viernes, 25 de diciembre de 2009

La vida de Fidel


Fidel Zavala (tercero, desde la derecha), junto con trabajadores de su estancia, en Concepción.

En un diálogo con el maestro colombiano Javier Darío Restrepo -el mayor gurú de la ética periodística de la Fundación Nuevo Periodismo de García Márquez-, un reportero paraguayo le preguntó qué debía hacer si él llegaba a obtener una primicia exclusiva sobre el secuestro de Fidel Zavala, pero la publicación podía poner en riesgo la vida del secuestrado.
La respuesta de Restrepo fue clara y contundente: “Te guardas tu primicia. Ninguna noticia es más importante que preservar la vida de la persona que está secuestrada, hasta que pueda ser liberada y vuelva a reunirse con su familia”.
Cuando secuestraron a Zavala, el 15 de octubre de 2009, los miembros del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) pusieron exigencias para negociar la liberación: 1) Que los familiares no hagan declaraciones a la prensa, ni se publiquen informaciones sobre las tratativas; 2) Que las autoridades policiales, fiscales y judiciales se mantengan al margen.
En todo este tiempo, la prensa cumplió con responsabilidad. Valiosos datos sobre plazos y montos de la negociación entre la familia Zavala y el EPP quedaron guardados bajo llave en las gavetas de los editores. Se sacrificaron las primicias de alto impacto, para promover una amplia campaña de solidaridad: marchas ciudadanas en reclamo de paz y seguridad, cintas blancas y banderas tricolores ondeando al viento, junto a un mismo grito colectivo: ¡Liberen a Fidel!
Desde el Gobierno, en las primeras semanas también se mantuvo una prudente distancia, pero en los primeros días de noviembre, en vivo y en directo ante las cámaras de televisión, el ministro de interior, Rafael Filizzola, comunicó el envío de tropas de combate a Concepción, dando inicio a la cacería de los miembros del EPP.
Lo dijimos en su momento, en esta columna: “La aparatosidad mediática de la incursión armada de nuestros rambos, en momentos en que Zavala continúa secuestrado, implica jugar con fuego. Más allá de las razones secretas que motivaron a teñirse el rostro con pinturas de guerra, habrá que ver cómo reacciona el EPP ante la nueva coyuntura. El sentido común de cualquier experto en acción ofensiva hubiera aconsejado esperar que el ganadero sea liberado, antes de iniciar la cacería. O al menos hacerlo con la máxima discreción y silencio”.
El 25 de diciembre, al mediodía de la Navidad, la familia Zavala rompió el silencio para pedir con desesperación el cese de los allanamientos y el retiro de las tropas de Concepción. “No queremos que eso pueda ocasionar algún desenlace que nadie quiere”, dijo Diego Zavala, hermano de Fidel. Es evidente que tras sus palabras hay una advertencia de los secuestradores.
El ministro Filizzola respondió que no retirará las tropas, ni tampoco detendrá los procedimientos. El Gobierno sigue dispuesto a jugar con mano dura, por más que Fidel siga secuestrado, en manos de un grupo armado que ya ha demostrado no darle mucho valor a la vida.
Dios quiera que el 2010 no nos traiga otra grave crisis, como trágica consecuencia de otro grave error político.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Razones para celebrar

Hay quienes dicen que no hay muchas razones para celebrar…
Con Fidel Zavala que lleva 65 días secuestrado; con un ejército de policías rastrillando el norte tras los furtivos miembros del Ejército del Pueblo Paraguayo; con la ascendente oleada de violencia, robos, asaltos y ejecuciones en varias regiones del país; con el lamentable circo mediático que multiplica rumores de conspiraciones, amenazas de juicio político e improbables golpes de Estado; con los hechos de corrupción que siguen saltando a cada momento; con la pobreza lacerante que acecha en cada esquina… cuesta encontrar motivos para la fiesta.
Pero allí están el arbolito o el pesebre adornados de luces. Allí están los hogares -aún los más humildes- inundados de colores. Allí está la calle cubierta de guirnaldas. Hay sonrisas en los rostros de la gente. Hay destellos en las miradas de los niños que esperan a Papá Noel. Hay música en el aire. ¿Cómo explicarlo...?
Si no fuera Navidad... sería verdaderamente difícil creer en la esperanza. Tanta lluvia sobre la tierra herida. Tanta muerte inútil. Tanta energía cívica desperdiciada. Tantos sueños que se encendieron tras la virada histórica de aquel 20 de abril y se van deshilvanando lentamente.
Pero allí está el sonoro canto de la cigarra. Allí está el embriagante aroma de los melones maduros y de la flor de coco. Allí está el trozo de pan dulce y la copa de sidra burbujeante, esperándonos sobre la mesa familiar. Allí está la risa de los niños que corretean con estrellitas encendidas en las manos. Y allí están esas mismas tercas ganas de creer en cada brindis que el mañana, todavía, puede ser mejor. ¿Cómo explicarlo...?
Es el secreto que encierra la Navidad, desde hace más de dos mil años. A pesar del consumismo y del frenesí comercial que la envuelve, es la conmemoración del nacimiento de un Niño-Dios en un humilde pesebre de animales, entre barro y estiércol, entre opresión e injusticia, entre dolor y miseria. Es la luz de la vida y la esperanza que no se apagan, por más fuerte que soplen los vientos de las desgracias.
Si miramos hoy las portadas de nuestros informativos que radiografían la realidad cotidiana, quizás cueste encontrar razones para la alegría.
Pero es Navidad... La música está en el aire. Está viva la esperanza y la certeza de que vamos a seguir luchando para que nuestro Paraguay pueda dejar definitivamente atrás los vicios profundos que lo mantienen atado a dos palos en cruz, y se convierta en el país que todos soñamos.
La sidra está fresquita y bubujeante.
Así que... ¡arriba esas copas...! ¡Salud y felicidades en esta próxima Nochebuena!

viernes, 11 de diciembre de 2009

Entre la esclavitud y la solidaridad


Ser periodista significa a veces convivir con lo más sombrío y con lo más luminoso del alma humana. En estos días cercanos a la Navidad, en la Redacción de Última Hora del Este nos hemos enfrentado al mismo tiempo con historias tan distintas, que reflejan de manera contrastante las caras del mal y del bien.
El jueves al mediodía, la Fiscala de la Niñez y la Adolescencia de Ciudad del Este, Carmen Chávez, rescató al niño J. D. S., de solo 6 años de edad, de un verdadero infierno domiciliario. Una denuncia de vecinos daba cuenta de que el pequeño permanecía gran parte del día atado con una cadena para perros, frente a la precaria pieza del inquilinato en que residía con su madre y su padrastro, en el barrio San Roque.
Con voz quebrada por la indignación, varios moradores del inquilinato brindaron testimonios que ponían los pelos de punta. Mientras los adultos se ausentaban de la casa, el niño quedaba atado, sin bañarse, sin comer, vistiendo la misma ropa durante varios días, llorando de hambre.
Ayer la historia empezó a cambiar. Un informe oficial de la Fiscalía determinó que “el niño encadenado no sufría maltratos físicos de sus padres” (sic). Asegura que el menor confesó a la sicóloga Maximina Vázquez que “un tal Rambo, hijo del dueño del inquilinato, fue quien lo encadenó en el pasillo de la vivienda”. Acto seguido, el padrastro Norberto Ocampos, quedó en libertad.
¿Duelen menos las cadenas, según quien sea el que las amarre? El jueves, el pequeño J.D.S. mostró ante las cámaras las rojas escoriaciones que los eslabones de metal le habían dejado en la piel. Son heridas que seguramente no tardarán mucho en sanar. Pero, ¿cuánto tiempo llevará para que se borren las huellas que esas misma cadena le dejaron en el alma? ¿Meses? ¿Años? ¿Toda una vida?
En la misma sección digital de UH, se podía leer otra noticia: La historia de los pequeños Juan Ángel, David y Yannim Borda, tres hermanitos que fallecieron en un trágico accidente, y en cuya memoria, sus padres Ana y Miguel, han creado la asociación Los Amigos de JADY (formada por las iniciales de los angelitos), buscando ayudar a los que más necesitan.
Para estas fiestas, Los Amigos de JADY llevan adelante una campaña de recolección de aportes, para preparar una exquisita cena de Navidad a los parientes de enfermos del Hospital Regional de Ciudad del Este, y entregar panes dulces a los médicos, enfermeras y funcionarios, que prestarán servicios en la Noche Buena. Es una forma de perpetuar la memoria de los niños que se fueron, pero siguen estando, y cuyo amor fructifica en servicio, solidaridad y caridad con el prójimo.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Los justicieros de Ciudad del Este


La familia de William Bernal, jefe comercial de Última Hora en Ciudad del Este, sufrió el sábado anterior una noche de verdadera pesadilla.
Cerca de las 22:00, su esposa Fanny transportaba en auto a sus tres pequeños hijos, a su hermana y a la niñera, cuando un taxi les cerró el paso. Descendieron dos jóvenes con el torso desnudo, con armas cortas, que les apuntaron y ordenaron que bajen, para llevarse el vehículo y todas las pertenencias.
Ante la demora, los asaltantes dispararon contra el fuselaje del automóvil, sin importar quienes pudieran estar adentro. Solo un milagro evitó que las balas no hirieran a los niños y a las otras dos mujeres.
El violento atraco ocurrió sobre la muy transitada avenida San José, a dos cuadras de la rotonda Área Uno. Los demás automovilistas desviaban a gran velocidad, ignorando los desesperados pedidos de auxilio de las mujeres y los niños. Pero hubo un joven, a bordo de una motocicleta, quien al darse cuenta de lo que sucedía, se acercó socorrer a las víctimas. Tras percatarse de que no estaban heridos, el anónimo motociclista, con una pistola en la mano, se lanzó en carrera tras los asaltantes, realizando disparos contra el vehículo en el que huían.
Fue una larga noche de vigilia, en que los miembros de UH CDE acudimos a acompañar al compañero William en las gestiones ante las autoridades y en socorrer a los miembros de la familia aún en estado de shock. Luego, junto a patrullas policiales, desplegamos una intensa búsqueda por los barrios más sórdidos, tratando de ubicar al auto robado.
Cerca de las 04 de la madrugada del domingo, una llamada telefónica del mismo anónimo motociclista que había perseguido a los ladrones, informó que el auto estaba abandonado en las inmediaciones del mercado municipal. Hallamos el vehículo intacto, aunque vaciado de las pertenencias de valor y con el fuselaje cribado de balas. El misterioso héroe civil no quiso revelar su nombre.
El caso del “justiciero de la moto” no es el único. Ante la impune escalada de crímenes violentos, en noviembre ocurrieron otros cinco episodios en que vecinos de varios barrios de Ciudad del Este intervinieron para frustrar asaltos, perseguir y atrapar a delincuentes, y en dos casos incluso mataron a tiros a los asaltantes. Como en la clásica obra teatral “Fuenteovejuna” del escritor español Lope de Vega, los testigos se niegan a revelar los nombres de quienes hicieron justicia por mano propia.
Uno sabe, desde sus más profundas convicciones democráticas, que todo esto no es lo correcto, que la Ley prohíbe que los ciudadanos hagan justicia por mano propia. Pero tras haber vivido en carne propia la trágica odisea de la familia Bernal, resulta difícil ponerse en contra de los justicieros de Ciudad del Este.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Bellezas paraguayas


No son Julia Robert y Angelina Jolie. No las veo subidas a una pasarela para vender la última colección de Caro Cuore. Tampoco postulándose a Miss Universo o a Miss Tanga. Pero para quienes las conocemos desde la profundidad de sus historias personales y comunitarias, ellas son dos de las más dignas y hermosas mujeres del Paraguay.
La belleza es el resplandor de lo bueno y verdadero, decía Platón. Hay otras formas de ser bello o bella que el de exhibir agraciadas facciones o cuerpos esculturales esculpidos en el calvario de dietas y gimnasios, o mejorados a fuerza de costosas operaciones de cirugía estética e implantes de siliconas.
En el resplandor de lo bueno y verdadero, hubo una joven mujer que en los duros años 70, cuando muchos callaban y bajaban la cabeza ante la opresión dictatorial, supo alzarse en rebeldía junto a un grupo de idealistas luchadores. Embarazada, se enfrentó a tiros contra los esbirros del régimen y vio morir a su esposo Mario Schaerer Prono en la mesa de tortura de Investigaciones.
Parió a su hijo Manuel en la fría celda y al salir de la cárcel se convirtió en tenaz defensora de los derechos humanos, hasta lograr el procesamiento judicial del ex dictador Stroessner, al igual que de los más siniestros torturadores y asesinos estatales que conoció este país. Esa mujer, ejemplo vivo de coherencia y dignidad, se llama Guillermina “Nenena” Kannonikof.
La otra es Aida Robles, senadora del partido Tekojoja, enfermera de profesión, también con una larga trayectoria de lucha y compromiso por una sociedad mejor. Fue una de las históricas dirigentes del “Clinicazo”, la mayor movilización social de los años ‘80, que marcó el principio del fin de la dictadura. Desde su humilde y cotidiano oficio de salvar vidas en el “Hospital de los pobres”, se ganó su lugar entre las heroínas cívicas de este país.
Esta semana, el desbordado senador liberal Alfredo Jaeggli las denunció ante la Fiscalía por “polución visual y sonora”, y pidió que ambas “sean condenadas a sufrir la pena máxima por feas e ignorantes”. Quizás creyó responder con un chiste a un planteamiento político, pero su acción resulta machista, discriminatoria y ofensiva para miles de humildes y laboriosas mujeres compatriotas.
Desde la indignación y la solidaridad, más allá de las diferencias que pueda tener respecto a sus actuales posturas políticas cercanas al oficialismo, me permito reivindicar las figuras de Aida y Nenena, y proclamar públicamente que son dos de las más bellas mujeres que conozco. Bellezas nacidas del resplandor de lo bueno y verdadero. Bellezas para un país distinto al del senador Jaeggli.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Mentiras verdaderas


¿Hubo o no un avión que sobrevoló y fumigó con productos agrotóxicos a las comunidades indígenas Ava Guaraní de Itakyry, Alto Paraná, el viernes 6 de noviembre?
Si dejáramos de lado los prejuicios ideológicos y las manipulaciones interesadas de los hechos, no sería muy difícil precisar lo que realmente sucedió, y descubrir que así como hay verdades falsas, también hay mentiras verdaderas.
Ese día se iba a intentar nuevamente desalojar a las 150 familias indígenas, con una orden judicial a favor de los colonos brasileños que desde hace tiempo reclama la propiedad de unas 2.800 hectáreas en conflicto, ya que desde el Instituto Nacional del Indígena (INDI) también se exhiben títulos sobre las mismas tierras, a nombre de los nativos.
Había decenas de productores movilizados para presionar que se cumpla el desalojo. Había un cerco de indígenas armados con primitivos arcos y flechas, dispuestos a resistir. Había policías y fiscales dubitativos para entrar en acción. Había periodistas a la espera de registrar la noticia. Un capítulo más en la repetida historia de tierras vendidas dos o más veces, de órdenes judiciales de desalojo que desde un lado se obtiene con generosas sumas de dinero, y del otro se vuelve a parar con una simple orden política de algún funcionario influyente.
Como a las 10 de la mañana, todos se sorprendieron al percibir que una avioneta Cessna 210, matrícula ZPBAQ, empezó a realizar vuelos rasantes sobre el sitio, con evidente propósito intimidatorio. Reporteros del Canal 11 TV Cable Paraná filmaron el sobrevuelo, y fotógrafos de varios diarios lo registraron.
Ninguno vio fumigación aérea. Por el contrario, las pruebas fílmicas y fotográficas muestran que la aeronave, perteneciente al colono Elio Kunner, no estaba equipada con sistema pulverizador. Aún así, con la dosis de drama y realismo mágico que caracteriza al mundo indígena, al poco rato los líderes relataban telefónicamente a emisoras de la capital que estaban siendo víctimas de nubes tóxicas caídas del cielo.
Como pocas veces, las autoridades del Gobierno respondieron con vertiginosa rapidez. En pocas horas, un mini-batallón de ministros desembarcó en el lugar. Aparentemente conmovida por el cuadro de miseria que encontró, la ministra de Salud, Esperanza Martínez, hizo suya la historia del avión fumigador fantasma. El ministro del Ambiente, Oscar Rivas, la secundó luego con un comunicado oficial.
Quizás hubo oportunismo político y mucha irresponsabilidad gubernativa al replicar una denuncia fabuladora y recursiva de los líderes nativos, sin comprobarla debidamente. Pero la mentira del avión fumigador no oculta la dura realidad que pretenden negar los productores sojeros: las sistemáticas violaciones a la Legislación ambiental, el acoso constante y encarnizado contra un pueblo originario y sobreviviente, que lucha desde el olvido por defender lo poco que les queda de sus tierras de selvas devastadas, convertidas en mar de oleaginosas transgénicas.
El veneno tóxico no habrá caído del cielo, pero no significa que no esté allí, cumpliendo su rol criminal, al igual que la miseria, la marginación y el olvido

domingo, 15 de noviembre de 2009

Juegos peligrosos


En un sorpresivo y radical giro de su estrategia ante el secuestro de Fidel Zavala, el ministro del Interior, Rafael Filizzola, decidió mandar al diablo la elemental prudencia que el Gobierno de Fernando Lugo se había auto-impuesto, a pedido de los familiares del ganadero cautivo.
Frente a las cámaras de televisión, en vivo y en directo, el secretario de Estado inició la guerra contra el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), enviando a 100 rambos paraguayos adiestrados en contrainsurgencia, a la zona caliente de Concepción, declarando abierta la temporada de cacería contra los miembros de la banda armada que mantienen secuestrado al productor pecuario.
La decisión constituye una jugada audaz y altamente peligrosa, en la que el Gobierno de Lugo arriesga mucho.
Por un lado accede a los reclamos más viscerales de voceros de la oposición política, sectores de la población civil y de poderes regionales como los gobernadores, que exigen una fuerte presencia de las fuerzas públicas para brindar seguridad en una región hasta ahora abandonada a su suerte por el Estado, y que ha permanecido no solo a merced de aventuras guerrilleras, sino de todo tipo de delincuentes.
Al mismo tiempo, el Ejecutivo decide salir a enfrentar las críticas sobre su presunta debilidad ante las acciones violentas y criminales del certero y huidizo EPP, buscando disputar el control del territorio norteño y así buscar frenar la creación de las potenciales “zonas liberadas”.
Pero la aparatosidad mediática de la incursión armada de nuestros rambos, en momentos en que Zavala continúa secuestrado, implica jugar con fuego. Más allá de las razones secretas que motivaron a teñirse el rostro con pinturas de guerra, habrá que ver cómo reacciona el EPP ante la nueva coyuntura. El sentido común de cualquier experto en acción ofensiva hubiera aconsejado esperar que el ganadero sea liberado, antes de iniciar la cacería. O al menos hacerlo con la máxima discreción y silencio.
¿Creerá de veras el Gobierno que, en estas condiciones, puede obtener el rescate o la liberación de Zavala, y además la captura o aniquilación de los miembros del EPP? Si lo lograra, sería su mayor éxito político, la reivindicación de su imagen que tanto necesita.
En el otro extremo, el desesperado y público llamado de la esposa, la madre y el hermano del ganadero secuestrado para que la policía retroceda y no interfiera en la negociación, carga toda la responsabilidad de un desenlace trágico (¡Dios no lo quiera!) sobre los hombros de Fernando Lugo y Rafael Filizzola. Con la vulnerabilidad política en que se encuentra actualmente el Gobierno, le será muy difícil soportar las consecuencias de un resultado negativo.

viernes, 6 de noviembre de 2009

No se equivoque, señor...


Si usted lee que critico la inacción o los graves errores del actual Gobierno ante los desafíos de la realidad nacional, no significa que me haya arrepentido de haber votado por la alternancia democrática, ni mucho menos que esté convencido de que Fernando Lugo es peor que los presidentes colorados que tuvimos en los últimos 60 años. Nada puede ser peor que aquel largo periodo de dictaduras asesinas y democracias corruptas enmascaradas, que dejaron a un país hundido en el fondo del pozo más oscuro, y cuya trágica consecuencia la seguimos pagando ahora.
No se equivoque, señor…
Si alzo mi voz ante la sospechosa sobrefacturación en el intento de compra de las tierras de Teixeira, o ante la peligrosa continuidad de algunos vicios con olor a corrupción y prebendarismo en el manejo de la cosa pública, no implica que me esté sumando a sus delirantes teorías de conspiración política; a sus burdos rumores de amenazas de golpes de Estado; a su macartista campaña de paranoia anti-comunista resucitada de la época de la guerra fría y que haría palidecer a los mismos Stroessner, Pastor Coronel o Kururu pire; ni mucho menos que abone sus demenciales y oportunistas exigencias de juicio político contra el presidente.
No se equivoque, señor…
Si me ve en la calle enarbolando una cinta blanca para pedir por la liberación del ganadero secuestrado Fidel Zavala, reclamando una acción más decidida ante la ola de robos, asaltos y asesinatos, no me estoy olvidando de las muchas otras víctimas anónimas de la inseguridad, ni tampoco me engaño al creer que toda esta violencia es responsabilidad única de este Gobierno. Sé que hay una situación heredada, esfuerzos genuinos por depurar y profesionalizar las fuerzas de seguridad, mafias derramando sangre justamente por resistirse al cambio, pero también sé que desde el poder se debería hacer más, mucho más, por avanzar en el proceso.
No se equivoque, señor…
No tengo tan flaca memoria. No me olvido de quién era usted cuando manejaba este país como su territorio feudal, ni tampoco ignoro como amasó su macabra fortuna. No me venga ahora a presentarse como angelito caído de las nubes, ni como el nuevo paladín de la democracia, que nos conocemos demasiado bien.
Nunca creímos que el cambio iba a resultar fácil. Quizás estemos desilusionados de muchas cosas, pero no nos tome por tontos. El Paraguay se ha mirado al espejo y ha decidido emprender una nueva marcha, confusa, vacilante, llena de dudas y contradicciones, pero esa marcha es hacia adelante. Ya nunca para atrás.
No se equivoque, señor…

viernes, 30 de octubre de 2009

Los otros secuestros


He recibido varias cartas de lectores que cuestionan por qué los periodistas gastamos ríos de tinta sobre el secuestro de “alguien con mucho poder económico como el ganadero Fidel Zavala”, y no decimos nada acerca de “los muchos otros secuestros, robos y asesinatos, contra humildes y anónimas personas del pueblo” que ocurren en el país.
Hago “copy paste” de algunos de los muchos artículos que escribí en esta misma columna, hace ya algún tiempo:

“La corrupción es asesina. La corrupción hoy mata con las balas de asaltantes y secuestradores, pero hace mucho que también mata sin ruido porque el dinero que podía ser destinado a hospitales, escuelas, caminos y fuentes de trabajo, va a parar a los bolsillos de autoridades, legisladores, jueces, fiscales, funcionarios, políticos y empresarios corruptos”.
“¿Ha crecido la inseguridad? En todo caso, es otra forma de inseguridad la que ha llegado y hoy golpea la puerta de viviendas residenciales, oficinas lujosas y colegios caros. Pero empecemos por admitir que la inseguridad no es solo vivir con la angustia de que una banda te pueda secuestrar a la salida de la casa, el negocio o la escuela, o que un marginal te pueda clavar un puñal para robarte la billetera en cualquier esquina”.
“La inseguridad es también no saber qué les vas a dar de comer hoy a tus hijos, no tener un médico que los atienda cuando están enfermos, no poder darles una casa digna o una buena escuela, no poder ofrecerles la posibilidad de vivir en un país donde puedan crecer con oportunidades de convertirse en personas dignas. Hace años o siglos que amplios sectores de nuestro pueblo vienen padeciendo esta otra forma de inseguridad, pero eso no es noticia en las páginas de policiales de los diarios, ni merece marcha de repudio por las calles”. (“Qué hacer”, ÚH 16 de octubre de 2004, tras el secuestro y asesinato del niño Amín Riquelme).

“Sí… hay un país que está secuestrado, y al que hasta ahora no conseguimos liberar. Un país en el que deseamos vivir sin tener que escondernos tras las rejas de nuestro hogar convertido en cárcel. Un país en el que podamos dejar a nuestros ir a la escuela o a divertirse sanamente con sus amigos, sin la angustia de creer que no regresarán. Un país en el que no tengamos que rodearnos de garitas y armas, ni caminar por las calles mirando de reojo a cada rato. Un país en donde no seamos prisioneros de nuestro propio miedo. ¿Dónde está ese país? ¿Quién lo tiene cautivo? ¿Cuál será el rescate que debemos pagar por él?”. (“El país secuestrado”, ÚH 3 de julio de 2004).

¡Liberen a Fidel Zavala!
¡Liberemos al Paraguay!

lunes, 26 de octubre de 2009

Los rostros del miedo


En Paso Barreto, en Hugua Ñandú, en Yvyraty... se respira miedo.
Los pobladores agachan la cabeza ante la llegada de cualquier extraño, huyen de la presencia de cámaras y micrófonos como si fueran signos de una peste terrorífica, y mandan a las mujeres y a los niños a encerrarse en el interior de las humildes viviendas, cerrando sus puertas y ventanas.
He recorrido en muchas ocasiones anteriores estos desolados y olvidados territorios del norte del país, y nunca antes había sentido esta especie de angustia colectiva, este no entender qué es lo que está pasando, esta forma de percibir las horas siguientes como una gran incógnita.
Veo miedo en los ojos de Sotero Jara, el laborioso poblador cuya casa está al lado de la del hoy prófugo dirigente campesino Alejandro Ramos, el que ocultó el campamento de los presuntos guerrilleros del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) en un pequeño bosque de su patio trasero, en Yvaroty, a solo 12 kilómetros del centro urbano de Horqueta. A Sotero se le quiebra la voz y le tiemblan las manos, no quiere dejar de ser amable con el visitante, pero no sabe cuál de sus palabras podría costarle un alto precio, solo por haber sido vecino de una realidad que todos veían, pero nadie quería ver.
Veo miedo en la mirada de Asunción Duarte, presidente de la Organización Campesina del Norte (OCN), mientras compartimos un almuerzo en un céntrico bar de Horqueta. "Ijetu'u ko asunto, ndaikatúi ha'epa la ha'eséva (es serio este asunto, no puedo decir todo lo que quiero decir)", admite, en un momento de franqueza. El gremio que dirige pasa por un delicado momento, al revelarse que algunos miembros históricos tienen fuertes relaciones con el EPP, y a él le duele que la historia de valiosas luchas del campesinado norteño sea descalificada por la acción radicalizada de unos pocos.
Hay miedo en los silencios de Cecilio Ledesma, el ganadero que accidentalmente descubrió el campamento del EPP en Horqueta, cuando seguía las huellas de su vaca robada, y la encontró convertida en charque y asado por los presuntos guerrilleros. Dijo al principio que podía reconocer a los abigeos, pero ahora cambió su versión testifical en la Fiscalía y asegura que nunca les vio los rostros.
Hay miedo en los rostros de los peones de las estancias Mabel y Rancho Z, desde que su patrón fue llevado por hombres con armas y uniforme de combate, y todos los días nos preguntan a los periodistas qué sabemos sobre el secuestro de Fidel Zavala.
Hay miedo en los rostros del escuelero Miguelito, de la lavandera Ña Jacinta, del almacenero don Mario, que se preguntan cómo pudimos llegar a esto, quien dejó que las cosas llegaran a este punto, por qué las autoridades y los políticos hablan tanto allá en Asunción, pero nadie viene aquí y hace algo para hacerles sentir menos solos y asustados, para curar esta enfermedad colectiva que se llama miedo.

Los guerrilleros secuestradores


Hace doce años que juegan a la banda guerrillera. Desde que fueron descubiertos cavando un túnel para intentar robar la sucursal del Banco Nacional de Fomento en Choré, San Pedro, en diciembre de 1997, se han adiestrado sin parar en prácticas de asaltos, secuestros y muerte, en nombre de la revolución.
Tienen en su haber 4 secuestros extorsivos (Nika Debernardi, Cecilia Cubas, Luis Lindstron y ahora Fidel Zavala Serrati); 3 asesinatos comprobados (Cecilia Cubas y los policías Andrés Brítez y Óscar Noceda); más de 6 casos de asaltos y quemas de comisarías, destacamentos y estancias (Hugua Ñandú, Kurusu de Hierro, Tacuatí, Santa Adelia, Santa Herminia) y hasta la colocación de una bomba en el baño del Palacio de Justicia, en Asunción.
Varios de sus fundadores, especialmente su "comandante en jefe", Alcides Oviedo, y su principal vocera, Carmen Villalba, están en la cárcel. Pero eso no impide que sigan dirigiendo a un furtivo grupo de hombres y mujeres que se mueven libremente por los montes de Concepción y San Pedro, sin ser detectados, y a cada tanto perpetran sus espectaculares golpes, con uniformes de combate y armas de gran poder, para disolverse otra vez en la espesura.
Hay claras evidencias de que fueron adiestrados por expertos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), a quienes pagan comisiones por los rescates cobrados en cada secuestro. Se hacen llamar Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), se definen como una guerrilla "comunista, marxista leninista". Hablan de su objetivo de "tomar el poder", pero sus acciones, más que de subversión armada, hasta ahora han sido puramente delincuenciales.
Mantienen un discurso radical de violencia revolucionaria que seduce a sectores de izquierda, y está demostrado que cuentan con apoyo y simpatía de algunas organizaciones sociales y campesinas en el Norte del país.
Ni los gobiernos anteriores, ni el actual, han demostrado contar con la voluntad o la preparación suficiente para poner fin a sus acciones violentas. En el caso del Gobierno Lugo, el fracaso ha sido más estruendoso, cuando en enero de 2009, tras la quema del destacamento de Tacuatí, desplegó un costoso y gigantesco operativo policial y militar en San Pedro y Concepción, sin lograr capturar a un solo miembro del EPP, aunque obtuvo graves acusaciones de maltratos y torturas de parte de las fuerzas públicas.
Hoy el grupo se atribuye la autoría de un nuevo caso de secuestro, que conmociona al país. El Gobierno insiste en considerarlos delincuentes comunes, cuando son mucho más que eso. El enfrentamiento no se debe dar solamente en el terreno represivo, sino principalmente en el político. Y mientras se haga muy poco por combatir la dura realidad de marginación y pobreza en que sobreviven las vastas regiones que sirven de base al EPP, no será tan fácil derrotarlos.

viernes, 9 de octubre de 2009

El director mau de Itaipú


Hasta agosto de 2008, Jorge Richard Schweiss Ruiz era un cercano colaborador del gobernador de San Pedro, José Pakova Ledesma, con quien trabajaba como asesor y consultor del proyecto Fortalecimiento de la Competitividad del Sector Exportador Paraguayo (Focosep), en el segundo Departamento.
Será por eso que Pakova colocó su nombre en una lista de otros favorecidos, y en agosto de 2008 pidió a su amigo y compañero territorial de causa, el entonces recién asumido presidente Fernando Lugo, que sean nombrados como altos funcionarios de la Itaipú Binacional.
En esa lista figuraban: Alfredo Ramón Ledesma Narváez, hermano de Pakova, nombrado superintendente de Medio Ambiente; Edgar Emilio Casco Lesdesma, primo de Pakova, superintendente de Obras y Desarrollo; Calixto Saguier González, entonces aliado político de Pakova, coordinador del Parque Tecnológico, todos con un salario mensual de 22.960.100 guaraníes. Y coronando la nomina, Jorge Richard Schweiss Ruiz, director de Coordinación Ejecutiva, el cargo más importante luego del director general (Carlos Mateo Balmelli), con un salario mensual de 31.783.200 guaraníes.
Hasta aquí todo no pasaba de un posible caso de nepotismo, tráfico de influencias e injerencias políticas en la entidad binacional que administra la represa hidroeléctrica productivamente más importante del mundo. Nada que resultara extraño en Itaipú, luego de la escandalosa manera en que la manejaron los colorados, sobre todo durante la administración de Víctor Bernal, pero decepcionante para quienes esperaban un radical cambio de actitudes por parte del Gobierno Lugo.
Recientemente, el abogado Adelio Aquino, asesor de uno de los sindicatos de Itaipú, radicó una demanda ante la Fiscalía de Ciudad del Este, alegando que el rosario de títulos académicos que Schweiss presentó en su currículum ante el Congreso Nacional, para obtener la aprobación a su nombramiento, eran todos falsos.
Este jueves, la Universidad Católica confirmó a la fiscala Liz Carolina Alfonso que nunca existió el título de licenciado en Administración de Empresas que Schweiss asegura haber recibido allí en 1995. Ahora falta esperar los otros informes solicitados, a ver si su título de posgrado en Población y Desarrollo, presuntamente otorgado por la UNA, o el de doctorado PHD de la Universidad Hohenhein de Stuttgart, Alemania, son reales o también maus o truchos.
Lo que indigna no es que esta historia sea tan repetidamente similar a la de otros deplorables casos de viceministros y directores con títulos mau en la era colorada de Duarte Frutos. Lo que indigna es el cobarde silencio cómplice, por “conveniencia política”, de otros sectores del Gobierno, que a pesar de todo siguen intentando parecer distintos.

viernes, 2 de octubre de 2009

Al fin un secuestro tratado con seriedad


Se puede aprender positivamente de los errores. Las autoridades policiales, fiscales y judiciales, que esta vez manejaron con mayor seriedad, prudencia y profesionalismo, el caso del secuestro del joven Rubén Dario Vargas en Presidente Franco, así lo han demostrado.
A diferencia del caso anterior, en que otro joven alto paranaense, Juan Alberto Ortiz, resultó secuestrado y acabó trágicamente asesinado, como consecuencia de la descoordinación, imprudencia, irresponsabilidad y peleas internas entre miembros de las fuerzas de seguridad, en esta ocasión se reveló que los diversos organismos pueden trabajar juntos, manteniendo las debidas reservas para no poner en peligro la vida de la víctima.
La presencia del viceministro de Seguridad Interna, Carmelo Caballero, resultó clave para contener los característicos desbordes de algunos policías. El ex fiscal electoral es uno de los hombres más brillantes y capacitados en el esquema de seguridad del Gobierno Lugo, y tuvo ocasión de demostrarlo. La fiscala antisecuestro, María Graciela Vera Colmán, también actuó con mucha solvencia, revelando su experiencia en la lucha contra este delito. Y hasta los jefes policiales se mostraron correctos, cautelosos, medidos, casi irreconocibles.
La gran mayoría de los periodistas alto paranaenses también se mantuvo a la altura de la situación. Tras las muchas críticas y autocríticas por la manera en que se manejó la información en el caso anterior, esta vez se guardaron primicias sin publicar, se respetaron pactos de silencio, se trazó una prudente distancia para no acosar ni a los investigadores, ni a los familiares. Los informadores no dejaron de hacer su trabajo, solo que lo hicieron con más ética y responsabilidad.
Todo esto no quiere decir que la oleada de crimen y violencia en la frontera Este se acabe fácilmente. Hay una peligrosa sensación de inseguridad, abonada por sectores políticos retardatarios, que reclaman a gritos la militarización del Alto Paraná, como si ella pudiera ser la solución.
Esta vez se demostró que la actuación profesional de las fuerzas de seguridad es posible. Es el camino democrático institucional más correcto en un pretendido Estado de derecho.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Traffic en la Triple Frontera


Al anochecer del miércoles 16 de setiembre, agentes del Departamento de Narcóticos de la Policía Nacional, en Ciudad del Este, habrían detenido a dos traficantes brasileños que estaban a bordo de un automóvil Renault verde, de cuyo interior decomisaron 22 kilos de cocaína y 1 kilo de crack.
Se podría considerar que fue un exitoso operativo antidroga, salvo que nunca fue reportado oficialmente. Según una denuncia a medios periodísticos locales, los traficantes fueron liberados tras pagar 30 mil dólares y la droga decomisada desapareció misteriosamente.
El irregular procedimiento provocó un escándalo interno en la Policía, causó la caída del jefe de Narcóticos, comisario José Dolores Amarilla, y el desmantelamiento de toda la oficina regional en Alto Paraná.
Amarilla comunicó públicamente su renuncia al cargo y acusó al subcomandante de la Policía Nacional, comisario César Carrillo, de haberle ordenado devolver a sus dueños la droga presuntamente incautada por sus agentes, “antes de que explote por la prensa”. Carrillo sostiene en cambio que Amarilla no renunció, sino que fue destituido por el ilegal operativo de sus subordinados.
No es el primer caso oscuro que envuelve a Narcóticos en Alto Paraná. En marzo de 2009, en ÚH publicamos otro procedimiento en que agentes detuvieron a un traficante y decomisaron de su poder un cargamento de drogas y dos ametralladoras antiaéreas robadas del Ejército, pero el caso tampoco fue reportado, las drogas y las armas desaparecieron, y una de ellas apareció vendida en Brasil.
Estos episodios, que parecen copiados del filme Traffic, de Steven Soderbergh, revelan que la corrupción caló hondo y sacan a luz la inexplicable superposición de funciones entre la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), dependiente de la Presidencia de la República, y el Departamento de Narcóticos de la Policía Nacional. Son dos organismos creados para la misma tarea, que no solamente no consiguen trabajar en forma conjunta, sino que sus integrantes se boicotean en forma permanente y se acusan unos a otros de ser cómplices de los narcos.
La mafia del narcotráfico es la que más dinero maneja y tiene un gran poder para corromper a policías, fiscales, jueces, políticos o periodistas. Los agentes, por su estilo de trabajo encubierto, son difíciles de controlar institucionalmente, lo que los vuelve altamente vulnerables a ser cooptados por los traficantes. El actual Gobierno, si de veras quiere cambiar la situación, debe asumir el gran desafío de depurar a los organismos de lucha antidrogas, poniendo fin a la absurda superposición de funciones entre la Senad y Narcóticos.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Yanquis, go home


Cada cierto tiempo suelo recibir la visita de algunos colegas periodistas de medios extranjeros, que me piden les ayude a investigar la presencia de terroristas árabes de Al Qaeda en Ciudad del Este, o a registrar cómo los agentes de la CIA norteamericana se están robando el Acuífero Guaraní, o a fotografiar la inmensa base militar que el Comando Sur de los Estados Unidos posee en Mariscal Estigarribia, Chaco.
En vano suelo tratar de explicarles que los únicos árabes extremistas que conocemos en la Triple Frontera son algunos codiciosos dueños de galerías comerciales que piden precios extremos por sus artículos generalmente truchos. Y que solo pudimos ver a agentes de la CIA en las películas copiadas en devedés piratas que los mesiteros de Ciudad del Este venden a 5 mil guaraníes.
Lo de la base norteamericana en el Chaco ya es un tópico que roza géneros del realismo mágico y de la ciencia ficción. He leído reportajes en medios periodísticos como Liberation o Le Monde, que pintan al aeropuerto de Mariscal Estigarribia casi como un espaciopuerto de la Nasa, en donde pueden aterrizar no solo los cazas F16 de la Marina yanqui, sino hasta los Fighter del film La Guerra de las Galaxias.
En una célebre charla en el Hotel Sheraton, el analista e historiador argentino Rosendo Fraga comparó a la base con un “trasatlántico” y llegó a decir que “la pista de Mariscal Estigarribia es una posición adelantada de Estados Unidos, que tiene a Paraguay como una pieza a su favor, en caso de conflicto con Evo Morales”.
En realidad, cualquiera que se dé un paseo por Mariscal Estigarribia comprobará que el hoy estropeado y casi abandonado aeropuerto construido por la dictadura de Stroessner en 1977 es solo parte de la villa militar del Tercer Cuerpo de Ejército, igualmente polvorienta y desolada. Basta con ponerse a medir la longitud de la pista de aterrizaje (3.500 metros) para comprobar que es solo 100 metros más largo que la del aeropuerto Guaraní de Ciudad del Este (3.400 metros), o 147 metros más que la del Silvio Pettirossi de Asunción (3.353 metros).
Y como le dijo un poblador chaqueño a un enviado del diario Clarín: “los únicos norteamericanos que a veces vemos por aquí, son unos turistas perdidos que llegan desde Bolivia para ver a los indios”.
Aun así, a cada cierto tiempo me divierte repasar los mitos periodísticos que tanto atraen a los corresponsales extranjeros al Paraguay.
Lo preocupante es cuando se establece políticas de Gobierno en base a esos mitos.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Populismo futbolero presidencial


¿En qué nocturno momento de la fiesta por la victoria de la selección paraguaya de fútbol contra Argentina, se le ocurrió al presidente de la República, Fernando Lugo, "regalarle al pueblo" un día de asueto nacional, declarando so'o toda actividad pública laboral del día siguiente, para continuar celebrando la clasificación al Mundial de Sudáfrica 2010?
¿Será que llegó a realizar algún mínimo análisis con sus asesores, o fue simplemente un arrebato de euforia futbolera el que lo llevó a estampar su firma en el polémico decreto 2.887, parido literalmente "entre gallos y medianoche"?
Más allá de cuáles hayan sido las circunstancias concretas en que se gestó la decisión presidencial, el jefe de Estado ha cometido un lamentable e improvisado gesto de populismo político, que aparte de generar caos y confusión en escuelas y hospitales públicos, en tribunales y ministerios, ha ocasionado malestar e indignación en amplios sectores de la ciudadanía, privados intempestivamente de elementales servicios públicos, y ha acarreado considerables pérdidas económicas -aun no cuantificadas- a numerosas unidades comerciales y productivas del país.
Pero es aún más grave el daño que una medida así le ocasiona al propio proceso de pretendida construcción de un tiempo político democrático diferente, inaugurado tras la histórica derrota de un sistema de poder que mantuvo al Paraguay bajo el nefasto dominio del populismo más autoritario durante 60 años. Quienes en abril de 2008 lograron la victoria en las elecciones presidenciales, embanderados justamente en el anhelo ciudadano del cambio, no pueden darse el lujo de caer en los mismos vicios que el de sus siniestros antecesores.
Es entendible que los líderes políticos quieran utilizar y manipular en forma oportunista el desborde de pasión popular que despiertan las grandes hazañas futbolísticas. El tirano Alfredo Stroessner lo hacía con mucha eficacia: cada vez que la selección albirroja ganaba un campeonato, aprovechaba para aumentar por decreto el precio de los combustibles. Con la obtención del campeonato mundial 1978 por el seleccionado argentino, la dictadura de militar del vecino país enmascaró la más feroz y criminal represión, que dejó 30.000 desaparecidos. Pero los tiempos, se suponen, han cambiado. Y uno espera que los líderes que se presentan como una alternativa diferente, actúen de manera distinta. ¿O no?

viernes, 4 de septiembre de 2009

Sin tetas no hay paraíso


Las fotos de cómo era en vida la muestran bella y atractiva, con una figura esbelta y bien cuidada, pero al parecer todo eso no le resultaba suficiente. Ella quería ser todavía mucho más linda, y se sometió a una cirugía de lipo-aspiración e implantes de silicona en los senos, en un sanatorio privado de Ciudad del Este, sin imaginar que algo podía salir terriblemente mal, y que ese coqueteo con la vanidad acabaría en su trágica muerte.
Sonia Marisa tenía 29 años de edad, dos hermosas hijas aún menores que se han quedado para siempre sin la magia de los besos de mamá, un laborioso marido hoy viudo y desconsolado, una promisoria carrera en el Ministerio Público (asistente fiscal en Iruña). Cursaba el sexto año de Derecho en la Universidad Nacional del Este y sus compañeros la recuerdan como una mujer dinámica y vital.
Cuesta entender qué bichito le picó para desafiar al destino en ese riesgoso lance por quitarse de encima unos pocos gramos que se supone le sobraban, por resaltar aun más los bellos atributos que la naturaleza le había regalado. Sus colegas hablan de una especie de insana competencia desatada entre las compañeras de facultad por ver quien realizaba más visitas al quirófano y mostrar el cuerpo más escultural, y Sonia no pudo sustraerse a la presión de su entorno social.
Mundo de valores trastocados, donde unos pechos voluminosos o una cola bien redonda son más estimados que la inteligencia, el talento o la honestidad. En 2005, el periodista y guionista colombiano Gustavo Bolívar publicó Sin tetas no hay paraíso, una polémica y reveladora novela-reportaje, en el que narra la desesperada obsesión de las jóvenes mujeres por agrandarse artificialmente los senos y alcanzar el cuerpo perfecto a través de la cirugía estética, como única manera de abrirse paso en una sociedad arribista y corrupta. La obra fue convertida luego en miniserie televisiva por la cadena Caracol, con tanto éxito que mereció versiones propias en Estados Unidos, Brasil, España, Italia y hasta Rusia.
El caso de Sonia Marisa, además de haber conmocionado a la sociedad altoparanaense, ha permitido abrir una investigación fiscal y judicial por homicidio culposo y mala praxis médica, asomando a la otra cara del mundo fashion tan exaltado por algunos espacios de medios de comunicación: el del oscuro mercado comercial de la cirugía estética, que lucra con el culto al cuerpo perfecto, repartiendo cortes de bisturí e implantes de silicona a diestra y siniestra, olvidando que la verdadera belleza humana está más allá de las medidas 90-60-90.

sábado, 29 de agosto de 2009

Lecciones de un trágico secuestro


Lo que menos importa es si fue un secuestro o un autosecuestro. Ya nada va a devolver a una joven vida tan trágicamente interrumpida. Ya nada va a aliviar el dolor de una familia, destrozada por la pérdida de un hijo, en circunstancias tan horrorosas. Ya nada va a lavar la pena de una colectividad nuevamente alcanzada por el golpe ciego de la violencia criminal y la muerte.
A esta altura, lo que menos importa es si el estudiante Juan Alberto Ortíz Gómez planeó él mismo su propio plagio, casi como una travesura juvenil que acabó terriblemente mal, o si fue vilmente engañado por algunos de sus habituales amigos y compañeros.
En cualquiera de los casos que logre confirmar la investigación, Chispa ha sido la víctima propiciatoria de una sociedad enferma y violenta, con valores profundamente alterados por la corrupción y la impunidad, donde se estimula entre los jóvenes el peligroso juego del hedonismo exacerbado, el lucro fácil y la ambición desmedida al margen de la Ley.
La trágica y aun inacabada historia que conmueve al Alto Paraná y al resto del país parece salida de una novela policial negra de Bret Easton Ellis (autor de “Psicópata Americano”) o de las películas de ficción de Quentin Tarantino, pero lamentablemente pertenece a la cruda vida real. Más allá del asombro, la pena, el dolor o el temor colectivo, debe dejarnos abrumadoras lecciones, que permitan corregir lo mucho que está mal, y evitar que casos como este vuelvan a repetirse.
Lecciones para los organismos de seguridad del Estado, especialmente los de la Policía Antisecuestro, que han revelado una vez más su deficiente preparación para enfrentar y combatir el crimen, su vulnerabilidad a la corrupción, su peligrosa opción por actuar al margen de la institucionalidad, poniendo en riesgo la vida de la víctima.
Lecciones para los periodistas y conductores de medios de comunicación, que en la riesgosa competencia por la primicia, violamos elementales normas de seguridad y de responsabilidad en el chequeo de las versiones, el derecho a la intimidad de las familias afectadas.
Lecciones para el conjunto de una sociedad que convive cotidianamente con formas de ilegalidad y acepta fácilmente el accionar de las mafias. Pero ha sido reconfortante, esta vez, ver como un amplio sector de esta misma colectividad altoparanaense, especialmente joven, se ponía de pie y salía a la calle, con el indignado grito de “¡Basta ya!”. Ha sido el signo más lúcido y esperanzador en estos días de dolor, luto, indignación y asombro.

viernes, 21 de agosto de 2009

Crónica para no dejar dormir a los corruptos


Más de uno o una tiene huellas de balazos o cuchilladas en el cuerpo. Colecciones de atentados y amenazas de muerte. Y, por sobre todo, profundas cicatrices en el alma, tras tantos viajes a los infiernos de la corrupción y la miseria.
“Muchos políticos y mafiosos de nuestros países estarán sin dormir, tan solo de saber que están todos juntos aquí, reunidos”, bromeaba Mirko Lauer, presidente del Instituto Prensa y Sociedad, que nos convocó a más de 50 comunicadores a la primera Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación en Lima, Perú.
Allí estaba el brasileño Eduardo Faustini, gurú de la cámara oculta de la Rede Globo, quien nunca permite que se le tome una foto, para que los corruptos y criminales a quienes caza no lo identifiquen. Estaba la indoblegable Giovanna Segnini, del diario La Nación de Costa Rica, quien reveló cómo la Iglesia Católica de su país operaba una red financiera ilegal (Primer Premio 2009 a la mejor Investigación Periodística), o cómo el gobierno del Nobel de la Paz Oscar Arias apoyó diplomáticamente a China, a cambio de la venta de bonos de la deuda pública por 300 millones de dólares.
Estaba Marina Walker, del International Consortium of Investigative Journalism, quien dirigió una mega investigación de 22 periodistas (entre ellos la compatriota Mabel Renhfeldt) en 14 países, demostrando cómo la mafia internacional usa a naciones como el Paraguay para producir y contrabandear cigarrillos, cuya recaudación financia operaciones de grupos violentos como las FARC colombianas o la taliban Al Qaeda.
Estaban el colombiano Gerardo Reyes, que ganó el Pulitzer con sus reportajes sobre lavado de dinero; el peruano Gustavo Gorriti, quien precipitó la caída de Fujimori y Montesinos al destapar sus negociados; y el argentino Daniel Santoro, que metió preso a Menem por el tráfico de armas a Ecuador y Croacia, quien participó on line gracias a la magia de internet.
Estaba una nueva generación de jóvenes recién llegados a la logia de los investigadores, los que suman el uso de redes de internet y hojas de cálculos Excel a la lupa de los viejos sabuesos, donde el periodismo paraguayo resuena cada vez más fuerte: el colega Luis Bareiro, de Última Hora, ganó una mención por su serie sobre el financiamiento de la campaña colorada con fondos públicos.
Más de 200 reportajes presentados al Premio Ipys-Transparencia (“nunca vimos tanta calidad y cantidad”, confesó un miembro del jurado). Mientras los colegas de Estados Unidos se quejan de la crisis, en Latinoamérica se vive un tiempo de explosión y crecimiento investigativo. En palabras de Mirko Lauer: una linda noticia para no dejar dormir a los corruptos.

viernes, 14 de agosto de 2009

Adiós a las sandalias


Hace un año, los pies de Fernando Lugo Méndez pisaron por vez primera la lujosa alfombra del poder presidencial, cubiertos apenas por unas humildes sandalias franciscanas de cuero artesanal.
Con su sencillo pantalón de tela gris y su blanca camisa de cuello mao, asumió su cargo haciendo añicos el rancio protocolo de corbatas y trajes oscuros, en un rebelde gesto simbólico que algunos interpretaron como un acto de demagogia o populismo, y otros como una sincera identificación con los humildes.
Aquel bíblico par de calzados, que acompañaron su peregrinar de obispo y su trajín electoral por los polvorientos caminos de la política, parecían haber llegado para instalarse sobre las baldosas del Palacio de López y Mburuvicha Róga.
De un tiempo a esta parte, sin embargo, las cámaras ya no enfocan a las sandalias del presidente. En su lugar exhiben unos elegantes zapatos de cuero, unos cómodos mocasines náuticos, y hasta unas deportivas zapatillas de motoqueiro. ¿Un cambio de look forzado por el frío invernal, o quizás la señal más patente de transformaciones políticas en el estilo de gobernar?
Al cumplir su primer año de gestión, tras el histórico derrumbe del imperio colorado, Lugo parece haber remontado un poco más la imagen de aquel improvisado líder político, inicialmente soberbio y casi autista, encandilado por los artificios del Socialismo del Siglo XXI del comandante venezolano Hugo Chávez, hacia un modelo de gobierno más serio y posible, sensible ante las injusticias del sistema, pero más equilibrado en sus propuestas de gobernabilidad.
La última cumbre del Mercosur, en Asunción, fue el principal eco de ese cambio: Chávez ausente sin aviso, Evo Morales relevado a un rol de actor secundario, y un Lugo definitivamente más cerca de Lula, Bachelet y Tabaré.
Un gran retroceso, desde la revolución posible hacia la socialdemocracia reformista, cuestionará la minoritaria izquierda anclada en el tiempo. Una derrota ideológica, celebrará la derecha reaccionaria, incapaz de entender los desafíos del futuro. ¿O acaso simplemente el resultado del duro aprendizaje de un “outsider” de la política, en un año de gestión hecho a fuerza de muchos errores, pero rescatables logros?
El acuerdo histórico con Brasil sobre Itaipú, el principio del saneamiento de la policía, la salud pública y la educación desde las necesidades de la gente, las arcas públicas cuidadas con celo inusitado, un gabinete de relativa eficiencia pero mucha honestidad… son aún débiles estrellas frente a las graves demandas sociales, la extrema pobreza, la inseguridad cotidiana, la incapacidad de diálogo y negociación. Un árido pero esperanzador camino que habrá que recorrer, con sandalias o sin ellas.

martes, 11 de agosto de 2009

Periodismo bajo fuego


En Venezuela, 34 emisoras de radio clausuradas por el comandante bolivariano Hugo Chávez y el canal televisivo Globovisión atracado por una horda de fanáticos oficialistas.
En Honduras, más de 12 medios cerrados por orden superior del presidente de facto Roberto Micheletti, varios periodistas detenidos o golpeados por la policía, y la amenaza de clausura que pende como una espada de Damocles sobre la emisora Radio Globo.
Las imágenes por Internet o televisión se confunden unas con otras. Ese policía que levanta el garrote sobre la cabeza de un fotógrafo, ¿es funcionario de Chávez o Micheletti? Ese corresponsal magullado que mira a cámara con el rostro sangrante, ¿es venezolano u hondureño?
“Tengo una sensación de deja vu, de ya visto”, le confesé a la colega Mabel esta semana, en un contacto radial. Las escenas de las hordas chavistas atracando la sede de Globovisión, en Caracas, ¿no son tan parecidas a otras de hace dos décadas, cuando las hordas stronistas, comandadas por el seccionalero chacariteño Ramón Aquino, atacaron a pedradas el local de Radio Ñandutí, durante la dictadura stronista?
Stroesner era de derecha y se embanderaba en la “democracia sin comunismo” para acallar las voces críticas y censurar la publicación de noticias que no favorecían a su Gobierno. En cambio Chávez, líder del Socialismo Siglo XXI, es de izquierda y se embandera en su cruzada anti-imperialista para cerrar 34 emisoras, destacando que no es un acto político, sino administrativo. Micheletti, el golpista que se adueñó de Honduras tras desalojar con tanques militares al presidente constitucional Manuel Zelaya, es también de derecha. Y usa los mismos métodos que Chávez, o que Stroessner.
El derecho ciudadano a una prensa libre, responsable, independiente y crítica ante los poderes de turno, es un derecho inalienable, más allá del perfil ideológico que pueda caracterizar a determinado gobierno. La censura es siempre censura, provenga de la izquierda, del centro o de la derecha. El garrote que viene un lado u otro duele igual. Y la sangre tiene siempre el mismo color.

viernes, 31 de julio de 2009

El viento de agosto entre las ruinas


Llora el viento de agosto entre las desoladas ruinas.
¡Shsst…! Silencio. ¿Pueden escucharlo…?
Viento rebelde que envuelve los negros muñones de hierro y cemento, que acaricia los restos de irreconocibles objetos retorcidos entre los escombros, rescatando cuatrocientas historias humanas trágicamente interrumpidas hace cinco años.
Viento indignado que se detiene reverente ante el altar de las víctimas, para no apagar las débiles llamitas de las velas encendidas que chisporrotean en el aire húmedo, junto a esos nombres inmortalizados en ajadas fotografías y desgarradas letras de memoria.
¿Pueden escuchar como grita el viento de agosto entre las ruinas del infierno…?
En sus alas malheridas devuelve los ecos de aquel 1 de agosto de 2004, antes de las 11.20 de la mañana, cuando la vida todavía era vida, y la alegría cotidiana estallaba bajo el radiante Sol del domingo en el viejo barrio de Trinidad. Aire poblado de risas infantiles, olor a tallarines caseros y parrillas en el patio. Y aquel supermercado repleto de gente disfrutando de un alegre día en familia.
Y de pronto la explosión sorda… y el mundo que se quiebra en pedazos. Y los gritos, y las corridas, y ¡Dios mío! ¿Qué pasa...? ¡Humo, hay humo! ¡Hay que salir, rápido! ¡Carlitos! ¿Dónde está Carlitos? ¡Mamá, mamá…! No puedo… respirar. ¿Qué pasa, por qué se amontonan todos? ¡Dejen salir! ¡Las puertas…! ¡Están cerradas las puertas! ¡No… nooo…! ¡Abran, por Dios…! ¡Pa… pá… me duele! ¡Abran las puertas, desgraciados…! ¡No… pue… do… res… pirar! ¡Pa… pá…!
Grita el viento de agosto entre las ruinas del infierno.
Cinco años.
Cinco años tratando de curar heridas que ya no pueden sanar. Cinco años tratando de recomponer pedazos de vida fragmentada, buscando la identidad en cada resto u objeto sobreviviente. Cinco años de lucha y encuentro solidario, portando la foto del ser querido como una marca de fuego en el corazón, levantando la memoria herida como bandera de dignidad, buscando razones para la esperanza.
Cinco años de recorrer pasillos de tribunales cual incómodos fantasmas que reclaman justicia para la tragedia criminal más grande de la historia paraguaya. Cinco años de mirarle la cara a la miseria humana convertida en sistema de corrupción e impunidad.
Seamos todos hoy el viento de agosto.
Abracemos a las víctimas y familiares del 1A en una gran cadena de solidaridad que no pueda romper ni el tiempo, ni la soledad, ni la infamia.
Sin justicia no hay paz. Otro Ycuá Bolaños, ¡Nunca más!

viernes, 24 de julio de 2009

Chake avión espía


El avioncito tiene solo diez metros de largo y puede mantenerse más de 20 horas en el aire. No lleva a ningún ser humano a bordo, pues es operado a control remoto por un sistema de datos satelitales de GPS y servomecanismos computarizados. Aún a gran altura, sus potentes cámaras pueden captar desde rostros de personas hasta registros de placas de vehículos. Dispone de binoculares infrarrojos para visión nocturna y capacidad de operar en medio de lluvias o tormentas.
Su nombre en inglés es UAV (Unmanned Aerial Vehicle). En portugués y castellano es VANT (Vehículo Aéreo No Tripulado). La Policía Federal Brasileña es la primera fuerza policial del mundo que incorpora tres de estos aviones robots espías, del modelo Heron, adquiridos a la Israel Aircraft Industries.
El primero de ellos, que empezará a volar oficialmente este lunes desde el aeródromo de San Miguel del Yguazú, a 40 kilómetros del Puente de la Amistad, tendrá como misión “fiscalizar la extensa frontera del Lago de Itaipú, colaborando para la identificación de puertos y embarcaciones clandestinas, así como depósitos y rutas utilizadas por contrabandistas y traficantes que operan desde el Paraguay”, según la prensa brasileña.
Tanta importancia le da el Brasil a su nuevo juguete bélico, que el propio ministro de Defensa, Nelson Jobin, y el de Justicia, Tarso Genro, estarán en el acto de lanzamiento, en un momento en que la frontera paraguayo-brasileña vive una etapa de tensas relaciones, debido al cerco militar instalado al otro lado del río por los comandos de la Fuerza Alfa y al endurecimiento de controles aduaneros de la Receita Federal, por cuyo efecto las ventas a turistas brasileños en ciudades fronterizas paraguayas han caído en un 80%.
Las autoridades del vecino país aseguran que el avioncito espía solo patrullará su lado de la frontera, y seguramente hay que creerles. Pero ya se sabe que los hermanos “rapaiz” suelen ser algo distraídos, y más de una vez han ingresado con helicóptero y todo a patrullar los barrios de Ciudad del Este, o se han dado alegres paseos con sus tanques militares por territorio paraguayo en la región de Canindeyú.
Como carecemos de radares para detectarlo, no debería sorprendernos que al avioncito espía se le ocurra dar alguna vueltita por cielos guaraníes y capte sin querer algunas escenas poco favorables para la dignidad nacional, como las escapadas motoqueiras del presidente Fernando Lugo, las timbeadas políticas del senador Calé Galaverna, las reuniones populares del gobernador Pakova Ledesma o las dicharacheras fiestas del ex casi embajador Armando Espínola. ¡Chake…!

sábado, 18 de julio de 2009

La guerra de Itaipú


¡Caramba, que coincidencia!, diría Les Luthiers. A pocos días de la reunión entre el presidente brasileño Lula da Silva y su colega Fernando Lugo, para discutir el reclamo paraguayo de renegociar el Tratado de Itaipú, el Brasil despliega a orillas del río Paraná una tropa de combate de la Policía Militar, con helicópteros y lanchas artilladas, y exhibe su nuevo avión-robot VANT, que tendrá como principal misión espiar al Paraguay.
Los “rambos verde-amarelos” de la Fuerza Alfa se presentan con la excusa de declarar la guerra al tráfico ilegal en la frontera. Brasil insiste en que el incesante paso de mercaderías de contrabando, armas y drogas, es culpa del Paraguay, lo cual es una gran mentira. ¿Acaso las lanchas, canoas y balsas que zarpan desde costas paraguayas, se evaporan en el aire al cruzar la mitad del río?
A cada puerto clandestino del lado paraguayo le corresponde otro en la costa brasileña. Con la tecnología y la fuerza operativa de que disponen, Brasil podría destruirlos en un solo día, pero no lo hace, porque gran parte de la población de Foz de Yguazú, Guaíra o Mundo Novo vive de la economía informal del tráfico fronterizo, y cualquier corte brusco producirá graves efectos recesivos.
Pero como necesita ejercer presión política ante la insistencia paraguaya, a cada rato inventa operativos militares o fiscales en el Puente de la Amistad o en el Lago de Itaipú, buscando restar la presencia de “sacoleiros” o turistas brasileños en los comercios de Ciudad del Este o Salto del Guairá. Es decir, se ataca al comercio legal, pero se deja intacto o se estimula aun más el comercio ilegal.
Batalla política o diplomática de David contra Goliath. Nada incomoda tanto a Itamaraty como el clamor paraguayo de que se renegocie el leonino Tratado de Itaipú. Lula ya ha ofrecido de todo: construir el segundo puente sobre el Paraná, pagar la nueva línea de transmisión para la Ande, ahora incluso plantea triplicar el pago por la energía… siempre y cuando no se toque el sacrosanto acuerdo firmado por el dictador Stroessner en favor de la dictadura brasileña.
Se pueden cuestionar muchas cosas al Gobierno de Fernando Lugo, pero su indoblegable insistencia en levantar la bandera de la renegociación de Itaipú es una causa que devuelve dignidad y orgullo a todos los paraguayos. Y el Brasil sería mucho más respetado si reconociere este justo reclamo, antes que amenazar con ejércitos armados o aviones espías en la frontera.

viernes, 10 de julio de 2009

El Puente de la Enemistad


Para quien llega desde Foz de Yguazú (Brasil) a Ciudad del Este (Paraguay), cruzar la frontera por el Puente de la Amistad, sobre el río Paraná, es relativamente fácil.
El tránsito es rápido, el paisaje es lindo, y en el lado paraguayo hay un panorama caótico pero fluido: edificios en reparaciones, aduaneros que no hacen revisiones molestas (a no ser que usted traiga algún cargamento visible, en cuyo caso tal vez le pidan coima para agilizar el paso), y hasta una nueva Policía de Turismo que ayuda con sus orientaciones.
Si usted realiza el mismo cruce en sentido contrario, del Paraguay al Brasil, tendrá inconvenientes: largas y exasperantes colas, en las que permanecerá atrapado por varias horas hasta alcanzar la Aduana brasileña, donde funcionarios de la Receita Federal revisan lenta y minuciosamente las mercaderías adquiridas por los “sacoleiros”. De los seis carriles instalados para el paso de vehículos, normalmente funcionan dos, y a veces uno solo, como si deliberadamente quisieran que el cruce sea un verdadero calvario, y a todo brasileño se le quiten las ganas de venir a hacer compras en el Paraguay.
Ahora, esta situación se agravará mucho más. Desde el 1 de agosto, cada una de las aproximadamente 25.000 personas que cruzan diariamente el Puente de la Amistad, tendrá que registrar su ingreso a territorio brasileño, al igual que la salida. Con la infraestructura actual, significará colapsar totalmente el mayor flujo de cruce fronterizo del Cono Sur.
Brasil tiene todo el derecho a ejercer controles, pero es inevitable ver en esta medida otro intento de Itamaraty para asfixiar al comercio de Ciudad del Este, defendiendo intereses de otros grupos económicos, como los que abastecen el tráfico comercial desde la zona franca de Manaos.
No es cierto que sea una acción a favor de la legalidad, pues cuando más trabas se crean en el Puente, más surgen las peligrosas rutas alternativas, como los puertos clandestinos para el contrabando a orillas del río Paraná y el Lago de Itaipú, cuya existencia el Brasil abiertamente conoce, tolera y estimula (a cada muelle pirata del lado paraguayo hay un equivalente en el lado brasileño).
Es llamativo el silencio o la indiferencia del Gobierno paraguayo. Ciudad del Este, que aporta 500 millones de dólares anuales al fisco, queda solitariamente librada a su suerte ante un nuevo ataque en esto que ya tendría que llamarse Puente de la Enemistad, como si no existiera nuestra Cancillería, ni los foros del Mercosur. ¿Será un castigo político a gobiernos locales de signo partidario diferente, o tan solo otra muestra de la ineficacia o la indolencia del actual Gabinete?

domingo, 5 de julio de 2009

El delito de estar resfriado


Escribo este texto con un tapabocas colocado sobre el rostro. Resulta molesto y me da una imagen algo ridícula, pero a mis compañeros de la Redacción Regional de Última Hora en Ciudad del Este les otorga una sensación de seguridad, la ilusión de que los virus de mi gripe no les llegarán a través del aire, y que de alguna manera eso aleja la amenaza de contraer la nueva peste apocalíptica.
No soy el único culpable. Otras dos compañeras tratan de disimular los síntomas del resfriado, casi con vergüenza de haber contraído la enfermedad estacional. Hay bromas incómodas, temores inconfesados. El eco de cada tos contenida, de cada estornudo sofocado, suena como la comisión de un grave delito social.
Hace apenas dos meses, contraer un resfriado hubiera sido algo tan común, una consecuencia lógica de los cambios climáticos a la llegada del invierno, que en nada hubiera alterado nuestra actividad cotidiana.
Ahora no. Ahora cada gota de secreción nasal es motivo de alarma y casi un motivo de segregación personal. ¡Alto...! ¿Qué hacés aquí? ¡Andate a ver a un médico! ¿Por qué no te internás en un hospital? No pongas en peligro a los demás. No te acerques. No me toques. No me beses. No me abraces. Te quiero mucho, pero es mejor que conserves la distancia.
¿Quién inventó este virus apocalíptico, que incrementa nuestra paranoia colectiva y profundiza nuestro aislamiento individual? ¿Será cierto que el A H1N1 fue incubado en algún siniestro laboratorio, con oscuros objetivos comerciales o políticos? ¿Es tan temible de verdad, o es solo un eco desmedido de los medios de comunicación? ¿Acaso no mueren miles de personas más por culpa del hambre, la desnutrición, la miseria, la violencia, la inseguridad, los accidentes de tránsito?
Será importante combatir a la ex peste porcina con el molesto tapabocas, extremar la higiene con el uso del alcohol en gel y las toallas descartables. Pero será aún más importante combatirlo con la solidaridad, la tolerancia, la creatividad, la amistad y el amor, para que otros peligrosos virus como la soledad, el egoísmo, la indolencia, el individualismo, no se nos metan dentro del corazón y de la carne como la más nociva pandemia.

miércoles, 1 de julio de 2009

La justicia kamba ra'anga


Montanaro vuelve al Paraguay, en silla de ruedas y con tapabocas (Foto: Juan Aguero). Su representación cómica a cargo de los kamba ra’anga de Itaguazú (Foto: René González).


No hubo necesidad de que el enmascarado y folklórico locutor en guaraní nombrara siquiera su nombre.
En la mágica noche de Itaguazú, en las cumbres de la agreste serranía de Altos, los guaikuru y los kamba ra’anga bailan una danza colectiva que evoca antiguos rituales de fuego, al son de la banda koygua, mientras la multitud apretujada en torno a la kancha kora aplaude y festeja cada representación cómica surgida del ingenio popular.
“¡Ahora llega un visitante famoso…! ¡Alguien que seguramente hizo muchas cosas malas en el pasado y que se fue del país cuando las cosas se pusieron bien feas…! ¡Pero aquí está de vuelta con nosotros…!”, exclama en lenguaje aborigen la voz impostada del locutor con máscara de travieso duende.
Entre el murmullo multicolor de la fiesta popular se abre paso una grotesca figura en silla de ruedas, escoltada por otras siluetas igualmente enmascaradas.
Se produce un repentino silencio. Un momento muy breve en que el inconsciente colectivo rescata de la memoria la otra imagen: la original, la que se registró en la madrugada de ese viernes 1 de mayo de 2009, en los corredores del Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi, cuando aquellas fotografías e imágenes en video le mostraron al mundo que el ex ministro del Interior y victimario mayor de la dictadura stronista, prófugo de la Justicia, Sabino Augusto Montanaro, había llegado sorpresivamente, anciano y enfermo, con la intención de morir en su patria.
No hubo siquiera necesidad de nombrar su nombre. Bastó la caricatura de aquella imagen que se multiplicó en las pantallas de la televisión, en las portadas de los diarios y en los sitios web de noticias.
Aquel anciano de siniestra historia, conducido en silla de ruedas, con un tapabocas que le cubría el rostro, volvía a revivir en forma de farsa por un kamba ra’anga enmascarado, vestido con una tosca túnica hecha de bolsas de tela, trasladado en su silla por otros personajes aun más grotescos, en medio de la hilaridad y los gritos de jolgorio de la muchedumbre, mientras era paseado en una caravana, sometido a estrambóticas caídas, golpes y gritos de burlas.
“Oú jey Montanaro (El regreso de Montanaro)” se convirtió en la representación cómica más celebrada y exitosa en la tradicional fiesta de San Pedro y San Pablo, en la compañía Itaguazú de Altos, durante las noches del 28, 29 y 30 de junio.
En la representación anónima de la comedia popular, con sus identidades difuminadas detrás de las máscaras, los jóvenes pobladores campesinos asumen la corporización de un anhelo colectivo. Y mientras el verdadero Montanaro sigue evadiendo el justo castigo gracias a los resquicios de una Ley que él nunca supo cumplir ni respetar, su otro yo caricaturizado en la leyenda ritual de Itaguazú recibe la condena social de la burla y el escarnio público.
Es la justicia kamba ra’anga.

viernes, 26 de junio de 2009

Madrugada en la tierra de nadie


¿Cómo es despertarse súbitamente en el frío cortante de la madrugada, con una lluvia de balas martillando las paredes de tu casa?
Al periodista Santiago Benítez todavía se le quiebra la voz cuando relata las horas de horror que le tocó padecer con su familia, el pasado domingo 21 de junio, cerca de las 5:00 a.m., cuando manos anónimas dispararon desde las sombras contra su vivienda, en la ciudad de Pedro Juan Caballero. Nueve balazos quedaron incrustados en las paredes, huellas lacerantes de la violencia criminal y la estructural impunidad.
En el subconsciente colectivo volvieron, inevitables, los trágicos recuerdos de lo sucedido con otro periodista, también llamado Santiago, hace 18 años, entonces director propietario de ZP 31 Radio Mburucuyá, la misma emisora en la que hoy su tocayo y discípulo desarrolla su labor profesional.
Aquel 26 de abril de 1991, al mediodía, en la exacta línea fronteriza entre Pedro Juan (Paraguay) y Ponta Porá (Brasil), la llamada “tierra de nadie”, tres sicarios dispararon 21 certeros balazos contra el vehículo de Santiago Leguizamón, apagando una voz valiente que se atrevió a soñar con un Amambay distinto, de trabajo y desarrollo, libre de oscuros amos del narcotráfico. La Justicia paraguaya nunca pudo (o nunca quiso) aclarar el crimen, que continúa alevosamente impune.
El ataque de esta semana, contra el otro Santiago, fue un aviso, una amenaza, un “estate quieto”. Cuando la mafia dispara a matar, nunca yerra el blanco. El colega Benítez estaba divulgando demasiadas noticias molestas, mientras se preguntaba por qué las autoridades nacionales, y sobre todo policiales, permiten que Pedro Juan sea escenario de una sangrienta batalla entre el Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV), las dos organizaciones criminales brasileñas que han plantado su bandera en territorio paraguayo.
“La Policía Nacional, con personal corrupto en sus filas, no tiene las más mínimas condiciones de brindar seguridad a nadie. Muy por el contrario, la tan añorada seguridad la tienen los delincuentes, que a cambio de sumas semanales de dinero, están enterados de todos los movimientos que realiza la Policía Nacional” dice un pronunciamiento de los comunicadores pedrojuaninos, nucleados en la filial Amambay del Sindicato de Periodistas del Paraguay.
Santiago Benítez hoy quiere abandonar Amambay, por su propia seguridad y la de su familia. Sería un grave retroceso, una victoria de la mafia. Santiago y los demás periodistas de la región cumplen un importante rol social al mantener viva la voz de la población, y deben recibir el más fuerte respaldo de todas las instituciones democráticas para seguir desarrollando su valiosa labor, con las máximas condiciones de seguridad y protección.

viernes, 19 de junio de 2009

400 muertos sin justicia


Hace cinco años, cuando aquel fastuoso Templo del Consumismo se convirtió en ratonera mortal, en un lugar tan siniestro que no hubiera imaginado ni el mismo Dante en su clásica representación del Infierno, encontraron que las puertas estaban cerradas. Esa disposición criminal le costó la vida a cerca de 400 seres humanos y dejó una similar cantidad de heridos.
Hoy, los sobrevivientes y los familiares de las víctimas del incendio del Supermercado Ycua Bolaños vuelven a encontrar otras puertas cerradas: las de este corrupto y kafkiano sistema jurídico que algunos insisten en llamar Justicia.
Si los plazos inexorables se cumplen, y la indolencia o la complicidad lo permiten, el próximo 2 de agosto la causa judicial por la más grande tragedia ocurrida en la historia del Paraguay -aparte de las dos guerras - se extinguirá sin remedio y quedará envuelta en la impunidad más terrible y absoluta.
¿Es posible tanta indolencia, tanta corrupción, tantos oídos sordos ante los gritos de dolor que se elevan al cielo?
A cinco años de la magna tragedia no hay un solo responsable preso. Todos los acusados de haber participado en las criminales decisiones y negligencias que enlutaron a la sociedad paraguaya gozan de libertad, mientras las víctimas deambulan cual molestos fantasmas, cada vez más solos y huérfanos de la solidaridad, mientras la Justicia se les escapa como arena entre los dedos.
Hoy quedan exactamente 42 días de plazo para que la causa se extinga oficialmente… y cada minuto que pasa es una carrera contra el tiempo. ¡Es hora de reaccionar y de unir nuevamente todas las voces, todas las manos, todos los corazones, junto a los incansables luchadores del 1-A!
La lucha por la Justicia no es solamente la lucha de las víctimas y sus familiares. Es una lucha de todos. El Paraguay entero será responsable si es que el mayor crimen colectivo acaba en el opa reí.
Seremos responsables de la impunidad los ciudadanos y ciudadanas que no fuimos lo suficientemente solidarios para indignarnos, alzar nuestra voz y actuar con justa rebeldía.
Serán responsables los partidos políticos y los miembros del Poder Legislativo, con sus ministros de la Corte inamovibles y sus magistrados elegidos por cuota.
Serán responsables los del actual y los del anterior Poder Ejecutivo, que prometieron tanto e hicieron muy poco por amparar los derechos de las víctimas.
Y por sobre todo serán responsables los que manejan este nefasto Poder Judicial, al que de Justicia ya solo le quedará el nombre.

lunes, 15 de junio de 2009

Adiós a las armas


Eran los temibles dueños del país. Imponían miedo con su sola presencia armada y uniformada. Los camiones verdes recorrían los polvorientos caminos del interior, a la cacería de humildes jóvenes campesinos, muchos de ellos menores a los 18 años establecidos para el Servicio Militar Obligatorio (SMO). Era doloroso ver esos rostros oscuros y asustados, marchando arreados como reses de ganado hacia los fortines del Chaco o las fronteras.
En las remotas y aisladas poblaciones, los cuarteles militares eran castillos feudales que se alzaban como siniestros centros de poder represivo sobre el destino de hombres y mujeres.
El “glorioso Ejército paraguayo”, que no fue capaz de impedir el desvío del río Pilcomayo hacia la Argentina, o de detener el robo de los milenarios bosques hacia el Brasil, fue usado por la dictadura stronista como tropa de combate contra su propio pueblo, al arrasar a sangre y fuego la colonia San Isidro de Jejui, San Pedro, en 1975, por el “delito” de haberse convertido en una isla de la utopía, o al imponer un sitio de hambre contra los rebeldes campesinos del asentamiento Tavapy Segundo, Alto Paraná, en 1986, solo porque reclamaban un pedazo de tierra propia.
Un amplio sector de las Fuerzas Armadas se redimió con la historia al protagonizar el levantamiento armado de febrero de 1989, que derrocó al dictador Alfredo Stroessner y abrió caminos a la transición democrática. En ese proceso, acabó devorado por su propia revolución: la Constitución de 1992 instituyó la Objeción de Conciencia, que en la práctica significó la muerte del SMO.
En todos estos años, los cuarteles militares paraguayos se han ido sumiendo en un franco y lento deterioro, que de alguna manera es también el reflejo del proceso en que se sumió toda la sociedad. La larga lista de más de 100 soldados muertos por abusos o negligencias durante la conscripción, agudizó la rebeldía civil de los jóvenes y multiplicó el número de objetores.
Hoy los destacamentos fronterizos son ruinosas edificaciones en donde abundan jefes y oficiales, mientras escasean los soldados. No debe extrañar que policías bolivianos, brasileños o argentinos ingresen impunemente a realizar arrestos en territorio paraguayo, cuando hay un solo militar para cuidar cada 13 kilómetros de frontera.
En estos 20 años de transición democrática hay un gran debate que falta: ¿qué modelo de Fuerzas Armadas queremos para el Paraguay del Siglo Veintiuno?

viernes, 5 de junio de 2009

Crónica desde el corazón del frío


Hace frío. Mucho frío. El termómetro marca 4 grados centígrados en la helada soledad de la noche. El viento del Sur hiere como mil alfileres en la piel. Dentro de la precaria choza de hule amarrada a un árbol del Parque Alejo García de Ciudad del Este, la pequeña M.E., de 6 añitos, llora y tiembla convulsivamente. Ni las ajadas mantas, ni el calor de la hoguera cercana, ni el angustiado abrazo de su mamá, consiguen sacarle ese temblor.
Una fogata de leños raquíticos arde sobre las baldosas de la plaza, frente a la sede de la Gobernación del Alto Paraná. Medio centenar de indígenas Ava Guaraní se apretujan alrededor, buscando el calor que no llega. ¿Por qué será que esta hoguera no calienta como el tatapyi de los ancestros, en los tekoha del monte? Ya no hay monte, ya no hay tekoha, y la ciudad es fría como el cemento, como el corazón de los blancos.
La gente está encerrada en sus casas, calentita con sus estufas y sus frazadas. Los autos pasan raudamente por la avenida Bernardino Caballero con los vidrios cerrados y la calefacción prendida. Nadie se detiene. Nadie se entera de que ellos están allí, tiritando de frío. Duele el viento del Sur que hiere en la piel, pero más duele el frío que se mete en el alma.
Son diez familias, poco más de 50 personas. Hay 37 niños y adolecentes menores. Vivían en la selva protectora, a orillas del río Paraná, pero hace varias lunas los blancos construyeron una represa, entonces el río se enojó e inundó sus tierras, y ellos tuvieron que marcharse, cuenta el líder Benito Martínez. Tras un largo peregrinar se asentaron en la comunidad Tekoha Pyahu, en el kilómetro 12 Monday, entre las basuras del vertedero municipal de Ciudad del Este.
Cansados de ser invisibles, ignorados y olvidados, hace tres semanas se instalaron en el Parque Alejo García, no muy lejos de donde están sus hermanos Mbya Guaraní, en otras precarias “tolderías urbanas”. Piden un ómnibus para llegar a Asunción y armar un campamento frente al Instituto Nacional del Indígena (INDI), a ver si no les dan tierra y asistencia.
Luego de las publicaciones de Última Hora, llegó gente del Gobierno y la Municipalidad a traerles algunas ropas y cestas básicas de alimentos, pero ninguna solución de fondo.
En su discurso de asunción al mando, el 15 de agosto de 2008, el presidente Fernando Lugo anunció que el delito contra los indígenas dejará de “navegar en las aguas de la impunidad”.
Los Ava Guaraní siguen allí, en la plaza desnuda… y el frío continúa.

miércoles, 3 de junio de 2009

Treinta años de periodismo


Yo tenía 17 años y necesitaba desesperadamente conseguir un empleo. Tras concluir el bachillerato en la calcinada Salto del Guairá, cargué mis maletas y me trasladé a Asunción, convencido de que mi destino era convertirme en periodista. Pero un accidente segó la vida de mi padre en aquel trágico 1979, dejándome con una madre y dos hermanas desconsoladas, y mis mejores sueños al borde del abismo.
Mi tío Blas Roberti me tiró un cable salvador: “El director de Última Hora es amigo mío, le voy a llamar”. Con mis textos estudiantiles dentro de una carpeta verde, llegué hasta el viejo edificio de la calle Benjamín Constant 658, y tras una larga antesala, me encontré ante un sorprendido Demetrio Papu Rojas.
“Pero… ¡sos muy joven todavía!”, me reclamó el director, que no tenía más de 25 años. Tras un interrogatorio que no ayudó a despejar sus dudas, llamó al jefe de Redacción, el profe Pedro Justino Macchi. “Tomalo como practicante. No le vamos a poder pagar nada todavía”, decretó Papu.
El 1 de junio de 1979, a las 7.15 de la mañana, con cara del adolescente más perdido del mundo, ingresé a la Redacción de Última Hora. Macchi me presentó a los demás editores. “¿Qué…? ¿Ahora contratamos criaturas?”, se burló Félix Humberto Paiva. En seguida me encomendó mi primera misión: “Andá a comprarme una coca de la cantina”.
Recuerdo esa primera mañana como una interminable navegación entre periodistas apurados que me desalojaban de sus mesas. Al filo del mediodía, Macchi me encargó una tarea: “Andate al Mercado a traerme precios de la carne y las verduras”. Allá fui, con el inefable Fotosky Irala, que partía a otra cobertura y me iba a dejar en el camino.
Quiso el destino que en aquel momento se produzca una batalla campal entre inspectores municipales y vendedoras del mercado. El intendente Pereira Ruiz Díaz quería despejar la calle Battilana, pero las mercaderas se resistieron con piedras y palos, dejando varios heridos. Fotosky disparó su cámara, mientras me indicaba a quién entrevistar. En seguida me arrastró a la camioneta y volvimos al periódico: “¡Esta es la noticia del día!”.
Cuando Macchi lo supo, se puso eufórico. Buscó a un periodista que redacte la noticia, pero todos estaban muy ocupados, o ya se habían marchado. El diario era vespertino, y estábamos en la hora de cierre. Le dije que no se preocupe, que yo mismo le iba a redactar. Huyendo de su mirada de desconfianza, me senté ante la primera máquina de escribir y traté de disimular que estaba temblando. Veinte minutos después dejé sobre su mesa las dos cuartillas. Las leyó, hizo algunas correcciones, y me dijo que me podía retirar.
Esa tarde sentí un escalofrío al ver en las páginas impresas mi anónimo primer artículo. Se me escaparon algunas lágrimas, que me las sequé rápidamente, para que nadie se de cuenta. Al día siguiente, el director Rojas me llamó a su despacho y me anunció que estaba oficialmente contratado como periodista practicante, y que desde ese mes iba a cobrar mi primer sueldo.

Sangre y tinta. Se cumplen 30 años desde aquel lejano día. ¿Tanto y tan poco?
En 1995, cuando publiqué la serie “El país de la droga”, el hijo del Rey de la Marihuana de Capitán Bado, Ramón Morel, me ofreció un fajo de dólares para cubrir “mis gastos”. Lo rechacé con amabilidad y le expliqué que la entrevista que me había dado en la clandestinidad no tenía precio.
En 2002, cuando publiqué una serie de reportajes sobre los escuadrones de la muerte en la frontera seca con Brasil, me llegó un sobre que contenía una bala calibre 45 con un papel pegado con cinta adherente, en donde estaba escrito mi nombre. La tengo bien guardada, cual amuleto de la suerte.
Tuve el privilegio de cubrir la muerte del ex dictador Alfredo Stroessner, en Brasilia. La alegría de encontrar vivo al desaparecido periodista Kike Galeano, en Sao Paulo. La osadía de llegar al corazón del narcotráfico y del contrabando, de radiografiar las muchas formas de corrupción que corroen el alma del Paraguay. La discutida primicia de revelar la otra cara de Fernando Lugo, con el tema de sus presuntos hijos. Pero también tuve el grato placer de contar las maravillas del otro país: la revolución de la limpieza en Atyrá, la experiencia de salud comunitaria en Fram, los fuegos mágicos de Tañarandy…
Me hice periodista porque tengo miles de preguntas que me consumen el alma. Porque quiero saber y entender qué pasa, y ayudar a que la gente también sepa y entienda. El mundo sería otro si tuviésemos mejor información para decidir con mayor criterio y conocimiento nuestro propio destino.Creo que el periodismo es un fin y no un medio. Elegí ser periodista para ser periodista, y no como el camino más corto para enriquecerse, conseguir un cargo público o figurar en una lista de candidatos.
Treinta años después, mis sueños están enteros. Y todavía queda tanto por hacer…

domingo, 31 de mayo de 2009

Carta de adiós a un orientador vocacional

Estimado doctor:
No voy a asistir a la próxima sesión de orientación vocacional en su consultorio, porque ya resolví la profunda crisis existencial que me tenía re-angustiado desde que terminé la secundaria. Se acabó la duda acerca de cuál carrera universitaria seguir, qué profesión abrazar en la vida.
Es que leí una noticia en la tapa del diario Última Hora y se me iluminaron los ojos. ¡Al fin vi la luz! Me convencí automáticamente: ¡Yo quiero ser guardia de Yacyretá!
Imagínese, doctor. ¿En qué otra carrera, oficio, profesión o lo que sea, en este país, puedo aspirar a ganar los 19 millones de guaraníes al mes que, según un informe de la Contraloría, ganaba un guardia de seguridad en la binacional?
Sí, claro: yo sabía que allí corría mucha plata al bolsillo de los muchachos. ¡Si el propio presidente argentino Menem calificó a Yacyretá de “monumento a la corrupción”, imagínese! Por eso no me extraña que la Contraloría diga que entre enero y agosto de 2008, última etapa del gobierno colorado de Duarte Frutos, la entidad gastó 23 millones de dólares solo en salarios, y entre quienes más cobraban hay políticos como el ex presidente de seccional de Villarrica, Dario Vázquez, 23 millones al mes, o el ex intendente de Ayolas, Antonio Barreto, 20 millones, sin que existan registros de que alguna vez hayan ido a trabajar.
Todo eso no me extraña. Lo que me sorprende es que, según la propia Contraloría, esa situación no haya cambiado mucho. Que a casi diez meses de haber asumido el “Gobierno del cambio y la transparencia”, el propio actual director de Yacyretá, ingeniero Carlos Cardozo, salga a justificar que los altos sueldos son una “conquista laboral”.
Cardozo debe saber de qué habla. Sus compañeros del partido Tekojoja en Alto Paraná cuentan que hace poco más de un año tenían que contribuir dinero para pagarle su combustible en las giras políticas. Ahora, sin embargo, él tranquilamente saca de su bolsillo 98 millones de guaraníes para devolver al erario público, porque dice que se equivocó al autorizar el financiamiento de un congreso de jóvenes socialistas en un Cuartel Militar.
Así que lo tengo resuelto, doctor: ¡Yo quiero ser guardia de Yacyretá! Y no pretendo cometer el error del ingeniero Aldo Ríos, quien siendo funcionario de la entidad, el mes pasado divulgó documentos que mostraban que se iba a pagar 5 millones de dólares por un Sistema de Monitoreo y Control de Gestión que nunca funcionó. En lugar de ser premiado por transparentar una irregularidad, Ríos fue inmediatamente despedido. Y en seguida el director Cardozo emitió la circular DMD 038/2009, por la que “está expresamente prohibido proveer documentaciones a personas extrañas a la institución”. De lo contrario, ¡ñácate!
Adiós y gracias por todo, doctor.
Su ex cliente, el futuro guardia de Yacyretá.