viernes, 26 de diciembre de 2008

En busca de las buenas noticias perdidas

El anterior presidente paraguayo, Nicanor Duarte Frutos, intentó tener su propio canal de televisión y su propio periódico de “noticias positivas”, pero apenas llego a sacar dos ediciones. Parece que las noticias se le acabaron muy pronto.

El actual mandatario, Fernando Lugo, ya publicó en estos días el primer ejemplar de su propio periódico y ahora anuncia la construcción de una agencia estatal de noticias en internet.

"Es un portal que pretende traer información general, pero no del formato de la propaganda o de la información oficial sino desde el formato y el estándar de cualquier portal periodístico”, explicó Augusto dos Santos, ministro de Información.

El detalle de que el proyecto está vinculado a la agencia informativa estatal Telam, de Argentina, cuyos asesores colaborarán en el proceso de estructuración, del 6 al 18 de enero, causó roncha entre varios colegas blogueros del periodismo argentino.

El influyente Dario Gallo, ex editor de la revista Noticias y actual editor de Perfil.Com le da con un hacha al proyecto desde su Bloc de Periodista. Lo mismo hace el correntino Gonzalo Peltzer, ex vice-director de Última Hora de Asunción y actual director de El Territorio de Posadas, en su blog Paper Papers.

“Los paraguayos van de mal en peor si van a ser asesorados por la agencia de noticias que dirige el ex Página12 Martín Granovsky. Télam es la imagen decadente de una organización periodística reducida a órgano oficial” escribe Gallo.

Y Peltzer, que muy bien conoce la realidad paraguaya, agrega: “Poder y periodismo no casan. Para colmo han elegido a Télam para que los asesore. Télam maneja -manipula- la información oficial, censura a sus propios periodistas y distribuye y paga (cuando quiere) la publicidad del gobierno nacional que mendiga gran parte de la prensa argentina”.

Habrá que ver como viene la mano. Algún punto a favor hay que darle a Augusto Dos Santos, un periodista que hasta ahora se destacó por su honestidad intelectual, su solvencia moral y gran profesionalismo.

Pero uno tiene ganas de preguntar: en vez de gastar en agencias y periódicos “buena onda”, ¿no sería más efectivo y barato que el Gobierno mejore su política de comunicación al relacionarse con los medios?

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Preguntas en Navidad

¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma? (Mateo, 16:26).

¿De qué sirve llenar la casa, los árboles, la ciudad entera, de luces doradas y resplandecientes… cuando el alma permanece a oscuras?

¿De qué sirven tantos árboles de plástico importado con nieves de algodón, tantos muñecos barbudos ridículamente vestidos con abrigos de lana en medio del calor infernal… cuando bastan "dos trocitos de madera" para techar el mágico pesebre?

¿De qué sirve atropellarse en los shoppings en busca de regalos... cuando lo que falta es un gesto verdaderamente solidario, una acción de caridad humana y cristiana que nazca desde lo profundo del corazón, para darle real sentido a la Navidad?

¿De qué sirve gastar tanto dinero en fiestas, manjares, bebidas, adornos, show, luces, música... si el niño Dios -cuyo cumpleaños celebramos- eligió todo lo contrario: nacer en un humilde establo de animales y vivir su vida en la mayor austeridad?

¿De qué sirve el infernal estruendo de las bombas y los petardos, el vértigo de la velocidad por las calles, el volumen de la cachaca o el reguetón- al máximo… si todo eso no alcanza a llenar el vacío interior?

¿De qué sirve inundar el correo con bellas y coloridas tarjetas navideñas, con esplendorosos mensajes que reproducen los mejores deseos impresos en tinta brillante… si todo lo que allí dice nunca lo ponemos en práctica?

¿De qué sirve regalar un pan dulce o una sidra en esta Navidad… si vamos a olvidarnos por el resto del año de quienes nada tienen para comer y para beber?

A pesar de todo… y porque a cada instante que transcurre se nos brinda la oportunidad de ser siempre mejores...

¡FELIZ NAVIDAD… Y UN MÁGICO 2009!

sábado, 13 de diciembre de 2008

Movilizaciones que paralizan

Desde hace algunos meses, cada vez que llego desde Ciudad del Este a Asunción y trato de acercarme a la Redacción de Última Hora en el microcentro, me quedo atrapado durante largo tiempo en el caos del tráfico embotellado, a causa de alguna manifestación social de protesta.
-¡Ey…! ¿Qué diablos pasa?...
-¡No se puede pasar! ¡Hay una manifestación de sin techos que cierra toda la calle…!
-¡Nde… que macana! ¿Y ahora, cómo cuernos llego a la oficina…?
Gritos. Ruido de motores y bocinas. Largas colas de ómnibus y automóviles trancados. Histeria e indignación colectiva. Consignas y batucadas de fondo. Y calor… siempre mucho calor.
Un día son los pobladores sin techos. Otro día, los campesinos sin tierra. Otro día, los docentes sin aumento. Otro día, los asuncenos ya casi sin cerro. Dentro de poco, los productores sin esperanzas pero con tractores.
Las marchas y manifestaciones sociales se han vuelto un espectáculo permanente en el paisaje urbano de una Asunción colapsada por el exceso de vehículos y multitudes en sus viejas calles estrechas. Prácticamente no pasa un día sin que algún sector social o político decida ejercer su derecho a manifestar sus reclamos ante las autoridades, sin importarle mucho si de paso se viola el derecho de terceros a circular libremente y llegar a tiempo al lugar de trabajo, o a donde sea.
Movilizarse está bien. Es signo de rebeldía y organización social. Es la mejor demostración de que hay una ciudadanía activa y dinámica, que se resiste a la pasividad y el conformismo ante un sistema de injusticia. Pero así como hay cierres de rutas o de calles que abren el camino… también hay movilizaciones que paralizan.
La crónica social y política del Paraguay refleja la identidad de un pueblo moviéndose constantemente en busca de sus mejores utopías. Desde las peregrinaciones guaraníes en busca del yvy marane’y, la tierra sin mal, hasta la conquista electoral del 20 de abril de 2008, hay una rica y larga historia de colectividades en marcha, en busca del país soñado.
Pero cuando se produce un gran exceso de marchas de protesta, en muchos casos con objetivos y reclamos poco claros o escasamente realistas, imponiendo el derecho de unos sobre el derecho de otros, cercenando arbitrariamente las mejores horas laborales y productivas de un gran sector de la ciudadanía, la movilización deja de ser revolucionaria para volverse totalitaria, paralizando y ocasionando graves perjuicios al mismo país que los marchantes y manifestantes dicen representar.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

La mejor tapa sobre Obama

Dirán que no cambia nada, pero sin embargo cambia todo. Que un hombre de la raza negra, o afro-americano como dicen los políticamente correctos, llegue a la presidencia de los Estados Unidos, es un hecho que emociona, aunque ese hombre sea Barak Obama, y aunque el sistema político imperialista y neoliberal no se modifique mucho, aunque habrá que ver, ¿no?.
Y entre las cientas de portadas que todos los periódicos del mundo han dedicado a la noticia del día, de lejos, pero lejos, gana esta que ha hecho El Periódico, de Cataluña, y que además es un bello homenaje al querido Martín Luther King.

lunes, 3 de noviembre de 2008

La telenovela presidencial


En medio de nuevos y furiosos estallidos de la antigua crisis agraria, y de numerosos robos, asaltos y dramáticos casos de inseguridad ciudadana, esta semana se han conocido más episodios de la ya clásica y gastada telenovela política que podría titularse: “La guerra de los Lugo-Franco”, o “Los amores y desamores entre el presidente y el vicepresidente de la República”.
Hay quienes creen que por alguna secreta y misteriosa maldición guaraní, los líderes políticos electos para cumplir la función de gobernar y vice-gobernar el Paraguay están definitivamente condenados a odiarse, a boicotearse mutuamente, a hacer todo lo contrario de lo que les manda y les exige la Constitución Nacional.
La historia reciente del país ofrece demasiados ejemplos y casi ninguna excepción. Desde la caída de la dictadura y la restauración de la función vice-presidencial en la Constitución de 1992, cada ciudadano electo para el cargo ha terminado cumpliendo no solo el rol de mediático “florero” que le asigna el folklore popular, sino de declarado enemigo político de su presidente.
¿Se acuerdan de Juan Carlos Wasmosy y Ángel Roberto Seifart, que al ser electos en 1993 prometieron “adelantar el país 50 años en 5 años”? No solo no cumplieron, sino se pasaron el periodo presidencial lanzándose proyectiles de alto calibre y acabaron como adversarios irreconciliables.
La dupla formada por Raúl Cubas Grau y Luis María Argaña ya nació conflictiva y acabó de manera trágica con el asesinato del vicepresidente en marzo de 1999, que arrastró a la caída de Cubas y a su sombra detrás del trono, el ex general Lino Oviedo, tras los sucesos del Marzo Paraguayo. Sus sucesores, el colorado Luis Angel González Macchi y el liberal Julio Cesar “Yoyito” Franco (el primero designado, el segundo electo) resultaron aun más patéticos en su inoperancia y enemistad.
La última versión colorada, Nicanor Duarte Frutos y Luis Alberto Castiglioni, también acabaron como perros y gatos, arrastrando consigo la derrota electoral de la ANR, tras 61 años en el poder.
Se esperaba que los héroes del cambio electoral, Fernando Lugo y Federico Franco, representen un estilo diferente de gobernar: En armonía, cooperación institucional y madurez. Pero desde el inicio se mostraron prisioneros de la misma red de intrigas y ambiciones de poder, protagonizando lamentables escenas de celos e inquinas palaciegas, más apropiados para el programa chismográfico “Teleshow” que para la gran crónica política, y que a esta altura nos tienen “hartos ya de estar hartos”, como diría el cantautor Joan Manuel Serrat.
Señor presidente, señor vicepresidente: ¿Podrían dejar de pisarse la manguera y las sábanas mutuamente, y ponerse a trabajar juntos de una vez, ante los graves problemas que aquejan al país?

lunes, 27 de octubre de 2008

Operación Ausencia


Me lo preguntó un periodista de la red televisiva SBT, en Foz de Yguazú, el día en que los militares brasileños de la Operación Fronteira Sul II empezaron a destruir los puertos clandestinos de contrabando en la margen izquierda del río Paraná y del Lago de Itaipú. El colega requirió, textualmente, en portugués: “¿Y dónde están los militares paraguayos? ¿Por qué no hacen lo mismo y destruyen también los puertos clandestinos que están en la orilla paraguaya?”.
Tuve que sonreír, incómodo. ¿Cómo decirle, cómo contarle…?
Allí estábamos, informando del mediático show bélico montado por las Fuerzas Armadas brasileñas, que interpretábamos como una demostración de poder sub-imperialista ante los reclamos de renegociación del tratado de Itaipú y las invasiones de propiedades de colonos brasiguayos… pero tampoco podíamos dejar de sentir una contradictoria sensación de vergüenza ajena ante la decidida acción de combate contra la ilegalidad fronteriza que demostraban los rambos verde-amarelos.
En una reunión “of the record”, un oficial llegó a exhibir un mapa con fotos aéreas captadas por un avión robot (no tripulado, manejado a control remoto), que con cámaras “ojos de águila” y lentes infrarrojas había permitido relevar también los muelles piratas del lado paraguayo.
Los brasileños tienen marcados en rojo más de 300 lugares por donde se embarcan las balsas y lanchas deslizadoras, especialmente en horas de la noche, tanto en las áreas de reserva ambiental a cargo de la entidad binacional Itaipú, como en las mismas costas de los barrios San Rafael, San Miguel y Remansito en Ciudad del Este, algunos a menos de mil metros de las sedes de Aduana y Puertos, y de la Base Naval de la Armada Paraguaya.
Es un esquema de crimen organizado y tráfico ilegal de mercaderías, drogas, armas y hasta personas, que mueve millones de dólares al día, que sobrevive intacto desde hace décadas, y que ha sido revelado en detalle por una serie de reportajes investigativos que Última Hora publicó en junio y julio pasado. Hasta ahora, las nuevas autoridades designadas por el gobierno de Fernando Lugo –que en discursos pregonan acabar con la corrupción– no han hecho absolutamente nada por cortar la actividad ilícita.
Ni el nuevo director paraguayo de Itaipú, Carlos Mateo Balmelli, ha intervenido para clausurar los muelles ilegales que operan en su territorio, ni los nuevos jefes de Aduanas y Puertos han hecho nada por erradicar el tráfico ilegal que sigue operando a la noche, frente a sus narices. Y los militares de la Armada, que han sido sorprendidos por Última Hora actuando como cómplices de los contrabandistas, en lugar de combatir el tráfico, lo siguen protegiendo. ¿Operación Ausencia?

viernes, 24 de octubre de 2008

Juegos de guerra en la frontera


Dicen que no… pero sí. Que es solo un operativo militar de rutina y no hay ninguna intención de perjudicarnos, pero cierran el otro extremo de nuestro Puente de la Amistad con tanques de guerra y soldados pintarrajeados como rambos verde-amarelos, cubren nuestro cielo fronterizo de helicópteros artillados con ametralladoras y lanzacohetes, llenan las aguas de nuestro río con lanchas torpederas… al punto en que uno se pregunta si acaso no será mejor cambiarle de una vez el nombre a ese viejo y rebasado puente.
Dicen que no hay demostración de fuerza contra el Paraguay, pero… ¿qué turista o comprista se atreve a cruzar ese bélico escenario que emula a Bagdad o a Sarajevo? ¿Cómo seguir siendo laranja o sacoleiro frente a los cañones de un Cascavel o un Urutú apuntando al corazón del comercio de Ciudad del Este?
Dicen que los militares brasileños de la Operación Frontera Sul II solo están combatiendo la ilegalidad, y que los paraguayos no hacemos nuestra parte al permitir que centenares de puertos clandestinos habilitados para el contrabando y todo tipo de tráfico en la ribera del Paraná y el Lago de Itaipú sigan operando impunemente… y probablemente tengan toda la razón, pero… ¿entonces por qué ellos han metido en la congeladora política de su Parlamento el proyecto del Régimen de Tributo Unificado (RTU), o Ley de los Sacoleiros, impidiendo legalizar en gran medida al contrabando doméstico que da vida a tantos hijos de la frontera?
Es cierto que hay grupos radicalizados de campesinos que invaden propiedades brasiguayas y murallas humanas que impiden la siembra de soja, causando gran perjuicio no solo a los productores, sino a la propia economía del país. Es cierto que aflora una reprochable xenofobia contra los inmigrantes brasileños en un sector de la dirigencia campesina. Y que el Gobierno de Fernando Lugo asume actitudes vacilantes y ambiguas para aplicar la Ley.
Pero también es cierto que hay criminales excesos en la deforestación incontrolada y la agresión al medio ambiente para expandir la frontera agrícola mecanizada por parte de los Tranquilo Favero y compañía. Hay imposición de un modelo agroexportador y abuso de productos agrotóxicos que envenenan a comunidades campesinas e indígenas. Hay una antigua deuda social interna que sigue esperando, más allá de las buenas intenciones del actual Gobierno.
Esta realidad lacerante exige del Brasil su abierta solidaridad, más que sub-imperialistas juegos de guerra en la frontera. Y si los “irmaos” están dolidos por los reclamos sobre Itaipú, o por su última gran derrota ante la gloriosa albirroja… que la revancha sea en el campo del fútbol y nunca de las armas.

lunes, 13 de octubre de 2008

Periodismo itaiputizado


"¿Qué tiene de malo que Itaipú y Yacyretá les paguen a los medios y a los periodistas por hacer publicidad en sus espacios?", pregunta Miriam, alumna de periodismo, vía correo electrónico. Ella está preocupada porque Última Hora y ABC vienen publicando las listas (todavía incompletas) de comunicadores y empresas que durante el gobierno de Nicanor Duarte Frutos recibieron decenas de millones de dólares por pautas publicitarias desde las dos entidades binacionales. Piensa que en la divulgación hay "cierta maldad" e intención de "quemar" a algunos colegas.


Quiero ser lo más didáctico posible en las respuestas:

1. Itaipú y Yacyretá no tienen ninguna necesidad de hacer publicidad. Las dos entidades ofrecen un producto (la energía eléctrica), que ya tiene un mercado cautivo y no requiere promoción comercial como las bebidas alcohólicas o los cigarrillos. La electricidad se vende sola.

2. No solo derrocharon multimillonarios fondos del dinero del pueblo en campañas que no eran necesarias, sino además otorgaron las pautas publicitarias discrecionalmente, sin transparencia, atentando contra la libre competencia de los medios y distorsionando la función social del periodismo. Radioemisoras con reducido nivel de audiencia, junto a semanarios virtuales o inexistentes páginas web, facturaban diez veces más que un medio de alcance nacional.

3. El generoso reparto de la torta publicitaria tenía dos principales objetivos:

a) Comprar conciencias y acallar (sobornar) a un sector de los periodistas y dueños de medios (¿Por qué será que quienes figuran en la generosa lista nunca dijeron nada del abuso de los fondos sociales para financiar la campaña electoral del nicanorismo, ni de las licitaciones amañadas, ni del escandaloso robo en la Fundación Tesãi?).

b) Obtener a cambio una "buena imagen" de las administraciones y del Gobierno de Nicanor, no como publicidad pagada, sino como mensajes disfrazados de noticias (informes preparados por la agencia Sistema Siete que se pasaban en medio de los noticieros de los canales de tevé, o entrevistadores políticos que hablaban maravillas de Itaipú y Yacyretá en mitad de la charla con sus invitados).

4. Hay una grave distorsión ética cuando es un periodista (y no el promotor publicitario de la empresa) el que negocia y cobra personalmente los avisos para el medio, y se guarda las millonarias comisiones. ¿Es periodista o publicista? ¿Qué independencia o espíritu crítico puede tener, cuando le toca cubrir o procesar una noticia en la que está involucrado el mismo funcionario o político que le paga el aviso?

5. Dar a conocer la lista no es "maldad": es deber informativo. Es superar el falso concepto de solidaridad, o de defensa corporativa, que anida en sectores del gremio periodístico. Y habla muy bien de la independencia de Última Hora que algunos colegas mencionados allí pertenezcan incluso al mismo grupo empresarial de comunicación.

lunes, 11 de agosto de 2008

Así murió el ex dictador Stroessner (1)


Alfredo "Goli" Stroessner trata de huir del asedio de la prensa por una salida lateral del Hospital Santa Luzia, pero le dan alcance. (Foto: A.C.G.)

Gustavo Stroessner y su sobrino Diego Domínguez son descubierto tratando de alejarse del Hospital, donde el ex dictador estaba internado. (Foto: A.C.G).


La primera nota lograda el domingo 13 de agosto y publicada el lunes en portada de Última Hora.

La crónica detrás de la crónica: Revelaciones del enviado de Última Hora y Telefuturo que acompañó la larga agonía del Tiranosaurio, a dos años de su fallecimiento en Brasilia.

Por Andrés Colmán Gutiérrez

Asunción, 12 de agosto de 2006.
Son las 21.50 de una calurosa noche de sábado. Tras una agotadora semana laboral, me dispongo a disfrutar de una agradable velada, en compañía de una querida amiga. Una copa de vino, una rica pizza casera, una amable plática junto a la piscina, cuando suena el teléfono celular.
En el identificador de llamadas salta el nombre luminoso de Oscar Ayala Bogarín, jefe de Redacción de Última Hora. Es casi seguro que no llama para saludar. ¿Qué hago? ¿Atiendo o me hago el ñembotavy?
-¿Hola…?
-Vos tenés siempre listo tu equipaje, ¿verdad? Quiero que estés en el Aeropuerto para las 5 de la mañana.
-¡Noooo…! Mañana ningo es domingo. Necesito quedarme en camita hasta bien tarde. ¿No tenés pio otra víctima…?
-Puedo mandar a otro, pero este tema es para vos. Stroessner está agonizando en un hospital de Brasilia. Una fuente muy cercana me asegura que esta vez no sobrevive. Ya te reservé pasaje en el primer vuelo de Tam.
-¿A qué hora en el Aeropuerto, me dijiste…?
A las 04:15, el chofer del móvil de Última Hora toca la bocina en la puerta. En el Silvio Pettirossi me encuentro con Rufino Recalde, camarógrafo de Telefuturo, quien será mi compañero de viaje. Me entrega los pasajes y viáticos que algún somnoliento administrador tuvo que proveer en medio de madrugada.
-¿Vos conocés Brasilia? Yo nunca antes estuve… –confiesa Rufino, mientras la nave se desliza entre las nubes.
Le digo que sí, que ya estuve en dos ocasiones. La última fue en marzo de 2004, cuando el entonces director de ÚH, Tony Carmona, me envió a relatar el dorado exilio de Stroessner. No pude entrevistarlo, pero alcancé a verlo fugazmente en su auto junto al Lago Paranoá, y logré acceder a invalorables testimonios para reconstruir su vida cotidiana en la Fortaleza de la Soledad.

EL CERCO PERIODÍSTICO. Llegamos a Brasilia después del mediodía. Nos registramos en el Hotel das Naçoes y en seguida abordamos un taxi hasta el Hospital Santa Luzia, en el Sector Hospitalario Sur, donde está internado el ex dictador, según nuestra fuente.
Desde Asunción ya habían realizado consultas telefónicas y el Hospital lo había negado reiteradas veces: No hay ningún paciente con el nombre de Alfredo Stroessner. Para mayor confusión, su nieto homónimo, Alfredo “Goli”, había asegurado a una radioemisora paraguaya que el anciano general se estaba recuperando satisfactoriamente en su residencia particular, fuera de peligro.
En la entrada del Hospital no hay periodistas apostados, ni parientes o amigos conocidos. ¿Habrá sido falso el dato? Le digo a Rufino que guarde su cámara y me espere afuera. Con cara de visitante perdido me acerco a la recepcionista. Una de las ventajas de haber crecido en la región fronteriza de Canindeyú, es haber aprendido a hablar bien el portugués. Pregunto “¿Aonde fica a Unidade de Cuidados Intensivos?”, y ella me indica un largo pasillo.
Al final, una puerta cerrada y protegida celosamente por dos hombres de traje negro. Imposible pasar. Al lado, un escritorio y otra recepcionista. Morocha simpática, muy bella. Me acerco. Esta vez hablo en español. Le digo que acabo de llegar del Paraguay y busco a un “conocido” que está internado allí.
-¡Nao se pode pasar…! –me avisa-. ¿Cómo chama o paciente que vocé procura?
-Stroessner. Alfredo Stroessner.
Ella escribe en la computadora. El nombre no le resulta extraño. Algo sale en la pantalla que no alcanzo a ver.
-¿Vocé e parente dele…?
-Vengo del Paraguay, quisiera verlo o hablar con alguien de la familia, por favor… -le ruego.
-Vocé me aguarda un momentiño, por favor –dice ella, con una dulce sonrisa, mientras levanta el tubo. Siento que los latidos de mi corazón se detienen.

LA CONFIRMACIÓN. Pasa un largo silencio hasta que alguien, al otro lado del tubo, contesta.
-¡Oi…! ¿O Bestard está…?
La telefonista ha dicho otro nombre, pero a mi me pareció escuchar “Bestard”, y allí surge una confusión. ¿Será el doctor Miguel Angel Bestard, uno de los más cercanos ex colaboradores de Stroessner?
-Tein aquí uma pessoa que veio do Paraguay, para visitar vocês. ¿O que faço? ¿Deixo ele subir...? –pregunta ella.
Yo rezo para que le digan que sí, pero evidentemente la voz al otro lado del tubo dice otra cosa. Ella me mira y me hace un gesto de que me aproxime. Me pasa el teléfono.
-¿Hola…? –oigo una voz masculina, en tono seco pero amable, en un español bien paraguayo.
¿Será Bestard…? Me juego.
-¿Hola…? ¿Doctor Bestard…? –pregunto.
La voz duda un momento.
-Si… ¿usted quién es?
-Soy Andrés Colmán, periodista del diario Última Hora y del canal Telefuturo, acabo de llegar de Asunción. Quisiera conocer el estado de salud en que se encuentra el general Stroessner.
-¡No, no, no…! -se alarma, y deja percibir un tono de enojo, aunque no pierde la cortesía-. Perdone, pero no le puedo dar ninguna información. Con la prensa no podemos hablar. Esto es algo privado, de la familia…
-Entiendo, doctor –le insisto, tratando de que no corte el teléfono-. Le agradezco su amabilidad. Respetamos el dolor de la familia, pero entiendan ustedes de que se trata de la salud de una figura política muy importante en el Paraguay, y es natural que busquemos información.
-Si, si, entiendo… pero no le puedo decir nada más.
-Doctor, ya sabemos que Stroessner está internado aquí, en terapia intensiva, aunque hayan querido negarlo. ¿Nos puede decir cuál es su estado?
-El está bien, está muy bien, pero no le puedo decir nada más. ¡Gracias, y tenga buenos días…! –se despide, tajante, aunque sin cortar.
-¡Gracias, doctor…! –le digo.
Recién entonces escucho que el teléfono hace click.

BESTARD NO ERA BESTARD. Me siento eufórico. He obtenido la confirmación plena de que Stroessner está internado en terapia intensiva, un dato hasta entonces negado a todos los medios. Me despido apurado de la bella telefonista con mi mejor sonrisa. Si tuviera más confianza, le daría un beso.
Son casi las 5 de la tarde. Arrastro a Rufino hasta el estacionamiento y le tomo unas fotos mientras él filma con su cámara la fachada del hospital. Esa será la foto de tapa de la edición de Última Hora del lunes 14 de agosto de 2006, con un gran título que lo dice todo: “Stroessner agoniza”.
Empieza a oscurecer cuando llego al Hotel y me dirigo al Business Center. Hay una turista revisando mails en la única computadora con conexión a internet. Le pongo cara de desesperado, y me dice que ya está por terminar. Me siento y escribo un largo relato, que lleva como antetítulo genérico: “El ocaso del general”. Perdón, maestro Gabo.
Transcribo textualmente mi odisea y mi conversación con el supuesto “doctor Bestard”. Despacho el texto con las fotos, y después me instalo en la habitación para esperar que me llamen desde el canal para pasar un informe telefónico en Telediario, con Oscar Acosta y Sannie López Garelli.
Cuando finalmente corto el teléfono, ya son casi las diez de la noche en Brasilia. Recién entonces descubrimos que estamos muertos de hambre, que no hemos comido casi nada desde el desayuno en el avión, a media mañana. Salimos a la calle y está casi todo cerrado. Los brazilienses duermen temprano, aún más un domingo.
En una esquina, una “chopería” congrega a los últimos noctámbulos. Allí vamos: una ronda de “cervejiña” con casquiñas de sirí. ¡Ah, que delicia! Y un brindis por el primer éxito periodístico.
Lo que no sabía entonces, y lo supe solo dos días después, cuando hablé con una persona muy allegada a la familia Stroessner, era que “el doctor Bestard” no era el doctor Bestard. “Nunca estuvo ningún Bestard en el hospital. El único que estaba allí, esa tarde, aparte de los médicos y enfermeras, era el propio coronel Gustavo Stroessner”, me aseguró la fuente. Y luego me dio la estocada más dolorosa: “¡Vos hablaste personalmente con Gustavo, y no te diste cuenta!”.
Claro. La telefonista había dicho “Gustavo”, pero por su cerrado acento, yo entendí “Bestard”. El coronel solo me había seguido el apunte, aprovechándose de mi confusión. ¡Si hubiera sabido que estaba entrevistando al mismo Gustavo Strossner, el tono de esa primera nota hubiera sido muy diferente!

Lea en la próxima entrega: El gran Rubio, reducido a un alfeñique de 45 kilos.

martes, 5 de agosto de 2008

El delito de ser brasiguayo


Hay algo de peligroso y preocupante en la renovada campaña "antibrasileña" que impulsan algunos dirigentes de organizaciones campesinas, como el inefable Elvio Benítez, de la Coordinadora de Lucha por la Defensa de la Soberanía, de San Pedro.
Desde aquella mediática quema de una bandera "verde amarela" durante un acto público en Santa Rosa del Aguaray, en mayo pasado, frente a la propiedad del productor Ulises Teixeira, hasta las recientes amenazas de ocupar tierras de varios inmigrantes en el segundo departamento, con agresivas pancartas que rezan "¡Fuera brasileños!", ha ido resurgiendo un discurso que denota actitudes de xenofobia (odio, repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros), intolerancia y populismo seudonacionalista.
¿Es ahora un delito haber nacido en Brasil y vivir en el Paraguay, hablar con un acento marcado por el portugués? Cuidado: hay demasiadas terribles experiencias acerca de discriminaciones y persecuciones en la historia de la humanidad, solo por haber nacido en otro territorio, por ser y expresarse de modo diferente.
Es cierto que hay irregularidades que envuelven a un sector de los inmigrantes de origen brasileño, pero son exclusiva responsabilidad de las autoridades paraguayas.
Si las mejores tierras fronterizas de Itapúa, Alto Paraná, Canindeyú, Amambay y Alto Paraguay fueron malvendidas a los "fazendeiros", fue culpa de la corrupta dictadura stronista y los sucesivos gobiernos que hipotecaron la soberanía territorial. Si hubo aniquilación de bosques vírgenes y destrucción de recursos naturales para imponer cultivos extensivos de soja, fue por la incapacidad de las autoridades paraguayas en proteger el patrimonio ambiental.
Los brasiguayos no son invasores. Llegaron con el sueño de labrarse un porvenir (como tantos paraguayos van a la Argentina y al Brasil, a España o Estados Unidos). Han fundado prósperas comunidades, como Santa Rita, Naranjal, San Alberto, Santa Fe, Iruña... a las cuales se han ido integrando muchos paraguayos criollos, en un rico proceso multicultural.
Ellos han visto nacer a sus hijos en esta tierra roja y sienten que es su nueva patria. Reclaman un lugar en este nuevo tiempo que el país comienza a caminar.
¿Quién les puede negar ese derecho?

domingo, 27 de julio de 2008

¿Y si esperamos que empiece el partido?


¿No les parece algo esquizofrénico esto de ponerse a calificar o descalificar el rendimiento de los jugadores, mucho antes de que entren a la cancha a disputar el partido?
Fernando Lugo aún no asumió oficialmente el cargo de presidente de la República del Paraguay. No firmó un solo decreto, ni adoptó una sola medida institucional de gobierno. Recién lo podrá hacer desde el 15 de agosto, si es que todo corre como está previsto.
Entonces… ¿por qué estamos ya alzando o bajando el pulgar, como en las graderías de un circo romano? ¿Por qué estamos ya aplaudiendo o condenando su virtual actuación como estadista, si hasta ahora solo está armando su equipo para el gran juego?
Quizás no nos gustan algunos de los jugadores que ha elegido, porque creemos que van a patear con la izquierda, cuando preferimos que lo hagan con la derecha… o viceversa. Pero, ¿qué tal si los dejamos jugar primero, para ver cómo se portan en el campo?
Es muy loco lo que sucede, por ejemplo, con el futuro ministro de Relaciones Exteriores, Alejandro Hamed Franco. Se cuestiona que será un canciller pro-palestino o antisemita, con abierta adhesión a grupos islámicos violentos como Hizbulá o Hamás. Varios dirigentes políticos se rasgaron las vestiduras, hubo indignados editoriales periodísticos, hasta un proyecto de “declaración de preocupación” que el inefable senador Jaegli presentó a la Cámara Alta.
¿Qué hizo hasta ahora el futuro canciller para justificar tanta polémica reacción? Absolutamente nada, porque no lo puede hacer aún. Hasta el 15 de agosto, es solo eso: “futuro” canciller. ¿Qué tal si lo dejamos actuar y vemos sus acciones, para luego calificarlo… o descalificarlo?
Lo que estamos expresando se denomina “prejuicio”. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es la acción y el efecto de realizar un juicio previo, pero también implica sostener una “opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal”.
Es comprensible la tremenda ansiedad colectiva ante el lento correr de las manecillas, rumbo al 15 de agosto. Por primera vez en sesenta años asumirá un gobierno de signo político diferente, y las expectativas de ser protagonistas del cambio son inmensas… igual que el riesgo de sentirnos defraudados.
Pero… ¿qué tal si paramos la pelota en medio del campo y dejamos que empiece primero el partido? La tradición manda que a todo Gobierno se le concedan cien días de gracia, para que demuestre lo que es capaz (o incapaz) de hacer. Después… ya tendremos el pleno derecho de criticar o aplaudir. Como también de participar y ayudar.

viernes, 18 de julio de 2008

Ya... pero no todavía


Ya… pero no todavía. La enigmática frase fue pronunciada por el presidente electo, Fernando Lugo, durante un improvisado discurso en Caricuao, Venezuela, el 18 de junio, cuando comparó los logros del proceso político liderado por el presidente Hugo Chávez con la construcción del “Reino de Dios” en la tierra, “y no en otro mundo después de la muerte”. Un dicho que molestó a los sectores más conservadores de la Iglesia Católica.
Ya… pero no todavía. La pintoresca afirmación podría aplicarse perfectamente a lo que está sucediendo en el Paraguay, en esta especie de purgatorio o limbo político-económico-social, en que hay un Gobierno que en la práctica ya se fue… y otro que aún no llega.
Ya… pero no todavía. Faltan 27 días para el 15 de agosto. Uno dirá que es poco tiempo, pero… qué largo se hace el paso de las horas cuando hay niños y niñas que siguen muriendo a causa de la “no epidemia” de meningitis (158 casos, 29 fallecidos), o ante la falta de equipos de terapia intensiva en los hospitales del interior, o ante centros sanitarios públicos colapsados, o ante camas que no se habilitan por ausencia de enfermeras, o ante autoridades y funcionarios “pollitos-en-fuga” que están más preocupados por hacer desaparecer las evidencias que puedan comprometer su ineficaz gestión.
Ya… pero no todavía. Se respira en el aire la sensación de un país paralizado, como esas largas filas de enormes camiones cargados con productos agrícolas perecederos, que aguardan inmóviles al costado de las rutas, esperando que alguna vez llegue la prometida provisión del ausente gasoil, mientras el inoperante presidente de la inoperante Petropar ya se lava las manos ante la crisis que desangra la economía en pérdidas varias veces millonarias.
Ya… pero no todavía. En la parada del micro te aguarda un caballo loco. Sentado al lado tuyo viaja un carterista. En las calles del barrio te cierra el paso un peajero. Ladrones y asaltantes trazan planes a la hora en que buscas conciliar el sueño. Mientras el próximo ministro del Interior anuncia futuros programas de seguridad pública, la violencia y la muerte acechan en la esquina.
Ya… pero no todavía. Hay un país que nos espera, al otro lado del 15 de agosto. Nadie puede asegurar si será mejor o peor… pero seguro que será diferente, y llegará revestido con las más profundas esperanzas. Tan solo por eso, vale la pena seguir deshojando las margaritas del calendario.

viernes, 4 de julio de 2008

Eliot Ness no vive en Ciudad del Este


En el film “Los intocables” de Brian de Palma, el agente federal Eliot Ness (Kevin Costner) dirige una cruzada contra el crimen organizado, pero fracasa cada vez que allana algún depósito de contrabando del capo mafioso Al Capone (Robert De Niro), porque los policías sobornados les avisan antes a los delincuentes.
Ness le pide al viejo policía Jim Malone (Sean Connery) que le consiga informantes para averiguar donde están los depósitos clandestinos de contrabando. Como toda respuesta, Malone toma una escopeta y pide a Ness y a sus compañeros que lo sigan, cruzan la calle, entran a un club nocturno, abren la puerta del fondo… y allí encuentran a los contrabandistas en plena tarea de alzar cajas de licor prohibido a los camiones.
Luego de un exitoso operativo, que concluye con la prisión de los delincuentes y el desmantelamiento del local, Ness le pregunta a Malone cómo sabía. El viejo contesta: “En Chicago todos saben donde están los depósitos de contrabando. Solo que no había un agente federal decidido a intervenir”.
El domingo, en Última Hora empezamos a publicar una serie sobre los puertos clandestinos de contrabando y narcotráfico instalados a orillas del río Paraná. Por primera vez pudimos mostrar fotografías de los muelles piratas d el barrio San Rafael, con rampas para arrojar las cargas directamente a las lanchas en el río, a mil metros de la Aduana de Ciudad del Este.
Al igual que en la Chicago de los años ’30, en la capital del Alto Paraná todos saben donde están los puertos clandestinos. Solo hacía falta un lanchero con coraje que aceptara llevarnos hasta el sitio, para tomar las fotos.
Ha pasado una semana desde que empezamos las publicaciones, y ningún juez, jefe de Aduana, funcionario de Puertos, oficial de la Armada, policía… se ha ido siquiera a mirar, menos a intervenir o a desmantelar los muchos depósitos clandestinos con muelles sobre el Paraná, por donde a la noche se siguen cargando las cajas en las lanchas, amparados por la oscuridad y protegidos por una doble guardia de pistoleros armados, en un incesante tráfico ilegal que mueve millones y alimenta a una compleja red mafiosa.
El jueves a la noche, en el mismo puerto clandestino de Pikyry al cual aludimos en nuestra publicaciones, sobre el Lago de Itaipú, la fiscala Zunilda Martínez sorprendió a un camión cargado con cigarrillos, cubiertas y medias, listo para el embarque ilegal. Cuando fue a pedir ayuda para realizar el operativo al comisario de Pikyry, el jefe policial le dijo que no debía molestarle, porque a esa hora estaba jugando un partido de fútbol.
Está visto… Eliot Ness no vive en Ciudad del Este.

viernes, 20 de junio de 2008

El presidente que no tuvimos

¿Qué se hizo de aquel Nicanor que vociferaba en los mítines partidarios con las venas a punto de explotar? ¿Qué pasó con aquel auto-proclamado Tendota que echaba sapos y culebras, acusando a periodistas de “escribas corruptos” y al hoy presidente electo Fernando Lugo de “obispo averiado”? ¿Dónde está aquel incansable y mediático político en eterna campaña electoral, al que costaba hallar en su oficina del Palacio?
Este presidente en retirada que ahora aparece raras veces en portadas de diarios y en pantallas de la tele, está casi irreconocible: No grita, no insulta, no se burla de los demás. Vive encerrado la mayor parte del tiempo en su despacho y hasta hay quien dice que ahora sí gobierna. Las pocas ocasiones que habla en público hasta parece humilde, equilibrado, racional, con ganas de contribuir al nuevo momento político.
Pobrecito Gustavo Cabañas, el genial humorista del programa Telecomio: ¡Se quedó sin su más célebre personaje a quien imitar! Es cierto, ahora lo tiene a Fernando Lugo y la imitación del monseñor-presidente le sale re bien, pero convengamos… ¡No tiene la misma gracia que el impagable Nikenor Jugarte Brutos!
Desde que perdió las elecciones, Nicanor se parece a otro. Se parece quizás a aquel candidato con interesante perfil de estadista moderno que encendió las esperanzas de un sector mayoritario de la población en las elecciones del 2003.
Se esperaba que Nicanor fuera el presidente que institucionalice al Paraguay de la transición, un poco como Fernando Henrique Cardozo lo hizo en Brasil. Los anteriores mandatarios habían dejado un país más devastado, y prácticamente todos terminaron sus mandatos acusados o procesados por delitos de corrupción.
Duarte Frutos pudo ser diferente… pero lamentablemente no lo fue. Los interesantes logros de los dos primeros años de su gobierno se dilapidaron pronto en una obsesiva cruzada fundamentalista, en busca de la anticonstitucional reelección, de la retención del poder cueste lo que cueste.
Recién ahora, en el brusco y sorpresivo final de la larga fiesta colorada, está mostrando el rostro del presidente que no tuvimos.
Ahora se va. Quiere irse antes, pero no le dejan. ¿Por qué…? Si sus adversarios no fueron capaces de evitar en su momento que sea candidato a senador, no tiene sentido impedirlo ahora, cuando ya lo respalda el voto popular. Hay que dejarlo que renuncie a la presidencia y jure como legislador, respetando la institucionalidad democrática. Si luego la Justicia encuentra evidencias para procesarlo, lo correcto será pedir su desafuero.
Nicanor ya tiene su lugar en la historia, y no es el que más le hubiese gustado: de ahora en más se lo recordará como el último presidente colorado, el que dejó caer al partido del poder, luego de 60 años de hegemonía. Muchos se lo reprocharán por siempre… pero muchos no se lo vamos a terminar de agradecer.

viernes, 13 de junio de 2008

Yo el dictador


Sesenta y seis días antes de asumir como presidente, Fernando Lugo Méndez descubrió que los periodistas podemos resultar muy molestos e hinchapelotas. O como exclamó con fastidio a la salida del Congreso, cuando le cerraron el paso y acribillaron con preguntas sobre el escándalo de nepotismo en la Alianza: ¡Hay una “dictadura de la prensa!”.
A su nuevo compañero de almuerzos y viajes, Nicanor Duarte Frutos, le llevó más tiempo darse cuenta de que hay una “prensa enemiga”. El Tendotá se pasó los primeros años de gobierno buscando seducir o domesticar a periodistas y empresarios de medios, regalando millonarias pautas publicitarias de las binacionales, llamando personalmente por teléfono a las redacciones para reclamar ante cualquier publicación crítica.
Tuvo relativo éxito: algunos conductores de radio y televisión leían avisos pagados por Itaipú como noticias de maravillosos actos de gobierno, y guardaban silencio sobre malversaciones de fondos o enriquecimientos ilícitos, mientras quienes investigábamos la corrupción nicanorista éramos acusados de promover una conspiración para derrocar a los colorados.
Fernando Lugo ganó las elecciones con una relación de enamoramiento con la prensa, que quizás pensó iba a ser duradera. Más religioso que político, le falta aprender que las denuncias de primera plana exigen respuestas claras, urgentes y precisas.
El presidente electo tiene todo el derecho de evitar ser víctima del acoso periodístico, pero debe saber que cerrar la boca o exclamar “sin comentarios” cuando flotan preguntas quemantes en la opinión pública, es también una respuesta: Los gritos del silencio.
Llamarse a retiro espiritual ante los conflictos podía funcionar bien cuando era obispo de San Pedro, pero ahora que es jefe de Estado, lejos de aplacar la indignación pública, solo hace que la bola de nieve informativa siga rodando y creciendo en contra. Lo que pasó con los parientes en Yacyretá demuestra que Lugo no tiene buenos asesores de comunicación. O si los tiene, no les hace mucho caso.
Es bueno para el país y la democracia que exista una “dictadura de la prensa”, en lugar de una “prensa amiga”. Es bueno que los diarios y canales “amigos de Fernando” denuncien el primer caso flagrante de nepotismo luguista y franquista, con igual destaque que si los responsables hubiesen sido colorados. Es bueno que los periodistas le cierren el paso al presidente electo y le interroguen por qué avaló con su silencio o ambigüedad una falta grave. Es bueno que la luna de miel entre Lugo y la prensa termine en divorcio.

jueves, 5 de junio de 2008

Justicia periodistica


A veces, la presencia de periodistas en una zona de conflicto cambia la historia y ayuda a que soplen vientos de justicia.
Sucedió en Yuquyry, Santa Lucía, Alto Paraná, donde un grupo de campesinos mantienen en jaque a los indígenas Ava Guaraní, a quienes les han invadido su propiedad para talar árboles y traficar ilegalmente con la madera, con el respaldo de políticos colorados y liberales.
El miércoles 28 de mayo, tras un año de estériles reclamos ante la Justicia por parte de los aborígenes, una comitiva fiscal-policial desalojó simbólicamente a los invasores, destruyendo sus ranchos y hornos de carbón.
Al atardecer del sábado 31, los campesinos cobraron venganza. Con disparos de armas de fuego cerraron el paso de una camioneta y tomaron como rehenes a las monjas Ángela Balbuena y Mirian Saucedo, a la estudiante belga Maureen Janssens y a nueve indígenas. El relato de las mujeres es terrorífico: las maltrataron, robaron sus pertenencias y amenazaron con violarlas y matarlas. El jefe del puesto policial logró rescatarlas tras ardua negociación con los agresores.
El lunes 2 de junio, varios periodistas llegamos a la fiscalía de San Alberto, donde las monjas prestaban declaración. El fiscal Julio César Yegros dijo que todo estaba bajo control, pues una dotación de policías al mando del comisario de Itakyry, Amado Arévalos, había ido a dar seguridad a los indígenas y perseguir a invasores y secuestradores.
Técnicamente ya teníamos la nota, podíamos volver tranquilos a Ciudad del Este. Santa Lucía queda a 170 kilómetros, el camino es muy feo y en nuestras empresas nos piden racionalizar recursos. Pero una voz interior nos pedía hacer el esfuerzo de ir a ver qué más estaba sucediendo.
Cuando llegamos a Yuquyry, hallamos a los indígenas conmocionados. Acababan de ser víctimas de un violento allanamiento sin orden judicial por parte del escuadrón que supuestamente debía darles seguridad. Les quitaron sus escopetas, herramientas y hasta las ropas del comisario de la comunidad. Los policías llegaron guiados por una dirigente del mismo grupo acusado de invasión y secuestro.
Fue estimulante ver a los colegas interpelando con grabadoras, micrófonos y cámaras al comisario Arévalos sobre su inexplicable procedimiento. Fue interesante ver como los indígenas, que hasta hacía un momento se sentían desamparados ante la prepotencia y la impunidad, descubrían que la prensa era un instrumento para hacer valer sus derechos. Fue patético ver al jefe policial caer en contradicciones, incapaz de justificar su actuación, devolver las pertenencias decomisadas y en horas más ser relevado del cargo.
No tendría que ser así. Nuestra función de periodistas debería limitarse a informar. Pero cuando los más débiles son avasallados, cuando la Policía y la Justicia favorecen a los delincuentes, no queda más alternativa que hacer de lado la objetividad y asumir el vacío que las instituciones del Estado no cumplen.
Ahora, ¿cuánto dura eso? Los periodistas estamos otra vez en la Redacción… y los indígenas de Yuquyry continúan allí, a merced de la violencia, de la injusticia, de la impunidad.

La sonrisa de una N.N.

Ella sonríe feliz en los brazos de la asistente social, disfrutando del calor humano en el presente, pero ignorando su trágico pasado y su todavía incierto futuro.
Ella tiene apenas un mes de vida y todavía no ha recibido un nombre con el cual ser llamada, no ha sido anotada en el Registro Civil, no posee ningún documento que certifique su identidad, no hay certeza acerca de quien es su mamá y menos quién es su papá. Ha sido anotada con las genéricas siglas N.N. en el libro de entrada del Hogar “Abrigos del Este”, y así se la llama oficialmente, aunque las encargadas prefieren decirle “mi bebé”, “mi amor”, “mi princesita”.
Desde el miércoles 28, cuando apareció sorpresivamente en brazos de una mujer, en el despacho del juez Manuel Trinidad, ella se ha convertido en una celebridad. Su fotografía está en la primera plana de los diarios. Su carita sonriente y tierna aparece a cada instante en los noticieros de la televisión… y hay incómodas preguntas detrás de su historia.
Preguntas que llevan al complejo submundo de Ciudad del Este, hasta una clínica clandestina que funcionaba en el barrio Don Bosco, en donde la menor L.L.V., de 17 años, dio a luz a un bebé el 26 de abril. Recién el 23 de mayo, casi un mes después, la joven se animó a acercarse a la fiscala de la Niñez y la Adolescencia, Carmen Chávez, para denunciar que en esa oportunidad se le robó su criatura.
La denuncia es densa y revela como sigue operando la vieja y siniestra red del bebetráfico en Paraguay. La madre afirma que quienes la sometieron a una cesárea para extraerle su bebé en aquel oscuro tugurio fueron el propio director regional del Instituto de Previsión Social en Alto Paraná, doctor José Luis Flecha, y dos funcionarias, las obstetras Mirian y Nilsa Cañete.
L.L.V. ni siquiera pudo ver a su bebé, ni enterarse de qué sexo era, porque la ocultaron de su presencia con la excusa de que estaba muy enfermo del corazón y tuvieron que llevarlo a Asunción.
Cuando la denuncia estalló, el director de IPS y las dos enfermeras pidieron vacaciones y se borraron del mapa. Están imputados, con órdenes de detención y prófugos de la Justicia, pero la investigación está paralizada, porque el abogado que los defiende recusó a la fiscala Chávez y el fiscal general adjunto Eber Ovelar, quien debía resolver la recusación, guardó el expediente y viajó a Buenos Aires. Cuando las papas queman en la Justicia de Alto Paraná, siempre es conveniente viajar o salir de vacaciones.
Así está el caso. Sin ningún fiscal a cargo, con otro juez que recibe a la mujer que supuestamente trae a devolver la criatura y la deja ir sin problemas, una beba que no se sabe si es la misma que fue robada hasta que se haga la prueba de ADN, una madre internada con tratamiento sicológico, y un infame tráfico de inocencia que nadie parece con muchas ganas de investigar.
Mientras, la pequeña N.N. sonríe en brazos de la asistente social y deja flotando la pregunta de si esta in-Justicia mudará alguna vez.

martes, 27 de mayo de 2008

Leoncio y Josimar


Leoncio tiene 21 años. Nació en Tavaí, Caazapá. Sus padres migraron al Alto Paraná, huyendo de la miseria. Querían un lote agrícola, pero pronto descubrieron que allí la tierra ya había sido vendida a los brasileños y solo les quedaban lindas promesas nunca cumplidas.
Se encontraron con otras familias en el mismo vía crucis. Se juntaron, se convencieron de que el único modo de acceder al derecho constitucional de tener un pedazo de tierra y una vivienda era a través de la fuerza colectiva, de la unión de los marginados. Se organizaron.
Una fría madrugada cortaron los alambres de una gran propiedad y allí plantaron su bandera, levantaron sus ranchitos de rama y hule. Al poco tiempo se vieron rodeados por un horizonte de armas y uniformes.
Fueron desalojados con violencia. Varios heridos, ranchos incendiados, bandera cortada a machetazos. Al mes volvieron a entrar. Aprendieron a resistir, a formar murallas humanas, a hacer denuncias en los medios. Al cabo de largos años, obtuvieron un lote de 5 hectáreas en Chino-cue.
Allí creció Leoncio con sus hermanos. Labrando la tierra desde el amanecer hasta el ocaso. Tanto sacrificio cuando toda la ganancia se la lleva el acopiador y a ellos solo les quedan las deudas. Quiso formar su propia familia, pero la tierra de papá quedaba chica y en el Indert le daban las mismas promesas de siempre.
Ahora Leoncio está en San Pedro, repitiendo la historia. Lleva una bandera tricolor en una mano y un machete en la otra. Y se pregunta si ahora que hay un nuevo presidente, distinto al de los colorados, acaso será diferente.
Josimar tiene 24 años. Nació en Santa Rita, Paraguay, pero tiene nombre brasileño y sueña en portugués. Sus padres llegaron desde Rio Grande do Sul, porque aquí la tierra era barata y las autoridades generosas.
A las 6 a.m., Josimar sube a bordo de una máquina cosechadora salida del film La Guerra de las Galaxias, cierra la cabina, enciende el aire acondicionado, pone un cedé de Leandro y Leonardo, y comienza él solo la tarea de recoger las 80 hectáreas de soja sembradas por su familia en San Cristóbal.
Si todo sale bien, cada hectárea les dejará una ganancia de 4.000 dólares. Se podría ganar más, mucho más. Hace falta comprar más tierra, plantar más soja, pero los campesinos paraguayos son tercos y no quieren vender. Tampoco quieren trabajar. ¿Por qué insisten con la mandioca o el poroto en chacras antiguas, cuando podrían mecanizar todo, plantar solo soja y volverse millonarios? Encima protestan porque se tumban los bosques y se usan agroquímicos. ¿Cómo plantar, entonces?
Ahora Josimar está asustado. Un grupo de campesinos amenaza invadir la nueva propiedad comprada en San Pedro. Las autoridades paraguayas siempre les han protegido, aunque han tenido que pagarles mucho dinero. Se pregunta si ahora que hay un nuevo presidente, distinto al de los colorados, acaso será diferente.
Leoncio y Josimar, enfrentados a los dos lados de la alambrada.
¿Dos realidades, dos países?
¿O simplemente un mismo país desgarrado que necesita confrontar sus diferencias, abrirse al diálogo, buscar una manera de corregir y superar sus viejos males?
¿Hay un nuevo Paraguay para Leoncio?
¿Hay un nuevo Paraguay para Josimar?

viernes, 2 de mayo de 2008

Narcodólares en la política paraguaya


Albino Almirón pensó que la diosa fortuna le sonreía, el día en que enviados de una agencia le ofrecieron diez millones de guaraníes a cambio de instalar un enorme cartel publicitario en su patio, sobre la ruta 3, en pleno centro de Yby Yaú, Concepción.
Entusiasmado con el negocio, se olvidó de preguntar qué producto comercial iba a ser promocionado. Quizás una marca de gaseosa, cigarrillo o caña, con la foto de una linda chica con poca ropa, de esas que alegran el paisaje.
Cuando instalaron el armatoste y mostraron lo que había en él, Almirón sintió que la tierra se hundía bajos sus pies. Era un cartel de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), con la leyenda: “Son buscados por narcotráfico y otros crímenes”, con retratos de los cuatro más poderosos capos de la región, con nombres grandes y visibles: Fahd Yamil Georges, Erineu Domingo Sóligo “Pingo”, Jarvis Chimenes Pavao y Luiz Carlos Da Rocha “Cabeza Branca”.
Desesperado, el vecino imploró que lo saquen de su patio y ofreció devolver el dinero, pero los publicistas dijeron que un trato es un trato. Una llamada telefónica los convenció. La voz en portugués ordenaba: “Tira daí o cartel, ou vocé vai ficar finado”. El material fue trasladado al frente de la comisaría de Yby Yaú, donde sigue hasta ahora. El 7 de agosto de 2006, Almirón murió a consecuencia de un mal cardiaco.
Esta pintoresca aunque trágica anécdota ilustra cómo se mueven los hilos del narcotráfico en la región norte del Paraguay.
Esta semana, la periodista Mabel Renfheldt divulgó una reveladora conversación grabada por la Senad en 2006 entre el entonces comisario de Yby Yaú, Osvaldo Núñez, y el diputado colorado por Concepción, Magdaleno Silva, reelecto por el sector nicanorista.
En diálogo telefónico, el jefe policial cuenta al parlamentario que un brasileño le advirtió: “Aténgase a las consecuencias de todo lo que mandó poner allí”, refiriéndose al cartel de la Senad. El comisario se queja por las redadas que una brigada de los agentes antidrogas, al mando del entonces director de operaciones Luis Rojas, había realizado en la zona. “Sarambi hicieron, llevaron 24 armas de aquí, chera’a, llevaron muchas armas de nuestros amigos”, reclama. Y el diputado Silva ofrece llamar al ministro de la Senad, Hugo Castor Ibarra, para solucionar el problema.
La grabación es una joya preciosa para cualquier agente del Ministerio Público que -ahora que el partido colorado está en retirada del poder- quiera indagar los nexos políticos con la mafia del narcotráfico, pero llamativamente el fiscal Arnaldo Giuzzio se desentendió del tema, y ningún otro fiscal insinuó siquiera el más mínimo interés.
El diálogo Silva-Nuñez se enlaza directamente con los contenidos de la carta de renuncia entregada por el ex director Luis Rojas al ministro Hugo Castor Ibarra, en el que enumera graves hechos de corrupción e irregularidades en la Senad, y acusa que Ibarra ordenó espiar con escuchas telefónicas ilegales al entonces candidato y hoy presidente electo, Fernando Lugo. Pero ningún fiscal está investigando las denuncias y acusaciones de Rojas.
Reiteradas veces, la prensa publicó evidencias de que dólares del narcotráfico financian campañas políticas en el Paraguay.
En 2006, un allanamiento a la mansión del narcotraficante prófugo Jarvis Ximenes Pavao, en Pedro Juan Caballero, permitió hallar una fotografía en la que el capo de la droga disfrutaba de un asado en compañía del colorado Luis Gonzaga Mieres, ex intendente municipal, y del concejal liberal Pedro González. Ahora González fue electo diputado por Amambay, en la lista del PLRA.
El lunes a la tarde, en Radio Primero de Marzo, el diputado Magdaleno Silva admitió que Hilarión Duarte, su contrincante colorado para las municipales del 2006, recibía dinero del narcotraficante Jarvis. Antes, el docente de Yby Yaú, Oscar Gaona, uno de los hombres de Duarte, había declarado a Última Hora que en la misma campaña, el narco “Cabeza branca” Da Rocha había financiado la campaña de Silva. ¿Quién los investiga?
Se supone que algo cambió en el Paraguay, luego del 20 de abril, pero todavía no se nota. Empiezan a salir a luz más trapitos sucios, pero no se ve a los fiscales y jueces dispuestos a hacer justicia. ¿Será que siguen con miedo, o sometidos a los intereses de los políticos electoralmente derrotados?

domingo, 27 de abril de 2008

El perro guardián de la democracia


El 26 de abril de 1991, un valeroso periodista fue asesinado en el ardiente mediodía de la tierra de nadie, por denunciar a la mafia fronteriza. A diecisiete años, el crimen sigue en total impunidad, llaga viva en el rostro de la (in)Justicia paraguaya. A Santiago Leguizamón le hubiera encantado compartir esta explosión de esperanzas renacidas tras las elecciones, sentirse también “culpable” de la alegría.
El 26 de abril de 2005, otro periodista del alma y el más grande escritor del Paraguay fallecía en un sanatorio de Asunción, reintegrado a su amada tierra. Al maestro Augusto Roa Bastos también le hubiera encantado estar aquí, celebrando con los hijos de hombres que hicieron rugir el trueno entre las hojas para dar un ansiado fin a la prolongada lucha hasta el alba.
¿Qué tendrá este mes, tan especialmente trágico y magnífico a la vez, tan cargado de significaciones históricas para la Patria, y en particular para el periodismo?
El 26 de abril de 1845 apareció “El Paraguayo Independiente”, primer periódico, fundado y dirigido por Carlos Antonio López. ¡Qué diferencia entre aquel primer presidente, que sentó las bases para el desarrollo del periodismo libre, y el actual mandatario saliente, Nicanor Duarte Frutos, ex periodista, quien atacó y calumnió a sus antiguos colegas, como parte de su guerra sucia electoral, tratándonos de “escribas a sueldo”, “mediocres”, “venales”, “príncipes de la tipografía corrupta”, y nos advirtió que íbamos a terminar tragándonos nuestros propios vómitos luego de las elecciones, por cumplir la función de informar sobre casos de corrupción y abusos de su gobierno!
A veces el mundo da vueltas… y por esas raras casualidades y causalidades que se dan una vez cada 61 años, la historia se ocupa de poner las cosas en su debido lugar.
La ciudadanía ya demostró que puede ser protagonista del cambio. Un sector de la clase política se revela capaz de redimirse y asumir los desafíos de un tiempo nuevo. ¿Y los comunicadores…? También necesitamos mirarnos en el espejo y reconocer defectos que envilecen nuestro oficio, que nos impiden crecer y mejorar, para ofrecer a la sociedad un periodismo más ético, responsable y de mayor calidad.
Es hora de acabar con lo que el colega Augusto Dos Santos denomina “la itaiputización del periodismo”. No es problema que los medios reciban millonarias pautas publicitarias del Gobierno, o de Itaipú y Yacyretá, pero que sean de modo transparente y democrático, con licitaciones o concursos, y los mensajes se difundan como espacios publicitarios explícitos, no como propaganda electoral disfrazada de noticias para estafar al público. Y que el dinero no condicione la postura crítica e independiente de los periodistas.
También es hora de revisar a centenares de emisoras de radio, legales e ilegales, en manos de caudillos políticos -en su mayoría colorados, pero también liberales y de otros partidos- que se usan para campañas partidarias hostiles que dividen a las comunidades, distorsionando el rol de servicio público informativo abierto que debe cumplir un medio de comunicación.
El amigo y colega Luís Bareiro sostiene que desde ahora los periodistas vamos a ser todos colorados, porque el periodismo tiene que hacer oposición. Disiento con él. Nuestra función no es hacer oposición ni oficialismo. Es hacer periodismo.
Si el gobierno de Fernando Lugo realiza positivas acciones, habrá que informarlas, sin miedo a ser considerados “los de la prensa amiga”. Y si surgen indicios de que un ministro o funcionario de Lugo comete algún acto de corrupción, habrá que investigarlo a fondo y publicarlo con todas las letras, sin temor a que nos acusen de ser “la prensa anti-luguista”, conspiradores de un oscuro plan para desalojar del poder al ex obispo presidente.
El periodismo no debe ser el cuarto poder, sino el contrapoder. El fiscal insobornable. El perro guardián de la democracia. Y los vigilantes, a la vez, debemos ser vigilados por la sociedad, a través de observatorios de medios, defensores del lector e instrumentos de auto-regulación, más que por leyes de prensa que solo sirven al poder de turno para establecer arbitrarias censuras.
En momentos de mi vida me tocó ser amigo cercano del actual presidente de la República, Fernando Lugo, como también lo fui, como compañero en Última Hora, de Nicanor Duarte Frutos. Pero esa amistad nunca condicionó ni va a condicionar mi responsabilidad profesional, ni mi compromiso ético. Los lectores y las lectoras lo saben.
Un nuevo Paraguay necesita un nuevo periodismo. Sepamos construirlo.

jueves, 17 de abril de 2008

Crónica escrita al borde del futuro

Escribo esta crónica en medio de la noche de la Triple Frontera, asomado al borde del futuro, rodeado por un silencio ensordecedor.
La guerra de los mundos de la propaganda política se acabó oficialmente a las cero de la madrugada del viernes y el aire se quedó repentinamente vacío de mareas coloradas y desafíos azules, de candidatos sin arrugas y sonrisas falsificadas con photoshop, de terroristas inventados por decreto y difuntos escritores resucitados contra su voluntad para adherirse a la campaña oficialista, de promeseros mediáticos y madres víctimas que convierten su dolor en mercancía electoral, de estridentes parlantes distribuyendo gritos, insultos, hurras, proclamas, panfletos y diatribas al son de las polcas partidarias.
En este silencio súbitamente recuperado es raro poder oír y apreciar otra vez los viejos sonidos que habían quedado tapados por el infierno proselitista: el ladrido de un perro, el rumor del río a la distancia, el llanto de un bebé, la melancólica canción de un borracho que rueda por las calles… La vida cotidiana, al otro lado de la política.
Pero la tensa calma es solo aparente. La noche tiene un largo sabor a vigilia y las manecillas del reloj avanzan con su tic tac inexorable hacia la encrucijada del domingo.
Suena el teléfono. Una amiga periodista brasileña me saluda desde un hotel en Asunción y me pregunta quién creo que va a resultar electo presidente. Soy muy sincero al confesarle que por primera vez, a mis 46 años de edad, tengo serias dudas para apostarle al caballo del comisario. Por primera vez en las nueve elecciones presidenciales de mi vida -incluyendo a los farsescos comicios que montaba la dictadura stronista-, me escucho decir estas palabras inéditas: “No se quién va a ganar”.
Y descubro que eso es lo nuevo, lindo y maravilloso en la desgarrada historia de este país llamado Paraguay.

* * *

Mañana, los paraguayos y las paraguayas vamos a tener la oportunidad de engendrar a un nuevo país.
¿Cómo será ese Paraguay distinto? Todavía no lo conozco, pero ya mucho lo extraño. Tengo unas locas nostalgias de ese país que todavía no existe en el mapa.
Debo confesarlo… tengo miedo.
Miedo de que dejemos pasar esta oportunidad única y quizás irrepetible.
Miedo de que la cultura de la corrupción y la ignorancia, la cultura del conformismo y la pobreza, la cultura del mbareté y la injusticia… estén tan enraizadas en la gente, que aún nos pueda resultar muy difícil lavar la telaraña que cubre los ojos.
Miedo de que los creadores de la pesadilla consigan, una vez más, robarnos el sueño.
¡No hay que permitirlo!
Votar es mucho más que depositar unos papelitos en las urnas.
Votar es decidir el futuro, transformar la historia de una nación.
Votar es asumir la posibilidad concreta de que algo cambie positivamente… o todo siga igual.
Los corruptos te pueden pagar cincuenta mil o un millón de guaraníes a cambio de tu voto, pero siempre será una suma ínfima, irrisoria, porque ni todo el dinero del mundo puede pagar el precio de ejercer libremente un derecho soberano.
Durante un breve instante que equivale a una eternidad, allí, en la soledad del cuarto oscuro, cada ciudadano será un poco Dios creador, amo del destino. ¡No debemos renunciar a este privilegio!
Por los niños que merecen una vida con más dignidad.
Por la tierra que espera la caricia de nuevas semillas.
Por asegurar la libertad y recuperar la alegría.
Por los que están lejos y merecen regresar a su lugar en el mundo.
Por la vida.
El futuro está allí… al alcance de la mano.
Mañana…

viernes, 11 de abril de 2008

Cambalache electoral


“¡Qué falta de respeto, qué atropello
a la razón…!”.

(Enrique Santos Discepolo, “Cambalache”).

NO ROBARÁS.
Solo en el Paraguay puede suceder algo así. Que candidatos a gobernador, concejales departamentales y diputados por Alto Paraná tengan que juntarse para suscribir un compromiso público ante la ciudadanía de que van a ser honestos.
Ocurrió este martes, en Ciudad del Este. Luis Moriz (PLRA), Prince de Aguilera (Patria Querida), Isabelino Silvero (Alianza Patriótica), Waldemar Zárate (Movimiento ERES), Martín Otta (Resistencia Ciudadana), Mario Ojeda (P-Mas), entre otros, firmaron “un manifiesto por la transparencia y honestidad en el manejo de los bienes públicos y contra la corrupción”.
En el documento, textualmente, los políticos “se comprometen a no robar en forma alguna, ni utilizar ineficientemente, ni malversar, ni sacar ningún provecho o privilegio de cualquier naturaleza que fuera de los bienes, que puedan estar bajo su control como miembros del Ejecutivo, Legislativo o Junta Departamental, bienes que pertenecen al Estado Paraguayo y consecuentemente a todos los ciudadanos paraguayos”.
¿Está todo tan al revés en este país, que los políticos tienen que salir a prometer como algo extraordinario lo que debería ser lo más normal?

AUSENTES. El candidato a gobernador por el Partido Colorado en Alto Paraná, Nelson Aguinagalde, fue el único que no se presentó a firmar el compromiso del Séptimo Mandamiento: No Robarás.
Casualmente, la presidenciable oficialista Blanca Ovelar fue una de las pocas que no respondió a las consultas del Centro de Información y Recursos para el Desarrollo (CIRD), acerca de su patrimonio personal y el costo de su campaña, entre otros datos, para el sitio http://www.aquieneselegimos.org.py/, que pretende ilustrar a la ciudadanía acerca de quiénes son los candidatos y la candidatas.
¿Por qué será que a los colorados les molesta tanto firmar o contestar algo así?

EL MESÍAS. La Alianza Patriótica para el Cambio tiene varios spots publicitarios televisivos muy buenos e ingeniosos, como esa con el cartelito de cambio de jugadores en la cancha de fútbol: “Entra 6 – sale 1”.
Sin embargo, existe una propaganda con un mensaje muy cuestionable para quienes pretenden presentarse como alternativa diferente a la perversa tradición del “único líder”.
Es la que presenta a obreros, campesinos, jóvenes, madres, etc., cayéndose unos sobre otros como fichas de dominó… hasta que… ¿quién aparece para atajarlos y levantarlos como si fuera un supermán criollo? ¡El presidenciable Fernando Lugo!
¿No era que estábamos hartos de mesías, tendotases y salvadores iluminados de la Patria?

MANIPULACIÓN.
El querido y recordado maestro Augusto Roa Bastos debe estar revolcándose en su tumba ante la grotesca y arbitraria utilización de su figura con fines electoralistas, algo a lo que él siempre se opuso decididamente mientras vivió.
Con mucha insistencia, la televisión emite fragmentos de una entrevista en donde el gran escritor habla de su admiración por las mujeres paraguayas, y confiesa su antiguo sueño de que una mujer llegue a ser presidenta del Paraguay.
Sacadas del contexto en que fueron pronunciadas en el pasado, las palabras de Roa parecen decir: “Vote por Blanca Ovelar”. Algo impensable en quién tuvo siempre su opción ideológica muy clara y no precisamente a favor de los colorados.
Los que produjeron el corto propagandístico son tan cobardes que ni siquiera se animan a identificarse con un nombre o un logo institucional al final del material.
¿Qué dirán los hijos y herederos de Roa Bastos sobre esta asquerosa manipulación de su memoria?

EL OTRO LINO OVIEDO. Tengo muchísimas críticas y muy pocas simpatías con respecto al señor Lino Oviedo y a todo lo que él representa: su oscura historia personal y política, su ideología a menudo reaccionaria, sus vinculaciones no del todo aclaradas con el crimen del vicepresidente Argaña y los sucesos del Marzo Paraguayo.
Pero es de entera justicia destacar que Oviedo es el único candidato presidencial que el viernes publicó un aviso institucional expresando su solidaridad con Última Hora –precisamente el medio gráfico que más lo criticó y lo enfrentó a lo largo de los últimos años–, y condenó la nueva maniobra oficialista que busca censurar el derecho ganado por este diario para publicar encuestas hasta días antes de las elecciones.
Se podrá decir que es un acto oportunista, fruto de su conocida viveza política, pero eso no cambia que es un gesto digno de Oviedo, que fortalece a la democracia.

viernes, 28 de marzo de 2008

Agua que no has de beber... reclámala a los candidatos


A eso de las diez y media de la mañana, las canillas del baño y la cocina de la Redacción Regional de Ultima Hora, en el barrio Catedral de Ciudad del Este, empiezan a emitir un agudo y estridente silbido que se parece al de una vieja locomotora, de la época en que este país todavía tenía un ferrocarril.
A continuación el sonido es reemplazado por unas sacudidas espasmódicas de toda la cañería, como si tuviera un súbito ataque de epilepsia, seguido de un lúgubre gorgoteo tipo garganta de ultratumba, de esas que se oyen en las películas de terror clase B.
¿Poras, pomberos, poltergeist…? ¿Algún alma en pena en busca de un reportaje periodístico…?
No, nada de eso. Es solo la señal inequívoca de que el sistema de distribución de la Empresa de Servicios Sanitarios del Paraguay (ESSAP) está entrando en su cotidiana parálisis. Desde ese momento, por más que uno prenda velas y rece a todos los santos, o se ponga a bailar la danza de la lluvia, no conseguirá que salga una sola gota de agua, quién sabe hasta qué hora.
De nada sirve que uno llame por teléfono a la sección reclamos de la compañía aguatera. El número da casi siempre ocupado. Y si por casualidad consigue que le de libre, el timbre suena una y otra vez, sin que nadie se moleste en levantar el auricular del otro lado de la línea.
Ante reclamos periodísticos, los directivos de ESSAP siempre dan la misma archisabida explicación que vienen repitiendo como disco rayado desde hace años: “El Lago de la República está con poco agua… ¿qué culpa tenemos si hace rato que no llueve?”.
Mientras, en el asentamiento 23 de octubre se asiste a la dramática escena de mujeres y niños deambulando con sus baldes para mendigar un poco de agua a los vecinos. En el barrio San Agustín hay 200 familias que llevan un mes con sus pozos secos, y salen todos los días a mirar a la calle, esperando que el camión cisterna municipal les traiga algo del líquido vital, que apenas alcanzará para beber y cocinar. El aseo personal es todo un lujo. Lo mismo pasa en 16 barrios a los que la municipalidad provee de agua diariamente.
Así, los pobladores de Ciudad del Este y varias localidades del Alto Paraná (solo el 2% de los 700 mil habitantes tienen servicio de Essap) podemos experimentar en carne propia una moderna versión del suplicio de Tántalo, aquel personaje de la mitología griega aprisionado junto a un manantial de agua fresca de la que no podía beber una sola gota, condenado eternamente a padecer de sed.
Al igual que Tántalo, los esteños vivimos a orillas del Paraná, uno de los más caudalosos del mundo, muy cerca de otros importantes ríos como el Monday, el Yguazú, el Acaray, e incluso tenemos a mano el llamado lago de Itaipú, de 1.400 kilómetros cuadrados y 29 millones de metros cúbicos de agua… y sin embargo seguimos tomando de un charco estancado, que además de secarse a cada rato, recibe los residuos contaminantes de las cloacas de la ciudad.
¿Cuesta tanto dinero tirar un caño y alzar agua del Paraná? Si, claro: entre 300 a 500 mil dólares, según uno de los más recientes estudios técnicos. Pero… ¿qué es esa cifra frente a los millones que Itaipú gasta en la campaña electoral oficialista, disfrazada de asistencia social?
Hace poco más de dos años, cuando el entonces intendente Javier Zacarías Irún, y el entonces director de Itaipú, Víctor Bernal, aún eran socios y compadres políticos, presentaron juntos un plan de extracción de aguas del río Paraná, que se anunció como la gran solución. Pero Bernal y Zacarías se pelearon en vísperas de las elecciones internas del coloradismo y el proyecto se fue al tacho. Bernal acusó que Zacarías pretendía realizar “un gran negociado” con el tema del agua, y el ex intendente dijo que la escasez era culpa del Gobierno de Nicanor.
Ahora, en vísperas de elecciones, cuando la falta de agua nuevamente hace sufrir a muchos esteños, los actuales directivos de Essap e Itaipú anuncian un nuevo proyecto para extraer agua del río Paraná. Naturalmente, para que puedan llevarlo a la práctica, uno tiene que votar por el nicanorismo. ¿Será verdad tanta mentira?

domingo, 23 de marzo de 2008

Guerrilla en el Norte


Germán Aguayo tenía 28 años, era moreno, de rasgos campesinos, complexión atlética, y se hacía pasar como agricultor en la chacra de Santiago Aguirre, en un bucólico paraje del asentamiento Sanguina Cué, San Pedro.
A un vecino le llamó la atención el intenso movimiento en la casa. Personas extrañas que entraban y salían, hombres y mujeres que trotaban y hacían ejercicios. Transmitió sus sospechas a la comisaría.
El miércoles 16 de julio de 2003, policías de Santa Rosa del Aguaray acompañaron a los fiscales sampedranos Antonio Bernal Casco y Arnaldo Giuzzio a verificar el lugar. Fueron recibidos a balazos. Los policías respondieron al fuego. Uno de los moradores cayó muerto, los demás huyeron y una mujer prefirió entregarse, porque se hallaba con sus dos pequeños hijos. En la casa se halló un impresionante arsenal de armas, explosivos y equipos de comunicaciones.
Para sorpresa de los fiscales, la mujer no era otra que Carmen Villalba, buscada por la Justicia bajo la acusación de participar en el secuestro de María Edith de Debernardi. El nombre del campesino acribillado, Germán Aguayo, fue consignado en las crónicas periodísticas y luego se perdió en la hojarasca del olvido.
Casi cinco años después, el nombre reapareció en panfletos hallados en la estancia del sojero brasileño Naborth Boht, en Curusú de Hierro, Horqueta, luego de que desconocidos atracaron el establecimiento, el miércoles 12 de marzo, para incendiar un camión, dos tractores, una cosechadora, un depósito y herramientas. Las pinturas en las paredes y los panfletos decían: “Comando Germán Aguayo del Ejercito del Pueblo Paraguayo (EPP). Tierra a los campesinos paraguayos. Quienes matan al pueblo con agrotóxicos pagarán de esta manera”.
Hubo sonrisas escépticas en corrillos políticos y debates de café: ¿Guerrilleros en el Paraguay, en pleno Siglo Veintiuno? Suena a novela de ficción, a realismo mágico, a teleserie tercermundista. Será otro invento del Gobierno para distraer la atención ante los problemas sociales. Será una maniobra para empañar las elecciones.
La emergencia del grupo ya había sido anunciada el 18 de abril de 2006, durante el ataque e incendio de la comisaría de Hugua Ñandu, Concepción, cuando el “comandante Alexander” (identificado como Osvaldo Villalba, hermano menor de Carmen) le gritó al suboficial de policía Leonardo Cabrera: “¡Decile a tu Nicanor que apenas estamos empezando!”.
La génesis de esta surrealista historia se remonta a 1982, cuando cuatro jóvenes abandonan el Seminario para crear el Movimiento Monseñor Romero y reclutar compañeros. En diciembre de 1987, seis caen presos, descubiertos al cavar un túnel para robar el Banco Nacional de Fomento, en Choré, San Pedro, y son condenados a dos años de cárcel.
En 2002 se los vincula con el secuestro de María Edith de Debernardi. En 2005 con el secuestro y asesinato de Cecilia Cubas. Y mientras algunos son procesados y condenados por estos crímenes, surgen evidencias sobre una columna de hombres armados con uniforme militar que se desplaza a través de los campos y montes de Caaguazú, San Pedro y Concepción.
Descubiertos en febrero de 2006 en la remota localidad de Puentesiño, acribillan al suboficial Oscar Noceda y otra vez desaparecen. El intenso rastrillaje policial y militar no logra hallarlos, hasta que el reciente episodio en Horqueta ya los identifica con nombre y logotipo.
Por primera vez la procesada Carmen Villalba oficia de vocera desde la prisión y reconoce que se trata de “una organización revolucionaria político militar”, de principios comunistas, marxista-leninistas, con un toque de nacionalismo inspirado en Francia y el Mariscal López.
El Ministerio del Interior insiste en que son solo delincuentes comunes. La Fiscalía los considera secuestradores. Pero son mucho más que eso. El presidente Nicanor trata de asociarlos al candidato opositor Fernando Lugo. Y desde el entorno de Lugo se acusa que Villalba y su grupo son instrumentados por el oficialismo colorado.
Las referencias indican que se trata de una columna de 10 o 20 hombres y mujeres, pero cuentan con cierto apoyo de sustentación en miembros de organizaciones campesinas y sociales.
El Paraguay no deja de sorprender. Como si no fuera suficiente tener como principales candidatos en estas elecciones a un ex obispo metido a político, a un general mesiánico y a una maestra disfrazada de caudilla, ahora surge la incógnita sobre un grupo armado que desde las soledades del Norte insiste en presentarse como guerrillero.

viernes, 7 de marzo de 2008

Historias de dos mujeres


Marzo de 1869. El Paraguay se desangra en los estertores de la cruel Guerra de la Triple Alianza. Una procesión de casi dos mil espectros andrajosos, mayoritariamente mujeres, junto a ancianos y niños, ingresa a paso tambaleante por la única calle polvorienta de Yhú, entonces una aldea de poco más de veinte casas entre los montes del Ka’aguazu.
Tras puertas apenas entreabiertas, los pobladores observan esa irrupción indeseable. Todos han recibido la orden de no acercarse a las recién llegadas, las tristemente célebres “destinadas”, acusadas de traición a la patria, presuntamente por conspirar con el enemigo para derrocar al mariscal Francisco Solano López, o simplemente por ser esposas o familiares de los ajusticiados en los tribunales de sangre de San Fernando.
Hija de una distinguida familia yhuense, María Ana Paredes Villagra no puede contenerse al ver esos rostros afligidos que desfilan con un mudo grito de súplica en las miradas. Una anciana tropieza y cae al suelo. María Ana levanta el pesado cántaro con agua y sale al encuentro de las desterradas. Se arrodilla junto a la matrona caída y le acerca un cuenco a la boca, mientras le moja la frente con la punta de su chal humedecido.
Un soldado casi tan flaco como sus prisioneras corre hacia ella con su pesado fusil en ristre, pero María Ana se levanta, altiva, desafiante. El soldado retrocede. La anciana matrona se incorpora y se apoya en ella, con una suave sonrisa.
Durante los seis meses en que las “destinadas” son mantenidas en Yhú, María Ana enfrenta el miedo y los prejuicios de sus compueblanos para tender un puente de solidaridad y auxilio humanitario. Soporta con altivez las amenazas, proveyendo alimentos, medicina y consuelo a las parias de la guerra, con la creciente adhesión de otros yhuenses.
El 18 de setiembre de 1869 llega la orden de que las “destinadas” sean evacuadas a Espadín. La legión de espectros harapientos se pone en marcha hacia la última estación del calvario. Madame Dorotea Duprad de Lasserre recuerda a María Ana, altiva y solidaria, despidiéndolas al frente de los pobladores de Yhú como un ángel difuminado tras una nube de polvareda.
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Marzo de 1980. Lidia Barreto de Portillo, Ña Atala, se remanga el vestido y se dispone a arrinconar los muebles de su casa, en Asunción, para dar origen al Hogar Albino Luís.
Nacida en Yhú, en el mismo olvidado pueblo que un siglo atrás conoció el anónimo heroísmo de su compueblana María Ana, esta humilde mujer campesina llegó a la capital para estudiar enfermería y obstetricia con el fruto del sacrificio familiar.
En Asunción, Lidia Barreto se casa y en setiembre de 1961 da a luz a Albino Luis, quien nace con retardo mental y dificultades físicas. Sufre en carne propia el rechazo y la discriminación, la falta de lugares en donde brindar atención a los chicos con necesidades especiales. Entonces, ella decide transformar su hogar en El Hogar.
En una cruzada al principio solitaria, pero que de a poco va ganando a otros voluntariosos quijotes, Ña Atala emprende el rescate de los abandonados por ser diferentes. A un niño lo encuentra atado con cadenas a un árbol. Los libera y los trae a su casa, para brindarles techo, comida, educación, cuidados médicos especializados, rehabilitación y, por sobre todo, amor.
Golpea mil puertas, organiza mil ferias y actividades para conseguir fondos y ayudas. Encuentra tiempo para fundar el Centro Yhuense de Residentes en Asunción, para ayudar a su nunca olvidada patria chica.
Crea dos hogares más, y junto a su querido Albino Luis llega a tener muchos otros hijos, quizás no de su sangre, pero si de su alma. Con el cuerpo cansado, aunque con el espíritu imbatible, Ña Atala termina de entregar su vida y fallece a los 86 años de edad. Su legado sobrevive como una luz en medio de la oscuridad.
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(En mi querido pueblo natal, Yhú, muy pocos conocen las historias de estas dos admirables mujeres. Hay calles que llevan nombres de lejanos héroes, pero ninguna evoca a estas dos dignas hijas de la comunidad. En el Día Internacional de la Mujer escribo sus vidas como un pequeño homenaje a la memoria).

viernes, 22 de febrero de 2008

La fiebre arco iris de la solidaridad


Llegaron apretujados como sardinas en la carrocería de un camión de carga que les prestó la Policía, en medio de estruendosas carcajadas y bromas en guaraní, como si en realidad estuvieran dirigiéndose a disfrutar de un partido de fútbol o de una fiesta patronal, llamando la atención al centenar de personas que formaban una larga y paciente fila a la espera de ser vacunadas contra la fiebre amarilla en el patio del Hospital Regional de Ciudad del Este.
Llegaron con sus machetes, azadas, “foisas” (hoces), rastrillos, typycha ñana (escobas caseras hechas de ramas), bolsas para juntar basura, pinceles, latas de pintura de cal. Fue este martes 19, cerca de las 9 de la mañana. Eran unos 150 hombres, mujeres, jóvenes y niños, de aspecto campesino, rostros oscuros y curtidos, pieles quemadas por todos los soles de la frontera.
Llegaron con todas sus ganas, con el ánimo bien dispuesto. Al ver la gran cantidad de bolsitas de plásticos, botellas vacías de gaseosa y otros desperdicios que estaban tirados sobre el pasto, uno de los campesinos más viejos no pudo reprimir la burla en guaraní: “¡Ajepa i puerco ko’a ciuda gua! (¡verdad que son cochinos estos habitantes de la ciudad!”).
Saludaron a los directivos del Hospital y rápidamente se pusieron a trabajar. Atentos a las indicaciones claras y precisas de sus dirigentes, se distribuyeron por todo el terreno que rodea al centro sanitario, y al poco rato estaban iniciando la limpieza al unísono, como un silencioso y eficaz ejército civil, barriendo, rastrillando, cortando la maleza, recogiendo hasta el más pequeño papelito, pintando cada muralla y cada piedra del lugar con la cal blanca y brillante.
Curiosos, los que esperaban en la larga cola para la vacunación les preguntaron quienes son. Y Juan Antonio Martínez, el presidente del Consejo de Desarrollo Rural de Agricultores Mingueros (Codrani), les relató con cierto tono de orgullo que son pobladores y pobladoras del Kilómetro 30 de la ciudad de Minga Guazú, Alto Paraná, que han decidido hacer honor al nombre de su comunidad, y que desde hace varios años se dedican colectivamente a realizar mingas ambientales de limpieza en casas, calles, plazas, parques y todos los espacios que pudieran servir de criadero al mosquito Aedes aegyptis o a cualquier otra alimaña.
“Somos Los Mingueros de Minga, y no estamos dispuestos a permitir que un miserable mosquito le haga daño a nuestros hijos. Nosotros ya nos habíamos vacunado todos, absolutamente todos, cuando vino la primera campaña contra la fiebre amarilla en el año 2003. Ahora nos dedicamos a hacer limpieza y ayudar a otra gente que necesita”, se ufanaba Martínez.
Para el mediodía, antes de acabar la jornada vacunación, ellos y ellas ya habían concluido la limpieza de todo el sector, y se sentaron a disfrutar de un frugal almuerzo que dos señoras del grupo prepararon en una olla popular. Después recogieron sus herramientas y ordenadamente subieron al mismo camión policial, siempre alegres y bromistas, y emprendieron el regreso a sus casas, dejando detrás de sí un hermoso regalo: el terreno alrededor del Hospital limpio, arreglado y reluciente.
Fui uno de los que se quedaron gratamente sorprendidos por la escena. Desconfiado, quise indagar que había detrás, en donde estaba la oculta maniobra partidaria, quien era el caudillo agazapado que intentaba sacar rédito electoral de esa acción, pero los colegas altoparanaenses me dijeron que el Codrani es una organización fundamentalmente gremial, cuyos integrantes son conocidos y respetados por su forma de trabajar colectivamente, por su espíritu altruista y solidario.
No sé… Podría escribir tantas cosas sobre la tremenda inutilidad demostrada por el ministro de Salud y el Gobierno Nacional para hacer frente a la grave crisis de la fiebre amarilla, o sobre el doloroso calvario de tantos compatriotas que siguen formando largas e interminable colas para mendigar una dosis de vacuna que marque la dramática diferencia entre la vida y la muerte… pero sería redundar acerca de todo lo ya dicho por tantas voces más críticas y más lucidas.
Prefiero rescatar este hermoso testimonio de los Mingueros de Minga Guazú, porque se me ocurre que en ese gesto voluntarioso y desinteresado se puede hallar una de las mejores y más poderosas vacunas para enfrentar a este flagelo.
Si frente a la oscura amenaza de la fiebre amarilla todos levantáramos la luminosa fiebre arco iris de la solidaridad, quizás tendríamos menos muertes que lamentar, y mucha más vida y esperanza para celebrar.

viernes, 15 de febrero de 2008

Cortinas de humo


Aquel enero del 2004 se había vuelto caliente, muy caliente, y no solo en el sentido climático.
El viernes 23, una represión contra pobladores rurales que se oponían a la fumigación de un sojal en la colonia Ypekua, distrito de Repatriación, Caaguazú, acabó en el violento asesinato de los campesinos Mario Arzamendia y Carlos Robles por parte de las fuerzas policiales, dejando además otros nueve heridos.
Los titulares en los medios de comunicación reflejaban la creciente indignación popular, justo cuando el presidente Nicanor Duarte Frutos –que entonces llevaba apenas cinco meses al frente del Gobierno- se encontraba de vacaciones desde hacía 17 días en las playas de Guarujá, Brasil. Las fotos de la familia presidencial disfrutando del arrullo de las olas del mar, en contraste con el dolor por las muertes absurdas en el campo empobrecido, daban una pésima imagen para la popularidad del ascendente líder colorado. Algo había que hacer para revertir aquella publicidad tan negativa.
En la tarde del domingo 25 me encontraba cerrando páginas en Última Hora, cuando el editor de la sección Política recibió una llamada telefónica de una alta fuente gubernamental. Pidiendo reserva absoluta sobre la procedencia de la fuente, el funcionario dejó filtrar una noticia que podía considerarse “una bomba periodística” en cualquier Redacción: Los servicios de inteligencia del Brasil habían detectado un plan para asesinar al presidente Duarte Frutos, y el mandatario había decidido su regreso al país en máximas condiciones de secreto y seguridad.
Ultima Hora y los demás diarios publicaron la noticia con máximo destaque en su edición del lunes 26 de enero de 2004, atribuyendo la versión a los “servicios de inteligencia del Brasil”. Fue el tema del día en todas las radios, canales de televisión, agencias noticiosas internacionales y portales de noticias en Internet. La incómoda noticia sobre el asesinato de los campesinos había sido relegada a un total segundo plano.
Lo que siguió fue digno de una obra de espionaje de Robert Ludlum: en lugar de aterrizar en el aeropuerto Silvio Pettirossi, el avión que transportaba al presidente bajó en la aeropista de Itaipú, en Hernandarias, y desde allí el mandatario fue trasladado por tierra, en medio de un aparatoso despliegue bélico, hasta Asunción. Mas filtraciones revelaban con novelescos detalles que “seis sicarios brasileños contratados por una mafia local habían ingresado al país para perpetrar un atentado contra el avión en el que Duarte Frutos tenía previsto regresar. Según la advertencia de la inteligencia brasileña, los asesinos contarían con misiles portátiles para atacar la aeronave en pleno vuelo”.
En sus pocas declaraciones, Nicanor dijo que él no sabía de donde salió la información, pero que se había dejado guiar por los protocolos de seguridad. El tema se mantuvo con especulaciones durante más de una semana en el ámbito político y cumplió su cometido: el asesinato de los campesinos terminó en el opa rei. Del supuesto atentado no hubo más detalles. Nunca se supo nada de los seis sicarios brasileños, ni de los misiles con que se iba a derribar el avión presidencial. Días después, la propia embajada brasileña aclaró que nunca hubo informes de inteligencia de dicho país, pero ya nadie se ocupó de investigar de donde salió aquella versión original.
Hoy lo puedo revelar, porque fui testigo cercano de aquella conversación telefónica: el alto funcionario que “filtró” la noticia no era otro que el actual candidato a gobernador colorado por Central, José María Ibáñez, entonces jefe del gabinete presidencial de Duarte Frutos. Es decir: no me cabe la menor duda, aquella información surgió directamente del mismo entorno presidencial.
Ahora, al leer la noticia de un nuevo supuesto atentado contra la vida del presidente, esta vez con ácido o soda cáustica que cual un argumento digno de un filme de James Bond habría aparecido misteriosamente en el interior de una botella de agua mineral, me acordé de aquel episodio del candente verano de hace cuatro años.
Tal vez sea un poco paranoico o desconfiado como todo buen periodista, pero me llama la atención que esta noticia se produzca justo en momentos en que otro candente tema como la amenaza de una epidemia de fiebre amarilla desnuda una vez mas la inutilidad del Gobierno en materia de salud pública, y enciende la indignación y la rebeldía ciudadana. O quizás porque también he leído a Maquiavelo, que en alguna parte recomienda que cuando las papas queman en materia política, nada es más efectivo que levantar cortinas de humo. ¿Será…?