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viernes, 24 de julio de 2009

Chake avión espía


El avioncito tiene solo diez metros de largo y puede mantenerse más de 20 horas en el aire. No lleva a ningún ser humano a bordo, pues es operado a control remoto por un sistema de datos satelitales de GPS y servomecanismos computarizados. Aún a gran altura, sus potentes cámaras pueden captar desde rostros de personas hasta registros de placas de vehículos. Dispone de binoculares infrarrojos para visión nocturna y capacidad de operar en medio de lluvias o tormentas.
Su nombre en inglés es UAV (Unmanned Aerial Vehicle). En portugués y castellano es VANT (Vehículo Aéreo No Tripulado). La Policía Federal Brasileña es la primera fuerza policial del mundo que incorpora tres de estos aviones robots espías, del modelo Heron, adquiridos a la Israel Aircraft Industries.
El primero de ellos, que empezará a volar oficialmente este lunes desde el aeródromo de San Miguel del Yguazú, a 40 kilómetros del Puente de la Amistad, tendrá como misión “fiscalizar la extensa frontera del Lago de Itaipú, colaborando para la identificación de puertos y embarcaciones clandestinas, así como depósitos y rutas utilizadas por contrabandistas y traficantes que operan desde el Paraguay”, según la prensa brasileña.
Tanta importancia le da el Brasil a su nuevo juguete bélico, que el propio ministro de Defensa, Nelson Jobin, y el de Justicia, Tarso Genro, estarán en el acto de lanzamiento, en un momento en que la frontera paraguayo-brasileña vive una etapa de tensas relaciones, debido al cerco militar instalado al otro lado del río por los comandos de la Fuerza Alfa y al endurecimiento de controles aduaneros de la Receita Federal, por cuyo efecto las ventas a turistas brasileños en ciudades fronterizas paraguayas han caído en un 80%.
Las autoridades del vecino país aseguran que el avioncito espía solo patrullará su lado de la frontera, y seguramente hay que creerles. Pero ya se sabe que los hermanos “rapaiz” suelen ser algo distraídos, y más de una vez han ingresado con helicóptero y todo a patrullar los barrios de Ciudad del Este, o se han dado alegres paseos con sus tanques militares por territorio paraguayo en la región de Canindeyú.
Como carecemos de radares para detectarlo, no debería sorprendernos que al avioncito espía se le ocurra dar alguna vueltita por cielos guaraníes y capte sin querer algunas escenas poco favorables para la dignidad nacional, como las escapadas motoqueiras del presidente Fernando Lugo, las timbeadas políticas del senador Calé Galaverna, las reuniones populares del gobernador Pakova Ledesma o las dicharacheras fiestas del ex casi embajador Armando Espínola. ¡Chake…!

sábado, 18 de julio de 2009

La guerra de Itaipú


¡Caramba, que coincidencia!, diría Les Luthiers. A pocos días de la reunión entre el presidente brasileño Lula da Silva y su colega Fernando Lugo, para discutir el reclamo paraguayo de renegociar el Tratado de Itaipú, el Brasil despliega a orillas del río Paraná una tropa de combate de la Policía Militar, con helicópteros y lanchas artilladas, y exhibe su nuevo avión-robot VANT, que tendrá como principal misión espiar al Paraguay.
Los “rambos verde-amarelos” de la Fuerza Alfa se presentan con la excusa de declarar la guerra al tráfico ilegal en la frontera. Brasil insiste en que el incesante paso de mercaderías de contrabando, armas y drogas, es culpa del Paraguay, lo cual es una gran mentira. ¿Acaso las lanchas, canoas y balsas que zarpan desde costas paraguayas, se evaporan en el aire al cruzar la mitad del río?
A cada puerto clandestino del lado paraguayo le corresponde otro en la costa brasileña. Con la tecnología y la fuerza operativa de que disponen, Brasil podría destruirlos en un solo día, pero no lo hace, porque gran parte de la población de Foz de Yguazú, Guaíra o Mundo Novo vive de la economía informal del tráfico fronterizo, y cualquier corte brusco producirá graves efectos recesivos.
Pero como necesita ejercer presión política ante la insistencia paraguaya, a cada rato inventa operativos militares o fiscales en el Puente de la Amistad o en el Lago de Itaipú, buscando restar la presencia de “sacoleiros” o turistas brasileños en los comercios de Ciudad del Este o Salto del Guairá. Es decir, se ataca al comercio legal, pero se deja intacto o se estimula aun más el comercio ilegal.
Batalla política o diplomática de David contra Goliath. Nada incomoda tanto a Itamaraty como el clamor paraguayo de que se renegocie el leonino Tratado de Itaipú. Lula ya ha ofrecido de todo: construir el segundo puente sobre el Paraná, pagar la nueva línea de transmisión para la Ande, ahora incluso plantea triplicar el pago por la energía… siempre y cuando no se toque el sacrosanto acuerdo firmado por el dictador Stroessner en favor de la dictadura brasileña.
Se pueden cuestionar muchas cosas al Gobierno de Fernando Lugo, pero su indoblegable insistencia en levantar la bandera de la renegociación de Itaipú es una causa que devuelve dignidad y orgullo a todos los paraguayos. Y el Brasil sería mucho más respetado si reconociere este justo reclamo, antes que amenazar con ejércitos armados o aviones espías en la frontera.

viernes, 10 de julio de 2009

El Puente de la Enemistad


Para quien llega desde Foz de Yguazú (Brasil) a Ciudad del Este (Paraguay), cruzar la frontera por el Puente de la Amistad, sobre el río Paraná, es relativamente fácil.
El tránsito es rápido, el paisaje es lindo, y en el lado paraguayo hay un panorama caótico pero fluido: edificios en reparaciones, aduaneros que no hacen revisiones molestas (a no ser que usted traiga algún cargamento visible, en cuyo caso tal vez le pidan coima para agilizar el paso), y hasta una nueva Policía de Turismo que ayuda con sus orientaciones.
Si usted realiza el mismo cruce en sentido contrario, del Paraguay al Brasil, tendrá inconvenientes: largas y exasperantes colas, en las que permanecerá atrapado por varias horas hasta alcanzar la Aduana brasileña, donde funcionarios de la Receita Federal revisan lenta y minuciosamente las mercaderías adquiridas por los “sacoleiros”. De los seis carriles instalados para el paso de vehículos, normalmente funcionan dos, y a veces uno solo, como si deliberadamente quisieran que el cruce sea un verdadero calvario, y a todo brasileño se le quiten las ganas de venir a hacer compras en el Paraguay.
Ahora, esta situación se agravará mucho más. Desde el 1 de agosto, cada una de las aproximadamente 25.000 personas que cruzan diariamente el Puente de la Amistad, tendrá que registrar su ingreso a territorio brasileño, al igual que la salida. Con la infraestructura actual, significará colapsar totalmente el mayor flujo de cruce fronterizo del Cono Sur.
Brasil tiene todo el derecho a ejercer controles, pero es inevitable ver en esta medida otro intento de Itamaraty para asfixiar al comercio de Ciudad del Este, defendiendo intereses de otros grupos económicos, como los que abastecen el tráfico comercial desde la zona franca de Manaos.
No es cierto que sea una acción a favor de la legalidad, pues cuando más trabas se crean en el Puente, más surgen las peligrosas rutas alternativas, como los puertos clandestinos para el contrabando a orillas del río Paraná y el Lago de Itaipú, cuya existencia el Brasil abiertamente conoce, tolera y estimula (a cada muelle pirata del lado paraguayo hay un equivalente en el lado brasileño).
Es llamativo el silencio o la indiferencia del Gobierno paraguayo. Ciudad del Este, que aporta 500 millones de dólares anuales al fisco, queda solitariamente librada a su suerte ante un nuevo ataque en esto que ya tendría que llamarse Puente de la Enemistad, como si no existiera nuestra Cancillería, ni los foros del Mercosur. ¿Será un castigo político a gobiernos locales de signo partidario diferente, o tan solo otra muestra de la ineficacia o la indolencia del actual Gabinete?