lunes, 26 de enero de 2009

La historia del EPP (1): Una banda armada con entrenamiento guerrillero


En 1997, siete ex seminaristas y activistas sociales decidieron iniciar la lucha armada e intentaron robar un banco en Choré para reunir fondos. Fueron descubiertos y encarcelados, pero la ruta de sangre y pólvora ya estaba trazada.

Por Andrés Colmán Gutiérrez 

-¡Quieto…! ¡Manos arriba! ¡Policía…! –gritó el jefe de la Comisaría de Choré, Álvaro Ramírez, apuntando su revólver al interior de la vivienda, mientras dos de los oficiales abrían la puerta con un fuerte empujón.

Adentro se hallaba una mujer en estado de embarazo, quien “intentó agredir a puñaladas con una tijera al personal interviniente”, según el parte policial. Los hombres la rodearon y le sacaron el objeto cortante. La identificaron como Carmen María Villalba Ayala.

En otra habitación estaba un hombre junto a la boca de un enorme túnel cavado en el piso. “Se apoderó de una escopeta pajera, trató de cerrojar o cargar a fin de disparar a los intervinientes, oportunidad en que los oficiales Giménez, Simiano y Guillén se tomaron de la escopeta, neutralizando la acción”, narra el comisario Ramírez. La identidad del hombre fue confirmada como Alcides Oviedo Brítez.

Desde el fondo del patio, un soldadito dio la alarma con un disparo de fusil al aire.

-¡Chake…! ¡O dispará hikuái…!

Cuatro hombres acababan de salir corriendo por detrás. Los policías salieron en su persecución. Tras un intercambio de disparos, tres fueron capturados: Lucio Silva, Francisco Lezcano Espínola y Pedro Maciel Cardozo. El cuarto logró escapar y nunca se supo su identidad. Antes, otro había sido arrestado cerca del cementerio local. Su nombre: Gilberto Chamil Setrini Cardozo.

INTENTO DE ROBO. Era el 15 de diciembre de 1997, al mediodía. La noticia sacudió a la apacible localidad de Choré, en el desgarrado San Pedro. Acababan de descubrir que la amable vecina Carmen Villalba, a quien veían tejer en el patio de la vivienda que un mes antes habían alquilado con su marido Alcides Oviedo, frente a la sucursal del Banco Nacional de Fomento, integraba una banda que estaba cavando un túnel para robar el local bancario.

El pozo, que iniciaba dentro de la vivienda y se encaminaba hacia la bóveda, ya tenía 60 metros de largo, 1,75 de diámetro, con caños conectados a un extractor de aire y reflectores. Los seis fueron condenados a 3 años y 3 meses de cárcel, y salieron en libertad condicional en el 2000. Sus nombres volverían a sonar en enero de 2002, cuando la Fiscalía acusó a los miembros de “la banda de Choré” de estar involucrados en el secuestro de María Edith de Debernardi.

Lo que nadie imaginaba el ardiente mediodía de diciembre de 1997, en Choré, es que esa primera acción delictiva ya encubría el proyecto de iniciar un peculiar estilo de lucha armada, que diez años más tarde tomaría la forma de un grupo autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).

ACTIVISMO ECLESIAL. Un denominador común une a los fundadores del grupo armado: casi todos despertaron al activismo social y político dentro de la Iglesia Católica paraguaya.

Alcides Oviedo, actualmente preso y condenado por el secuestro de María Edith de Debernardi, a quien los miembros del EPP consideran su “comandante en jefe”, nació en Capitán Meza, Itapúa, en 1969, en el seno de una modesta y numerosa familia de diez hermanos. Su padre había muerto asesinado en la cárcel.

A la edad de 12 años ingresó al Seminario de Encarnación, donde se hizo amigo de otros dos jóvenes campesinos: Gilberto Setrini y Pedro Maciel Cardozo, oriundos de San Pedrito, General Delgado. “Éramos muy inquietos, los tres. Nos íbamos a los asentamientos a predicar la biblia, pero veíamos la gran pobreza que había, y eso nos conmovió” cuenta Maciel Cardozo, quien se  separó del grupo luego del frustrado robo al banco de Choré.

EL MARXISMO. En 1990 son trasladados al Seminario Mayor de Asunción para cursar Teología y prepararse a ser sacerdotes. Sus inquietudes sociales los llevan a profundizar lecturas identificadas con el marxismo, como la obra de los teólogos de la liberación. También contactan con activistas sociales y de izquierda, entre ellos a Juan Arrom, líder del partido Patria Libre, quien estudiaba una materia en el Instituto de Teología y se convierte en compañero de aula de los tres itapuenses.

Sus ideas radicales causan conflictos internos y en 1992 ocho seminaristas son expulsados, acusados de “comunistas”. Alcides Oviedo, Gilberto Setrini, Pedro Maciel y Raúl Araujo acuden junto al entonces auxiliar de la Arquidiócesis, el obispo Jorge Livieres Bank, a quien piden ayuda para continuar sus estudios.

“Vinieron a decirme que el Seminario no estaba abierto a las necesidades del pueblo y hablaban de reivindicar los valores del marxismo. Creo que ya no estaban en una actitud de fe. Se politizaron a través del contacto con Juan Arrom y otros compañeros de este, que militaban en la izquierda y frecuentaban el seminario”, corrobora monseñor Livieres, hoy obispo emérito de Itapúa.

Los jóvenes ex seminaristas forman el Movimiento Monseñor Oscar Romero para “impulsar la conciencia a favor de la revolución”, a cuyas filas se unen dos chicas ex catequistas llegadas desde Concepción: Carmen y Rosa Villalba. La política se mezcla con el amor: Alcides Oviedo se casa con Carmen y Gilberto Setrini se une sentimentalmente con Rosa.

“UN TRABAJO”. En 1997, Oviedo y Setrini visitan a Pedro Maciel Cardozo, quien trabajaba en una heladería de Asunción y le proponen realizar “un trabajo social en el interior”, sin darle muchos detalles.

El ex seminarista los acompaña hasta Choré, donde se entera que el plan consistía en cavar un túnel para robar el banco y recaudar fondos para “hacer la revolución”. Allí conoce a otros nuevos miembros del grupo: Lucio Silva y Francisco Lezcano, campesinos del asentamiento Cororo’i, San Pedro.

Maciel Cardozo no lo dice expresamente, pero el plan de iniciar un grupo armado de corte guerrillero, dispuesto a recabar fondos a través de robos y secuestros, ya estaba en plena gestación.

Próxima entrega: Relaciones peligrosas, contacto y entrenamiento con el Frente Manuel Rodríguez y las FARC.

lunes, 5 de enero de 2009

Algo pasa en el Norte

Foto: Escombros de la Comisaría Policial de Huguá Ñandú, Concepción, atacada e incendiada por miembros del EPP el 18 de abril de 2006.

Hay quienes ríen cuando se habla de un peculiar grupo guerrillero que desde hace años realiza esporádicas acciones armadas en Concepción  y San Pedro. Pero a cada tanto sus huellas se imprimen a fuego en las portadas de los medios de comunicación, como en el primer día de este 2009.

A la manera del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), que el 1 de enero de 1994 salió a luz, atacando guarniciones militares en el Sureste mexicano, la columna de hombres armados que se hace llamar Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) escogió la noche de Año Nuevo para asaltar y quemar un destacamento militar en Tacuatí. La misma fecha en que se celebró los 50 años del triunfo de la revolución cubana.

Si las vinculaciones se comprueban, es el mismo grupo que el 18 de abril de 2006 atacó e incendió la comisaría policial de Huguá Ñandú, en Concepción. Entonces, el “comandante Alexander”, -identificado por un presunto ex miembro como Osvaldo Villalba, acusado de estar implicado en el secuestro y asesinato de Cecilia Cubas-, le gritó al suboficial de policía Leonardo Cabrera: “¡Decile a tu Nicanor que apenas estamos empezando!”.

El 12 de marzo de 2008 atacaron la estancia del sojero brasileño Naborth Boht, en Curusú de Hierro. Incendiaron un camión, dos tractores, una cosechadora. Dejaron panfletos y pinturas que decían: “Comando Germán Aguayo del Ejercito del Pueblo Paraguayo (EPP). Tierra a los campesinos paraguayos. Quienes matan al pueblo con agrotóxicos pagarán de esta manera”.

En agosto de 2008 se los vinculó con el secuestro del ganadero Luis Lindstron, ex intendente de Tacuatí. Desde la cárcel, la procesada Carmen Villalba explicó que el EPP es “una organización revolucionaria político militar” con un nacionalismo inspirado en Francia y el Mariscal López.

Como siempre, hubo sonrisas escépticas: ¿Guerrilleros en el Paraguay, en pleno Siglo Veintiuno? Suena a novela de ficción, a realismo mágico, a teleserie tercermundista. Pero los disparos siguen sonando, los secuestros continúan, los escombros de locales policiales-militares y establecimientos productivos siguen ardiendo…

Era lógico que consideren enemigo al gobierno “explotador y antiimperialista” de Nicanor Duarte Frutos, pero llama la atención que sigan alzados en armas contra el actual gobierno de Fernando Lugo, identificado con sectores de izquierda.

Algo pasa en el Norte paraguayo, secular territorio del olvido y la pobreza. El Ejecutivo insiste en que son delincuentes comunes. La Fiscalía los considera secuestradores prófugos. Pero son mucho más que eso, ya que tienen un evidente entrenamiento insurreccional, un discurso político radical, un aparente apoyo de bases campesinas y una habilidad en moverse sin haber sido detectados hasta ahora por las fuerzas de seguridad. Encarar contra ellos una respuesta puramente represiva no será suficiente, ni acaso lo más acertado.

 

viernes, 26 de diciembre de 2008

En busca de las buenas noticias perdidas

El anterior presidente paraguayo, Nicanor Duarte Frutos, intentó tener su propio canal de televisión y su propio periódico de “noticias positivas”, pero apenas llego a sacar dos ediciones. Parece que las noticias se le acabaron muy pronto.

El actual mandatario, Fernando Lugo, ya publicó en estos días el primer ejemplar de su propio periódico y ahora anuncia la construcción de una agencia estatal de noticias en internet.

"Es un portal que pretende traer información general, pero no del formato de la propaganda o de la información oficial sino desde el formato y el estándar de cualquier portal periodístico”, explicó Augusto dos Santos, ministro de Información.

El detalle de que el proyecto está vinculado a la agencia informativa estatal Telam, de Argentina, cuyos asesores colaborarán en el proceso de estructuración, del 6 al 18 de enero, causó roncha entre varios colegas blogueros del periodismo argentino.

El influyente Dario Gallo, ex editor de la revista Noticias y actual editor de Perfil.Com le da con un hacha al proyecto desde su Bloc de Periodista. Lo mismo hace el correntino Gonzalo Peltzer, ex vice-director de Última Hora de Asunción y actual director de El Territorio de Posadas, en su blog Paper Papers.

“Los paraguayos van de mal en peor si van a ser asesorados por la agencia de noticias que dirige el ex Página12 Martín Granovsky. Télam es la imagen decadente de una organización periodística reducida a órgano oficial” escribe Gallo.

Y Peltzer, que muy bien conoce la realidad paraguaya, agrega: “Poder y periodismo no casan. Para colmo han elegido a Télam para que los asesore. Télam maneja -manipula- la información oficial, censura a sus propios periodistas y distribuye y paga (cuando quiere) la publicidad del gobierno nacional que mendiga gran parte de la prensa argentina”.

Habrá que ver como viene la mano. Algún punto a favor hay que darle a Augusto Dos Santos, un periodista que hasta ahora se destacó por su honestidad intelectual, su solvencia moral y gran profesionalismo.

Pero uno tiene ganas de preguntar: en vez de gastar en agencias y periódicos “buena onda”, ¿no sería más efectivo y barato que el Gobierno mejore su política de comunicación al relacionarse con los medios?

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Preguntas en Navidad

¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma? (Mateo, 16:26).

¿De qué sirve llenar la casa, los árboles, la ciudad entera, de luces doradas y resplandecientes… cuando el alma permanece a oscuras?

¿De qué sirven tantos árboles de plástico importado con nieves de algodón, tantos muñecos barbudos ridículamente vestidos con abrigos de lana en medio del calor infernal… cuando bastan "dos trocitos de madera" para techar el mágico pesebre?

¿De qué sirve atropellarse en los shoppings en busca de regalos... cuando lo que falta es un gesto verdaderamente solidario, una acción de caridad humana y cristiana que nazca desde lo profundo del corazón, para darle real sentido a la Navidad?

¿De qué sirve gastar tanto dinero en fiestas, manjares, bebidas, adornos, show, luces, música... si el niño Dios -cuyo cumpleaños celebramos- eligió todo lo contrario: nacer en un humilde establo de animales y vivir su vida en la mayor austeridad?

¿De qué sirve el infernal estruendo de las bombas y los petardos, el vértigo de la velocidad por las calles, el volumen de la cachaca o el reguetón- al máximo… si todo eso no alcanza a llenar el vacío interior?

¿De qué sirve inundar el correo con bellas y coloridas tarjetas navideñas, con esplendorosos mensajes que reproducen los mejores deseos impresos en tinta brillante… si todo lo que allí dice nunca lo ponemos en práctica?

¿De qué sirve regalar un pan dulce o una sidra en esta Navidad… si vamos a olvidarnos por el resto del año de quienes nada tienen para comer y para beber?

A pesar de todo… y porque a cada instante que transcurre se nos brinda la oportunidad de ser siempre mejores...

¡FELIZ NAVIDAD… Y UN MÁGICO 2009!

sábado, 13 de diciembre de 2008

Movilizaciones que paralizan

Desde hace algunos meses, cada vez que llego desde Ciudad del Este a Asunción y trato de acercarme a la Redacción de Última Hora en el microcentro, me quedo atrapado durante largo tiempo en el caos del tráfico embotellado, a causa de alguna manifestación social de protesta.
-¡Ey…! ¿Qué diablos pasa?...
-¡No se puede pasar! ¡Hay una manifestación de sin techos que cierra toda la calle…!
-¡Nde… que macana! ¿Y ahora, cómo cuernos llego a la oficina…?
Gritos. Ruido de motores y bocinas. Largas colas de ómnibus y automóviles trancados. Histeria e indignación colectiva. Consignas y batucadas de fondo. Y calor… siempre mucho calor.
Un día son los pobladores sin techos. Otro día, los campesinos sin tierra. Otro día, los docentes sin aumento. Otro día, los asuncenos ya casi sin cerro. Dentro de poco, los productores sin esperanzas pero con tractores.
Las marchas y manifestaciones sociales se han vuelto un espectáculo permanente en el paisaje urbano de una Asunción colapsada por el exceso de vehículos y multitudes en sus viejas calles estrechas. Prácticamente no pasa un día sin que algún sector social o político decida ejercer su derecho a manifestar sus reclamos ante las autoridades, sin importarle mucho si de paso se viola el derecho de terceros a circular libremente y llegar a tiempo al lugar de trabajo, o a donde sea.
Movilizarse está bien. Es signo de rebeldía y organización social. Es la mejor demostración de que hay una ciudadanía activa y dinámica, que se resiste a la pasividad y el conformismo ante un sistema de injusticia. Pero así como hay cierres de rutas o de calles que abren el camino… también hay movilizaciones que paralizan.
La crónica social y política del Paraguay refleja la identidad de un pueblo moviéndose constantemente en busca de sus mejores utopías. Desde las peregrinaciones guaraníes en busca del yvy marane’y, la tierra sin mal, hasta la conquista electoral del 20 de abril de 2008, hay una rica y larga historia de colectividades en marcha, en busca del país soñado.
Pero cuando se produce un gran exceso de marchas de protesta, en muchos casos con objetivos y reclamos poco claros o escasamente realistas, imponiendo el derecho de unos sobre el derecho de otros, cercenando arbitrariamente las mejores horas laborales y productivas de un gran sector de la ciudadanía, la movilización deja de ser revolucionaria para volverse totalitaria, paralizando y ocasionando graves perjuicios al mismo país que los marchantes y manifestantes dicen representar.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

La mejor tapa sobre Obama

Dirán que no cambia nada, pero sin embargo cambia todo. Que un hombre de la raza negra, o afro-americano como dicen los políticamente correctos, llegue a la presidencia de los Estados Unidos, es un hecho que emociona, aunque ese hombre sea Barak Obama, y aunque el sistema político imperialista y neoliberal no se modifique mucho, aunque habrá que ver, ¿no?.
Y entre las cientas de portadas que todos los periódicos del mundo han dedicado a la noticia del día, de lejos, pero lejos, gana esta que ha hecho El Periódico, de Cataluña, y que además es un bello homenaje al querido Martín Luther King.

lunes, 3 de noviembre de 2008

La telenovela presidencial


En medio de nuevos y furiosos estallidos de la antigua crisis agraria, y de numerosos robos, asaltos y dramáticos casos de inseguridad ciudadana, esta semana se han conocido más episodios de la ya clásica y gastada telenovela política que podría titularse: “La guerra de los Lugo-Franco”, o “Los amores y desamores entre el presidente y el vicepresidente de la República”.
Hay quienes creen que por alguna secreta y misteriosa maldición guaraní, los líderes políticos electos para cumplir la función de gobernar y vice-gobernar el Paraguay están definitivamente condenados a odiarse, a boicotearse mutuamente, a hacer todo lo contrario de lo que les manda y les exige la Constitución Nacional.
La historia reciente del país ofrece demasiados ejemplos y casi ninguna excepción. Desde la caída de la dictadura y la restauración de la función vice-presidencial en la Constitución de 1992, cada ciudadano electo para el cargo ha terminado cumpliendo no solo el rol de mediático “florero” que le asigna el folklore popular, sino de declarado enemigo político de su presidente.
¿Se acuerdan de Juan Carlos Wasmosy y Ángel Roberto Seifart, que al ser electos en 1993 prometieron “adelantar el país 50 años en 5 años”? No solo no cumplieron, sino se pasaron el periodo presidencial lanzándose proyectiles de alto calibre y acabaron como adversarios irreconciliables.
La dupla formada por Raúl Cubas Grau y Luis María Argaña ya nació conflictiva y acabó de manera trágica con el asesinato del vicepresidente en marzo de 1999, que arrastró a la caída de Cubas y a su sombra detrás del trono, el ex general Lino Oviedo, tras los sucesos del Marzo Paraguayo. Sus sucesores, el colorado Luis Angel González Macchi y el liberal Julio Cesar “Yoyito” Franco (el primero designado, el segundo electo) resultaron aun más patéticos en su inoperancia y enemistad.
La última versión colorada, Nicanor Duarte Frutos y Luis Alberto Castiglioni, también acabaron como perros y gatos, arrastrando consigo la derrota electoral de la ANR, tras 61 años en el poder.
Se esperaba que los héroes del cambio electoral, Fernando Lugo y Federico Franco, representen un estilo diferente de gobernar: En armonía, cooperación institucional y madurez. Pero desde el inicio se mostraron prisioneros de la misma red de intrigas y ambiciones de poder, protagonizando lamentables escenas de celos e inquinas palaciegas, más apropiados para el programa chismográfico “Teleshow” que para la gran crónica política, y que a esta altura nos tienen “hartos ya de estar hartos”, como diría el cantautor Joan Manuel Serrat.
Señor presidente, señor vicepresidente: ¿Podrían dejar de pisarse la manguera y las sábanas mutuamente, y ponerse a trabajar juntos de una vez, ante los graves problemas que aquejan al país?

lunes, 27 de octubre de 2008

Operación Ausencia


Me lo preguntó un periodista de la red televisiva SBT, en Foz de Yguazú, el día en que los militares brasileños de la Operación Fronteira Sul II empezaron a destruir los puertos clandestinos de contrabando en la margen izquierda del río Paraná y del Lago de Itaipú. El colega requirió, textualmente, en portugués: “¿Y dónde están los militares paraguayos? ¿Por qué no hacen lo mismo y destruyen también los puertos clandestinos que están en la orilla paraguaya?”.
Tuve que sonreír, incómodo. ¿Cómo decirle, cómo contarle…?
Allí estábamos, informando del mediático show bélico montado por las Fuerzas Armadas brasileñas, que interpretábamos como una demostración de poder sub-imperialista ante los reclamos de renegociación del tratado de Itaipú y las invasiones de propiedades de colonos brasiguayos… pero tampoco podíamos dejar de sentir una contradictoria sensación de vergüenza ajena ante la decidida acción de combate contra la ilegalidad fronteriza que demostraban los rambos verde-amarelos.
En una reunión “of the record”, un oficial llegó a exhibir un mapa con fotos aéreas captadas por un avión robot (no tripulado, manejado a control remoto), que con cámaras “ojos de águila” y lentes infrarrojas había permitido relevar también los muelles piratas del lado paraguayo.
Los brasileños tienen marcados en rojo más de 300 lugares por donde se embarcan las balsas y lanchas deslizadoras, especialmente en horas de la noche, tanto en las áreas de reserva ambiental a cargo de la entidad binacional Itaipú, como en las mismas costas de los barrios San Rafael, San Miguel y Remansito en Ciudad del Este, algunos a menos de mil metros de las sedes de Aduana y Puertos, y de la Base Naval de la Armada Paraguaya.
Es un esquema de crimen organizado y tráfico ilegal de mercaderías, drogas, armas y hasta personas, que mueve millones de dólares al día, que sobrevive intacto desde hace décadas, y que ha sido revelado en detalle por una serie de reportajes investigativos que Última Hora publicó en junio y julio pasado. Hasta ahora, las nuevas autoridades designadas por el gobierno de Fernando Lugo –que en discursos pregonan acabar con la corrupción– no han hecho absolutamente nada por cortar la actividad ilícita.
Ni el nuevo director paraguayo de Itaipú, Carlos Mateo Balmelli, ha intervenido para clausurar los muelles ilegales que operan en su territorio, ni los nuevos jefes de Aduanas y Puertos han hecho nada por erradicar el tráfico ilegal que sigue operando a la noche, frente a sus narices. Y los militares de la Armada, que han sido sorprendidos por Última Hora actuando como cómplices de los contrabandistas, en lugar de combatir el tráfico, lo siguen protegiendo. ¿Operación Ausencia?

viernes, 24 de octubre de 2008

Juegos de guerra en la frontera


Dicen que no… pero sí. Que es solo un operativo militar de rutina y no hay ninguna intención de perjudicarnos, pero cierran el otro extremo de nuestro Puente de la Amistad con tanques de guerra y soldados pintarrajeados como rambos verde-amarelos, cubren nuestro cielo fronterizo de helicópteros artillados con ametralladoras y lanzacohetes, llenan las aguas de nuestro río con lanchas torpederas… al punto en que uno se pregunta si acaso no será mejor cambiarle de una vez el nombre a ese viejo y rebasado puente.
Dicen que no hay demostración de fuerza contra el Paraguay, pero… ¿qué turista o comprista se atreve a cruzar ese bélico escenario que emula a Bagdad o a Sarajevo? ¿Cómo seguir siendo laranja o sacoleiro frente a los cañones de un Cascavel o un Urutú apuntando al corazón del comercio de Ciudad del Este?
Dicen que los militares brasileños de la Operación Frontera Sul II solo están combatiendo la ilegalidad, y que los paraguayos no hacemos nuestra parte al permitir que centenares de puertos clandestinos habilitados para el contrabando y todo tipo de tráfico en la ribera del Paraná y el Lago de Itaipú sigan operando impunemente… y probablemente tengan toda la razón, pero… ¿entonces por qué ellos han metido en la congeladora política de su Parlamento el proyecto del Régimen de Tributo Unificado (RTU), o Ley de los Sacoleiros, impidiendo legalizar en gran medida al contrabando doméstico que da vida a tantos hijos de la frontera?
Es cierto que hay grupos radicalizados de campesinos que invaden propiedades brasiguayas y murallas humanas que impiden la siembra de soja, causando gran perjuicio no solo a los productores, sino a la propia economía del país. Es cierto que aflora una reprochable xenofobia contra los inmigrantes brasileños en un sector de la dirigencia campesina. Y que el Gobierno de Fernando Lugo asume actitudes vacilantes y ambiguas para aplicar la Ley.
Pero también es cierto que hay criminales excesos en la deforestación incontrolada y la agresión al medio ambiente para expandir la frontera agrícola mecanizada por parte de los Tranquilo Favero y compañía. Hay imposición de un modelo agroexportador y abuso de productos agrotóxicos que envenenan a comunidades campesinas e indígenas. Hay una antigua deuda social interna que sigue esperando, más allá de las buenas intenciones del actual Gobierno.
Esta realidad lacerante exige del Brasil su abierta solidaridad, más que sub-imperialistas juegos de guerra en la frontera. Y si los “irmaos” están dolidos por los reclamos sobre Itaipú, o por su última gran derrota ante la gloriosa albirroja… que la revancha sea en el campo del fútbol y nunca de las armas.

lunes, 13 de octubre de 2008

Periodismo itaiputizado


"¿Qué tiene de malo que Itaipú y Yacyretá les paguen a los medios y a los periodistas por hacer publicidad en sus espacios?", pregunta Miriam, alumna de periodismo, vía correo electrónico. Ella está preocupada porque Última Hora y ABC vienen publicando las listas (todavía incompletas) de comunicadores y empresas que durante el gobierno de Nicanor Duarte Frutos recibieron decenas de millones de dólares por pautas publicitarias desde las dos entidades binacionales. Piensa que en la divulgación hay "cierta maldad" e intención de "quemar" a algunos colegas.


Quiero ser lo más didáctico posible en las respuestas:

1. Itaipú y Yacyretá no tienen ninguna necesidad de hacer publicidad. Las dos entidades ofrecen un producto (la energía eléctrica), que ya tiene un mercado cautivo y no requiere promoción comercial como las bebidas alcohólicas o los cigarrillos. La electricidad se vende sola.

2. No solo derrocharon multimillonarios fondos del dinero del pueblo en campañas que no eran necesarias, sino además otorgaron las pautas publicitarias discrecionalmente, sin transparencia, atentando contra la libre competencia de los medios y distorsionando la función social del periodismo. Radioemisoras con reducido nivel de audiencia, junto a semanarios virtuales o inexistentes páginas web, facturaban diez veces más que un medio de alcance nacional.

3. El generoso reparto de la torta publicitaria tenía dos principales objetivos:

a) Comprar conciencias y acallar (sobornar) a un sector de los periodistas y dueños de medios (¿Por qué será que quienes figuran en la generosa lista nunca dijeron nada del abuso de los fondos sociales para financiar la campaña electoral del nicanorismo, ni de las licitaciones amañadas, ni del escandaloso robo en la Fundación Tesãi?).

b) Obtener a cambio una "buena imagen" de las administraciones y del Gobierno de Nicanor, no como publicidad pagada, sino como mensajes disfrazados de noticias (informes preparados por la agencia Sistema Siete que se pasaban en medio de los noticieros de los canales de tevé, o entrevistadores políticos que hablaban maravillas de Itaipú y Yacyretá en mitad de la charla con sus invitados).

4. Hay una grave distorsión ética cuando es un periodista (y no el promotor publicitario de la empresa) el que negocia y cobra personalmente los avisos para el medio, y se guarda las millonarias comisiones. ¿Es periodista o publicista? ¿Qué independencia o espíritu crítico puede tener, cuando le toca cubrir o procesar una noticia en la que está involucrado el mismo funcionario o político que le paga el aviso?

5. Dar a conocer la lista no es "maldad": es deber informativo. Es superar el falso concepto de solidaridad, o de defensa corporativa, que anida en sectores del gremio periodístico. Y habla muy bien de la independencia de Última Hora que algunos colegas mencionados allí pertenezcan incluso al mismo grupo empresarial de comunicación.

lunes, 11 de agosto de 2008

Así murió el ex dictador Stroessner (1)


Alfredo "Goli" Stroessner trata de huir del asedio de la prensa por una salida lateral del Hospital Santa Luzia, pero le dan alcance. (Foto: A.C.G.)

Gustavo Stroessner y su sobrino Diego Domínguez son descubierto tratando de alejarse del Hospital, donde el ex dictador estaba internado. (Foto: A.C.G).


La primera nota lograda el domingo 13 de agosto y publicada el lunes en portada de Última Hora.

La crónica detrás de la crónica: Revelaciones del enviado de Última Hora y Telefuturo que acompañó la larga agonía del Tiranosaurio, a dos años de su fallecimiento en Brasilia.

Por Andrés Colmán Gutiérrez

Asunción, 12 de agosto de 2006.
Son las 21.50 de una calurosa noche de sábado. Tras una agotadora semana laboral, me dispongo a disfrutar de una agradable velada, en compañía de una querida amiga. Una copa de vino, una rica pizza casera, una amable plática junto a la piscina, cuando suena el teléfono celular.
En el identificador de llamadas salta el nombre luminoso de Oscar Ayala Bogarín, jefe de Redacción de Última Hora. Es casi seguro que no llama para saludar. ¿Qué hago? ¿Atiendo o me hago el ñembotavy?
-¿Hola…?
-Vos tenés siempre listo tu equipaje, ¿verdad? Quiero que estés en el Aeropuerto para las 5 de la mañana.
-¡Noooo…! Mañana ningo es domingo. Necesito quedarme en camita hasta bien tarde. ¿No tenés pio otra víctima…?
-Puedo mandar a otro, pero este tema es para vos. Stroessner está agonizando en un hospital de Brasilia. Una fuente muy cercana me asegura que esta vez no sobrevive. Ya te reservé pasaje en el primer vuelo de Tam.
-¿A qué hora en el Aeropuerto, me dijiste…?
A las 04:15, el chofer del móvil de Última Hora toca la bocina en la puerta. En el Silvio Pettirossi me encuentro con Rufino Recalde, camarógrafo de Telefuturo, quien será mi compañero de viaje. Me entrega los pasajes y viáticos que algún somnoliento administrador tuvo que proveer en medio de madrugada.
-¿Vos conocés Brasilia? Yo nunca antes estuve… –confiesa Rufino, mientras la nave se desliza entre las nubes.
Le digo que sí, que ya estuve en dos ocasiones. La última fue en marzo de 2004, cuando el entonces director de ÚH, Tony Carmona, me envió a relatar el dorado exilio de Stroessner. No pude entrevistarlo, pero alcancé a verlo fugazmente en su auto junto al Lago Paranoá, y logré acceder a invalorables testimonios para reconstruir su vida cotidiana en la Fortaleza de la Soledad.

EL CERCO PERIODÍSTICO. Llegamos a Brasilia después del mediodía. Nos registramos en el Hotel das Naçoes y en seguida abordamos un taxi hasta el Hospital Santa Luzia, en el Sector Hospitalario Sur, donde está internado el ex dictador, según nuestra fuente.
Desde Asunción ya habían realizado consultas telefónicas y el Hospital lo había negado reiteradas veces: No hay ningún paciente con el nombre de Alfredo Stroessner. Para mayor confusión, su nieto homónimo, Alfredo “Goli”, había asegurado a una radioemisora paraguaya que el anciano general se estaba recuperando satisfactoriamente en su residencia particular, fuera de peligro.
En la entrada del Hospital no hay periodistas apostados, ni parientes o amigos conocidos. ¿Habrá sido falso el dato? Le digo a Rufino que guarde su cámara y me espere afuera. Con cara de visitante perdido me acerco a la recepcionista. Una de las ventajas de haber crecido en la región fronteriza de Canindeyú, es haber aprendido a hablar bien el portugués. Pregunto “¿Aonde fica a Unidade de Cuidados Intensivos?”, y ella me indica un largo pasillo.
Al final, una puerta cerrada y protegida celosamente por dos hombres de traje negro. Imposible pasar. Al lado, un escritorio y otra recepcionista. Morocha simpática, muy bella. Me acerco. Esta vez hablo en español. Le digo que acabo de llegar del Paraguay y busco a un “conocido” que está internado allí.
-¡Nao se pode pasar…! –me avisa-. ¿Cómo chama o paciente que vocé procura?
-Stroessner. Alfredo Stroessner.
Ella escribe en la computadora. El nombre no le resulta extraño. Algo sale en la pantalla que no alcanzo a ver.
-¿Vocé e parente dele…?
-Vengo del Paraguay, quisiera verlo o hablar con alguien de la familia, por favor… -le ruego.
-Vocé me aguarda un momentiño, por favor –dice ella, con una dulce sonrisa, mientras levanta el tubo. Siento que los latidos de mi corazón se detienen.

LA CONFIRMACIÓN. Pasa un largo silencio hasta que alguien, al otro lado del tubo, contesta.
-¡Oi…! ¿O Bestard está…?
La telefonista ha dicho otro nombre, pero a mi me pareció escuchar “Bestard”, y allí surge una confusión. ¿Será el doctor Miguel Angel Bestard, uno de los más cercanos ex colaboradores de Stroessner?
-Tein aquí uma pessoa que veio do Paraguay, para visitar vocês. ¿O que faço? ¿Deixo ele subir...? –pregunta ella.
Yo rezo para que le digan que sí, pero evidentemente la voz al otro lado del tubo dice otra cosa. Ella me mira y me hace un gesto de que me aproxime. Me pasa el teléfono.
-¿Hola…? –oigo una voz masculina, en tono seco pero amable, en un español bien paraguayo.
¿Será Bestard…? Me juego.
-¿Hola…? ¿Doctor Bestard…? –pregunto.
La voz duda un momento.
-Si… ¿usted quién es?
-Soy Andrés Colmán, periodista del diario Última Hora y del canal Telefuturo, acabo de llegar de Asunción. Quisiera conocer el estado de salud en que se encuentra el general Stroessner.
-¡No, no, no…! -se alarma, y deja percibir un tono de enojo, aunque no pierde la cortesía-. Perdone, pero no le puedo dar ninguna información. Con la prensa no podemos hablar. Esto es algo privado, de la familia…
-Entiendo, doctor –le insisto, tratando de que no corte el teléfono-. Le agradezco su amabilidad. Respetamos el dolor de la familia, pero entiendan ustedes de que se trata de la salud de una figura política muy importante en el Paraguay, y es natural que busquemos información.
-Si, si, entiendo… pero no le puedo decir nada más.
-Doctor, ya sabemos que Stroessner está internado aquí, en terapia intensiva, aunque hayan querido negarlo. ¿Nos puede decir cuál es su estado?
-El está bien, está muy bien, pero no le puedo decir nada más. ¡Gracias, y tenga buenos días…! –se despide, tajante, aunque sin cortar.
-¡Gracias, doctor…! –le digo.
Recién entonces escucho que el teléfono hace click.

BESTARD NO ERA BESTARD. Me siento eufórico. He obtenido la confirmación plena de que Stroessner está internado en terapia intensiva, un dato hasta entonces negado a todos los medios. Me despido apurado de la bella telefonista con mi mejor sonrisa. Si tuviera más confianza, le daría un beso.
Son casi las 5 de la tarde. Arrastro a Rufino hasta el estacionamiento y le tomo unas fotos mientras él filma con su cámara la fachada del hospital. Esa será la foto de tapa de la edición de Última Hora del lunes 14 de agosto de 2006, con un gran título que lo dice todo: “Stroessner agoniza”.
Empieza a oscurecer cuando llego al Hotel y me dirigo al Business Center. Hay una turista revisando mails en la única computadora con conexión a internet. Le pongo cara de desesperado, y me dice que ya está por terminar. Me siento y escribo un largo relato, que lleva como antetítulo genérico: “El ocaso del general”. Perdón, maestro Gabo.
Transcribo textualmente mi odisea y mi conversación con el supuesto “doctor Bestard”. Despacho el texto con las fotos, y después me instalo en la habitación para esperar que me llamen desde el canal para pasar un informe telefónico en Telediario, con Oscar Acosta y Sannie López Garelli.
Cuando finalmente corto el teléfono, ya son casi las diez de la noche en Brasilia. Recién entonces descubrimos que estamos muertos de hambre, que no hemos comido casi nada desde el desayuno en el avión, a media mañana. Salimos a la calle y está casi todo cerrado. Los brazilienses duermen temprano, aún más un domingo.
En una esquina, una “chopería” congrega a los últimos noctámbulos. Allí vamos: una ronda de “cervejiña” con casquiñas de sirí. ¡Ah, que delicia! Y un brindis por el primer éxito periodístico.
Lo que no sabía entonces, y lo supe solo dos días después, cuando hablé con una persona muy allegada a la familia Stroessner, era que “el doctor Bestard” no era el doctor Bestard. “Nunca estuvo ningún Bestard en el hospital. El único que estaba allí, esa tarde, aparte de los médicos y enfermeras, era el propio coronel Gustavo Stroessner”, me aseguró la fuente. Y luego me dio la estocada más dolorosa: “¡Vos hablaste personalmente con Gustavo, y no te diste cuenta!”.
Claro. La telefonista había dicho “Gustavo”, pero por su cerrado acento, yo entendí “Bestard”. El coronel solo me había seguido el apunte, aprovechándose de mi confusión. ¡Si hubiera sabido que estaba entrevistando al mismo Gustavo Strossner, el tono de esa primera nota hubiera sido muy diferente!

Lea en la próxima entrega: El gran Rubio, reducido a un alfeñique de 45 kilos.

martes, 5 de agosto de 2008

El delito de ser brasiguayo


Hay algo de peligroso y preocupante en la renovada campaña "antibrasileña" que impulsan algunos dirigentes de organizaciones campesinas, como el inefable Elvio Benítez, de la Coordinadora de Lucha por la Defensa de la Soberanía, de San Pedro.
Desde aquella mediática quema de una bandera "verde amarela" durante un acto público en Santa Rosa del Aguaray, en mayo pasado, frente a la propiedad del productor Ulises Teixeira, hasta las recientes amenazas de ocupar tierras de varios inmigrantes en el segundo departamento, con agresivas pancartas que rezan "¡Fuera brasileños!", ha ido resurgiendo un discurso que denota actitudes de xenofobia (odio, repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros), intolerancia y populismo seudonacionalista.
¿Es ahora un delito haber nacido en Brasil y vivir en el Paraguay, hablar con un acento marcado por el portugués? Cuidado: hay demasiadas terribles experiencias acerca de discriminaciones y persecuciones en la historia de la humanidad, solo por haber nacido en otro territorio, por ser y expresarse de modo diferente.
Es cierto que hay irregularidades que envuelven a un sector de los inmigrantes de origen brasileño, pero son exclusiva responsabilidad de las autoridades paraguayas.
Si las mejores tierras fronterizas de Itapúa, Alto Paraná, Canindeyú, Amambay y Alto Paraguay fueron malvendidas a los "fazendeiros", fue culpa de la corrupta dictadura stronista y los sucesivos gobiernos que hipotecaron la soberanía territorial. Si hubo aniquilación de bosques vírgenes y destrucción de recursos naturales para imponer cultivos extensivos de soja, fue por la incapacidad de las autoridades paraguayas en proteger el patrimonio ambiental.
Los brasiguayos no son invasores. Llegaron con el sueño de labrarse un porvenir (como tantos paraguayos van a la Argentina y al Brasil, a España o Estados Unidos). Han fundado prósperas comunidades, como Santa Rita, Naranjal, San Alberto, Santa Fe, Iruña... a las cuales se han ido integrando muchos paraguayos criollos, en un rico proceso multicultural.
Ellos han visto nacer a sus hijos en esta tierra roja y sienten que es su nueva patria. Reclaman un lugar en este nuevo tiempo que el país comienza a caminar.
¿Quién les puede negar ese derecho?

domingo, 27 de julio de 2008

¿Y si esperamos que empiece el partido?


¿No les parece algo esquizofrénico esto de ponerse a calificar o descalificar el rendimiento de los jugadores, mucho antes de que entren a la cancha a disputar el partido?
Fernando Lugo aún no asumió oficialmente el cargo de presidente de la República del Paraguay. No firmó un solo decreto, ni adoptó una sola medida institucional de gobierno. Recién lo podrá hacer desde el 15 de agosto, si es que todo corre como está previsto.
Entonces… ¿por qué estamos ya alzando o bajando el pulgar, como en las graderías de un circo romano? ¿Por qué estamos ya aplaudiendo o condenando su virtual actuación como estadista, si hasta ahora solo está armando su equipo para el gran juego?
Quizás no nos gustan algunos de los jugadores que ha elegido, porque creemos que van a patear con la izquierda, cuando preferimos que lo hagan con la derecha… o viceversa. Pero, ¿qué tal si los dejamos jugar primero, para ver cómo se portan en el campo?
Es muy loco lo que sucede, por ejemplo, con el futuro ministro de Relaciones Exteriores, Alejandro Hamed Franco. Se cuestiona que será un canciller pro-palestino o antisemita, con abierta adhesión a grupos islámicos violentos como Hizbulá o Hamás. Varios dirigentes políticos se rasgaron las vestiduras, hubo indignados editoriales periodísticos, hasta un proyecto de “declaración de preocupación” que el inefable senador Jaegli presentó a la Cámara Alta.
¿Qué hizo hasta ahora el futuro canciller para justificar tanta polémica reacción? Absolutamente nada, porque no lo puede hacer aún. Hasta el 15 de agosto, es solo eso: “futuro” canciller. ¿Qué tal si lo dejamos actuar y vemos sus acciones, para luego calificarlo… o descalificarlo?
Lo que estamos expresando se denomina “prejuicio”. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es la acción y el efecto de realizar un juicio previo, pero también implica sostener una “opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal”.
Es comprensible la tremenda ansiedad colectiva ante el lento correr de las manecillas, rumbo al 15 de agosto. Por primera vez en sesenta años asumirá un gobierno de signo político diferente, y las expectativas de ser protagonistas del cambio son inmensas… igual que el riesgo de sentirnos defraudados.
Pero… ¿qué tal si paramos la pelota en medio del campo y dejamos que empiece primero el partido? La tradición manda que a todo Gobierno se le concedan cien días de gracia, para que demuestre lo que es capaz (o incapaz) de hacer. Después… ya tendremos el pleno derecho de criticar o aplaudir. Como también de participar y ayudar.

viernes, 18 de julio de 2008

Ya... pero no todavía


Ya… pero no todavía. La enigmática frase fue pronunciada por el presidente electo, Fernando Lugo, durante un improvisado discurso en Caricuao, Venezuela, el 18 de junio, cuando comparó los logros del proceso político liderado por el presidente Hugo Chávez con la construcción del “Reino de Dios” en la tierra, “y no en otro mundo después de la muerte”. Un dicho que molestó a los sectores más conservadores de la Iglesia Católica.
Ya… pero no todavía. La pintoresca afirmación podría aplicarse perfectamente a lo que está sucediendo en el Paraguay, en esta especie de purgatorio o limbo político-económico-social, en que hay un Gobierno que en la práctica ya se fue… y otro que aún no llega.
Ya… pero no todavía. Faltan 27 días para el 15 de agosto. Uno dirá que es poco tiempo, pero… qué largo se hace el paso de las horas cuando hay niños y niñas que siguen muriendo a causa de la “no epidemia” de meningitis (158 casos, 29 fallecidos), o ante la falta de equipos de terapia intensiva en los hospitales del interior, o ante centros sanitarios públicos colapsados, o ante camas que no se habilitan por ausencia de enfermeras, o ante autoridades y funcionarios “pollitos-en-fuga” que están más preocupados por hacer desaparecer las evidencias que puedan comprometer su ineficaz gestión.
Ya… pero no todavía. Se respira en el aire la sensación de un país paralizado, como esas largas filas de enormes camiones cargados con productos agrícolas perecederos, que aguardan inmóviles al costado de las rutas, esperando que alguna vez llegue la prometida provisión del ausente gasoil, mientras el inoperante presidente de la inoperante Petropar ya se lava las manos ante la crisis que desangra la economía en pérdidas varias veces millonarias.
Ya… pero no todavía. En la parada del micro te aguarda un caballo loco. Sentado al lado tuyo viaja un carterista. En las calles del barrio te cierra el paso un peajero. Ladrones y asaltantes trazan planes a la hora en que buscas conciliar el sueño. Mientras el próximo ministro del Interior anuncia futuros programas de seguridad pública, la violencia y la muerte acechan en la esquina.
Ya… pero no todavía. Hay un país que nos espera, al otro lado del 15 de agosto. Nadie puede asegurar si será mejor o peor… pero seguro que será diferente, y llegará revestido con las más profundas esperanzas. Tan solo por eso, vale la pena seguir deshojando las margaritas del calendario.

viernes, 4 de julio de 2008

Eliot Ness no vive en Ciudad del Este


En el film “Los intocables” de Brian de Palma, el agente federal Eliot Ness (Kevin Costner) dirige una cruzada contra el crimen organizado, pero fracasa cada vez que allana algún depósito de contrabando del capo mafioso Al Capone (Robert De Niro), porque los policías sobornados les avisan antes a los delincuentes.
Ness le pide al viejo policía Jim Malone (Sean Connery) que le consiga informantes para averiguar donde están los depósitos clandestinos de contrabando. Como toda respuesta, Malone toma una escopeta y pide a Ness y a sus compañeros que lo sigan, cruzan la calle, entran a un club nocturno, abren la puerta del fondo… y allí encuentran a los contrabandistas en plena tarea de alzar cajas de licor prohibido a los camiones.
Luego de un exitoso operativo, que concluye con la prisión de los delincuentes y el desmantelamiento del local, Ness le pregunta a Malone cómo sabía. El viejo contesta: “En Chicago todos saben donde están los depósitos de contrabando. Solo que no había un agente federal decidido a intervenir”.
El domingo, en Última Hora empezamos a publicar una serie sobre los puertos clandestinos de contrabando y narcotráfico instalados a orillas del río Paraná. Por primera vez pudimos mostrar fotografías de los muelles piratas d el barrio San Rafael, con rampas para arrojar las cargas directamente a las lanchas en el río, a mil metros de la Aduana de Ciudad del Este.
Al igual que en la Chicago de los años ’30, en la capital del Alto Paraná todos saben donde están los puertos clandestinos. Solo hacía falta un lanchero con coraje que aceptara llevarnos hasta el sitio, para tomar las fotos.
Ha pasado una semana desde que empezamos las publicaciones, y ningún juez, jefe de Aduana, funcionario de Puertos, oficial de la Armada, policía… se ha ido siquiera a mirar, menos a intervenir o a desmantelar los muchos depósitos clandestinos con muelles sobre el Paraná, por donde a la noche se siguen cargando las cajas en las lanchas, amparados por la oscuridad y protegidos por una doble guardia de pistoleros armados, en un incesante tráfico ilegal que mueve millones y alimenta a una compleja red mafiosa.
El jueves a la noche, en el mismo puerto clandestino de Pikyry al cual aludimos en nuestra publicaciones, sobre el Lago de Itaipú, la fiscala Zunilda Martínez sorprendió a un camión cargado con cigarrillos, cubiertas y medias, listo para el embarque ilegal. Cuando fue a pedir ayuda para realizar el operativo al comisario de Pikyry, el jefe policial le dijo que no debía molestarle, porque a esa hora estaba jugando un partido de fútbol.
Está visto… Eliot Ness no vive en Ciudad del Este.

viernes, 20 de junio de 2008

El presidente que no tuvimos

¿Qué se hizo de aquel Nicanor que vociferaba en los mítines partidarios con las venas a punto de explotar? ¿Qué pasó con aquel auto-proclamado Tendota que echaba sapos y culebras, acusando a periodistas de “escribas corruptos” y al hoy presidente electo Fernando Lugo de “obispo averiado”? ¿Dónde está aquel incansable y mediático político en eterna campaña electoral, al que costaba hallar en su oficina del Palacio?
Este presidente en retirada que ahora aparece raras veces en portadas de diarios y en pantallas de la tele, está casi irreconocible: No grita, no insulta, no se burla de los demás. Vive encerrado la mayor parte del tiempo en su despacho y hasta hay quien dice que ahora sí gobierna. Las pocas ocasiones que habla en público hasta parece humilde, equilibrado, racional, con ganas de contribuir al nuevo momento político.
Pobrecito Gustavo Cabañas, el genial humorista del programa Telecomio: ¡Se quedó sin su más célebre personaje a quien imitar! Es cierto, ahora lo tiene a Fernando Lugo y la imitación del monseñor-presidente le sale re bien, pero convengamos… ¡No tiene la misma gracia que el impagable Nikenor Jugarte Brutos!
Desde que perdió las elecciones, Nicanor se parece a otro. Se parece quizás a aquel candidato con interesante perfil de estadista moderno que encendió las esperanzas de un sector mayoritario de la población en las elecciones del 2003.
Se esperaba que Nicanor fuera el presidente que institucionalice al Paraguay de la transición, un poco como Fernando Henrique Cardozo lo hizo en Brasil. Los anteriores mandatarios habían dejado un país más devastado, y prácticamente todos terminaron sus mandatos acusados o procesados por delitos de corrupción.
Duarte Frutos pudo ser diferente… pero lamentablemente no lo fue. Los interesantes logros de los dos primeros años de su gobierno se dilapidaron pronto en una obsesiva cruzada fundamentalista, en busca de la anticonstitucional reelección, de la retención del poder cueste lo que cueste.
Recién ahora, en el brusco y sorpresivo final de la larga fiesta colorada, está mostrando el rostro del presidente que no tuvimos.
Ahora se va. Quiere irse antes, pero no le dejan. ¿Por qué…? Si sus adversarios no fueron capaces de evitar en su momento que sea candidato a senador, no tiene sentido impedirlo ahora, cuando ya lo respalda el voto popular. Hay que dejarlo que renuncie a la presidencia y jure como legislador, respetando la institucionalidad democrática. Si luego la Justicia encuentra evidencias para procesarlo, lo correcto será pedir su desafuero.
Nicanor ya tiene su lugar en la historia, y no es el que más le hubiese gustado: de ahora en más se lo recordará como el último presidente colorado, el que dejó caer al partido del poder, luego de 60 años de hegemonía. Muchos se lo reprocharán por siempre… pero muchos no se lo vamos a terminar de agradecer.

viernes, 13 de junio de 2008

Yo el dictador


Sesenta y seis días antes de asumir como presidente, Fernando Lugo Méndez descubrió que los periodistas podemos resultar muy molestos e hinchapelotas. O como exclamó con fastidio a la salida del Congreso, cuando le cerraron el paso y acribillaron con preguntas sobre el escándalo de nepotismo en la Alianza: ¡Hay una “dictadura de la prensa!”.
A su nuevo compañero de almuerzos y viajes, Nicanor Duarte Frutos, le llevó más tiempo darse cuenta de que hay una “prensa enemiga”. El Tendotá se pasó los primeros años de gobierno buscando seducir o domesticar a periodistas y empresarios de medios, regalando millonarias pautas publicitarias de las binacionales, llamando personalmente por teléfono a las redacciones para reclamar ante cualquier publicación crítica.
Tuvo relativo éxito: algunos conductores de radio y televisión leían avisos pagados por Itaipú como noticias de maravillosos actos de gobierno, y guardaban silencio sobre malversaciones de fondos o enriquecimientos ilícitos, mientras quienes investigábamos la corrupción nicanorista éramos acusados de promover una conspiración para derrocar a los colorados.
Fernando Lugo ganó las elecciones con una relación de enamoramiento con la prensa, que quizás pensó iba a ser duradera. Más religioso que político, le falta aprender que las denuncias de primera plana exigen respuestas claras, urgentes y precisas.
El presidente electo tiene todo el derecho de evitar ser víctima del acoso periodístico, pero debe saber que cerrar la boca o exclamar “sin comentarios” cuando flotan preguntas quemantes en la opinión pública, es también una respuesta: Los gritos del silencio.
Llamarse a retiro espiritual ante los conflictos podía funcionar bien cuando era obispo de San Pedro, pero ahora que es jefe de Estado, lejos de aplacar la indignación pública, solo hace que la bola de nieve informativa siga rodando y creciendo en contra. Lo que pasó con los parientes en Yacyretá demuestra que Lugo no tiene buenos asesores de comunicación. O si los tiene, no les hace mucho caso.
Es bueno para el país y la democracia que exista una “dictadura de la prensa”, en lugar de una “prensa amiga”. Es bueno que los diarios y canales “amigos de Fernando” denuncien el primer caso flagrante de nepotismo luguista y franquista, con igual destaque que si los responsables hubiesen sido colorados. Es bueno que los periodistas le cierren el paso al presidente electo y le interroguen por qué avaló con su silencio o ambigüedad una falta grave. Es bueno que la luna de miel entre Lugo y la prensa termine en divorcio.

jueves, 5 de junio de 2008

Justicia periodistica


A veces, la presencia de periodistas en una zona de conflicto cambia la historia y ayuda a que soplen vientos de justicia.
Sucedió en Yuquyry, Santa Lucía, Alto Paraná, donde un grupo de campesinos mantienen en jaque a los indígenas Ava Guaraní, a quienes les han invadido su propiedad para talar árboles y traficar ilegalmente con la madera, con el respaldo de políticos colorados y liberales.
El miércoles 28 de mayo, tras un año de estériles reclamos ante la Justicia por parte de los aborígenes, una comitiva fiscal-policial desalojó simbólicamente a los invasores, destruyendo sus ranchos y hornos de carbón.
Al atardecer del sábado 31, los campesinos cobraron venganza. Con disparos de armas de fuego cerraron el paso de una camioneta y tomaron como rehenes a las monjas Ángela Balbuena y Mirian Saucedo, a la estudiante belga Maureen Janssens y a nueve indígenas. El relato de las mujeres es terrorífico: las maltrataron, robaron sus pertenencias y amenazaron con violarlas y matarlas. El jefe del puesto policial logró rescatarlas tras ardua negociación con los agresores.
El lunes 2 de junio, varios periodistas llegamos a la fiscalía de San Alberto, donde las monjas prestaban declaración. El fiscal Julio César Yegros dijo que todo estaba bajo control, pues una dotación de policías al mando del comisario de Itakyry, Amado Arévalos, había ido a dar seguridad a los indígenas y perseguir a invasores y secuestradores.
Técnicamente ya teníamos la nota, podíamos volver tranquilos a Ciudad del Este. Santa Lucía queda a 170 kilómetros, el camino es muy feo y en nuestras empresas nos piden racionalizar recursos. Pero una voz interior nos pedía hacer el esfuerzo de ir a ver qué más estaba sucediendo.
Cuando llegamos a Yuquyry, hallamos a los indígenas conmocionados. Acababan de ser víctimas de un violento allanamiento sin orden judicial por parte del escuadrón que supuestamente debía darles seguridad. Les quitaron sus escopetas, herramientas y hasta las ropas del comisario de la comunidad. Los policías llegaron guiados por una dirigente del mismo grupo acusado de invasión y secuestro.
Fue estimulante ver a los colegas interpelando con grabadoras, micrófonos y cámaras al comisario Arévalos sobre su inexplicable procedimiento. Fue interesante ver como los indígenas, que hasta hacía un momento se sentían desamparados ante la prepotencia y la impunidad, descubrían que la prensa era un instrumento para hacer valer sus derechos. Fue patético ver al jefe policial caer en contradicciones, incapaz de justificar su actuación, devolver las pertenencias decomisadas y en horas más ser relevado del cargo.
No tendría que ser así. Nuestra función de periodistas debería limitarse a informar. Pero cuando los más débiles son avasallados, cuando la Policía y la Justicia favorecen a los delincuentes, no queda más alternativa que hacer de lado la objetividad y asumir el vacío que las instituciones del Estado no cumplen.
Ahora, ¿cuánto dura eso? Los periodistas estamos otra vez en la Redacción… y los indígenas de Yuquyry continúan allí, a merced de la violencia, de la injusticia, de la impunidad.

La sonrisa de una N.N.

Ella sonríe feliz en los brazos de la asistente social, disfrutando del calor humano en el presente, pero ignorando su trágico pasado y su todavía incierto futuro.
Ella tiene apenas un mes de vida y todavía no ha recibido un nombre con el cual ser llamada, no ha sido anotada en el Registro Civil, no posee ningún documento que certifique su identidad, no hay certeza acerca de quien es su mamá y menos quién es su papá. Ha sido anotada con las genéricas siglas N.N. en el libro de entrada del Hogar “Abrigos del Este”, y así se la llama oficialmente, aunque las encargadas prefieren decirle “mi bebé”, “mi amor”, “mi princesita”.
Desde el miércoles 28, cuando apareció sorpresivamente en brazos de una mujer, en el despacho del juez Manuel Trinidad, ella se ha convertido en una celebridad. Su fotografía está en la primera plana de los diarios. Su carita sonriente y tierna aparece a cada instante en los noticieros de la televisión… y hay incómodas preguntas detrás de su historia.
Preguntas que llevan al complejo submundo de Ciudad del Este, hasta una clínica clandestina que funcionaba en el barrio Don Bosco, en donde la menor L.L.V., de 17 años, dio a luz a un bebé el 26 de abril. Recién el 23 de mayo, casi un mes después, la joven se animó a acercarse a la fiscala de la Niñez y la Adolescencia, Carmen Chávez, para denunciar que en esa oportunidad se le robó su criatura.
La denuncia es densa y revela como sigue operando la vieja y siniestra red del bebetráfico en Paraguay. La madre afirma que quienes la sometieron a una cesárea para extraerle su bebé en aquel oscuro tugurio fueron el propio director regional del Instituto de Previsión Social en Alto Paraná, doctor José Luis Flecha, y dos funcionarias, las obstetras Mirian y Nilsa Cañete.
L.L.V. ni siquiera pudo ver a su bebé, ni enterarse de qué sexo era, porque la ocultaron de su presencia con la excusa de que estaba muy enfermo del corazón y tuvieron que llevarlo a Asunción.
Cuando la denuncia estalló, el director de IPS y las dos enfermeras pidieron vacaciones y se borraron del mapa. Están imputados, con órdenes de detención y prófugos de la Justicia, pero la investigación está paralizada, porque el abogado que los defiende recusó a la fiscala Chávez y el fiscal general adjunto Eber Ovelar, quien debía resolver la recusación, guardó el expediente y viajó a Buenos Aires. Cuando las papas queman en la Justicia de Alto Paraná, siempre es conveniente viajar o salir de vacaciones.
Así está el caso. Sin ningún fiscal a cargo, con otro juez que recibe a la mujer que supuestamente trae a devolver la criatura y la deja ir sin problemas, una beba que no se sabe si es la misma que fue robada hasta que se haga la prueba de ADN, una madre internada con tratamiento sicológico, y un infame tráfico de inocencia que nadie parece con muchas ganas de investigar.
Mientras, la pequeña N.N. sonríe en brazos de la asistente social y deja flotando la pregunta de si esta in-Justicia mudará alguna vez.

martes, 27 de mayo de 2008

Leoncio y Josimar


Leoncio tiene 21 años. Nació en Tavaí, Caazapá. Sus padres migraron al Alto Paraná, huyendo de la miseria. Querían un lote agrícola, pero pronto descubrieron que allí la tierra ya había sido vendida a los brasileños y solo les quedaban lindas promesas nunca cumplidas.
Se encontraron con otras familias en el mismo vía crucis. Se juntaron, se convencieron de que el único modo de acceder al derecho constitucional de tener un pedazo de tierra y una vivienda era a través de la fuerza colectiva, de la unión de los marginados. Se organizaron.
Una fría madrugada cortaron los alambres de una gran propiedad y allí plantaron su bandera, levantaron sus ranchitos de rama y hule. Al poco tiempo se vieron rodeados por un horizonte de armas y uniformes.
Fueron desalojados con violencia. Varios heridos, ranchos incendiados, bandera cortada a machetazos. Al mes volvieron a entrar. Aprendieron a resistir, a formar murallas humanas, a hacer denuncias en los medios. Al cabo de largos años, obtuvieron un lote de 5 hectáreas en Chino-cue.
Allí creció Leoncio con sus hermanos. Labrando la tierra desde el amanecer hasta el ocaso. Tanto sacrificio cuando toda la ganancia se la lleva el acopiador y a ellos solo les quedan las deudas. Quiso formar su propia familia, pero la tierra de papá quedaba chica y en el Indert le daban las mismas promesas de siempre.
Ahora Leoncio está en San Pedro, repitiendo la historia. Lleva una bandera tricolor en una mano y un machete en la otra. Y se pregunta si ahora que hay un nuevo presidente, distinto al de los colorados, acaso será diferente.
Josimar tiene 24 años. Nació en Santa Rita, Paraguay, pero tiene nombre brasileño y sueña en portugués. Sus padres llegaron desde Rio Grande do Sul, porque aquí la tierra era barata y las autoridades generosas.
A las 6 a.m., Josimar sube a bordo de una máquina cosechadora salida del film La Guerra de las Galaxias, cierra la cabina, enciende el aire acondicionado, pone un cedé de Leandro y Leonardo, y comienza él solo la tarea de recoger las 80 hectáreas de soja sembradas por su familia en San Cristóbal.
Si todo sale bien, cada hectárea les dejará una ganancia de 4.000 dólares. Se podría ganar más, mucho más. Hace falta comprar más tierra, plantar más soja, pero los campesinos paraguayos son tercos y no quieren vender. Tampoco quieren trabajar. ¿Por qué insisten con la mandioca o el poroto en chacras antiguas, cuando podrían mecanizar todo, plantar solo soja y volverse millonarios? Encima protestan porque se tumban los bosques y se usan agroquímicos. ¿Cómo plantar, entonces?
Ahora Josimar está asustado. Un grupo de campesinos amenaza invadir la nueva propiedad comprada en San Pedro. Las autoridades paraguayas siempre les han protegido, aunque han tenido que pagarles mucho dinero. Se pregunta si ahora que hay un nuevo presidente, distinto al de los colorados, acaso será diferente.
Leoncio y Josimar, enfrentados a los dos lados de la alambrada.
¿Dos realidades, dos países?
¿O simplemente un mismo país desgarrado que necesita confrontar sus diferencias, abrirse al diálogo, buscar una manera de corregir y superar sus viejos males?
¿Hay un nuevo Paraguay para Leoncio?
¿Hay un nuevo Paraguay para Josimar?