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lunes, 21 de septiembre de 2009

Yanquis, go home


Cada cierto tiempo suelo recibir la visita de algunos colegas periodistas de medios extranjeros, que me piden les ayude a investigar la presencia de terroristas árabes de Al Qaeda en Ciudad del Este, o a registrar cómo los agentes de la CIA norteamericana se están robando el Acuífero Guaraní, o a fotografiar la inmensa base militar que el Comando Sur de los Estados Unidos posee en Mariscal Estigarribia, Chaco.
En vano suelo tratar de explicarles que los únicos árabes extremistas que conocemos en la Triple Frontera son algunos codiciosos dueños de galerías comerciales que piden precios extremos por sus artículos generalmente truchos. Y que solo pudimos ver a agentes de la CIA en las películas copiadas en devedés piratas que los mesiteros de Ciudad del Este venden a 5 mil guaraníes.
Lo de la base norteamericana en el Chaco ya es un tópico que roza géneros del realismo mágico y de la ciencia ficción. He leído reportajes en medios periodísticos como Liberation o Le Monde, que pintan al aeropuerto de Mariscal Estigarribia casi como un espaciopuerto de la Nasa, en donde pueden aterrizar no solo los cazas F16 de la Marina yanqui, sino hasta los Fighter del film La Guerra de las Galaxias.
En una célebre charla en el Hotel Sheraton, el analista e historiador argentino Rosendo Fraga comparó a la base con un “trasatlántico” y llegó a decir que “la pista de Mariscal Estigarribia es una posición adelantada de Estados Unidos, que tiene a Paraguay como una pieza a su favor, en caso de conflicto con Evo Morales”.
En realidad, cualquiera que se dé un paseo por Mariscal Estigarribia comprobará que el hoy estropeado y casi abandonado aeropuerto construido por la dictadura de Stroessner en 1977 es solo parte de la villa militar del Tercer Cuerpo de Ejército, igualmente polvorienta y desolada. Basta con ponerse a medir la longitud de la pista de aterrizaje (3.500 metros) para comprobar que es solo 100 metros más largo que la del aeropuerto Guaraní de Ciudad del Este (3.400 metros), o 147 metros más que la del Silvio Pettirossi de Asunción (3.353 metros).
Y como le dijo un poblador chaqueño a un enviado del diario Clarín: “los únicos norteamericanos que a veces vemos por aquí, son unos turistas perdidos que llegan desde Bolivia para ver a los indios”.
Aun así, a cada cierto tiempo me divierte repasar los mitos periodísticos que tanto atraen a los corresponsales extranjeros al Paraguay.
Lo preocupante es cuando se establece políticas de Gobierno en base a esos mitos.

sábado, 18 de julio de 2009

La guerra de Itaipú


¡Caramba, que coincidencia!, diría Les Luthiers. A pocos días de la reunión entre el presidente brasileño Lula da Silva y su colega Fernando Lugo, para discutir el reclamo paraguayo de renegociar el Tratado de Itaipú, el Brasil despliega a orillas del río Paraná una tropa de combate de la Policía Militar, con helicópteros y lanchas artilladas, y exhibe su nuevo avión-robot VANT, que tendrá como principal misión espiar al Paraguay.
Los “rambos verde-amarelos” de la Fuerza Alfa se presentan con la excusa de declarar la guerra al tráfico ilegal en la frontera. Brasil insiste en que el incesante paso de mercaderías de contrabando, armas y drogas, es culpa del Paraguay, lo cual es una gran mentira. ¿Acaso las lanchas, canoas y balsas que zarpan desde costas paraguayas, se evaporan en el aire al cruzar la mitad del río?
A cada puerto clandestino del lado paraguayo le corresponde otro en la costa brasileña. Con la tecnología y la fuerza operativa de que disponen, Brasil podría destruirlos en un solo día, pero no lo hace, porque gran parte de la población de Foz de Yguazú, Guaíra o Mundo Novo vive de la economía informal del tráfico fronterizo, y cualquier corte brusco producirá graves efectos recesivos.
Pero como necesita ejercer presión política ante la insistencia paraguaya, a cada rato inventa operativos militares o fiscales en el Puente de la Amistad o en el Lago de Itaipú, buscando restar la presencia de “sacoleiros” o turistas brasileños en los comercios de Ciudad del Este o Salto del Guairá. Es decir, se ataca al comercio legal, pero se deja intacto o se estimula aun más el comercio ilegal.
Batalla política o diplomática de David contra Goliath. Nada incomoda tanto a Itamaraty como el clamor paraguayo de que se renegocie el leonino Tratado de Itaipú. Lula ya ha ofrecido de todo: construir el segundo puente sobre el Paraná, pagar la nueva línea de transmisión para la Ande, ahora incluso plantea triplicar el pago por la energía… siempre y cuando no se toque el sacrosanto acuerdo firmado por el dictador Stroessner en favor de la dictadura brasileña.
Se pueden cuestionar muchas cosas al Gobierno de Fernando Lugo, pero su indoblegable insistencia en levantar la bandera de la renegociación de Itaipú es una causa que devuelve dignidad y orgullo a todos los paraguayos. Y el Brasil sería mucho más respetado si reconociere este justo reclamo, antes que amenazar con ejércitos armados o aviones espías en la frontera.