Manejó las finanzas del grupo armado, que lo echó de sus filas, acusándolo de aportar 100 mil dólares a la campaña de Lugo. Prófugo de la Justicia, Óscar Luis Benítez está oculto y teme que lo ejecuten.
Por Andrés Colmán Gutiérrez
En algún lugar, escondido entre cuatro paredes, está un hombre con identidad falsa, que duerme con un ojo cerrado y el otro abierto; mira constantemente de reojo a sus espaldas, y no se despega ni un instante del arma de fuego que lleva siempre consigo.
Se llama Óscar Luis Benítez, aunque usa otros nombres. Arrastra la oscura leyenda de haber sido administrador de las finanzas del grupo armado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), en donde ganó el apodo de guerra Ramón, además del suyo, Male′i.
Su foto está multiplicada en los carteles de "buscados", que distribuyen la Fiscalía y el Ministerio del Interior, ofreciendo recompensa por su captura, acusado de haber participado, junto a otros miembros del EPP, en el secuestro de María Edith de Debernardi (2000 y 2001) y en el secuestro y asesinato de Cecilia Cubas (2004 y 2005).
LA SENTENCIA. Un correo electrónico que llegó el pasado lunes 21 de noviembre a radio Ñandutí, selló la suerte de Male′i.
Desde la cuenta aguayo.german@yahoo.com, el texto decía: "Comunicado del Ejército del Pueblo Paraguayo. Comunicamos a nuestro querido pueblo que: Luis Ramón Benítez fue expulsado de nuestras filas por haber pasado 100.000 dólares para la campaña luguista, prevalecido de su condición de administrador".
Aunque mezcla uno de sus nombres reales con el de combate (Ramón), organismos de seguridad admiten la posibilidad de que sea un comunicado auténtico del EPP.ç"Estamos analizando el documento. Tenemos versiones de que Benítez habría quedado fuera de la estructura organizativa del EPP", señala la fiscala Antisecuestro Sandra Quiñónez.
Un poblador del asentamiento Sidepar 3000, en Canindeyú, lugar de residencia y base de operaciones de Benítez durante muchos años, admite: "Aquí sabemos que Male′i fue expulsado del EPP hace un tiempo y actualmente está escondido, con miedo a que la Policía lo agarre, pero también a que le maten sus propios excompañeros".
El morador –quien reclama anonimato por seguridad–, revela que Benítez "estuvo trabajando hasta hace poco como peón en el establecimiento de Eduardo Núñez, en Sidepar, pero después se escapó de allí y permanece oculto. Tiene mucho miedo de que le conviertan en otro Severiano Martínez" (en alusión a otro exmiembro del EPP, quien desertó y se ocultó trabajando como peón en una estancia del Chaco, con identidad cambiada, hasta ser descubierto y caer abatido en un enfrentamiento con la Policía, el 27 de julio de 2011).
HISTORIA OSCURA. Nacido en Yhú, Caaguazú, Óscar Luis Benítez es uno de los muchos campesinos que en los 90 ocuparon tierras en la expropiedad de la empresa Siderúrgica del Paraguay (Sidepar), expropiada por el Estado paraguayo para 740 familias.
A principios de 2000, Juan Arrom y Osmar Martínez, líderes del partido Patria Libre (PL), realizaron las primeras visitas para formar bases políticas en la zona, y Óscar Luis Benítez se convirtió en uno de los principales dirigentes.
Las condiciones de aislamiento y de difícil acceso en que se encuentra, a unos 280 kilómetros al noreste de Asunción, convirtieron Sidepar 3000 en uno de los bastiones privilegiados del EPP.
Hasta ese lugar asegura haber sido llevado el joven Rubén Darío Bernal, a fines de 2004, para recibir adiestramiento en técnicas de guerrilla, en la columna que lideran Osvaldo Villalba (comandante Alexander) y Manuel Cristaldo Mieres (subcomandante Santiago).
Bernal, más conocido como "el guerrillero arrepentido" tras entregarse a las autoridades en 2006 en Huguá Ñandú, asegura que el entrenamiento en los montes de Sidepar duró varias semanas, y contó con el asesoramiento de dos expertos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Óscar Luis Benítez, o Ramón, entró a formar parte del grupo armado y su habilidad en el manejo de las finanzas lo ubicaron en el rol de administrar los fondos provenientes de secuestros o de aportes cobrados a ganaderos, que en la jerga del EPP se denominan "retención a oligarcas" o "impuesto revolucionario".
AGENTE INMOBILIARIO. El 28 de marzo de 2005, como parte de las investigaciones tras el secuestro de Cecilia Cubas, la Fiscalía allanó dos viviendas: una en Villa Cerro Corá, Lambaré, y otra en el barrio Palma Loma, de Luque.
En ambas casas, pero sobre todo en la de Luque, se encontró una compleja infraestructura de muñecos con figuras humanas y habitaciones con paredes a prueba de sonido, entre otras evidencias, que hicieron suponer que eran bases de adiestramiento para miembros del EPP.
Las indagaciones demostraron que la vivienda de Luque fue comprada por Óscar Luis Benítez, a nombre de Lidia Samudio, y es una de varias otras que fueron adquiridas o alquiladas por el "agente inmobiliario" del grupo armado, utilizadas tanto para el secuestro de María Edith, como el de Cecilia Cubas.
Varios cuadernos incautados durante el procedimiento muestran el detalle con que Benítez anotaba los ingresos y egresos del dinero que manejaba, incluyendo gastos de compra de equipos de comunicación, movilidad, víveres, medicamentos y los costos inmobiliarios.
Juan Domingo Martínez, uno de los detenidos, relató que Óscar Luis Benítez, y su novia, Marlene Ortiz Meza, habitaban en la casa de Palma Loma, hasta que desaparecieron del lugar poco antes de la Semana Santa de 2005.
Marlene, la novia de Ramón, era hija de Hugo Julián Ortiz Villalba, docente de Sidepar 3000, quien sería asesinado diez años después, en setiembre de 2010, por miembros del EPP, cerrando un círculo de pólvora y sangre.
-----
Desencanto del EPP con Lugo
"Aquí todos trabajamos por la candidatura de Fernando Lugo, con fuerza, con rabia, todos los sectores. Pero no hubo cambios. La lucha de clases continúa igual", declaró José Villalba, hermano de Carmen Villalba, y uno de los voceros extraoficiales del grupo, durante una entrevista con ÚH, en enero de 2009.
Aunque no habló de aportes en dinero, admitió un respaldo inicial a la candidatura, de parte de referentes del grupo.
El jueves último, el presidente Lugo negó haber recibido cualquier tipo de financiación del EPP a su campaña.
-----
Marcado por el crimen de su suegro
La sangre por el crimen de su exsuegro y abuelo de su hija, el educador Hugo Julián Ortiz Villalba, es la marca más fuerte que los pobladores del asentamiento de Sidepar 3000 le reprochan al ex administrador del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), Óscar Luis Benítez.
El docente, quien ejercía el cargo de director del Área Educativa Número 8, residía en una casa vecina a la de Óscar Luis, en el núcleo urbano de Sidepar 3000, y aunque en principio habían sido amigos y familiares, se distanciaron cuando Ortiz Villalba le recriminó por sus andanzas con el grupo armado y le pidió que se aleje de su hija Marlene, y de la pequeña hija de ambos (de Óscar Luis y Marlene), una niña actualmente con 10 años de edad.
Se tejen muchas versiones sobre las causas del asesinato. En Sidepar 3000 todos hablan en voz baja y con miedo, y nadie quiere asumir ser identificado en una entrevista. Pero en voz baja narran que el profesor Hugo Julián fue quien brindó algunos informes a las autoridades acerca de las andanzas del EPP en la zona, y por ello pagó con su vida. Y que uno de sus ejecutores, o cómplices, fue su propio exyerno, Óscar Luis Benítez.
EL CRIMEN. Sucedió cerca de las 9.30 del 1 de setiembre de 2010. El profesor Hugo Julián regresaba de la chacra con su esposa, Clotilde Meza, por un desolado camino rural, cuando les salieron al paso dos hombres con ropa militar tipo camuflaje y quepis cubriéndole los rostros, con armas de fuego, presumiblemente escopetas calibre 12.
La mujer cuenta que gritó y pidió clemencia, pero uno de los hombres disparó a quemarropa contra su marido. El primer tiro fue en el estómago, otro en la cabeza y el tercero directo al corazón. Tras cerciorarse de que Ortiz Villalba estaba muerto, se alejaron sin hacer caso a la mujer.
El crimen provocó la reacción de las autoridades, quienes ordenaron rastrillaje de la región, derivando en un enfrentamiento entre efectivos policiales y miembros del EPP, el 3 de setiembre, circunstancias en que cayó abatido Gabriel Zárate Cardozo, alias Simón, considerado el número 3 en el mando jerárquico del grupo armado.
El otro que estaba con él logró escapar, sin precisarse su identidad, aunque los pobladores sostienen que era el propio Óscar Luis Benítez.
ADIESTRADOR. Llamativamente, Gabriel Zárate Cardozo fue uno de los jóvenes campesinos que habría sido captado y que recibió adiestramiento de parte de Oscar Luis Benítez.
En la lista se menciona además a Nimio y Vidalina Cardozo Cáceres, primos de Gabriel, y a Alcides Mereles Ruiz, alias Presi.
Hoy, en la soledad de su escondite, el ex administrador del EPP se debate entre el dilema de entregarse a la Justicia o seguir expuesto a que lo encuentren sus excompañeros.
(Reportaje publicado en el diario Última Hora, páginas 66 y 67 del domingo 27 de noviembre de 2011).
Mostrando entradas con la etiqueta periodismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta periodismo. Mostrar todas las entradas
domingo, 27 de noviembre de 2011
Mary Llorens: Una historia de dinero, poder y guerra familiar
Considerada la mujer más rica y poderosa del país, enfrenta una nueva pelea judicial con sus hijastras. Las versiones sobre el origen de su fortuna empañan su trabajada imagen de éxito empresarial.
Por Andrés Colmán Gutiérrez
El ronco sobrevuelo de un avión ultraliviano quebró la tranquilidad rural de Tacuatí, San Pedro, a 213 kilómetros al norte de Asunción, en la tarde del sábado 15 de enero de 2000. A bordo de la aeronave iban Matías Bucci, hijo del afamado estilista paraguayo Osvaldo Bucci, y el ganadero francés Gilbert Llorens, propietario de la Estancia Paso Itá.
Según el informe de la Comisaría Policial 10ª, de Tacuatí, "sobrevolaban en una avioneta de fabricación casera, a unos 70 metros de altura, y no lograron esquivar una antena de radio, yendo a embestir contra ella en forma violenta".
El avión cayó a tierra con gran estruendo. Los tripulantes fueron trasladados a Asunción aún con vida. Bucci falleció a pocas horas de ingresar a terapia intensiva. Llorens murió al día siguiente.
La viuda del ganadero, la suiza Maris Franca Antognoli, se vio envuelta en un primer conflicto judicial por la herencia con las dos hijas del anterior matrimonio de Llorens, Cristianne y Solange, circunstancia en que terminó siendo demandada y condenada por producción de documentos públicos de contenido falso, junto con la escribana María Stella Galiano.
El 4 de mayo de 2001, el juez Óscar Delgado la condenó a un año y seis meses de cárcel, más una multa de 500 millones de guaraníes, pero la prisión fue sustituida por acciones de beneficencia. Ese mismo día, firmaron un acuerdo reparatorio, distribuyendo los bienes y desistiendo de toda acción penal.
LIDERAZGO. La hasta entonces anónima Maris Franca se empezó a revelar como Mary Llorens, una mediática líder ganadera e industrial, fue presidenta de la Cámara Paraguaya de la Carne, empresaria exitosa al frente del frigorífico Frigomerc y la marca de producción e investigación genética Viradolce, con siete estancias que abarcan 70.000 hectáreas de tierras y cerca de 120.000 cabezas de ganado.
Bien relacionada con los círculos políticos de poder, fue reconocida como una de las principales contribuyentes a la campaña electoral del presidente Fernando Lugo, con quien suele ser vista con frecuencia en reuniones en Palacio, exposiciones ganaderas y eventos sociales.
EL PASADO. El 13 de setiembre de 2011, una intervención fiscal en un caso presentado como intento de extorsión a Mary Llorens, derivó en la detención de su hijastra Cristianne y tres abogados.
A la vez permitió revelar datos sobre supuestos orígenes de la fortuna del extinto Gilbert Llorens, a quien la Justicia italiana investigó como presunto integrante de una mafia de contrabando de cigarrillos y lavado de dinero.
El 13 de mayo de 2011, en un e-mail remitido al periodista Luis Bareiro, de ÚH, el abogado Mariano Moyano, representante de Cristianne Llorens (ambos actualmente presos), planteó graves acusaciones:
"Las circunstancias del 'accidente' (de Llorens) nunca fueron aclaradas. No obstante ello, sí sabemos que la viuda Maris Llorens dispuso rápidamente su cremación", indica Moyano.
El abogado sostiene que Gilbert Llorens "era un conocido traficante de alcohol y cigarrillos en Italia y Yugos- lavia (actualmente Montenegro)", y que la adquisición de los bienes en Paraguay provienen de estos fondos.
La nueva arremetida judicial contra Mary Llorens, por parte de sus dos hijastras, estaba basada en la presunción de que la empresaria ocultó bienes de Gilbert en el anterior reparto de la herencia.
¿OCULTAMIENTO? Moyano y los abogados paraguayos Laura Pangrazio y Fidel Trigo granada solicitaron, en junio de 2011, a la jueza Nilse Ortiz Aquino unas diligencias preparatorias para que comparezcan dos personas identificadas como miguel ángel meza Bartrina y Nélida Núñez Ramírez.
Meza Bartrina, exsocio de Gilbert, sería quien puede atestiguar la existencia de una propiedad rural que presuntamente se ocultó a las hijas.
Según el expediente tramitado ante la jueza Aquino Ortiz, se trata de la finca 1020, del distrito de San Pedro de Ycuamandyyú, "adquirida con dinero del señor Gilbert Llorens y para el señor Gilbert Llorens, y transferida a la señora Nélida Núñez Ramírez, luego de la muerte del señor Llorens, sin haber sido incluida en la sucesión", según refiere la presentación hecha por abogados de Cristianne Llorens.
------
Los cuatro fantásticos que no eran superhéroes
The Pizza Connection (La conexión pizza) no es un sistema de distribución de comidas rápidas, sino el pintoresco nombre que dio la prensa italiana a la mayor investigación de lavado de dinero en los años 80, en el que se menciona a muchos supuestos mafiosos que hicieron fortuna con el contrabando de cigarrillos desde Estados Unidos, canalizados a través de puertos francos italianos a países europeos y asiáticos.
Entre los involucrados en The Pizza Connection que la Fiscalía de Bari, Italia, incluyó en sus investigaciones, aparece Gilbert Llorens, el ganadero que llegó a Paraguay en 1985 junto con su esposa Maris Franca Antognoli, aunque ya poseían una estancia en Tacuatí desde 1976.
El francés es mencionado como integrante de un equipo de nombre también pintoresco, conocido como "los fabulosos cuatro" o "los cuatro fantásticos", que incluye además a Luis García Manolo, Patrick Laurent, Patrick Monnier y el susodicho Llorens, pero que no tienen nada que ver con el célebre equipo de superhéroes de historietas y cine, creados por el sello editorial Marvel.
BUSCADOS. "La Fiscalía de Bari, de hecho, también busca a Gilbert Llorens, un francés trasplantado a Suiza. Pero Llorens murió hace poco más de un año atrás, en Paraguay, donde había invertido muchos millones de dólares en las fincas y explotaciones agrícolas", escribió el periodista italiano Vittorio Malagutti, en el diario Corriere Della Sera, página 17 de la edición del 27 de febrero de 2001.
Malagutti, uno de los más célebres periodistas investigadores de casos de corrupción y lavado de dinero en Italia, autor de varios libros, ubica a Llorens entre los privilegiados capos que habitaban en lujosas mansiones en el Villone Hollywood, en las afueras de Lugano, en el cantón del Tesino, en Suiza, hasta que las investigaciones encaminadas desde la Justicia italiana obligaron a buscar otros aires.
Lugano es la ciudad donde Gilbert conoció a Maris Franca Antognoli, y se casó con ella en 1982. Juntos viajan al Paraguay en 1985, donde Llorens ya tenía una propiedad de 4.000 hectáreas.
CONTACTO EN MONTENEGRO. El 27 de febrero de 2001, el diario italiano La Reppublica publica un artículo titulado: "Así que el contrabando financiaba a Montenegro", en donde el periodista Lello Parise –a partir de la confesión del capo contrabandista italiano Gerardo Cuomo– ilustra cómo funcionaba la gran operación internacional de tráfico de cigarrillo, que involucraba incluso al entonces presidente del pequeño estado balcánico de Montenegro, Milo Djukanovich, quien renunció al cargo ante el escándalo.
Parise también menciona a cuatro presuntos mafiosos, entre ellos "dos franceses residentes en Suiza: Patrick Monnier, Raimondo y Gilbert Llorens, alias Marcelo.
----
La empresaria no quiere hablar
"No insistan, la señora Mary Llorens ya no va a hacer declaraciones sobre este tema, por el momento", respondió el abogado Felino Amarilla, representante legal de la empresaria y ganadera, ante los reiterados reclamos de ÚH para una entrevista para la elaboración de este reportaje.
Luego del sonado caso de detención de su hijastra, Cristianne Llorens, y de sus abogados, el pasado 13 de setiembre, la empresaria concedió breves declaraciones a medios radiales, antes de viajar durante más de una semana a Buenos Aires y llamarse a silencio "por recomendación de su abogado".
En diálogo con Luis Bareiro, en Monumental, a minutos de abordar el avión a Argentina, Mary Llorens negó las acusaciones contra su difunto esposo.
"Hace diez años terminó la definición de la herencia. Cualquier bien oculto o no oculto, en Marte, en la Luna o el mar, ella (su hijastra, Cristianne) no tenía nada que reclamar", argumentó.
NEGACIÓN. En otro momento, negó las presuntas vinculaciones de su difunto esposo con la mafia italiana.
"Él era un comerciante trabajador y honesto, que declaraba el cien por ciento de sus operaciones en Suiza", destacó
También negó que su marido haya viajado siquiera a la República de Montenegro. "Todo eso es una fantasía de la fiscalía italiana que, para perseguir el contrabando de cigarrillos en Italia, involucró a todos, desde el fabricante hasta a los intermediarios legales, como era Gilbert", precisó.
Aseveró que su marido era representante de varias marcas de cigarrillos que importaba legalmente a Suiza. "Ahora, si alguien compraba los cigarrillos de él y luego enviaba a Montenegro, para después volver a enviar a Italia de contrabando, eso ya no era su responsabilidad, sino del comprador", alegó.
SILENCIO. El representante legal de Mary Llorens, Felino Amarilla, respondió en los mismos términos, negando las acusaciones.
"Hay un proceso que se resolverá en la Justicia paraguaya. Hemos denunciado un caso de intento de extorsión agravada y hay personas imputadas. Mi cliente no tiene nada más que responder por ahora", indicó.
(Reportaje publicado en el díario Última Hora, páginas 14 y 15 de la edición del domingo 9 de octubre de 2011).
Por Andrés Colmán Gutiérrez
El ronco sobrevuelo de un avión ultraliviano quebró la tranquilidad rural de Tacuatí, San Pedro, a 213 kilómetros al norte de Asunción, en la tarde del sábado 15 de enero de 2000. A bordo de la aeronave iban Matías Bucci, hijo del afamado estilista paraguayo Osvaldo Bucci, y el ganadero francés Gilbert Llorens, propietario de la Estancia Paso Itá.
Según el informe de la Comisaría Policial 10ª, de Tacuatí, "sobrevolaban en una avioneta de fabricación casera, a unos 70 metros de altura, y no lograron esquivar una antena de radio, yendo a embestir contra ella en forma violenta".
El avión cayó a tierra con gran estruendo. Los tripulantes fueron trasladados a Asunción aún con vida. Bucci falleció a pocas horas de ingresar a terapia intensiva. Llorens murió al día siguiente.
La viuda del ganadero, la suiza Maris Franca Antognoli, se vio envuelta en un primer conflicto judicial por la herencia con las dos hijas del anterior matrimonio de Llorens, Cristianne y Solange, circunstancia en que terminó siendo demandada y condenada por producción de documentos públicos de contenido falso, junto con la escribana María Stella Galiano.
El 4 de mayo de 2001, el juez Óscar Delgado la condenó a un año y seis meses de cárcel, más una multa de 500 millones de guaraníes, pero la prisión fue sustituida por acciones de beneficencia. Ese mismo día, firmaron un acuerdo reparatorio, distribuyendo los bienes y desistiendo de toda acción penal.
LIDERAZGO. La hasta entonces anónima Maris Franca se empezó a revelar como Mary Llorens, una mediática líder ganadera e industrial, fue presidenta de la Cámara Paraguaya de la Carne, empresaria exitosa al frente del frigorífico Frigomerc y la marca de producción e investigación genética Viradolce, con siete estancias que abarcan 70.000 hectáreas de tierras y cerca de 120.000 cabezas de ganado.
Bien relacionada con los círculos políticos de poder, fue reconocida como una de las principales contribuyentes a la campaña electoral del presidente Fernando Lugo, con quien suele ser vista con frecuencia en reuniones en Palacio, exposiciones ganaderas y eventos sociales.
EL PASADO. El 13 de setiembre de 2011, una intervención fiscal en un caso presentado como intento de extorsión a Mary Llorens, derivó en la detención de su hijastra Cristianne y tres abogados.
A la vez permitió revelar datos sobre supuestos orígenes de la fortuna del extinto Gilbert Llorens, a quien la Justicia italiana investigó como presunto integrante de una mafia de contrabando de cigarrillos y lavado de dinero.
El 13 de mayo de 2011, en un e-mail remitido al periodista Luis Bareiro, de ÚH, el abogado Mariano Moyano, representante de Cristianne Llorens (ambos actualmente presos), planteó graves acusaciones:
"Las circunstancias del 'accidente' (de Llorens) nunca fueron aclaradas. No obstante ello, sí sabemos que la viuda Maris Llorens dispuso rápidamente su cremación", indica Moyano.
El abogado sostiene que Gilbert Llorens "era un conocido traficante de alcohol y cigarrillos en Italia y Yugos- lavia (actualmente Montenegro)", y que la adquisición de los bienes en Paraguay provienen de estos fondos.
La nueva arremetida judicial contra Mary Llorens, por parte de sus dos hijastras, estaba basada en la presunción de que la empresaria ocultó bienes de Gilbert en el anterior reparto de la herencia.
¿OCULTAMIENTO? Moyano y los abogados paraguayos Laura Pangrazio y Fidel Trigo granada solicitaron, en junio de 2011, a la jueza Nilse Ortiz Aquino unas diligencias preparatorias para que comparezcan dos personas identificadas como miguel ángel meza Bartrina y Nélida Núñez Ramírez.
Meza Bartrina, exsocio de Gilbert, sería quien puede atestiguar la existencia de una propiedad rural que presuntamente se ocultó a las hijas.
Según el expediente tramitado ante la jueza Aquino Ortiz, se trata de la finca 1020, del distrito de San Pedro de Ycuamandyyú, "adquirida con dinero del señor Gilbert Llorens y para el señor Gilbert Llorens, y transferida a la señora Nélida Núñez Ramírez, luego de la muerte del señor Llorens, sin haber sido incluida en la sucesión", según refiere la presentación hecha por abogados de Cristianne Llorens.
------
Los cuatro fantásticos que no eran superhéroes
The Pizza Connection (La conexión pizza) no es un sistema de distribución de comidas rápidas, sino el pintoresco nombre que dio la prensa italiana a la mayor investigación de lavado de dinero en los años 80, en el que se menciona a muchos supuestos mafiosos que hicieron fortuna con el contrabando de cigarrillos desde Estados Unidos, canalizados a través de puertos francos italianos a países europeos y asiáticos.
Entre los involucrados en The Pizza Connection que la Fiscalía de Bari, Italia, incluyó en sus investigaciones, aparece Gilbert Llorens, el ganadero que llegó a Paraguay en 1985 junto con su esposa Maris Franca Antognoli, aunque ya poseían una estancia en Tacuatí desde 1976.
El francés es mencionado como integrante de un equipo de nombre también pintoresco, conocido como "los fabulosos cuatro" o "los cuatro fantásticos", que incluye además a Luis García Manolo, Patrick Laurent, Patrick Monnier y el susodicho Llorens, pero que no tienen nada que ver con el célebre equipo de superhéroes de historietas y cine, creados por el sello editorial Marvel.
BUSCADOS. "La Fiscalía de Bari, de hecho, también busca a Gilbert Llorens, un francés trasplantado a Suiza. Pero Llorens murió hace poco más de un año atrás, en Paraguay, donde había invertido muchos millones de dólares en las fincas y explotaciones agrícolas", escribió el periodista italiano Vittorio Malagutti, en el diario Corriere Della Sera, página 17 de la edición del 27 de febrero de 2001.
Malagutti, uno de los más célebres periodistas investigadores de casos de corrupción y lavado de dinero en Italia, autor de varios libros, ubica a Llorens entre los privilegiados capos que habitaban en lujosas mansiones en el Villone Hollywood, en las afueras de Lugano, en el cantón del Tesino, en Suiza, hasta que las investigaciones encaminadas desde la Justicia italiana obligaron a buscar otros aires.
Lugano es la ciudad donde Gilbert conoció a Maris Franca Antognoli, y se casó con ella en 1982. Juntos viajan al Paraguay en 1985, donde Llorens ya tenía una propiedad de 4.000 hectáreas.
CONTACTO EN MONTENEGRO. El 27 de febrero de 2001, el diario italiano La Reppublica publica un artículo titulado: "Así que el contrabando financiaba a Montenegro", en donde el periodista Lello Parise –a partir de la confesión del capo contrabandista italiano Gerardo Cuomo– ilustra cómo funcionaba la gran operación internacional de tráfico de cigarrillo, que involucraba incluso al entonces presidente del pequeño estado balcánico de Montenegro, Milo Djukanovich, quien renunció al cargo ante el escándalo.
Parise también menciona a cuatro presuntos mafiosos, entre ellos "dos franceses residentes en Suiza: Patrick Monnier, Raimondo y Gilbert Llorens, alias Marcelo.
----
La empresaria no quiere hablar
"No insistan, la señora Mary Llorens ya no va a hacer declaraciones sobre este tema, por el momento", respondió el abogado Felino Amarilla, representante legal de la empresaria y ganadera, ante los reiterados reclamos de ÚH para una entrevista para la elaboración de este reportaje.
Luego del sonado caso de detención de su hijastra, Cristianne Llorens, y de sus abogados, el pasado 13 de setiembre, la empresaria concedió breves declaraciones a medios radiales, antes de viajar durante más de una semana a Buenos Aires y llamarse a silencio "por recomendación de su abogado".
En diálogo con Luis Bareiro, en Monumental, a minutos de abordar el avión a Argentina, Mary Llorens negó las acusaciones contra su difunto esposo.
"Hace diez años terminó la definición de la herencia. Cualquier bien oculto o no oculto, en Marte, en la Luna o el mar, ella (su hijastra, Cristianne) no tenía nada que reclamar", argumentó.
NEGACIÓN. En otro momento, negó las presuntas vinculaciones de su difunto esposo con la mafia italiana.
"Él era un comerciante trabajador y honesto, que declaraba el cien por ciento de sus operaciones en Suiza", destacó
También negó que su marido haya viajado siquiera a la República de Montenegro. "Todo eso es una fantasía de la fiscalía italiana que, para perseguir el contrabando de cigarrillos en Italia, involucró a todos, desde el fabricante hasta a los intermediarios legales, como era Gilbert", precisó.
Aseveró que su marido era representante de varias marcas de cigarrillos que importaba legalmente a Suiza. "Ahora, si alguien compraba los cigarrillos de él y luego enviaba a Montenegro, para después volver a enviar a Italia de contrabando, eso ya no era su responsabilidad, sino del comprador", alegó.
SILENCIO. El representante legal de Mary Llorens, Felino Amarilla, respondió en los mismos términos, negando las acusaciones.
"Hay un proceso que se resolverá en la Justicia paraguaya. Hemos denunciado un caso de intento de extorsión agravada y hay personas imputadas. Mi cliente no tiene nada más que responder por ahora", indicó.
(Reportaje publicado en el díario Última Hora, páginas 14 y 15 de la edición del domingo 9 de octubre de 2011).
Marcadores:
economía,
historias,
Investigación,
periodismo,
politica,
reportajes,
sociedad
sábado, 19 de noviembre de 2011
La foto
Hay imágenes que lo dicen todo. Y hay fotógrafos sagaces en el momento oportuno, como Carlos Benítez, reportero gráfico de Última Hora, quien al filo de la mañana del jueves husmeaba por pasillos de la Cámara de Senadores, junto a un colega de otro medio, tratando de burlar la vigilancia para satisfacer su olfato de sabueso periodístico.
Tras la puerta de una de las oficinas, Carlos entrevió lo que buscaba. Asomó su cámara y disparó. Vio gestos incómodos y nerviosos, oyó una voz ronca indagando quién los dejó pasar, pero ya emprendían otra vez la retirada, mientras resonaban pasos apurados por el corredor.
El resultado de ese fugaz momento fue la principal ilustración en la portada de Última Hora de ayer, junto a un gran titular: "Golpe en Senado nombra a fiscal colorado de Lugo". Es lo que en la jerga casera del periodismo solemos llamar: La foto.
La imagen muestra al casi eterno senador colorado Juan Carlos Calé Galaverna hablando y gesticulando con las manos en el aire, ante un selecto círculo de personas sentadas que lo escuchan cual gurú de la política criolla: la presidenta del Partido Colorado, Lilian Samaniego, y los senadores correligionarios Silvio Ovelar, Víctor Bernal, Rogelio Benítez y Julio César Velázquez, además del asistente número siete, el único sin traje oscuro ni corbata roja, con camisa amarilla y barba, tumbado en el sillón con un teléfono celular en la mano (como si el aparato intercomunicador marcara la presencia de otra persona en la reunión), el senador y presidente del partido Tekojoja, Sixto Pereira.
Sí, sí... ha leído bien. No es un error de imprenta, no. Sixto Pereira reunido con Calé, Bernal, Velázquez y compañía. Pereira, sí. El aguerrido legislador de izquierda, principal referente político del presidente Fernando Lugo, combativo líder de los carperos y los campesinos sin tierra. El que más de una vez acusó a Galaverna y compañía de ser exponentes de la corrupción y el prebendarismo. El que prometió una práctica política diferente, sin transadas ni componendas. Sixto Pereira, sí.
La foto de Carlos tuvo pleno sentido minutos después de esa reunión que pretendió ser secreta, cuando en sesión extraordinaria convocada exclusivamente por los senadores colorados y luguistas (incluyendo a los de la izquierda y a los liberales luguistas), se eligió como nuevo fiscal general del Estado al colorado Francisco Díaz Verón.
Finalmente hubo humo blanco. Habemus fiscal. Aunque sea otra vez colorado, y con la "ayudita" de los nuevos amigos Cartes y Calé.
Marcadores:
opinión,
parlamento,
periodismo,
política
martes, 1 de noviembre de 2011
El Paraguay inexplicable

"A ver, explícame algo...", me pidió el colega extranjero. Tragué saliva y esperé la pregunta clásica, incómoda, inevitable: "¿Qué carajos es lo que está pasando en Paraguay?...".
Fue el martes al atardecer.
Una agradable brisa acariciaba la terraza del hotel, donde una fría cerveza nos ayudaba a asimilar la prolongada jornada del Foro Eurolatinoamericano de Comunicación, con algunos de los más grandes maestros de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) de Gabriel García Márquez, por primera vez en Asunción.
Desde abajo llegaba el eco del tráfico colapsado, tras un día de agitadas marchas y manifestaciones en el centro.
El joven e inquieto reportero internacional me contó que en un taller de crónicas con el hispano-colombiano Miguel Ángel Bastenier, este les provocó con una pregunta inusitada: "¿El Paraguay existe?".
Él intentaba demostrarlo con una imagen prefabricada: la de una sociedad que pudo derrocar a un largo y corrupto régimen dictatorial, y ahora construía un país moderno y progresista, sensible a las necesidades sociales, de la mano de esclarecidos líderes políticos... pero la realidad no le dejaba.
"A ver, explícame: ¿Cómo es que en el país de las más grandes hidroeléctricas, una simple lluvia los hace regresar a la era del oscurantismo?", me indagó, tras sufrir el largo apagón del lunes.
Quiso saber por qué las peleas políticas más feroces no son entre el Gobierno y sus adversarios, sino entre el Gobierno y sus aliados. O por qué el Ejecutivo presenta leyes para modernizar los aeropuertos, o para desarrollar las micro, pequeñas y medianas empresas, o para desarrollar tecnologías de ensamblajes, y luego él mismo Ejecutivo las manda al basurero.
"A ver, explícame: ¿El Partido Liberal es Gobierno u oposición?", me disparó. Le dije que no me sentía capaz de responder a ese insondable misterio, pero me queda el consuelo de que los propios liberales tampoco lo saben.
No me quedó más recurso que citar a Augusto Roa Bastos, en un recordado prólogo a El dolor paraguayo, de Rafael Barrett: "No hay mirada sobre el Paraguay que no ofrezca esta extraña sensación de irrealidad". Recogía la ardiente metáfora que Barrett expresó en un artículo, en agosto de 1905: "La realidad delira como un moribundo y nos arroja al rostro ráfagas de su enorme historia".
Las citas literarias surtieron efecto.
Mi amigo pidió otra cerveza y me preguntó cómo anda Larissa Riquelme y qué chances tiene la Albirroja para el Mundial Brasil 2014.
Más tarde leí en su cuenta de twitter: "Paraguay existe... pero es inexplicable".
Marcadores:
comunicación,
Crónicas,
historias,
medios,
periodismo,
política,
reflexiones
sábado, 30 de abril de 2011
La foto desaparecida
Una imagen vale más que mil palabras. Es la trillada frase que usamos en el ambiente periodístico para explicar el inmenso poder informativo y documental que puede tener una fotografía.
Hay fotos que ayudan a derribar gobiernos dictatoriales, como la del reportero norteamericano que fotografió su propio asesinato en la Nicaragua de Somoza, y precipitó la victoria del Sandinismo. O fotos que desnudan crímenes horrendos, como la que muestra a personas tratando desesperadamente de romper las puertas cerradas del incendiado Supermercado Ycua Bolaños en el siniestro 1-A paraguayo.
Hay también fotos que provocan asesinatos. Como la que obtuvo el fotoperiodista argentino José Luis Cabezas, revelando cuál era el verdadero rostro del empresario mafioso Alfredo Yabrán en la portada de una revista, atrevimiento que hizo que Cabezas acabara quemado vivo en enero de 1997.
En Paraguay, a veinte años del asesinato del periodista Santiago Leguizamón, una sorprendente revelación sugiere que fue también una foto la que precipitó el crimen. El comunicador Vicente Brunetti asegura que, poco antes de ser asesinado, Leguizamón le mostró una foto en la que aparecen juntos el narcotraficante colombiano Pablo Escobar Gaviria, el empresario fronterizo pedrojuanino Fadh Yamil y el entonces presidente Andrés Rodríguez. Era parte de evidencias que estaba recolectando sobre los presuntos nexos del mandatario paraguayo con el narcotráfico internacional. El periodista no pudo publicar los resultados de su investigación. Fue acribillado el 26 de abril de 1991, en la frontera de Pedro Juan Caballero, y la foto nunca fue hallada.
Veinte años después, se reafirman las presunciones de que la Policía y la Justicia paraguayas, en lugar de esclarecer el crimen, se ocupó de ocultar y hacer desaparecer las pruebas.
Veinte años después, los lazos entre narcotráfico y política aparecen más visibles que nunca. Lo afirmaron la viuda y los hijos de Santiago, y lo reafirmaron los colegas Humberto Rubín y Alcibíades González Delvalle, en la noche del miércoles 27 de abril, en un panel debate en la Universidad Católica: uno de los más potenciales candidatos a presidente de la República para el 2013 fue socio comercial de los Yamil, principales sospechosos de ordenar el asesinato de Leguizamón. Y aunque ellos no dieron nombres, el empresario y candidato colorado Horacio Cartes se puso el sayo y negó las acusaciones en declaraciones al periódico digital Paraguay.com.
Veinte años después, la ciudadanía honesta del Paraguay tiene ante sí un tremendo desafío cívico: reivindicar la memoria de un valiente periodista que prefirió la muerte física a la muerte ética, y evitar electoralmente que la mafia llegue a la presidencia de la República.
Hay fotos que ayudan a derribar gobiernos dictatoriales, como la del reportero norteamericano que fotografió su propio asesinato en la Nicaragua de Somoza, y precipitó la victoria del Sandinismo. O fotos que desnudan crímenes horrendos, como la que muestra a personas tratando desesperadamente de romper las puertas cerradas del incendiado Supermercado Ycua Bolaños en el siniestro 1-A paraguayo.
Hay también fotos que provocan asesinatos. Como la que obtuvo el fotoperiodista argentino José Luis Cabezas, revelando cuál era el verdadero rostro del empresario mafioso Alfredo Yabrán en la portada de una revista, atrevimiento que hizo que Cabezas acabara quemado vivo en enero de 1997.
En Paraguay, a veinte años del asesinato del periodista Santiago Leguizamón, una sorprendente revelación sugiere que fue también una foto la que precipitó el crimen. El comunicador Vicente Brunetti asegura que, poco antes de ser asesinado, Leguizamón le mostró una foto en la que aparecen juntos el narcotraficante colombiano Pablo Escobar Gaviria, el empresario fronterizo pedrojuanino Fadh Yamil y el entonces presidente Andrés Rodríguez. Era parte de evidencias que estaba recolectando sobre los presuntos nexos del mandatario paraguayo con el narcotráfico internacional. El periodista no pudo publicar los resultados de su investigación. Fue acribillado el 26 de abril de 1991, en la frontera de Pedro Juan Caballero, y la foto nunca fue hallada.
Veinte años después, se reafirman las presunciones de que la Policía y la Justicia paraguayas, en lugar de esclarecer el crimen, se ocupó de ocultar y hacer desaparecer las pruebas.
Veinte años después, los lazos entre narcotráfico y política aparecen más visibles que nunca. Lo afirmaron la viuda y los hijos de Santiago, y lo reafirmaron los colegas Humberto Rubín y Alcibíades González Delvalle, en la noche del miércoles 27 de abril, en un panel debate en la Universidad Católica: uno de los más potenciales candidatos a presidente de la República para el 2013 fue socio comercial de los Yamil, principales sospechosos de ordenar el asesinato de Leguizamón. Y aunque ellos no dieron nombres, el empresario y candidato colorado Horacio Cartes se puso el sayo y negó las acusaciones en declaraciones al periódico digital Paraguay.com.
Veinte años después, la ciudadanía honesta del Paraguay tiene ante sí un tremendo desafío cívico: reivindicar la memoria de un valiente periodista que prefirió la muerte física a la muerte ética, y evitar electoralmente que la mafia llegue a la presidencia de la República.
Marcadores:
crimen organizado,
o,
periodismo,
violencia
sábado, 2 de abril de 2011
Veinte años de impunidad
¿Quién diría que ya se van a cumplir veinte años, Santiago?
Veinte años desde aquella mañana en que te reías en el micrófono de la radio, en ese enlace con Ñandutí desde el Amambay, cuando Humberto pedía que te cuides ante las amenazas de muerte, y vos le respondías sin saber que tus palabras iban a quedar para siempre en el bronce: “Hay dos clases de muerte: una es la muerte material y otra es la muerte cuando uno abandonó la ética y la voluntad de trabajo. Prefiero la muerte física a la muerte ética".
Veinte años desde ese fatídico mediodía del 26 de abril de 1991, en que te despedías de los oyentes de tu programa Puertas Abiertas (sin saber que lo estabas haciendo para siempre) y subías al auto manejado por tu fiel Carapé Cabral, para dirigirte al restaurante El Pato donde los muchachos ya te estaban esperando con botellas de cerveza helada y una suculenta feijoada, sin sospechar que la muerte te aguardaba agazapada en el camino.
Veinte años desde que el siniestro Volkswagen Gol color negro, con vidrios polarizados y puerta derecha abollada, te cerró el paso en la esquina de Rodríguez de Francia y De Jesús Martínez, en plena línea internacional fronteriza entre Pedro Juan y Ponta Porá, y los tres oscuros pistoleros brasileños cegaron con 21 certeros disparos tanta pasión informativa, tanto coraje periodístico, tanta lucha democrática, tantos sueños por hacer posible un país diferente.
Veinte años de indignadas marchas de protesta y de estandartes con tu imagen. Veinte años de pronunciar discursos y depositar coronas de flores frente a tu rostro de metal. Veinte años de una niña y tres chicos que tuvieron que hacerse adultos a la fuerza con la dolorosa ausencia de papá. Veinte años de presidentes de la República y ministros de la Corte Suprema jurando en vano reabrir el caso y llevar a tus asesinos ante la Justicia, mientras dejaban que el voluminoso expediente número 70 se vaya cubriendo de polvareda y telarañas en algún neblinoso rincón de la memoria colectiva.
Veinte años desde que la mafia y el crimen organizado, junto a sus padrinos políticos, les demostraron al mundo qué fácil es asesinar a un inquisidor periodista en el Paraguay, y quedar impunes no solo durante veinte años, sino quizás para siempre. Aunque en la sangrienta y dolorosa huella de aquel crimen horrendo hayan surgido y sigan surgiendo muchos otros seguidores de aquel valiente y luminoso Santiago Leguizamón, que no aprendieron la criminal lección, e insisten tercamente en seguir cuestionando, investigando, informando, denunciando, publicando…
Veinte años desde aquella mañana en que te reías en el micrófono de la radio, en ese enlace con Ñandutí desde el Amambay, cuando Humberto pedía que te cuides ante las amenazas de muerte, y vos le respondías sin saber que tus palabras iban a quedar para siempre en el bronce: “Hay dos clases de muerte: una es la muerte material y otra es la muerte cuando uno abandonó la ética y la voluntad de trabajo. Prefiero la muerte física a la muerte ética".
Veinte años desde ese fatídico mediodía del 26 de abril de 1991, en que te despedías de los oyentes de tu programa Puertas Abiertas (sin saber que lo estabas haciendo para siempre) y subías al auto manejado por tu fiel Carapé Cabral, para dirigirte al restaurante El Pato donde los muchachos ya te estaban esperando con botellas de cerveza helada y una suculenta feijoada, sin sospechar que la muerte te aguardaba agazapada en el camino.
Veinte años desde que el siniestro Volkswagen Gol color negro, con vidrios polarizados y puerta derecha abollada, te cerró el paso en la esquina de Rodríguez de Francia y De Jesús Martínez, en plena línea internacional fronteriza entre Pedro Juan y Ponta Porá, y los tres oscuros pistoleros brasileños cegaron con 21 certeros disparos tanta pasión informativa, tanto coraje periodístico, tanta lucha democrática, tantos sueños por hacer posible un país diferente.
Veinte años de indignadas marchas de protesta y de estandartes con tu imagen. Veinte años de pronunciar discursos y depositar coronas de flores frente a tu rostro de metal. Veinte años de una niña y tres chicos que tuvieron que hacerse adultos a la fuerza con la dolorosa ausencia de papá. Veinte años de presidentes de la República y ministros de la Corte Suprema jurando en vano reabrir el caso y llevar a tus asesinos ante la Justicia, mientras dejaban que el voluminoso expediente número 70 se vaya cubriendo de polvareda y telarañas en algún neblinoso rincón de la memoria colectiva.
Veinte años desde que la mafia y el crimen organizado, junto a sus padrinos políticos, les demostraron al mundo qué fácil es asesinar a un inquisidor periodista en el Paraguay, y quedar impunes no solo durante veinte años, sino quizás para siempre. Aunque en la sangrienta y dolorosa huella de aquel crimen horrendo hayan surgido y sigan surgiendo muchos otros seguidores de aquel valiente y luminoso Santiago Leguizamón, que no aprendieron la criminal lección, e insisten tercamente en seguir cuestionando, investigando, informando, denunciando, publicando…
Marcadores:
crimen organizado,
homenajes,
memoria,
opinión,
periodismo
sábado, 8 de enero de 2011
Aniversarios
Este 5 de enero se cumplieron diez años del asesinato del periodista Salvador Medina. El 26 de abril se cumplirán veinte años del asesinato del periodista Santiago Leguizamón. Crímenes similares pero a la vez distintos, que unen sus aniversarios en este año del Bicentenario. Una misma realidad de inseguridad para el ejercicio del periodismo en el Paraguay, pero diferentes maneras de sentir la justicia y la impunidad, el olvido y la memoria. Salvador Medina tenía 27 años de edad y lideraba la emisora comunitaria Ñemity FM, en Capiibary, San Pedro. Con su hermano Pablo, corresponsal del diario ABC Color en la región, realizaba una insistente campaña de denuncia contra la mafia del tráfico de rollos de madera, que aniquilaban los últimos bosques vírgenes.
El 5 de enero de 2001, mientras regresaba en una motocicleta, un hombre enmascarado salió de la espesura y le disparó a quemarropa, matándolo en el acto. Empezó una enrevesada investigación, que -aún con varios puntos cuestionables- obtuvo resultados inusuales. Se logró identificar al asesino, Milciades Maylin, quien fue condenado a 25 años de prisión. Sin embargo, Pablo Medina descubrió en 2005 que Maylin caminaba libremente por las calles. Supo entonces que el asesino se había “fugado” meses atrás de la cárcel de Villarrica, pero nadie se había molestado en comunicarlo.
Recapturado Maylin, reveló a Pablo el nombre de quien le encargó el asesinato de su hermano, un conocido político colorado de la región, ligado a las mafias, pero el juicio está varado en la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia desde hace más de cinco años, esperando se resuelva un pedido de revisión planteado por el defensor del detenido.
Esta semana, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) presentó en Miami una colección de videos sobre periodistas en situación de riesgo en Paraguay. Allí, Pablo Medina cuenta que sigue recibiendo amenazas de muerte y debe movilizarse custodiado por policías, y que en el caso de Salvador solo hubo “una justicia a media”, congelada en el tiempo.El otro caso, el de Santiago Leguizamón, director de Radio Mburucuyá, asesinado el 26 de abril de 1991 en Pedro Juan Caballero, es aún más grave. Santiago denunció a una rosca mafiosa con conexiones políticas con el poder -uno de cuyos socios de entonces hoy aspira a la presidencia de la República-, y lo pagó muy caro. A veinte años del crimen, no hubo un solo detenido, y permanece en la más absoluta impunidad. Sobre el caso Leguizamón volveremos con más detalles en próximos artículos.
Marcadores:
crimen organizado,
homenajes,
memoria,
periodismo
sábado, 24 de abril de 2010
Caso Santiago Leguizamón: La marca de la impunidad

Pedro Juan Caballero, Paraguay, verano de 1985. Desde la ventanilla, la ciudad se extendía como un árido sueño difuminado entre remolinos de tierra roja.
El ómnibus me dejó frente a un céntrico hotel, en la zona más turbulenta junto a la línea divisoria. La tarde empezaba a caer y el aire parecía impregnado con un denso olor a barricada. Me instalé en una habitación y pedí un teléfono. Busqué el número del corresponsal que alguien me había apuntado en un papel. Me habían dicho que se trataba del director de una radio local.
El papel decía: 2598, Radio Mburucuyá, Santiago Leguizamón.
Una voz grave y enérgica me respondió desde el otro lado del tubo. Le expliqué que acababa de llegar, enviado por el diario para realizar una serie de notas periodísticas, y que necesitaba su ayuda. Me preguntó donde estaba alojado y le di el nombre del hotel. Entonces, con un tono imperativo que en principio me asustó, me ordenó que recogiera inmediatamente mis cosas y lo esperara a la entrada.
-Vas a venir a la radio –me dijo-. No voy a permitir que un colega quede abandonado en ese antro de pandillaje.
Toda protesta fue en vano. Quince minutos más tarde, un hombre corpulento y burlón preguntaba por mí en la recepción. Allí empecé a conocerlo, sin presagiar todavía que me encontraba frente a la dimensión de una leyenda.
* * * *
En esa época, el local de Radio Mburucuyá no era más que una pequeña casa de tablas construida en medio de un enorme terreno baldío, casi en las afueras de la ciudad, a unos setecientos metros de la “terra de ningueim” (tierra de nadie), como llaman los lugareños a ese mundo entre dos países que es la frontera seca paraguayo-brasileña.
Una precaria torre de metal que bailaba con las ráfagas del viento norte le servía de antena. Más de una vez la estructura fue derribada por las tormentas, pero a los pocos días estaba otra vez levantada, desafiante, irradiando su mensaje transgresor.
Adentro, en un pequeño estudio armado con equipos que parecían sacados de un museo, Santiago Leguizamón ofrecía cotidianamente su programa Puertas abiertas, un espacio de libre comunicación que abarcaba todo el territorio de la mañana, tejiendo una amplia red de información y solidaridad, mas allá del constante sobresalto de vivir en la frontera.
Me impresionó encontrar esa línea periodística tan claramente crítica y comprometida con el cambio en una radioemisora del interior, sobre todo en una zona tan marcada por la corrupción y la violencia como el Amambay. En medio de la tormentosa niebla represiva de la dictadura, Santiago había logrado encender una luz de esperanza para toda la ciudadanía honesta de Pedro Juan Caballero, con la que se identificaron decididamente quienes deseaban convertir esa comarca del terror en un espacio de integración y convivencia solidaria.
* * * *
-¿Por qué Radio Mburucuyá es prácticamente una excepción con respecto a las demás radios del interior? –le pregunté una mañana, mientras tomábamos mate en el estudio, antes de empezar la transmisión.
-El secreto es muy sencillo –me respondió-. Para mí, el micrófono de la radio es mucho más que un simple trozo de metal.
* * * *
Su dormitorio estaba instalado en una habitación contigua al estudio de la radio. Allí, al lado de la suya, en forma permanente había dos o tres camas disponibles “para los atorrantes que siempre caen de visita”. Le gustaba compartir su casa, su vida y su trabajo, como si la entrega hacia los demás fuera su mejor forma de ser feliz.
Como empresario era buen periodista. Pasaba avisos radiales que nunca se facturaban, porque eran pedidos de sus múltiples amigos o correspondían a algún servicio social. Allá por el 88 se le ocurrió la idea de instalar un “negocio anexo” a la emisora, un lavadero automático para vehículos, que resultó en un rotundo fracaso. Allí quedaron las costosas instalaciones, sub utilizadas para lavar los “móviles” de la radio, que se reducían a una camioneta, una citroneta destartalada, una moto y algunas bicicletas.
Desde 1990 había comenzado a editar Mburucuyá Revista. Perdía plata, pero no le importaba.
-Si quisiera volverme millonario, vendería la radio y me dedicaría al contrabando –me dijo una vez-. Me resultaría tremendamente fácil, porque conozco a todos los mafiosos de la zona.
* * * *
Conocía a la mafia, sí. Pero desde el otro lado de las barricadas de combate, que había comenzado a edificar con sus palabras aceradas, defendiendo a golpes de claridad el nebuloso sueño de la democracia.
Cada vez que uno de sus móviles llamaba para informar que había amanecido un cuerpo acribillado en medio de la línea divisoria, Santiago se indignaba porque daban la noticia como quien informa sobre el estado de tiempo.
“No podemos resignarnos a aceptar el crimen en Pedro Juan como parte de la vida cotidiana. Cada asesinato tiene que seguir siendo un motivo de escándalo”, exhortaba en sus programas.
Una de sus frases favoritas era la que se atribuye a San Juan Crisóstomo y que estampó con letras visibles en el primer número de Mburucuyá Revista. La frase dice: “Hay que temer más el escándalo que produce el silencio, y no el escándalo que proviene de la verdad revelada”.
* * * *
Vivir bajo constante presión y recibiendo continuas amenazas no le impedía derrochar su espíritu farrista y dicharachero. Le gustaba organizar asados en el patio de la radio, compartir el whisky, la cerveza o la caipirinha. Acudía casi todos los días a almorzar en su lugar favorito: el “Pato Restaurante”, propiedad de uno de sus amigos más queridos, Julio Cesar Acosta, entonces presidente de la Liga Deportiva del Amambay, quien se negaba a cobrarle la cuenta a pesar de sus continuas protestas.
“La feijoada que preparan en el Pato es lo mejor de Pedro Juan y Ponta Porá”, solia propagar. Precisamente, ese trágico viernes del 26 de abril de 1991, Santiago se dirigía al mismo local para celebrar el Día del Periodista con sus amigos y toda la gente de la radio, cuando la muerte lo esperó en una esquina. Desde entonces, en el Pato quedó un lugar vacío junto a una mesa que ya nunca nadie podrá llenar.
* * * *
En principio se burlaba de las amenazas de muerte y los avisos que le hacían llegar los mafiosos. Aquella mañana, horas antes de su muerte, le dijo a Humberto Rubín: “Prefiero la muerte física a la muerte ética”. Llevaba un revólver en la guantera, más para tranquilizar a sus amigos que como verdadera medida de precaución. Aceptaba la compañía de su fiel e incondicional secretario Pedro “Carapé” Cabral, no tanto por seguridad, sino para tener a álguien que oyera sus plagueos. La ultima vez que lo vi fue dos meses antes de su muerte, cuando pasó por la redacción del diario a dejarme los últimos ejemplares de su revista. Me contó que un conocido industrial yerbatero de Pedro Juan le había dicho: “Cuidate, porque te van a matar”.
Recuerdo que en esa ocasión le pregunté algo que ya varias veces le habíamos cuestionado con otros colegas: si valía la pena ese estilo de “periodismo kamikaze” que él ejercía con tanta audacia en esa región donde no hay policías ni jueces que te puedan proteger. Recuerdo que hubo un largo silencio, antes de que me respondiera con otra pregunta: “¿Y te parece que hay otra manera...?”.
* * * *
Cuando se supo la trágica noticia, me encontraba con los colegas Héctor Guerín y Oscar Torrents en Ciudad del Este, en una conferencia con los estudiantes de periodismo, y recuerdo que ninguno supo qué decir. Nos quedamos largamente en silencio, juntando bronca y dolor
Después vinieron las marchas, el sepelio desgarrador, la indignación, las promesas del presidente Andrés Rodríguez: “No descansaremos hasta atrapar a los asesinos”. El rostro de Santiago multiplicado en pancartas y volantes. Santiago con alas de ángel dibujado por Casartelli. Santiago estatua de bronce gracias a Herman Guggiari. Santiago convertido en nombre de una calle. Santiago premio de periodismo. Santiago en los informes internacionales sobre derechos humanos. Santiago ritual de encuentro cada 26 de abril, con flores, discursos y velas encendidas. Santiago grito, canción, proclama, símbolo vivo, espina lacerante.
Y por detrás de todo, una realidad cruel: el caso Santiago Leguizamón es el patético ejemplo de la inoperancia del trabajo policial y judicial en el Paraguay.
UN paciente trabajo realizado por los periodistas y abogados José Valiente y Eligio Fariña, quienes -por encargo del Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP), con apoyo del Ministerio Público y de la organización Reporteros sin Fronteras- durante largos meses bucearon de lleno en el voluminoso Expediente N° 70 del Juzgado del Crimen del Amambay, permitió revelar las elementales e inexplicables torpezas cometidas desde el principio en el proceso de la investigación, los múltiples y sospechosos cabos que se dejaron sueltos, como si existiera una deliberada voluntad oficial de permitir que el crimen de Santiago Leguizamón continúe en la más absoluta impunidad, mientras sus asesinos se pasean por las calles, a plena luz del día.
El informe fue presentado por el SPP a las máximas autoridades del poder Judicial, del Poder Legislativo y del Poder Ejecutivo, a principios de 1998. Desde entonces, a pesar de las públicas promesas, no se ha avanzado casi nada.
El ómnibus me dejó frente a un céntrico hotel, en la zona más turbulenta junto a la línea divisoria. La tarde empezaba a caer y el aire parecía impregnado con un denso olor a barricada. Me instalé en una habitación y pedí un teléfono. Busqué el número del corresponsal que alguien me había apuntado en un papel. Me habían dicho que se trataba del director de una radio local.
El papel decía: 2598, Radio Mburucuyá, Santiago Leguizamón.
Una voz grave y enérgica me respondió desde el otro lado del tubo. Le expliqué que acababa de llegar, enviado por el diario para realizar una serie de notas periodísticas, y que necesitaba su ayuda. Me preguntó donde estaba alojado y le di el nombre del hotel. Entonces, con un tono imperativo que en principio me asustó, me ordenó que recogiera inmediatamente mis cosas y lo esperara a la entrada.
-Vas a venir a la radio –me dijo-. No voy a permitir que un colega quede abandonado en ese antro de pandillaje.
Toda protesta fue en vano. Quince minutos más tarde, un hombre corpulento y burlón preguntaba por mí en la recepción. Allí empecé a conocerlo, sin presagiar todavía que me encontraba frente a la dimensión de una leyenda.
* * * *
En esa época, el local de Radio Mburucuyá no era más que una pequeña casa de tablas construida en medio de un enorme terreno baldío, casi en las afueras de la ciudad, a unos setecientos metros de la “terra de ningueim” (tierra de nadie), como llaman los lugareños a ese mundo entre dos países que es la frontera seca paraguayo-brasileña.
Una precaria torre de metal que bailaba con las ráfagas del viento norte le servía de antena. Más de una vez la estructura fue derribada por las tormentas, pero a los pocos días estaba otra vez levantada, desafiante, irradiando su mensaje transgresor.
Adentro, en un pequeño estudio armado con equipos que parecían sacados de un museo, Santiago Leguizamón ofrecía cotidianamente su programa Puertas abiertas, un espacio de libre comunicación que abarcaba todo el territorio de la mañana, tejiendo una amplia red de información y solidaridad, mas allá del constante sobresalto de vivir en la frontera.
Me impresionó encontrar esa línea periodística tan claramente crítica y comprometida con el cambio en una radioemisora del interior, sobre todo en una zona tan marcada por la corrupción y la violencia como el Amambay. En medio de la tormentosa niebla represiva de la dictadura, Santiago había logrado encender una luz de esperanza para toda la ciudadanía honesta de Pedro Juan Caballero, con la que se identificaron decididamente quienes deseaban convertir esa comarca del terror en un espacio de integración y convivencia solidaria.
* * * *
-¿Por qué Radio Mburucuyá es prácticamente una excepción con respecto a las demás radios del interior? –le pregunté una mañana, mientras tomábamos mate en el estudio, antes de empezar la transmisión.
-El secreto es muy sencillo –me respondió-. Para mí, el micrófono de la radio es mucho más que un simple trozo de metal.
* * * *
Su dormitorio estaba instalado en una habitación contigua al estudio de la radio. Allí, al lado de la suya, en forma permanente había dos o tres camas disponibles “para los atorrantes que siempre caen de visita”. Le gustaba compartir su casa, su vida y su trabajo, como si la entrega hacia los demás fuera su mejor forma de ser feliz.
Como empresario era buen periodista. Pasaba avisos radiales que nunca se facturaban, porque eran pedidos de sus múltiples amigos o correspondían a algún servicio social. Allá por el 88 se le ocurrió la idea de instalar un “negocio anexo” a la emisora, un lavadero automático para vehículos, que resultó en un rotundo fracaso. Allí quedaron las costosas instalaciones, sub utilizadas para lavar los “móviles” de la radio, que se reducían a una camioneta, una citroneta destartalada, una moto y algunas bicicletas.
Desde 1990 había comenzado a editar Mburucuyá Revista. Perdía plata, pero no le importaba.
-Si quisiera volverme millonario, vendería la radio y me dedicaría al contrabando –me dijo una vez-. Me resultaría tremendamente fácil, porque conozco a todos los mafiosos de la zona.
* * * *
Conocía a la mafia, sí. Pero desde el otro lado de las barricadas de combate, que había comenzado a edificar con sus palabras aceradas, defendiendo a golpes de claridad el nebuloso sueño de la democracia.
Cada vez que uno de sus móviles llamaba para informar que había amanecido un cuerpo acribillado en medio de la línea divisoria, Santiago se indignaba porque daban la noticia como quien informa sobre el estado de tiempo.
“No podemos resignarnos a aceptar el crimen en Pedro Juan como parte de la vida cotidiana. Cada asesinato tiene que seguir siendo un motivo de escándalo”, exhortaba en sus programas.
Una de sus frases favoritas era la que se atribuye a San Juan Crisóstomo y que estampó con letras visibles en el primer número de Mburucuyá Revista. La frase dice: “Hay que temer más el escándalo que produce el silencio, y no el escándalo que proviene de la verdad revelada”.
* * * *
Vivir bajo constante presión y recibiendo continuas amenazas no le impedía derrochar su espíritu farrista y dicharachero. Le gustaba organizar asados en el patio de la radio, compartir el whisky, la cerveza o la caipirinha. Acudía casi todos los días a almorzar en su lugar favorito: el “Pato Restaurante”, propiedad de uno de sus amigos más queridos, Julio Cesar Acosta, entonces presidente de la Liga Deportiva del Amambay, quien se negaba a cobrarle la cuenta a pesar de sus continuas protestas.
“La feijoada que preparan en el Pato es lo mejor de Pedro Juan y Ponta Porá”, solia propagar. Precisamente, ese trágico viernes del 26 de abril de 1991, Santiago se dirigía al mismo local para celebrar el Día del Periodista con sus amigos y toda la gente de la radio, cuando la muerte lo esperó en una esquina. Desde entonces, en el Pato quedó un lugar vacío junto a una mesa que ya nunca nadie podrá llenar.
* * * *
En principio se burlaba de las amenazas de muerte y los avisos que le hacían llegar los mafiosos. Aquella mañana, horas antes de su muerte, le dijo a Humberto Rubín: “Prefiero la muerte física a la muerte ética”. Llevaba un revólver en la guantera, más para tranquilizar a sus amigos que como verdadera medida de precaución. Aceptaba la compañía de su fiel e incondicional secretario Pedro “Carapé” Cabral, no tanto por seguridad, sino para tener a álguien que oyera sus plagueos. La ultima vez que lo vi fue dos meses antes de su muerte, cuando pasó por la redacción del diario a dejarme los últimos ejemplares de su revista. Me contó que un conocido industrial yerbatero de Pedro Juan le había dicho: “Cuidate, porque te van a matar”.
Recuerdo que en esa ocasión le pregunté algo que ya varias veces le habíamos cuestionado con otros colegas: si valía la pena ese estilo de “periodismo kamikaze” que él ejercía con tanta audacia en esa región donde no hay policías ni jueces que te puedan proteger. Recuerdo que hubo un largo silencio, antes de que me respondiera con otra pregunta: “¿Y te parece que hay otra manera...?”.
* * * *
Cuando se supo la trágica noticia, me encontraba con los colegas Héctor Guerín y Oscar Torrents en Ciudad del Este, en una conferencia con los estudiantes de periodismo, y recuerdo que ninguno supo qué decir. Nos quedamos largamente en silencio, juntando bronca y dolor
Después vinieron las marchas, el sepelio desgarrador, la indignación, las promesas del presidente Andrés Rodríguez: “No descansaremos hasta atrapar a los asesinos”. El rostro de Santiago multiplicado en pancartas y volantes. Santiago con alas de ángel dibujado por Casartelli. Santiago estatua de bronce gracias a Herman Guggiari. Santiago convertido en nombre de una calle. Santiago premio de periodismo. Santiago en los informes internacionales sobre derechos humanos. Santiago ritual de encuentro cada 26 de abril, con flores, discursos y velas encendidas. Santiago grito, canción, proclama, símbolo vivo, espina lacerante.
Y por detrás de todo, una realidad cruel: el caso Santiago Leguizamón es el patético ejemplo de la inoperancia del trabajo policial y judicial en el Paraguay.
UN paciente trabajo realizado por los periodistas y abogados José Valiente y Eligio Fariña, quienes -por encargo del Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP), con apoyo del Ministerio Público y de la organización Reporteros sin Fronteras- durante largos meses bucearon de lleno en el voluminoso Expediente N° 70 del Juzgado del Crimen del Amambay, permitió revelar las elementales e inexplicables torpezas cometidas desde el principio en el proceso de la investigación, los múltiples y sospechosos cabos que se dejaron sueltos, como si existiera una deliberada voluntad oficial de permitir que el crimen de Santiago Leguizamón continúe en la más absoluta impunidad, mientras sus asesinos se pasean por las calles, a plena luz del día.
El informe fue presentado por el SPP a las máximas autoridades del poder Judicial, del Poder Legislativo y del Poder Ejecutivo, a principios de 1998. Desde entonces, a pesar de las públicas promesas, no se ha avanzado casi nada.
El expediente N° 70 duerme su sueño telarañas en algún estante olvidado del Poder Judicial.
Marcadores:
derechos humanos,
justicia,
periodismo,
reportajes
viernes, 9 de abril de 2010
Top Secret
Las acusaciones del ministro del Interior, Rafael Filizzola, contra los medios periodísticos que divulgaron grabaciones de la negociación entre familiares de Fidel Zavala y los secuestradores miembros del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), para lograr su liberación, han provocado un interesante debate sobre los límites éticos de la prensa, y la responsabilidad en torno a la libertad de expresión y el derecho a la información, a pocos días de celebrarse el Día del Periodista Paraguayo.Filizzola confunde la función del periodismo. La prensa no trabaja para el Gobierno, ni para el sistema de Justicia, ni para los organismos de seguridad, ni para los investigadores del caso Zavala, y no está obligada a “colaborar con la investigación”, ni a responder a criterios internos de la burocracia estatal. La prensa está al servicio de la sociedad, a la que debe proveer en forma libre toda información de interés público, que ayude a los ciudadanos a formarse criterios para juzgar los temas de actualidad, incluyendo la misma actuación del Gobierno y los organismos de seguridad.
¿Las grabaciones del caso Zavala son de interés público? Una vez liberada la víctima, sí lo son, pues aportan reveladores detalles de cómo se manejó la negociación en un secuestro que tuvo mucha repercusión política y social. Cualquier editor que acceda a un material como este, lo va a publicar por su evidente valor periodístico, sin estar calibrando si beneficia a los delincuentes o si beneficia al Gobierno, como pretende el ministro del interior. La noticia es noticia, y punto.
¿El material era de carácter confidencial, por tanto no debía ser publicado? La esencia del periodismo de investigación es obtener información importante que los poderes mantienen oculto. Si se obtuvo una grabación “top secret”, eso habla bien de la habilidad de los periodistas en hacer su trabajo, y habla mal del Gobierno y de los servicios de seguridad que no supieron resguardar la confidencialidad, como para evitar filtraciones.
¿Qué la publicación favorece a los delincuentes y debilita la imagen de los investigadores? Si esa es la lectura de la realidad… ¡sorry! Pero convengamos en que los investigadores ayudan muy poco a no mostrar falencias, cuando la propia fiscala del caso admite que desconocía la existencia de las grabaciones, y luego el Fiscal General la contradice públicamente, tras una semana de intercambio de acusaciones entre el Ministerio del Interior y el Ministerio Público.
Llama la atención que Rafael Filizzola ataque a los periodistas por hacer su trabajo. Justamente él, que en su época de ejercer como abogado y luego como parlamentario, supo ser un gran estudioso y un abanderado del derecho a la información. ¿Será que cambia tanto la perspectiva desde el ejercicio del poder?
Marcadores:
libertad de expresión,
opinion,
periodismo
viernes, 21 de agosto de 2009
Crónica para no dejar dormir a los corruptos

Más de uno o una tiene huellas de balazos o cuchilladas en el cuerpo. Colecciones de atentados y amenazas de muerte. Y, por sobre todo, profundas cicatrices en el alma, tras tantos viajes a los infiernos de la corrupción y la miseria.
“Muchos políticos y mafiosos de nuestros países estarán sin dormir, tan solo de saber que están todos juntos aquí, reunidos”, bromeaba Mirko Lauer, presidente del Instituto Prensa y Sociedad, que nos convocó a más de 50 comunicadores a la primera Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación en Lima, Perú.
Allí estaba el brasileño Eduardo Faustini, gurú de la cámara oculta de la Rede Globo, quien nunca permite que se le tome una foto, para que los corruptos y criminales a quienes caza no lo identifiquen. Estaba la indoblegable Giovanna Segnini, del diario La Nación de Costa Rica, quien reveló cómo la Iglesia Católica de su país operaba una red financiera ilegal (Primer Premio 2009 a la mejor Investigación Periodística), o cómo el gobierno del Nobel de la Paz Oscar Arias apoyó diplomáticamente a China, a cambio de la venta de bonos de la deuda pública por 300 millones de dólares.
Estaba Marina Walker, del International Consortium of Investigative Journalism, quien dirigió una mega investigación de 22 periodistas (entre ellos la compatriota Mabel Renhfeldt) en 14 países, demostrando cómo la mafia internacional usa a naciones como el Paraguay para producir y contrabandear cigarrillos, cuya recaudación financia operaciones de grupos violentos como las FARC colombianas o la taliban Al Qaeda.
Estaban el colombiano Gerardo Reyes, que ganó el Pulitzer con sus reportajes sobre lavado de dinero; el peruano Gustavo Gorriti, quien precipitó la caída de Fujimori y Montesinos al destapar sus negociados; y el argentino Daniel Santoro, que metió preso a Menem por el tráfico de armas a Ecuador y Croacia, quien participó on line gracias a la magia de internet.
Estaba una nueva generación de jóvenes recién llegados a la logia de los investigadores, los que suman el uso de redes de internet y hojas de cálculos Excel a la lupa de los viejos sabuesos, donde el periodismo paraguayo resuena cada vez más fuerte: el colega Luis Bareiro, de Última Hora, ganó una mención por su serie sobre el financiamiento de la campaña colorada con fondos públicos.
Más de 200 reportajes presentados al Premio Ipys-Transparencia (“nunca vimos tanta calidad y cantidad”, confesó un miembro del jurado). Mientras los colegas de Estados Unidos se quejan de la crisis, en Latinoamérica se vive un tiempo de explosión y crecimiento investigativo. En palabras de Mirko Lauer: una linda noticia para no dejar dormir a los corruptos.
“Muchos políticos y mafiosos de nuestros países estarán sin dormir, tan solo de saber que están todos juntos aquí, reunidos”, bromeaba Mirko Lauer, presidente del Instituto Prensa y Sociedad, que nos convocó a más de 50 comunicadores a la primera Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación en Lima, Perú.
Allí estaba el brasileño Eduardo Faustini, gurú de la cámara oculta de la Rede Globo, quien nunca permite que se le tome una foto, para que los corruptos y criminales a quienes caza no lo identifiquen. Estaba la indoblegable Giovanna Segnini, del diario La Nación de Costa Rica, quien reveló cómo la Iglesia Católica de su país operaba una red financiera ilegal (Primer Premio 2009 a la mejor Investigación Periodística), o cómo el gobierno del Nobel de la Paz Oscar Arias apoyó diplomáticamente a China, a cambio de la venta de bonos de la deuda pública por 300 millones de dólares.
Estaba Marina Walker, del International Consortium of Investigative Journalism, quien dirigió una mega investigación de 22 periodistas (entre ellos la compatriota Mabel Renhfeldt) en 14 países, demostrando cómo la mafia internacional usa a naciones como el Paraguay para producir y contrabandear cigarrillos, cuya recaudación financia operaciones de grupos violentos como las FARC colombianas o la taliban Al Qaeda.
Estaban el colombiano Gerardo Reyes, que ganó el Pulitzer con sus reportajes sobre lavado de dinero; el peruano Gustavo Gorriti, quien precipitó la caída de Fujimori y Montesinos al destapar sus negociados; y el argentino Daniel Santoro, que metió preso a Menem por el tráfico de armas a Ecuador y Croacia, quien participó on line gracias a la magia de internet.
Estaba una nueva generación de jóvenes recién llegados a la logia de los investigadores, los que suman el uso de redes de internet y hojas de cálculos Excel a la lupa de los viejos sabuesos, donde el periodismo paraguayo resuena cada vez más fuerte: el colega Luis Bareiro, de Última Hora, ganó una mención por su serie sobre el financiamiento de la campaña colorada con fondos públicos.
Más de 200 reportajes presentados al Premio Ipys-Transparencia (“nunca vimos tanta calidad y cantidad”, confesó un miembro del jurado). Mientras los colegas de Estados Unidos se quejan de la crisis, en Latinoamérica se vive un tiempo de explosión y crecimiento investigativo. En palabras de Mirko Lauer: una linda noticia para no dejar dormir a los corruptos.
Marcadores:
investigacion,
periodismo
martes, 11 de agosto de 2009
Periodismo bajo fuego

En Venezuela, 34 emisoras de radio clausuradas por el comandante bolivariano Hugo Chávez y el canal televisivo Globovisión atracado por una horda de fanáticos oficialistas.
En Honduras, más de 12 medios cerrados por orden superior del presidente de facto Roberto Micheletti, varios periodistas detenidos o golpeados por la policía, y la amenaza de clausura que pende como una espada de Damocles sobre la emisora Radio Globo.
Las imágenes por Internet o televisión se confunden unas con otras. Ese policía que levanta el garrote sobre la cabeza de un fotógrafo, ¿es funcionario de Chávez o Micheletti? Ese corresponsal magullado que mira a cámara con el rostro sangrante, ¿es venezolano u hondureño?
“Tengo una sensación de deja vu, de ya visto”, le confesé a la colega Mabel esta semana, en un contacto radial. Las escenas de las hordas chavistas atracando la sede de Globovisión, en Caracas, ¿no son tan parecidas a otras de hace dos décadas, cuando las hordas stronistas, comandadas por el seccionalero chacariteño Ramón Aquino, atacaron a pedradas el local de Radio Ñandutí, durante la dictadura stronista?
Stroesner era de derecha y se embanderaba en la “democracia sin comunismo” para acallar las voces críticas y censurar la publicación de noticias que no favorecían a su Gobierno. En cambio Chávez, líder del Socialismo Siglo XXI, es de izquierda y se embandera en su cruzada anti-imperialista para cerrar 34 emisoras, destacando que no es un acto político, sino administrativo. Micheletti, el golpista que se adueñó de Honduras tras desalojar con tanques militares al presidente constitucional Manuel Zelaya, es también de derecha. Y usa los mismos métodos que Chávez, o que Stroessner.
El derecho ciudadano a una prensa libre, responsable, independiente y crítica ante los poderes de turno, es un derecho inalienable, más allá del perfil ideológico que pueda caracterizar a determinado gobierno. La censura es siempre censura, provenga de la izquierda, del centro o de la derecha. El garrote que viene un lado u otro duele igual. Y la sangre tiene siempre el mismo color.
En Honduras, más de 12 medios cerrados por orden superior del presidente de facto Roberto Micheletti, varios periodistas detenidos o golpeados por la policía, y la amenaza de clausura que pende como una espada de Damocles sobre la emisora Radio Globo.
Las imágenes por Internet o televisión se confunden unas con otras. Ese policía que levanta el garrote sobre la cabeza de un fotógrafo, ¿es funcionario de Chávez o Micheletti? Ese corresponsal magullado que mira a cámara con el rostro sangrante, ¿es venezolano u hondureño?
“Tengo una sensación de deja vu, de ya visto”, le confesé a la colega Mabel esta semana, en un contacto radial. Las escenas de las hordas chavistas atracando la sede de Globovisión, en Caracas, ¿no son tan parecidas a otras de hace dos décadas, cuando las hordas stronistas, comandadas por el seccionalero chacariteño Ramón Aquino, atacaron a pedradas el local de Radio Ñandutí, durante la dictadura stronista?
Stroesner era de derecha y se embanderaba en la “democracia sin comunismo” para acallar las voces críticas y censurar la publicación de noticias que no favorecían a su Gobierno. En cambio Chávez, líder del Socialismo Siglo XXI, es de izquierda y se embandera en su cruzada anti-imperialista para cerrar 34 emisoras, destacando que no es un acto político, sino administrativo. Micheletti, el golpista que se adueñó de Honduras tras desalojar con tanques militares al presidente constitucional Manuel Zelaya, es también de derecha. Y usa los mismos métodos que Chávez, o que Stroessner.
El derecho ciudadano a una prensa libre, responsable, independiente y crítica ante los poderes de turno, es un derecho inalienable, más allá del perfil ideológico que pueda caracterizar a determinado gobierno. La censura es siempre censura, provenga de la izquierda, del centro o de la derecha. El garrote que viene un lado u otro duele igual. Y la sangre tiene siempre el mismo color.
Marcadores:
censura,
libertad de expresión,
periodismo
viernes, 26 de junio de 2009
Madrugada en la tierra de nadie

¿Cómo es despertarse súbitamente en el frío cortante de la madrugada, con una lluvia de balas martillando las paredes de tu casa?
Al periodista Santiago Benítez todavía se le quiebra la voz cuando relata las horas de horror que le tocó padecer con su familia, el pasado domingo 21 de junio, cerca de las 5:00 a.m., cuando manos anónimas dispararon desde las sombras contra su vivienda, en la ciudad de Pedro Juan Caballero. Nueve balazos quedaron incrustados en las paredes, huellas lacerantes de la violencia criminal y la estructural impunidad.
En el subconsciente colectivo volvieron, inevitables, los trágicos recuerdos de lo sucedido con otro periodista, también llamado Santiago, hace 18 años, entonces director propietario de ZP 31 Radio Mburucuyá, la misma emisora en la que hoy su tocayo y discípulo desarrolla su labor profesional.
Aquel 26 de abril de 1991, al mediodía, en la exacta línea fronteriza entre Pedro Juan (Paraguay) y Ponta Porá (Brasil), la llamada “tierra de nadie”, tres sicarios dispararon 21 certeros balazos contra el vehículo de Santiago Leguizamón, apagando una voz valiente que se atrevió a soñar con un Amambay distinto, de trabajo y desarrollo, libre de oscuros amos del narcotráfico. La Justicia paraguaya nunca pudo (o nunca quiso) aclarar el crimen, que continúa alevosamente impune.
El ataque de esta semana, contra el otro Santiago, fue un aviso, una amenaza, un “estate quieto”. Cuando la mafia dispara a matar, nunca yerra el blanco. El colega Benítez estaba divulgando demasiadas noticias molestas, mientras se preguntaba por qué las autoridades nacionales, y sobre todo policiales, permiten que Pedro Juan sea escenario de una sangrienta batalla entre el Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV), las dos organizaciones criminales brasileñas que han plantado su bandera en territorio paraguayo.
“La Policía Nacional, con personal corrupto en sus filas, no tiene las más mínimas condiciones de brindar seguridad a nadie. Muy por el contrario, la tan añorada seguridad la tienen los delincuentes, que a cambio de sumas semanales de dinero, están enterados de todos los movimientos que realiza la Policía Nacional” dice un pronunciamiento de los comunicadores pedrojuaninos, nucleados en la filial Amambay del Sindicato de Periodistas del Paraguay.
Santiago Benítez hoy quiere abandonar Amambay, por su propia seguridad y la de su familia. Sería un grave retroceso, una victoria de la mafia. Santiago y los demás periodistas de la región cumplen un importante rol social al mantener viva la voz de la población, y deben recibir el más fuerte respaldo de todas las instituciones democráticas para seguir desarrollando su valiosa labor, con las máximas condiciones de seguridad y protección.
Al periodista Santiago Benítez todavía se le quiebra la voz cuando relata las horas de horror que le tocó padecer con su familia, el pasado domingo 21 de junio, cerca de las 5:00 a.m., cuando manos anónimas dispararon desde las sombras contra su vivienda, en la ciudad de Pedro Juan Caballero. Nueve balazos quedaron incrustados en las paredes, huellas lacerantes de la violencia criminal y la estructural impunidad.
En el subconsciente colectivo volvieron, inevitables, los trágicos recuerdos de lo sucedido con otro periodista, también llamado Santiago, hace 18 años, entonces director propietario de ZP 31 Radio Mburucuyá, la misma emisora en la que hoy su tocayo y discípulo desarrolla su labor profesional.
Aquel 26 de abril de 1991, al mediodía, en la exacta línea fronteriza entre Pedro Juan (Paraguay) y Ponta Porá (Brasil), la llamada “tierra de nadie”, tres sicarios dispararon 21 certeros balazos contra el vehículo de Santiago Leguizamón, apagando una voz valiente que se atrevió a soñar con un Amambay distinto, de trabajo y desarrollo, libre de oscuros amos del narcotráfico. La Justicia paraguaya nunca pudo (o nunca quiso) aclarar el crimen, que continúa alevosamente impune.
El ataque de esta semana, contra el otro Santiago, fue un aviso, una amenaza, un “estate quieto”. Cuando la mafia dispara a matar, nunca yerra el blanco. El colega Benítez estaba divulgando demasiadas noticias molestas, mientras se preguntaba por qué las autoridades nacionales, y sobre todo policiales, permiten que Pedro Juan sea escenario de una sangrienta batalla entre el Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV), las dos organizaciones criminales brasileñas que han plantado su bandera en territorio paraguayo.
“La Policía Nacional, con personal corrupto en sus filas, no tiene las más mínimas condiciones de brindar seguridad a nadie. Muy por el contrario, la tan añorada seguridad la tienen los delincuentes, que a cambio de sumas semanales de dinero, están enterados de todos los movimientos que realiza la Policía Nacional” dice un pronunciamiento de los comunicadores pedrojuaninos, nucleados en la filial Amambay del Sindicato de Periodistas del Paraguay.
Santiago Benítez hoy quiere abandonar Amambay, por su propia seguridad y la de su familia. Sería un grave retroceso, una victoria de la mafia. Santiago y los demás periodistas de la región cumplen un importante rol social al mantener viva la voz de la población, y deben recibir el más fuerte respaldo de todas las instituciones democráticas para seguir desarrollando su valiosa labor, con las máximas condiciones de seguridad y protección.
Marcadores:
crimen organizado,
libertad de expresión,
periodismo
miércoles, 3 de junio de 2009
Treinta años de periodismo

Yo tenía 17 años y necesitaba desesperadamente conseguir un empleo. Tras concluir el bachillerato en la calcinada Salto del Guairá, cargué mis maletas y me trasladé a Asunción, convencido de que mi destino era convertirme en periodista. Pero un accidente segó la vida de mi padre en aquel trágico 1979, dejándome con una madre y dos hermanas desconsoladas, y mis mejores sueños al borde del abismo.
Mi tío Blas Roberti me tiró un cable salvador: “El director de Última Hora es amigo mío, le voy a llamar”. Con mis textos estudiantiles dentro de una carpeta verde, llegué hasta el viejo edificio de la calle Benjamín Constant 658, y tras una larga antesala, me encontré ante un sorprendido Demetrio Papu Rojas.
“Pero… ¡sos muy joven todavía!”, me reclamó el director, que no tenía más de 25 años. Tras un interrogatorio que no ayudó a despejar sus dudas, llamó al jefe de Redacción, el profe Pedro Justino Macchi. “Tomalo como practicante. No le vamos a poder pagar nada todavía”, decretó Papu.
El 1 de junio de 1979, a las 7.15 de la mañana, con cara del adolescente más perdido del mundo, ingresé a la Redacción de Última Hora. Macchi me presentó a los demás editores. “¿Qué…? ¿Ahora contratamos criaturas?”, se burló Félix Humberto Paiva. En seguida me encomendó mi primera misión: “Andá a comprarme una coca de la cantina”.
Recuerdo esa primera mañana como una interminable navegación entre periodistas apurados que me desalojaban de sus mesas. Al filo del mediodía, Macchi me encargó una tarea: “Andate al Mercado a traerme precios de la carne y las verduras”. Allá fui, con el inefable Fotosky Irala, que partía a otra cobertura y me iba a dejar en el camino.
Quiso el destino que en aquel momento se produzca una batalla campal entre inspectores municipales y vendedoras del mercado. El intendente Pereira Ruiz Díaz quería despejar la calle Battilana, pero las mercaderas se resistieron con piedras y palos, dejando varios heridos. Fotosky disparó su cámara, mientras me indicaba a quién entrevistar. En seguida me arrastró a la camioneta y volvimos al periódico: “¡Esta es la noticia del día!”.
Cuando Macchi lo supo, se puso eufórico. Buscó a un periodista que redacte la noticia, pero todos estaban muy ocupados, o ya se habían marchado. El diario era vespertino, y estábamos en la hora de cierre. Le dije que no se preocupe, que yo mismo le iba a redactar. Huyendo de su mirada de desconfianza, me senté ante la primera máquina de escribir y traté de disimular que estaba temblando. Veinte minutos después dejé sobre su mesa las dos cuartillas. Las leyó, hizo algunas correcciones, y me dijo que me podía retirar.
Esa tarde sentí un escalofrío al ver en las páginas impresas mi anónimo primer artículo. Se me escaparon algunas lágrimas, que me las sequé rápidamente, para que nadie se de cuenta. Al día siguiente, el director Rojas me llamó a su despacho y me anunció que estaba oficialmente contratado como periodista practicante, y que desde ese mes iba a cobrar mi primer sueldo.
Sangre y tinta. Se cumplen 30 años desde aquel lejano día. ¿Tanto y tan poco?
En 1995, cuando publiqué la serie “El país de la droga”, el hijo del Rey de la Marihuana de Capitán Bado, Ramón Morel, me ofreció un fajo de dólares para cubrir “mis gastos”. Lo rechacé con amabilidad y le expliqué que la entrevista que me había dado en la clandestinidad no tenía precio.
En 2002, cuando publiqué una serie de reportajes sobre los escuadrones de la muerte en la frontera seca con Brasil, me llegó un sobre que contenía una bala calibre 45 con un papel pegado con cinta adherente, en donde estaba escrito mi nombre. La tengo bien guardada, cual amuleto de la suerte.
Tuve el privilegio de cubrir la muerte del ex dictador Alfredo Stroessner, en Brasilia. La alegría de encontrar vivo al desaparecido periodista Kike Galeano, en Sao Paulo. La osadía de llegar al corazón del narcotráfico y del contrabando, de radiografiar las muchas formas de corrupción que corroen el alma del Paraguay. La discutida primicia de revelar la otra cara de Fernando Lugo, con el tema de sus presuntos hijos. Pero también tuve el grato placer de contar las maravillas del otro país: la revolución de la limpieza en Atyrá, la experiencia de salud comunitaria en Fram, los fuegos mágicos de Tañarandy…
Me hice periodista porque tengo miles de preguntas que me consumen el alma. Porque quiero saber y entender qué pasa, y ayudar a que la gente también sepa y entienda. El mundo sería otro si tuviésemos mejor información para decidir con mayor criterio y conocimiento nuestro propio destino.Creo que el periodismo es un fin y no un medio. Elegí ser periodista para ser periodista, y no como el camino más corto para enriquecerse, conseguir un cargo público o figurar en una lista de candidatos.
Treinta años después, mis sueños están enteros. Y todavía queda tanto por hacer…
lunes, 11 de agosto de 2008
Así murió el ex dictador Stroessner (1)

Alfredo "Goli" Stroessner trata de huir del asedio de la prensa por una salida lateral del Hospital Santa Luzia, pero le dan alcance. (Foto: A.C.G.)

Gustavo Stroessner y su sobrino Diego Domínguez son descubierto tratando de alejarse del Hospital, donde el ex dictador estaba internado. (Foto: A.C.G).

La primera nota lograda el domingo 13 de agosto y publicada el lunes en portada de Última Hora.
La crónica detrás de la crónica: Revelaciones del enviado de Última Hora y Telefuturo que acompañó la larga agonía del Tiranosaurio, a dos años de su fallecimiento en Brasilia.
Por Andrés Colmán Gutiérrez
Asunción, 12 de agosto de 2006.
Son las 21.50 de una calurosa noche de sábado. Tras una agotadora semana laboral, me dispongo a disfrutar de una agradable velada, en compañía de una querida amiga. Una copa de vino, una rica pizza casera, una amable plática junto a la piscina, cuando suena el teléfono celular.
En el identificador de llamadas salta el nombre luminoso de Oscar Ayala Bogarín, jefe de Redacción de Última Hora. Es casi seguro que no llama para saludar. ¿Qué hago? ¿Atiendo o me hago el ñembotavy?
-¿Hola…?
-Vos tenés siempre listo tu equipaje, ¿verdad? Quiero que estés en el Aeropuerto para las 5 de la mañana.
-¡Noooo…! Mañana ningo es domingo. Necesito quedarme en camita hasta bien tarde. ¿No tenés pio otra víctima…?
-Puedo mandar a otro, pero este tema es para vos. Stroessner está agonizando en un hospital de Brasilia. Una fuente muy cercana me asegura que esta vez no sobrevive. Ya te reservé pasaje en el primer vuelo de Tam.
-¿A qué hora en el Aeropuerto, me dijiste…?
A las 04:15, el chofer del móvil de Última Hora toca la bocina en la puerta. En el Silvio Pettirossi me encuentro con Rufino Recalde, camarógrafo de Telefuturo, quien será mi compañero de viaje. Me entrega los pasajes y viáticos que algún somnoliento administrador tuvo que proveer en medio de madrugada.
-¿Vos conocés Brasilia? Yo nunca antes estuve… –confiesa Rufino, mientras la nave se desliza entre las nubes.
Le digo que sí, que ya estuve en dos ocasiones. La última fue en marzo de 2004, cuando el entonces director de ÚH, Tony Carmona, me envió a relatar el dorado exilio de Stroessner. No pude entrevistarlo, pero alcancé a verlo fugazmente en su auto junto al Lago Paranoá, y logré acceder a invalorables testimonios para reconstruir su vida cotidiana en la Fortaleza de la Soledad.
EL CERCO PERIODÍSTICO. Llegamos a Brasilia después del mediodía. Nos registramos en el Hotel das Naçoes y en seguida abordamos un taxi hasta el Hospital Santa Luzia, en el Sector Hospitalario Sur, donde está internado el ex dictador, según nuestra fuente.
Desde Asunción ya habían realizado consultas telefónicas y el Hospital lo había negado reiteradas veces: No hay ningún paciente con el nombre de Alfredo Stroessner. Para mayor confusión, su nieto homónimo, Alfredo “Goli”, había asegurado a una radioemisora paraguaya que el anciano general se estaba recuperando satisfactoriamente en su residencia particular, fuera de peligro.
En la entrada del Hospital no hay periodistas apostados, ni parientes o amigos conocidos. ¿Habrá sido falso el dato? Le digo a Rufino que guarde su cámara y me espere afuera. Con cara de visitante perdido me acerco a la recepcionista. Una de las ventajas de haber crecido en la región fronteriza de Canindeyú, es haber aprendido a hablar bien el portugués. Pregunto “¿Aonde fica a Unidade de Cuidados Intensivos?”, y ella me indica un largo pasillo.
Al final, una puerta cerrada y protegida celosamente por dos hombres de traje negro. Imposible pasar. Al lado, un escritorio y otra recepcionista. Morocha simpática, muy bella. Me acerco. Esta vez hablo en español. Le digo que acabo de llegar del Paraguay y busco a un “conocido” que está internado allí.
-¡Nao se pode pasar…! –me avisa-. ¿Cómo chama o paciente que vocé procura?
-Stroessner. Alfredo Stroessner.
Ella escribe en la computadora. El nombre no le resulta extraño. Algo sale en la pantalla que no alcanzo a ver.
-¿Vocé e parente dele…?
-Vengo del Paraguay, quisiera verlo o hablar con alguien de la familia, por favor… -le ruego.
-Vocé me aguarda un momentiño, por favor –dice ella, con una dulce sonrisa, mientras levanta el tubo. Siento que los latidos de mi corazón se detienen.
LA CONFIRMACIÓN. Pasa un largo silencio hasta que alguien, al otro lado del tubo, contesta.
-¡Oi…! ¿O Bestard está…?
La telefonista ha dicho otro nombre, pero a mi me pareció escuchar “Bestard”, y allí surge una confusión. ¿Será el doctor Miguel Angel Bestard, uno de los más cercanos ex colaboradores de Stroessner?
-Tein aquí uma pessoa que veio do Paraguay, para visitar vocês. ¿O que faço? ¿Deixo ele subir...? –pregunta ella.
Yo rezo para que le digan que sí, pero evidentemente la voz al otro lado del tubo dice otra cosa. Ella me mira y me hace un gesto de que me aproxime. Me pasa el teléfono.
-¿Hola…? –oigo una voz masculina, en tono seco pero amable, en un español bien paraguayo.
¿Será Bestard…? Me juego.
-¿Hola…? ¿Doctor Bestard…? –pregunto.
La voz duda un momento.
-Si… ¿usted quién es?
-Soy Andrés Colmán, periodista del diario Última Hora y del canal Telefuturo, acabo de llegar de Asunción. Quisiera conocer el estado de salud en que se encuentra el general Stroessner.
-¡No, no, no…! -se alarma, y deja percibir un tono de enojo, aunque no pierde la cortesía-. Perdone, pero no le puedo dar ninguna información. Con la prensa no podemos hablar. Esto es algo privado, de la familia…
-Entiendo, doctor –le insisto, tratando de que no corte el teléfono-. Le agradezco su amabilidad. Respetamos el dolor de la familia, pero entiendan ustedes de que se trata de la salud de una figura política muy importante en el Paraguay, y es natural que busquemos información.
-Si, si, entiendo… pero no le puedo decir nada más.
-Doctor, ya sabemos que Stroessner está internado aquí, en terapia intensiva, aunque hayan querido negarlo. ¿Nos puede decir cuál es su estado?
-El está bien, está muy bien, pero no le puedo decir nada más. ¡Gracias, y tenga buenos días…! –se despide, tajante, aunque sin cortar.
-¡Gracias, doctor…! –le digo.
Recién entonces escucho que el teléfono hace click.
BESTARD NO ERA BESTARD. Me siento eufórico. He obtenido la confirmación plena de que Stroessner está internado en terapia intensiva, un dato hasta entonces negado a todos los medios. Me despido apurado de la bella telefonista con mi mejor sonrisa. Si tuviera más confianza, le daría un beso.
Son casi las 5 de la tarde. Arrastro a Rufino hasta el estacionamiento y le tomo unas fotos mientras él filma con su cámara la fachada del hospital. Esa será la foto de tapa de la edición de Última Hora del lunes 14 de agosto de 2006, con un gran título que lo dice todo: “Stroessner agoniza”.
Empieza a oscurecer cuando llego al Hotel y me dirigo al Business Center. Hay una turista revisando mails en la única computadora con conexión a internet. Le pongo cara de desesperado, y me dice que ya está por terminar. Me siento y escribo un largo relato, que lleva como antetítulo genérico: “El ocaso del general”. Perdón, maestro Gabo.
Transcribo textualmente mi odisea y mi conversación con el supuesto “doctor Bestard”. Despacho el texto con las fotos, y después me instalo en la habitación para esperar que me llamen desde el canal para pasar un informe telefónico en Telediario, con Oscar Acosta y Sannie López Garelli.
Cuando finalmente corto el teléfono, ya son casi las diez de la noche en Brasilia. Recién entonces descubrimos que estamos muertos de hambre, que no hemos comido casi nada desde el desayuno en el avión, a media mañana. Salimos a la calle y está casi todo cerrado. Los brazilienses duermen temprano, aún más un domingo.
En una esquina, una “chopería” congrega a los últimos noctámbulos. Allí vamos: una ronda de “cervejiña” con casquiñas de sirí. ¡Ah, que delicia! Y un brindis por el primer éxito periodístico.
Lo que no sabía entonces, y lo supe solo dos días después, cuando hablé con una persona muy allegada a la familia Stroessner, era que “el doctor Bestard” no era el doctor Bestard. “Nunca estuvo ningún Bestard en el hospital. El único que estaba allí, esa tarde, aparte de los médicos y enfermeras, era el propio coronel Gustavo Stroessner”, me aseguró la fuente. Y luego me dio la estocada más dolorosa: “¡Vos hablaste personalmente con Gustavo, y no te diste cuenta!”.
Claro. La telefonista había dicho “Gustavo”, pero por su cerrado acento, yo entendí “Bestard”. El coronel solo me había seguido el apunte, aprovechándose de mi confusión. ¡Si hubiera sabido que estaba entrevistando al mismo Gustavo Strossner, el tono de esa primera nota hubiera sido muy diferente!
Lea en la próxima entrega: El gran Rubio, reducido a un alfeñique de 45 kilos.
Marcadores:
periodismo,
política,
reportajes
miércoles, 28 de noviembre de 2007
El micrófono de la radio es mucho más que un simple trozo de metal
Pedro Juan Caballero, verano de 1985.Desde la ventanilla, la ciudad se extendía como un árido sueño difuminado entre remolinos de tierra roja.
El ómnibus me dejó frente a un céntrico hotel, en la zona más turbulenta junto a la línea divisoria. La tarde empezaba a caer y el aire parecía impregnado con un denso olor a barricada. Me instalé en una habitación y pedí un teléfono. Busqué el número del corresponsal que alguien me había apuntado en un papel. Me habían dicho que se trataba del director de una radio local.
El papel decía: 2598, Radio Mburucuyá, Santiago Leguizamón.
Una voz grave y enérgica me respondió desde el otro lado del tubo. Le expliqué que acababa de llegar, enviado por el diario para realizar una serie de notas periodísticas, y que necesitaba su ayuda. Me preguntó donde estaba alojado y le di el nombre del hotel. Entonces, con un tono imperativo que en principio me asustó, me ordenó que recogiera inmediatamente mis cosas y lo esperara a la entrada.
-Vas a venir a la radio –me dijo-. No voy a permitir que un colega quede abandonado en ese antro de pandillaje.
Toda protesta fue en vano. Quince minutos más tarde, un hombre corpulento y burlón preguntaba por mí en la recepción. Allí empecé a conocerlo, sin presagiar todavía que me encontraba frente a la dimensión de una leyenda.
* * * *
En esa época, el local de Radio Mburucuyá no era más que una pequeña casa de tablas construida en medio de un enorme terreno baldío, casi en las afueras de la ciudad, a unos setecientos metros de la “terra de ningueim” (tierra de nadie), como llaman los lugareños a ese mundo entre dos países que es la frontera seca paraguayo-brasileña.
Una precaria torre de metal que bailaba con las ráfagas del viento norte le servía de antena. Más de una vez la estructura fue derribada por las tormentas, pero a los pocos días estaba otra vez levantada, desafiante, irradiando su mensaje transgresor.
Adentro, en un pequeño estudio armado con equipos que parecían sacados de un museo, Santiago Leguizamón ofrecía cotidianamente su programa Puertas abiertas, un espacio de libre comunicación que abarcaba todo el territorio de la mañana, tejiendo una amplia red de información y solidaridad, mas allá del constante sobresalto de vivir en la frontera.
Me impresionó encontrar esa línea periodística tan claramente crítica y comprometida con el cambio en una radioemisora del interior, sobre todo en una zona tan marcada por la corrupción y la violencia como el Amambay. En medio de la tormentosa niebla represiva de la dictadura, Santiago había logrado encender una luz de esperanza para toda la ciudadanía honesta de Pedro Juan Caballero, con la que se identificaron decididamente quienes deseaban convertir esa comarca del terror en un espacio de integración y convivencia solidaria.
* * * *
-¿Por qué Radio Mburucuyá es prácticamente una excepción con respecto a las demás radios del interior? –le pregunté una mañana, mientras tomábamos mate en el estudio, antes de empezar la transmisión.
-El secreto es muy sencillo –me respondió-. Para mí, el micrófono de la radio es mucho más que un simple trozo de metal.
* * * *
Su dormitorio estaba instalado en una habitación contigua al estudio de la radio. Allí, al lado de la suya, en forma permanente había dos o tres camas disponibles “para los atorrantes que siempre caen de visita”. Le gustaba compartir su casa, su vida y su trabajo, como si la entrega hacia los demás fuera su mejor forma de ser feliz.
Como empresario era buen periodista. Pasaba avisos radiales que nunca se facturaban, porque eran pedidos de sus múltiples amigos o correspondían a algún servicio social. Allá por el 88 se le ocurrió la idea de instalar un “negocio anexo” a la emisora, un lavadero automático para vehículos, que resultó en un rotundo fracaso. Allí quedaron las costosas instalaciones, sub utilizadas para lavar los “móviles” de la radio, que se reducían a una camioneta, una citroneta destartalada, una moto y algunas bicicletas.
Desde 1990 había comenzado a editar Mburucuyá Revista. Perdía plata, pero no le importaba.
-Si quisiera volverme millonario, vendería la radio y me dedicaría al contrabando –me dijo una vez-. Me resultaría tremendamente fácil, porque conozco a todos los mafiosos de la zona.
* * * *
Conocía a la mafia, sí. Pero desde el otro lado de las barricadas de combate, que había comenzado a edificar con sus palabras aceradas, defendiendo a golpes de claridad el nebuloso sueño de la democracia.
Cada vez que uno de sus móviles llamaba para informar que había amanecido un cuerpo acribillado en medio de la línea divisoria, Santiago se indignaba porque daban la noticia como quien informa sobre el estado de tiempo.
“No podemos resignarnos a aceptar el crimen en Pedro Juan como parte de la vida cotidiana. Cada asesinato tiene que seguir siendo un motivo de escándalo”, exhortaba en sus programas.
Una de sus frases favoritas era la que se atribuye a San Juan Crisóstomo y que estampó con letras visibles en el primer número de Mburucuyá Revista. La frase dice: “Hay que temer más el escándalo que produce el silencio, y no el escándalo que proviene de la verdad revelada”.
* * * *
Vivir bajo constante presión y recibiendo continuas amenazas no le impedía derrochar su espíritu farrista y dicharachero. Le gustaba organizar asados en el patio de la radio, compartir el whisky, la cerveza o la caipirinha. Acudía casi todos los días a almorzar en su lugar favorito: el “Pato Restaurante”, propiedad de uno de sus amigos más queridos, Julio Cesar Acosta, entonces presidente de la Liga Deportiva del Amambay, quien se negaba a cobrarle la cuenta a pesar de sus continuas protestas.
“La feijoada que preparan en el Pato es lo mejor de Pedro Juan y Ponta Porá”, solia propagar. Precisamente, ese trágico viernes del 26 de abril de 1991, Santiago se dirigía al mismo local para celebrar el Día del Periodista con sus amigos y toda la gente de la radio, cuando la muerte lo esperó en una esquina. Desde entonces, en el Pato quedó un lugar vacío junto a una mesa que ya nunca nadie podrá llenar.
* * * *
En principio se burlaba de las amenazas de muerte y los avisos que le hacían llegar los mafiosos. Aquella mañana, horas antes de su muerte, le dijo a Humberto Rubín: “Prefiero la muerte física a la muerte ética”. Llevaba un revólver en la guantera, más para tranquilizar a sus amigos que como verdadera medida de precaución. Aceptaba la compañía de su fiel e incondicional secretario Pedro “Carapé” Cabral, no tanto por seguridad, sino para tener a álguien que oyera sus plagueos.
La ultima vez que lo vi fue dos meses antes de su muerte, cuando pasó por la redacción del diario a dejarme los últimos ejemplares de su revista. Me contó que un conocido industrial yerbatero de Pedro Juan le había dicho: “Cuidate, porque te van a matar”.
Recuerdo que en esa ocasión le pregunté algo que ya varias veces le habíamos cuestionado con otros colegas: si valía la pena ese estilo de “periodismo kamikaze” que él ejercía con tanta audacia en esa región donde no hay policías ni jueces que te puedan proteger. Recuerdo que hubo un largo silencio, antes de que me respondiera con otra pregunta: “¿Y te parece que hay otra manera...?”.
* * * *
Cuando se supo la trágica noticia, me encontraba con los colegas Héctor Guerín y Oscar Torrents en Ciudad del Este, en una conferencia con los estudiantes de periodismo, y recuerdo que ninguno supo qué decir. Nos quedamos largamente en silencio, juntando bronca y dolor
Después vinieron las marchas, el sepelio desgarrador, la indignación, las promesas del presidente Rodríguez: “No descansaremos hasta atrapar a los asesinos”. El rostro de Santiago multiplicado en pancartas y volantes. Santiago con alas de ángel dibujado por Casartelli. Santiago estatua de bronce gracias a Herman Guggiari. Santiago convertido en nombre de una calle. Santiago premio de periodismo. Santiago en los informes internacionales sobre derechos humanos. Santiago ritual de encuentro cada 26 de abril, con flores, discursos y velas encendidas. Santiago grito, canción, proclama, símbolo vivo, espina lacerante.
Y por detrás de todo, una realidad cruel: el caso Santiago Leguizamón es el patético ejemplo de la inoperancia del trabajo policial y judicial en el Paraguay.
Marcadores:
derechos humanos,
memoria,
periodismo
lunes, 1 de octubre de 2007
Ponete en bolas Nicole o las faltas éticas de la prensa

Hace dos semanas, una noticia se instaló con fuerza en importantes medios periodísticos de la Argentina, incluyendo a Clarín y La Nación, y llegó como si se tratara de una información seria —aunque pintoresca— hasta las páginas de prestigiosos diarios internacionales, como La Vanguardia de Barcelona y El País de Madrid.
Relataba que un singular comando terrorista había secuestrado a uno de los más queridos perros de la conocida modelo Nicole Neumann, y exigía como rescate que ella haga realidad la promesa de desnudarse totalmente en el centro de Buenos Aires, que había formulado el 29 de agosto en repudio al uso de pieles de animales, pero que no llegó a cumplir al ver que una verdadera multitud la esperaba en el lugar. "Te sacás la ropa, te devolvemos al perro y todos contentos. Ahora... si no querés acceder, te lo hacemos abrigo para el frío", le advertían con tono macabro.
La amenaza se propagó desde Internet (se puede ver en: http://hacetecargonicole.blogspot.com/). Los miembros del denominado MPBN (Movimiento Ponete en Bolas Nicole) aparecían como en los videos de Al Qaeda o el IRA, enmascarados bajo una bandera con las siglas de la organización, aunque sus máscaras eran las del osito Winnie Pooh y del asesino serial de la película Scream. Lo que le daba cierta credibilidad es que los secuestradores mostraban a un perro collie cautivo, muy parecido al que Nicole había exhibido en fotografías.
La noticia rebotó durante días en radios, programas de tevé y páginas de periódicos. En su última edición, el dominical Perfil reveló la verdad: los presuntos terroristas no eran otros que seis audaces creativos de una agencia publicitaria, que decidieron realizar un experimento para ver hasta dónde los medios cumplen su responsabilidad ética de chequear si una información es verdadera o no, antes de publicarla. El resultado es simpático, pero preocupante: Casi todos divulgaron la noticia sin preocuparse en confirmar cuanto de cierto había detrás.
Me recuerda el ejemplo local que tanto le gusta citar en sus discursos al hiperactivo y verborrágico Tendotá: la historia de la mujer que en febrero pasado denunció en Concepción que una enorme boa kuriju devoró a su marido, y que todos los medios publicaron con gran destaque, hasta que al día siguiente se descubrió que más que una gran boa era una gran bola.
No será Nicole desnuda, pero la fabuladora concepcionera también ayuda a desnudar la vulnerabilidad de nuestro trabajo cotidiano, y lleva a preguntarnos si, en la vertiginosa carrera por dar primero la más espectacular noticia, en qué medida somos fieles a los principios éticos y profesionales.
Hasta ahora el periodismo paraguayo no cuenta con un código de ética institucionalizado. En 1994, el Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP), bajo la dirección de la colega Susana Oviedo, puso en marcha una serie de talleres, que contó con la asesoría del colombiano Javier Darío Restrepo, gran gurú internacional de la ética periodística, y logró la elaboración de un código de 20 artículos, que fue aprobado a medias en una reñida asamblea. Pero los directivos del SPP que vinieron después ya no le dieron importancia y el código se quedó allí, en el limbo, como tantas cosas en este país.
En estos días, junto a un nuevo manual de estilo, la redacción de Última Hora está analizando el borrador de lo que probablemente será el primer código institucional de normas éticas de un diario nacional. También el novel Foro de Periodistas Paraguayos (FOPEP) ha abierto el debate para un nuevo código de ética que sea elaborado por todos los trabajadores de comunicación en el país.
El instrumento es necesario, no como un elemento de castigo o sanción moral, sino como referencia de lo que hay que hacer, y lo que no. Las malas prácticas profesionales pueden causar un grave daño a la calidad de la tarea informativa y, en consecuencia, a la democracia. Se requiere de un periodismo menos fatalista y más positivo, que evite el sensacionalismo y el escándalo, que respete el derecho a la intimidad y el derecho a réplica, que no manipule ni contamine los hechos, que sea riguroso en la investigación y el análisis, que ofrezca la información que la sociedad necesita para ser más libre.
Relataba que un singular comando terrorista había secuestrado a uno de los más queridos perros de la conocida modelo Nicole Neumann, y exigía como rescate que ella haga realidad la promesa de desnudarse totalmente en el centro de Buenos Aires, que había formulado el 29 de agosto en repudio al uso de pieles de animales, pero que no llegó a cumplir al ver que una verdadera multitud la esperaba en el lugar. "Te sacás la ropa, te devolvemos al perro y todos contentos. Ahora... si no querés acceder, te lo hacemos abrigo para el frío", le advertían con tono macabro.
La amenaza se propagó desde Internet (se puede ver en: http://hacetecargonicole.blogspot.com/). Los miembros del denominado MPBN (Movimiento Ponete en Bolas Nicole) aparecían como en los videos de Al Qaeda o el IRA, enmascarados bajo una bandera con las siglas de la organización, aunque sus máscaras eran las del osito Winnie Pooh y del asesino serial de la película Scream. Lo que le daba cierta credibilidad es que los secuestradores mostraban a un perro collie cautivo, muy parecido al que Nicole había exhibido en fotografías.
La noticia rebotó durante días en radios, programas de tevé y páginas de periódicos. En su última edición, el dominical Perfil reveló la verdad: los presuntos terroristas no eran otros que seis audaces creativos de una agencia publicitaria, que decidieron realizar un experimento para ver hasta dónde los medios cumplen su responsabilidad ética de chequear si una información es verdadera o no, antes de publicarla. El resultado es simpático, pero preocupante: Casi todos divulgaron la noticia sin preocuparse en confirmar cuanto de cierto había detrás.
Me recuerda el ejemplo local que tanto le gusta citar en sus discursos al hiperactivo y verborrágico Tendotá: la historia de la mujer que en febrero pasado denunció en Concepción que una enorme boa kuriju devoró a su marido, y que todos los medios publicaron con gran destaque, hasta que al día siguiente se descubrió que más que una gran boa era una gran bola.
No será Nicole desnuda, pero la fabuladora concepcionera también ayuda a desnudar la vulnerabilidad de nuestro trabajo cotidiano, y lleva a preguntarnos si, en la vertiginosa carrera por dar primero la más espectacular noticia, en qué medida somos fieles a los principios éticos y profesionales.
Hasta ahora el periodismo paraguayo no cuenta con un código de ética institucionalizado. En 1994, el Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP), bajo la dirección de la colega Susana Oviedo, puso en marcha una serie de talleres, que contó con la asesoría del colombiano Javier Darío Restrepo, gran gurú internacional de la ética periodística, y logró la elaboración de un código de 20 artículos, que fue aprobado a medias en una reñida asamblea. Pero los directivos del SPP que vinieron después ya no le dieron importancia y el código se quedó allí, en el limbo, como tantas cosas en este país.
En estos días, junto a un nuevo manual de estilo, la redacción de Última Hora está analizando el borrador de lo que probablemente será el primer código institucional de normas éticas de un diario nacional. También el novel Foro de Periodistas Paraguayos (FOPEP) ha abierto el debate para un nuevo código de ética que sea elaborado por todos los trabajadores de comunicación en el país.
El instrumento es necesario, no como un elemento de castigo o sanción moral, sino como referencia de lo que hay que hacer, y lo que no. Las malas prácticas profesionales pueden causar un grave daño a la calidad de la tarea informativa y, en consecuencia, a la democracia. Se requiere de un periodismo menos fatalista y más positivo, que evite el sensacionalismo y el escándalo, que respete el derecho a la intimidad y el derecho a réplica, que no manipule ni contamine los hechos, que sea riguroso en la investigación y el análisis, que ofrezca la información que la sociedad necesita para ser más libre.
Marcadores:
comunicación,
medios,
periodismo
miércoles, 19 de septiembre de 2007
El desafío de ser periodista
Tenía 17 años cuando ingresé a la UNA con la intención de aprender periodismo. En realidad, lo que aprendí fue a beber cerveza. Lo mejor que tenía la facu era el bar de enfrente, con las mesas en el patio, donde uno podía escuchar a los Beatles, discutir y arreglar los conflictos del mundo entre copa y copa, ver pasar a las sensuales compañeras y darse el gusto de elegir con quien soñar esa noche.Nunca pude terminar la carrera universitaria. No porque las materias fueran difíciles, ...simplemente eran insoportables. Aún así pude trabajar en los medios, ganar premios de reportajes y hasta ser invitado a dar charlas en las facultades de comunicación, lo cual no se si habla bien de mi o muy mal del periodismo.
Me hice periodista porque tengo miles de preguntas que me consumen el alma. Porque quiero saber y entender qué pasa, y ayudar a que la gente también sepa y entienda. El mundo sería otro si tuviesemos mejor información para decidir con mayor criterio y conocimiento nuestro propio destino.
No se si el periodismo es el mejor oficio del mundo, como sostiene García Márquez. Se me ocurre que ser médico, o bombero, o payaso, puede ser mucho más digno. No se si necesariamente uno tiene que ser buena persona para ser periodista, o que los cínicos no sirven para este oficio, como cree el maestro Kapuscinsky. Si fuera así, ¿cuántos quedarían?
A pesar de todo, creo que el periodismo es un fin y no un medio. Elegí ser periodista para ser periodista, y no como el camino más corto para enriquecerse, conseguir un cargo público o figurar en una lista de candidatos.
La situación actual del periodismo
El periodismo paraguayo tuvo avances y retrocesos desde la caída del régimen stronista. Ya no tenemos a un dictador que cierra arbitrariamente medios de prensa o manda presos a periodistas por "orden superior", pero en cambio tenemos a un poder político corrupto, vinculado al crimen organizado, con fachada democrática, que intenta evitar las críticas o denuncias que le perjudiquen, ya sea regalando paquetes de publicidad estatal a cambio de silencio o promoción, o ejerciendo presiones y amenazas.
Estas van desde llamadas telefónicas del propio presidente a las redacciones, pasando por el chake de querellas judiciales, hasta el amedrentamiento directo a cargo de sicarios, que pueden llegar al asesinato (casos de Santiago Leguizamón, Salvador Medina, Benito Ramón Jara, Samuel Román, Alberto "Tito" Palma), que nunca son esclarecidos por la Justicia.
Los periodistas de los grandes medios tienen mayor independencia y libertad, pero los de medios pequeños o corresponsales de zonas fronterizas y aisladas son más vulnerables. Hay regiones del Paraguay, como Paraguarí, Alto Paraná o Amambay, en donde se vive bajo el dominio de pequeñas dictaduras feudales, que cercenan toda libertad de expresión.
Crece la "itaiputización" del periodismo. El gobierno actual utiliza los millonarios fondos sin control de las entidades binacionales (Itaipú y Yacyretá), y en menor medida de las instituciones públicas, para premiar a los medios y comunicadores que les son más adictos, y castigar a los que son más críticos.
También las licencias para emisoras de radio y tevé se manejan con clientelismo político. La gran mayoría de las radios del interior están en manos de caudillos y empresarios amigos del gobierno, y se usan para hacer propaganda partidaria, más que para informar a la población.
En estos últimos años se crearon más medios y tienen mejor tecnología, aunque sigue siendo baja la calidad del periodismo paraguayo. Hay más facultades de comunicación, pero el nivel de enseñanza es mediocre, y la mayoría de los que egresan de sus aulas deben volver a empezar de cero en una redacción.
Hay graves carencias de ética y responsabilidad al dar una noticia. Hace falta mayor capacitación y autocrítica.
Marcadores:
comunicación,
medios,
periodismo
jueves, 23 de agosto de 2007
Truman Capote: Escribir a sangre fría

Una noticia publicada en la portada del New York Times, el 16 de noviembre de 1959, encendió la mecha. "Rico agricultor y tres miembros de su familia asesinados". Truman Capote lo leyó durante el desayuno y llamó por teléfono a William Shawn, su editor en The New Yorker.
-Quiero escribir sobre esto. Viajaré a Kansas esta misma noche -le anunció.
Truman iniciaba no solamente un viaje hacia la Norteamérica más profunda y olvidada, sino también al interior de su propia alma, para enfrentarse con sus peores demonios y fantasmas, en un camino que lo llevaría a la cúspide de la fama, al precio de su autodestrucción final.
Aquel viaje al lejano e ignoto pueblecito de Holcomb, que en principio iba a ser solo para escribir un artículo sobre el impacto de la masacre en una pacata sociedad de granjeros, se transformó en otra cosa cuando Capote conoció a los asesinos, Dick Hickock y Perry Smith, dos sicópatas ex-convictos. Sobre todo a Perry, el más vulnerable y atormentado, con quien entabló un lazo afectivo muy fuerte, que le permitió adentrarse como ningún otro autor en la mente de un criminal.
Nacido en Nueva Orleans, el 30 de setiembre de 1924, Truman Streckfus Persons vivió una infancia triste y desgraciada, lejos de sus padres, bajo el estigma del rechazo por ser diferente, con sus modos excéntricos, su físico escuálido y su voz de pajarito.
A los 17 años empezó a enviar sus cuentos a todas las revistas conocidas. Tres le aceptaron el mismo día. Adoptó el último apellido de su padrastro, Joseph García Capote, y su nombre empezó a resonar en el mundo literario. Escribió su primera novela, "Summer Crossing", a los 19 años, pero no quiso publicarla. El manuscrito fue hallado recién ahora, hace pocos meses.
En 1948 salio a luz su primer libro, Otra voces, otros ámbitos, al que siguieron "El arpa de Hierba" y "Desayuno en Tyffany's", (llevada al cine por Blake Edwards, con Audrey Hepburn). Se convirtió en un "escritor maldito", poseedor de una fina y precisa técnica literaria, retratador burlón e implacable de la sociedad norteamericana, al tiempo en que construía un personaje de sí mismo: el hombrecito enjuto, amanerado, brillante, puro show y escándalos, que se reía de todo y de todos.
LA PELÍCULA. "Capote", el excelente film-sorpresa de un poco conocido director, Bennet Miller, no es una biografía del genial escritor, sino el abordaje de su momento más intenso y oscuro: los siete años que le llevó escribir y publicar su obra maestra: "A sangre fría".
Truman se había propuesto "crear un nuevo género literario", la llamada novela de no ficción. Un extenso reportaje periodístico, escrito con los mismos recursos literarios de la novela clásica, pero en donde los hechos narrados fueran absolutamente verídicos. Fue la obra fundacional que inició el fenómeno del "nuevo periodismo" en Estados Unidos y repercutió en todo el mundo.
Para lograrlo, Capote descendió a los infiernos. Sedujo o sobornó a investigadores, testigos, jueces, fiscales, abogados, carceleros, para obtener cada información que necesitaba. Y su experiencia final, más traumática y estremecedora: lograr que el asesino Perry Smith le creyera su mejor amigo, al punto de contarle pormenorizadamente como habían matado a los cuatro miembros de la familia Clutter, y qué los había impulsado a ello.
Hasta obtener la confesión final, Capote pagó abogados y logró suspender una y otra vez el ajusticiamiento de los condenados. Luego cortó abruptamente los lazos, a pesar de los desesperados mensajes de Perry. El libro ya estaba terminado, pero faltaba que se cumpla la sentencia para sacarlo a la luz. El los vió morir en el patíbulo, tosió y empezó a vomitar.
-Fue la experiencia más apasionante de mi vida, como creador -admitió Truman, en una entrevista.
-¿Y de su vida, como persona?
-No.
Empezó a hundirse en un vértigo cada vez mayor de escándalos, alcohol y drogas. Sus pocos nuevos libros, algunos extraordinarios como "Música para camaleones", no alcanzaron la trascendencia de "A sangre fría".
Dijo que estaba terminando "la mejor novela jamás escrita", con el título "Plegarias atendidas", por el que cobró un adelanto de 250 mil dólares. Pero solo llegó a escribir y publicar tres mediocres capítulos.
"Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio", se autodefinió, antes de caer fulminado en el escenario de la Universidad de Maryland. Luego de meses de internación, murió el 25 de agosto de 1984.
-Quiero escribir sobre esto. Viajaré a Kansas esta misma noche -le anunció.
Truman iniciaba no solamente un viaje hacia la Norteamérica más profunda y olvidada, sino también al interior de su propia alma, para enfrentarse con sus peores demonios y fantasmas, en un camino que lo llevaría a la cúspide de la fama, al precio de su autodestrucción final.
Aquel viaje al lejano e ignoto pueblecito de Holcomb, que en principio iba a ser solo para escribir un artículo sobre el impacto de la masacre en una pacata sociedad de granjeros, se transformó en otra cosa cuando Capote conoció a los asesinos, Dick Hickock y Perry Smith, dos sicópatas ex-convictos. Sobre todo a Perry, el más vulnerable y atormentado, con quien entabló un lazo afectivo muy fuerte, que le permitió adentrarse como ningún otro autor en la mente de un criminal.
Nacido en Nueva Orleans, el 30 de setiembre de 1924, Truman Streckfus Persons vivió una infancia triste y desgraciada, lejos de sus padres, bajo el estigma del rechazo por ser diferente, con sus modos excéntricos, su físico escuálido y su voz de pajarito.
A los 17 años empezó a enviar sus cuentos a todas las revistas conocidas. Tres le aceptaron el mismo día. Adoptó el último apellido de su padrastro, Joseph García Capote, y su nombre empezó a resonar en el mundo literario. Escribió su primera novela, "Summer Crossing", a los 19 años, pero no quiso publicarla. El manuscrito fue hallado recién ahora, hace pocos meses.
En 1948 salio a luz su primer libro, Otra voces, otros ámbitos, al que siguieron "El arpa de Hierba" y "Desayuno en Tyffany's", (llevada al cine por Blake Edwards, con Audrey Hepburn). Se convirtió en un "escritor maldito", poseedor de una fina y precisa técnica literaria, retratador burlón e implacable de la sociedad norteamericana, al tiempo en que construía un personaje de sí mismo: el hombrecito enjuto, amanerado, brillante, puro show y escándalos, que se reía de todo y de todos.
LA PELÍCULA. "Capote", el excelente film-sorpresa de un poco conocido director, Bennet Miller, no es una biografía del genial escritor, sino el abordaje de su momento más intenso y oscuro: los siete años que le llevó escribir y publicar su obra maestra: "A sangre fría".
Truman se había propuesto "crear un nuevo género literario", la llamada novela de no ficción. Un extenso reportaje periodístico, escrito con los mismos recursos literarios de la novela clásica, pero en donde los hechos narrados fueran absolutamente verídicos. Fue la obra fundacional que inició el fenómeno del "nuevo periodismo" en Estados Unidos y repercutió en todo el mundo.
Para lograrlo, Capote descendió a los infiernos. Sedujo o sobornó a investigadores, testigos, jueces, fiscales, abogados, carceleros, para obtener cada información que necesitaba. Y su experiencia final, más traumática y estremecedora: lograr que el asesino Perry Smith le creyera su mejor amigo, al punto de contarle pormenorizadamente como habían matado a los cuatro miembros de la familia Clutter, y qué los había impulsado a ello.
Hasta obtener la confesión final, Capote pagó abogados y logró suspender una y otra vez el ajusticiamiento de los condenados. Luego cortó abruptamente los lazos, a pesar de los desesperados mensajes de Perry. El libro ya estaba terminado, pero faltaba que se cumpla la sentencia para sacarlo a la luz. El los vió morir en el patíbulo, tosió y empezó a vomitar.
-Fue la experiencia más apasionante de mi vida, como creador -admitió Truman, en una entrevista.
-¿Y de su vida, como persona?
-No.
Empezó a hundirse en un vértigo cada vez mayor de escándalos, alcohol y drogas. Sus pocos nuevos libros, algunos extraordinarios como "Música para camaleones", no alcanzaron la trascendencia de "A sangre fría".
Dijo que estaba terminando "la mejor novela jamás escrita", con el título "Plegarias atendidas", por el que cobró un adelanto de 250 mil dólares. Pero solo llegó a escribir y publicar tres mediocres capítulos.
"Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio", se autodefinió, antes de caer fulminado en el escenario de la Universidad de Maryland. Luego de meses de internación, murió el 25 de agosto de 1984.
Marcadores:
homenajes,
literatura,
periodismo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




