó, si no es la muerte, al jefe del hogar…”.
El supremo gobernante monta en cólera: ¿Quién es ese insensato obispo que se atreve a desafiarlo, privándolo de la anual exhibición ante el altar de la Virgen? “Es un salesiano, excelencia…”, le contesta la voz trémula de uno de sus esbirros. “Se llama Ismael Rolón”.
Aquel cura caazapeño testarudo se convierte rápidamente en uno de los mayores dolores de cabeza del tirano. El 4 de febrero de 1971, a poco de asumir como arzobispo de Asunción, monseñor Ismael Rolón renuncia a integrar el Consejo de Estado –cargo que constitucionalmente correspondía a los arzobispos-, para no avalar “la situación de crecientes abusos y patentes violaciones de derechos humanos”, según justifica en una carta pública.
Habló con profética valentía cuando tenía que hablar, y actuó calladamente cuando sentía que las gestiones privadas eran más efectivas. Sus masivas “procesiones del silencio” enseñaron que la mudez puede ser más estentórea que el grito panfletario. Y definió con una certera frase para la historia (“hombres escombros”) a los autoritarios y corruptos.
Tras la caída de la dictadura, en 1989, dejó su silla arzobispal, pero siguió educando y defendiendo los derechos humanos. Desde su idílico Oasis de Ypacaraí, iluminó con su palabra reflexiva la realidad cotidiana.
En estos días en que su cansado cuerpo físico se debate entre la vida y la muerte, a sus 96 años de edad, es necesario rescatar la figura de monseñor Ismael Rolón. Un compatriota digno y heroico, quien mantuvo siempre una intachable conducta moral, una coherencia y rectitud humana poco frecuente en el Paraguay.

viernes, 7 de mayo de 2010

Patria



“Son las paredes de un barrio, es su esperanza morena. Lo que lleva en el alma todo aquel cuando se aleja. Son los mártires que gritan: bandera, bandera... No memorices lecciones de dictaduras o encierros. La Patria es un sentimiento, como mirada de viejo. Sol de eterna primavera, risa de hermanita nueva. ¡Patria son tantas cosas bellas!”.

(Rubén Blades, “Patria”).



Hay un país que nos espera al otro lado de la niebla. Un país que todavía no conocemos y sin embargo extrañamos, cuya belleza no se puede pintar sobre el papel, porque su geografía pertenece al intangible territorio de los sueños.

Un país hecho con la madera de nuestras mejores utopías, e iluminado con el sol de nuestros recuerdos más felices. Incluso con los recuerdos de las cosas que todavía no sucedieron, como aquella Independencia que nació en una furtiva madrugada de mayo de 1811, pero todavía está en camino.

La Patria vive en ese viejo y querido trapo de colores que flamea libre contra el cielo, y algunos llaman bandera. Pero también en la mirada de ese niño de pies descalzos que espera junto a un camino polvoriento. Como hace casi doscientos años de soledad, simplemente espera…

La Patria vive en el canto de los chicos y las chicas de blanco, formando fila en el patio de la escuela o el colegio, mientras sus voces se quiebran en desafinadas estrofas: “Ni opresores ni siervos alientan, donde reinan unión e igualdad…”. Pero también en el eco de las risas, en los juegos de rebeldía que desafían los límites del sistema autoritario y dan rienda suelta a la imaginación creativa.

Patria de mi alegría y de mi duelo. Trueno entre las hojas, puñado de tierra, isla sin mar. Territorio del dolor y la esperanza, donde el aire todavía hiere los ojos de tanta belleza y transparencia. Nación de historia inconmensurable escrita todo el tiempo sobre la arena. Arpa desgranando trinos de campanas en medio de la selva. Guarania que brota desde abajo del suelo y se alza libre como una paloma. Desgarrada bandera rescatada por las manos de una mujer en medio de un campo de batalla. Una pluma que se hunde hasta el mango en el papel y escribe con sangre una historia nueva.

Patria. La palabra rohayhu pintada en los muros de una plaza. Ausencias que duelen. Guitarra en blancas noches de luna y amistad bohemia. Procesión de espectros en busca de la tierra sin mal. Niños pervertidos, poetas olvidados, políticos mentirosos, mafiosos al acecho, jueces en oferta, burócratas corruptos, mujeres de quebracho. ¡Y esta terca esperanza que no se rinde!

viernes, 30 de abril de 2010

México en Paraguay


El senador Robert Acevedo mostrando el sitio por donde se sacan cargamentos de cocaínas, arrojados desde avionetas al aterrizar, en la cabecera del aeropuerto de Pedro Juan Caballero.

Sucedió en Colombia, sucede en México y está sucediendo cada vez más en el Norte del Paraguay: Mafias del narcotráfico que se instalan y controlan territorios enteros en zonas de frontera, ante un Estado ausente o con representantes que se dejan corromper, o no actúan por miedo.
Asesinatos y ajustes de cuentas a plena luz del día. Atentados a balazos contra periodistas o autoridades, como el caso del director propietario de radio Mburucuyá, Santiago Leguizamón (hace 19 años, crimen aún impune) o el del senador liberal Robert Acevedo, propietario de Radio Amambay, el pasado lunes, quien salvó su vida por milagro. Ambos ataques en una fecha más que simbólica: 26 de abril, Día del Periodista Paraguayo.
En el Norte de México, hace más de una década se declaró una guerra sin cuartel entre siete cárteles de la droga -Golfo, Tijuana, Sinaloa, Milenio, Oaxaca, Colima, Juárez- que en los últimos tres años provocó el asesinato de más de 15.000 personas, según informes de Amnistía Internacional.
En el Paraguay, desde los años 90, se viene registrando una guerra abierta entre organizaciones criminales brasileñas como el Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV) por controlar la producción y la comercialización de la marihuana y el crack, en los departamentos de Amambay, Canindeyú, Alto Paraná, San Pedro y Concepción, así como la recepción y la redistribución de la cocaína procedente de Bolivia, con agregado del tráfico de armas y el lavado de dinero, entre otros negocios ilícitos.
No hay datos sistematizados sobre la cantidad de asesinatos registrados en esta escalada de violencia criminal, pero ya ascienden a miles. Si le sumamos las acciones armadas del llamado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) en la región, tenemos un caldo de cultivo más que preocupante. Lindo escenario para el encuentro entre el presidente paraguayo, Fernando Lugo, y su par brasileño, Lula da Silva, en la ciudad fronteriza de Ponta Porá, este lunes 3 de mayo.
Ninguno de los anteriores Gobiernos colorados que emergieron tras el derrocamiento de la dictadura stronista han querido enfrentar con firmeza a la mafia criminal del narcotráfico, quizás porque sus tentáculos llegaban (y siguen llegando) hasta la gran mayoría de las instituciones del Estado. La administración de Fernando Lugo es la primera que demuestra signos de dar una batalla más fuerte y decidida, con la aplicación del actual Estado de Excepción y el desplazamiento de fuerzas policiales y militares a la zona, pero no resultará fácil.
Hay que restablecer la presencia del Estado en ese vasto territorio sin Ley, barrer con policías, militares, aduaneros, fiscales y jueces corruptos, y desarrollar nuevos proyectos de desarrollo social para rescatar a las poblaciones de más de cien años de soledad. Desafío grande para el Gobierno, pero aun más para toda la sociedad paraguaya. ¡Hay que detener la escalada de muerte y violencia, antes de que sea muy tarde!

sábado, 24 de abril de 2010

Caso Santiago Leguizamón: La marca de la impunidad


Pedro Juan Caballero, Paraguay, verano de 1985. Desde la ventanilla, la ciudad se extendía como un árido sueño difuminado entre remolinos de tierra roja.
El ómnibus me dejó frente a un céntrico hotel, en la zona más turbulenta junto a la línea divisoria. La tarde empezaba a caer y el aire parecía impregnado con un denso olor a barricada. Me instalé en una habitación y pedí un teléfono. Busqué el número del corresponsal que alguien me había apuntado en un papel. Me habían dicho que se trataba del director de una radio local.
El papel decía: 2598, Radio Mburucuyá, Santiago Leguizamón.
Una voz grave y enérgica me respondió desde el otro lado del tubo. Le expliqué que acababa de llegar, enviado por el diario para realizar una serie de notas periodísticas, y que necesitaba su ayuda. Me preguntó donde estaba alojado y le di el nombre del hotel. Entonces, con un tono imperativo que en principio me asustó, me ordenó que recogiera inmediatamente mis cosas y lo esperara a la entrada.
-Vas a venir a la radio –me dijo-. No voy a permitir que un colega quede abandonado en ese antro de pandillaje.
Toda protesta fue en vano. Quince minutos más tarde, un hombre corpulento y burlón preguntaba por mí en la recepción. Allí empecé a conocerlo, sin presagiar todavía que me encontraba frente a la dimensión de una leyenda.

* * * *

En esa época, el local de Radio Mburucuyá no era más que una pequeña casa de tablas construida en medio de un enorme terreno baldío, casi en las afueras de la ciudad, a unos setecientos metros de la “terra de ningueim” (tierra de nadie), como llaman los lugareños a ese mundo entre dos países que es la frontera seca paraguayo-brasileña.
Una precaria torre de metal que bailaba con las ráfagas del viento norte le servía de antena. Más de una vez la estructura fue derribada por las tormentas, pero a los pocos días estaba otra vez levantada, desafiante, irradiando su mensaje transgresor.
Adentro, en un pequeño estudio armado con equipos que parecían sacados de un museo, Santiago Leguizamón ofrecía cotidianamente su programa Puertas abiertas, un espacio de libre comunicación que abarcaba todo el territorio de la mañana, tejiendo una amplia red de información y solidaridad, mas allá del constante sobresalto de vivir en la frontera.
Me impresionó encontrar esa línea periodística tan claramente crítica y comprometida con el cambio en una radioemisora del interior, sobre todo en una zona tan marcada por la corrupción y la violencia como el Amambay. En medio de la tormentosa niebla represiva de la dictadura, Santiago había logrado encender una luz de esperanza para toda la ciudadanía honesta de Pedro Juan Caballero, con la que se identificaron decididamente quienes deseaban convertir esa comarca del terror en un espacio de integración y convivencia solidaria.

* * * *

-¿Por qué Radio Mburucuyá es prácticamente una excepción con respecto a las demás radios del interior? –le pregunté una mañana, mientras tomábamos mate en el estudio, antes de empezar la transmisión.
-El secreto es muy sencillo –me respondió-. Para mí, el micrófono de la radio es mucho más que un simple trozo de metal.

* * * *

Su dormitorio estaba instalado en una habitación contigua al estudio de la radio. Allí, al lado de la suya, en forma permanente había dos o tres camas disponibles “para los atorrantes que siempre caen de visita”. Le gustaba compartir su casa, su vida y su trabajo, como si la entrega hacia los demás fuera su mejor forma de ser feliz.
Como empresario era buen periodista. Pasaba avisos radiales que nunca se facturaban, porque eran pedidos de sus múltiples amigos o correspondían a algún servicio social. Allá por el 88 se le ocurrió la idea de instalar un “negocio anexo” a la emisora, un lavadero automático para vehículos, que resultó en un rotundo fracaso. Allí quedaron las costosas instalaciones, sub utilizadas para lavar los “móviles” de la radio, que se reducían a una camioneta, una citroneta destartalada, una moto y algunas bicicletas.
Desde 1990 había comenzado a editar Mburucuyá Revista. Perdía plata, pero no le importaba.
-Si quisiera volverme millonario, vendería la radio y me dedicaría al contrabando –me dijo una vez-. Me resultaría tremendamente fácil, porque conozco a todos los mafiosos de la zona.

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Conocía a la mafia, sí. Pero desde el otro lado de las barricadas de combate, que había comenzado a edificar con sus palabras aceradas, defendiendo a golpes de claridad el nebuloso sueño de la democracia.
Cada vez que uno de sus móviles llamaba para informar que había amanecido un cuerpo acribillado en medio de la línea divisoria, Santiago se indignaba porque daban la noticia como quien informa sobre el estado de tiempo.
“No podemos resignarnos a aceptar el crimen en Pedro Juan como parte de la vida cotidiana. Cada asesinato tiene que seguir siendo un motivo de escándalo”, exhortaba en sus programas.
Una de sus frases favoritas era la que se atribuye a San Juan Crisóstomo y que estampó con letras visibles en el primer número de Mburucuyá Revista. La frase dice: “Hay que temer más el escándalo que produce el silencio, y no el escándalo que proviene de la verdad revelada”.

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Vivir bajo constante presión y recibiendo continuas amenazas no le impedía derrochar su espíritu farrista y dicharachero. Le gustaba organizar asados en el patio de la radio, compartir el whisky, la cerveza o la caipirinha. Acudía casi todos los días a almorzar en su lugar favorito: el “Pato Restaurante”, propiedad de uno de sus amigos más queridos, Julio Cesar Acosta, entonces presidente de la Liga Deportiva del Amambay, quien se negaba a cobrarle la cuenta a pesar de sus continuas protestas.
“La feijoada que preparan en el Pato es lo mejor de Pedro Juan y Ponta Porá”, solia propagar. Precisamente, ese trágico viernes del 26 de abril de 1991, Santiago se dirigía al mismo local para celebrar el Día del Periodista con sus amigos y toda la gente de la radio, cuando la muerte lo esperó en una esquina. Desde entonces, en el Pato quedó un lugar vacío junto a una mesa que ya nunca nadie podrá llenar.

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En principio se burlaba de las amenazas de muerte y los avisos que le hacían llegar los mafiosos. Aquella mañana, horas antes de su muerte, le dijo a Humberto Rubín: “Prefiero la muerte física a la muerte ética”. Llevaba un revólver en la guantera, más para tranquilizar a sus amigos que como verdadera medida de precaución. Aceptaba la compañía de su fiel e incondicional secretario Pedro “Carapé” Cabral, no tanto por seguridad, sino para tener a álguien que oyera sus plagueos. La ultima vez que lo vi fue dos meses antes de su muerte, cuando pasó por la redacción del diario a dejarme los últimos ejemplares de su revista. Me contó que un conocido industrial yerbatero de Pedro Juan le había dicho: “Cuidate, porque te van a matar”.
Recuerdo que en esa ocasión le pregunté algo que ya varias veces le habíamos cuestionado con otros colegas: si valía la pena ese estilo de “periodismo kamikaze” que él ejercía con tanta audacia en esa región donde no hay policías ni jueces que te puedan proteger. Recuerdo que hubo un largo silencio, antes de que me respondiera con otra pregunta: “¿Y te parece que hay otra manera...?”.

* * * *

Cuando se supo la trágica noticia, me encontraba con los colegas Héctor Guerín y Oscar Torrents en Ciudad del Este, en una conferencia con los estudiantes de periodismo, y recuerdo que ninguno supo qué decir. Nos quedamos largamente en silencio, juntando bronca y dolor
Después vinieron las marchas, el sepelio desgarrador, la indignación, las promesas del presidente Andrés Rodríguez: “No descansaremos hasta atrapar a los asesinos”. El rostro de Santiago multiplicado en pancartas y volantes. Santiago con alas de ángel dibujado por Casartelli. Santiago estatua de bronce gracias a Herman Guggiari. Santiago convertido en nombre de una calle. Santiago premio de periodismo. Santiago en los informes internacionales sobre derechos humanos. Santiago ritual de encuentro cada 26 de abril, con flores, discursos y velas encendidas. Santiago grito, canción, proclama, símbolo vivo, espina lacerante.
Y por detrás de todo, una realidad cruel: el caso Santiago Leguizamón es el patético ejemplo de la inoperancia del trabajo policial y judicial en el Paraguay.
UN paciente trabajo realizado por los periodistas y abogados José Valiente y Eligio Fariña, quienes -por encargo del Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP), con apoyo del Ministerio Público y de la organización Reporteros sin Fronteras- durante largos meses bucearon de lleno en el voluminoso Expediente N° 70 del Juzgado del Crimen del Amambay, permitió revelar las elementales e inexplicables torpezas cometidas desde el principio en el proceso de la investigación, los múltiples y sospechosos cabos que se dejaron sueltos, como si existiera una deliberada voluntad oficial de permitir que el crimen de Santiago Leguizamón continúe en la más absoluta impunidad, mientras sus asesinos se pasean por las calles, a plena luz del día.
El informe fue presentado por el SPP a las máximas autoridades del poder Judicial, del Poder Legislativo y del Poder Ejecutivo, a principios de 1998. Desde entonces, a pesar de las públicas promesas, no se ha avanzado casi nada.
El expediente N° 70 duerme su sueño telarañas en algún estante olvidado del Poder Judicial.

viernes, 23 de abril de 2010

El sitio al Estado


La declaración del Estado de Excepción en cinco departamentos del país revela la incapacidad del Gobierno de enfrentar a los integrantes del llamado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) con los recursos ordinarios del Estado de Derecho.
Aunque los constituyentes de 1992 le hayan puesto un nombre más moderno, la aplicación del artículo 288 de la carta magna evoca inevitablemente al viejo y odioso Estado de Sitio que la dictadura del general Alfredo Stroessner aplicó arbitrariamente durante 35 años para perseguir, encarcelar, torturar y asesinar a miles de paraguayos.
Puede sonar a un simple juego de palabras, pero la instauración del Estado de Sitio implica también reconocer que una pequeña pero violenta banda armada de secuestradores con entrenamiento guerrillero ha logrado poner en sitio al Estado, al punto de obligarle a aplicar su recurso constitucional más extremo.
Visto de este modo, los miembros del EPP han logrado su objetivo mediático, ya que con esta declaración el Gobierno les otorga de hecho, aunque no oficialmente, el carácter de guerrilleros, sediciosos o contrainsurgentes que tanto estaban reclamando, contradiciendo a la estrategia originaria del ministro del Interior, Rafael Filizzola, de tratarlos simplemente como delincuentes comunes.
No hay dudas de que la gran mayoría de la población apoya la declaración del Estado de Excepción, tras la criminal y despiadada violencia con que los presuntos miembro del EPP asesinaron a cuatro personas en la zona de Arroyito, Concepción, el pasado miércoles 21 de abril, pero ello no impide que surjan temores y fantasmas ante el retorno de esta extrema figura constitucional.
El Estado de Excepción implica inevitablemente un retroceso democrático, porque recorta las libertades civiles en los lugares donde estará en vigencia. Siempre existe el riesgo de que se cometan abusos durante su implementación, por tanto la prensa y las organizaciones de la sociedad civil, especialmente las de derechos humanos, deberán estar muy vigilantes. Y ojalá sirva realmente para terminar de una vez con la amenaza del EPP, y devolver la paz y la tranquilidad que tanto necesita el Paraguay
Por último, no deja de ser estimulante ver a los dirigentes de los principales partidos políticos presentándose unidos para apoyar el Estado de Excepción. ¿No podrían unirse también para avanzar juntos en otras cosas más positivas para el país?

viernes, 16 de abril de 2010

Los sueños de aquel 20 de abril


La portada del diario Última Hora todavía está allí, pegada como un póster en la pared de la oficina.
El papel se ha puesto amarillento y ajado, pero aún puede verse la imagen de un Fernando Lugo sonriente, la bandera paraguaya sobre los hombros, el puño izquierdo levantado contra el fondo de una multitud eufórica frente al Panteón de los Héroes. Un titular enorme y contundente: “Lugo tumba al Partido Colorado”. Es el fiel retrato periodístico de aquella noche del 20 de abril de 2008, un parte aguas en la historia política contemporánea del Paraguay.
Dos años después, otras tapas de diarios se amontonan sobre el escritorio. “Corrupción en la era Lugo”. “Juez procesa a Soares y Lugo lo deja en el cargo”. “Fiscal imputa al titular de Petropar por caso PDVSA”. Otro tiempo, otro clima, otras noticias. ¿Tanto ha cambiado todo en tan poco tiempo? ¿En dónde están los sueños de aquel 20 de abril?
No es fácil separar el trigo de la cizaña de intereses tan determinados. No es fácil ser críticos sin caer en el juego perverso de quienes perdieron sus privilegios aquel domingo histórico y hoy acechan con demenciales teorías de conspiración y amenazas de juicios políticos o golpes de Estado. No es fácil informar sobre los cada vez mayores hechos de irregularidad o corrupción en el Gobierno Lugo, sin ser pretendidamente descalificados como propiciadores de una “campaña mediática de desprestigio y persecución política”, aunque suene al mismo libreto del anterior Gobierno colorado ante las denuncias periodísticas.
Quizás era previsible el desgaste en el poder de un Gobierno de signo político nuevo, que prometía ser distinto y acaba cayendo en varios de los mismos vicios que se propuso transformar, pero aún habrá que poner en la balanza algunos de sus logros, más simbólicos que efectivos: la gratuidad de la salud pública, los esfuerzos por una educación más despolitizada y de mejor calidad, la desigual batalla por limpiar la corrupción en la Policía, los valederos intentos por formalizar la economía.
Convengamos en que este no es el Gobierno distinto que soñábamos aquella noche, y quizás ya no tenga la oportunidad de serlo en el resto del camino que le queda. Pero fue quizás la única opción concreta que nos dio la historia, en su momento, para poner fin al largo periodo de dictaduras asesinas y democracias corruptas enmascaradas, que dejaron a un país hundido en el fondo del pozo más oscuro, y cuya trágica consecuencia la seguimos pagando hasta ahora. De lo que Fernando Lugo y sus colaboradores hayan hecho -y todavía puedan hacer o dejar de hacer- con los sueños ciudadanos, tendrán que rendir cuentas. Pero esos sueños permanecen vivos, y más temprano que tarde exigirán nuevos caminos a la historia.