Te decían “El Gallo”.
Un “marcante” que te ganaste por ser “guapo” en tu humilde oficio de albañil en Buenos Aires, por el orgullo con que ostentabas tu condición de paraguayo en esta gran ciudad donde te dicen “paragua” con una marca de desprecio, al igual que llamaban “bolita” a la chica boliviana, Rosemary Churapuña, a la que asesinaron igual que a vos en la noche de ese trágico martes 7 de diciembre, cuando el sueño de una vida digna en tierra ajena y lejos de la patria se les cambió en repentina pesadilla.
Tu nombre era Bernardo Salgueiro y tenías 22 años de edad. Habías llegado hace un año desde las verdes campiñas del Paraguay, como tantos miles de compatriotas, huyendo de la pobreza rural, de la injusticia y el abandono en tu propia tierra, convencido de que en la gran capital argentina es más fácil pelearle a la miseria, hacerte un sitio en alguna villa, conchabarte en obras de construcción, juntar dinero para regresar cuanto antes y adquirir el ranchito propio bajo el cielo de ñandutíes, en donde ver crecer libres a tus hijos.
Quiso el azar, o el destino, o el juego de los poderes políticos y mafiosos en este conurbano bonaerense, que esa noche de martes estuvieras allí, en la entrada de la Villa 20, cuando empezó el violento operativo policial de desalojo contra los ocupantes del Parque Indoamericano, y te vieras envuelto en un confuso torbellino de gritos, corridas, humo, gas lacrimógeno, pedradas, disparos, hasta sentir ese golpe seco en el abdomen que te hizo doblarte, gritar por ayuda mientras sentías que el aire se te iba, que era la vida misma y todos tus sueños los que se te escapaban.
Escuché a tu hermana Griselda, con esa voz tan paragua y tan dolida como música de lamento guaraní, contar que esa pelea ni siquiera era la tuya, que solo estabas allí para buscar a tus dos sobrinos pequeños y llevarlos a casa del abuelo, en Barracas, pero ese disparo que hasta ahora nadie sabe quien lo hizo, aunque todos lo sospechan, te convirtió en mártir de la lucha social, en un nombre de bandera, en una consigna heroica, en un rol que nunca pediste y nunca quisiste. Solo querías la vida distinta que tu propia patria te negaba.
Te decían “El Gallo”.
Caíste al atardecer de un martes 7 de diciembre, lejos de tu tierra. Quiso el destino que me encontrara también justamente aquí, en esta Buenos Aires convulsionada por tu muerte, para escribirte este réquiem apurado, dolido, conmovido. Bernardo Salgueiro, compatriota, hermano: que descanses en paz.
viernes, 10 de diciembre de 2010
sábado, 20 de noviembre de 2010
Los indeseables
Sobreviven desde hace tres o cuatro años en míseras chozas de hule y cartón levantadas en las veredas, arrinconadas contra la alambrada de un gran terreno baldío, en los costados de la Terminal de Ómnibus de Ciudad del Este, y otro grupo junto a la valla del Centro Regional de Educación.
Son cerca de 170 personas, principalmente mujeres, niños y adolescentes, pertenecientes a las etnias Mbya Guaraní y Ava Guaraní, que han ido llegando desde dispersas comunidades de Caaguazú y Caazapá, huyendo de la miseria y del olvido en sus antiguas tierras arrasadas, hasta recalar y constituir sus precarias “tolderías urbanas” en el paisaje esteño. De allí han sido desalojados con la fuerza policial y llevados en camiones hasta sus lugares de origen, más de una vez, pero siempre acaban volviendo, porque alegan que en el campo morirán de hambre. En la ciudad al menos pueden mendigar, o robar, o prostituirse.
Son mirados como “enemigos públicos”, indeseables invasores del espacio público urbano. Este jueves 18, más de 500 personas, entre taxistas, productores de la Feria de Hortigranjeros, educadores y alumnos, marcharon por las calles para exigir a las autoridades que los indígenas “sean echados de la ciudad y nunca más se les permita regresar”.
Se los ve como un grave peligro cotidiano. Niños y jóvenes siempre drogados, ojos vidriosos por el crack o el pegamento, mendigan junto a los semáforos, exigiendo dinero con actitud agresiva. Adultos en estado de borrachera casi permanente ofrecen a sus niñas de apenas 11 años como precoces prostitutas a los infaltables degenerados. Hay innumerables denuncias de robos y asaltos a traseúnntes, especialmente a turistas y viajeros que llegan a la Terminal.
La gota que colmó el vaso de la indignación fue el asesinato de Críspulo Porra Arévalos, un humilde cuidador de autos de más de 70 años, que hace un par de semanas fue apuñalado mortalmente por Juan Ramírez, joven indígena de 18 años, solo porque el hombre le exigió que no molestara a los visitantes a la Feria.
Triste cuadro de lucha social de ciudadanos humildes contra sus propios hermanos aún más pobres y degradados. Es entendible el reclamo de los manifestantes, pero… ¿no están errando en el blanco? La marcha de protesta, en lugar de ser contra los indígenas, ¿no debería ser contra las autoridades del Gobierno central, departamental y municipal, por desentenderse tan irresponsablemente de la suerte de los más desposeídos de todo?
Y pensar que atender la cuestión indígena fue una de las principales banderas del Gobierno Lugo. ¿Qué se ha hecho desde el Indi, aparte de haber utilizado políticamente y luego descartado a una digna y querida líder nativa como Margarita Mbywangi?
Son cerca de 170 personas, principalmente mujeres, niños y adolescentes, pertenecientes a las etnias Mbya Guaraní y Ava Guaraní, que han ido llegando desde dispersas comunidades de Caaguazú y Caazapá, huyendo de la miseria y del olvido en sus antiguas tierras arrasadas, hasta recalar y constituir sus precarias “tolderías urbanas” en el paisaje esteño. De allí han sido desalojados con la fuerza policial y llevados en camiones hasta sus lugares de origen, más de una vez, pero siempre acaban volviendo, porque alegan que en el campo morirán de hambre. En la ciudad al menos pueden mendigar, o robar, o prostituirse.
Son mirados como “enemigos públicos”, indeseables invasores del espacio público urbano. Este jueves 18, más de 500 personas, entre taxistas, productores de la Feria de Hortigranjeros, educadores y alumnos, marcharon por las calles para exigir a las autoridades que los indígenas “sean echados de la ciudad y nunca más se les permita regresar”.
Se los ve como un grave peligro cotidiano. Niños y jóvenes siempre drogados, ojos vidriosos por el crack o el pegamento, mendigan junto a los semáforos, exigiendo dinero con actitud agresiva. Adultos en estado de borrachera casi permanente ofrecen a sus niñas de apenas 11 años como precoces prostitutas a los infaltables degenerados. Hay innumerables denuncias de robos y asaltos a traseúnntes, especialmente a turistas y viajeros que llegan a la Terminal.
La gota que colmó el vaso de la indignación fue el asesinato de Críspulo Porra Arévalos, un humilde cuidador de autos de más de 70 años, que hace un par de semanas fue apuñalado mortalmente por Juan Ramírez, joven indígena de 18 años, solo porque el hombre le exigió que no molestara a los visitantes a la Feria.
Triste cuadro de lucha social de ciudadanos humildes contra sus propios hermanos aún más pobres y degradados. Es entendible el reclamo de los manifestantes, pero… ¿no están errando en el blanco? La marcha de protesta, en lugar de ser contra los indígenas, ¿no debería ser contra las autoridades del Gobierno central, departamental y municipal, por desentenderse tan irresponsablemente de la suerte de los más desposeídos de todo?
Y pensar que atender la cuestión indígena fue una de las principales banderas del Gobierno Lugo. ¿Qué se ha hecho desde el Indi, aparte de haber utilizado políticamente y luego descartado a una digna y querida líder nativa como Margarita Mbywangi?
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martes, 16 de noviembre de 2010
Lecciones del 7 de noviembre
El 20 de abril de 2008, cuando el pueblo paraguayo eligió mayoritariamente en las urnas al ex obispo Fernando Lugo como presidente de la República y puso fin a 60 años de gobierno principalmente dictatorial del Partido Colorado, la mayoría de los análisis políticos destacaban que la ciudadanía había adquirido “plena madurez y conciencia cívica”, y que finalmente había aprendido “no solo a votar, sino también a elegir”.
Ahora, la historia parece haber cambiado. El domingo 7 de noviembre, a medida en que se iban conociendo los resultados de las elecciones municipales, en los que el coloradismo se reveló ganador de intendencias y mayoría de concejalías en numerosos municipios, incluyendo a la capital Asunción y a ciudades gran importancia y significación política, las reacciones de muchas personas, en los medios de comunicación y en las redes sociales, eran las siguientes: “El paraguayo sigue siendo un pueblo de cretinos”, “la gente no quiere el cambio, prefiere la corrupción”, “retrocedimos en la historia, no vamos a aprender nunca”, “cada pueblo tiene los gobernantes que se merece”.
Confieso que me cuesta entenderlo. ¿Cómo es posible que el mismo “pueblo maduro y consciente” se transforme tan rápido en “un pueblo de cretinos”, como si pasáramos mágicamente del estado sólido al líquido? ¿No será muy mesiánico esperar que la gente vote necesariamente por las opciones que nosotros creemos mejores, y no por lo que ella -la gente- cree que es mejor?
La pichadura es mala. No deja entender correctamente la realidad. No deja aprender de ella. Hay un mensaje que la mayoría de la ciudadanía expresó en los resultados del 7 de noviembre. Si no lo sabemos leer, que mal.
Será tal vez el desencanto ante expectativas que no fueron satisfechas en estos dos años y más del Gobierno Lugo. Serán las alianzas decididas mal y pronto por una élite política, sin participación real del electorado. Será el discurso supuestamente progresista, que solo plantea enunciados teóricos y mediáticos, sin un trabajo político cercano a la gente.
Si no existe capacidad de generar alternativas que convenzan de verdad, no queda otra que aprender a perder, a convivir y a reconstruir mejores opciones desde la llanura. Es el saludable juego de la democracia.
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viernes, 29 de octubre de 2010
Kuwait en la Triple Frontera
Una batalla campal internacional se inició el pasado lunes 25 de octubre, cerca de las 9 de la mañana, en la frontera entre Paraguay y Brasil, a un kilómetro aguas abajo del Puente de la Amistad, cuando agentes de la Policía Federal brasileña empezaron a disparar desde la costa contra una embarcación que cruzaba mercaderías por el río Paraná, desde un puerto clandestino del barrio San Miguel de Ciudad del Este, en el sector ribereño popularmente conocido como Kuwait.
Ante la lluvia de disparos, la lancha de los contrabandistas retornó a la costa paraguaya, donde los tripulantes respondieron al fuego con armas automáticas, generándose un infernal tiroteo de costa a costa, de país a país, durante cerca de tres horas.
Desde el centro se escuchaba el eco sordo de los balazos, pero ni la Policía, ni las autoridades de la Fiscalía o del Poder Judicial, acudieron en el momento a verificar lo que estaba sucedieron. Un grupo de periodistas llegó hasta cierta distancia y pudo registrar escenas de mujeres y niños huyendo despavoridos, y alumnos de una escuela que rezaban con el miedo en sus rostros.
Cuando todo terminó, hubo varios relatos anónimos sobre lo sucedido, pero nadie quiso asumir una denuncia oficial y menos dar entrevistas. Se supo que dos de los tripulantes de la lancha resultaron heridos por los balazos, y recién al día siguiente la Policía obtuvo sus identidades: Padero Alderete Gaona y Roberto Ruda, brasileños que residían ilegalmente en el lugar, sin documentos de identidad. Para entonces, ambos ya habían desaparecido.
Las paredes de las humildes casas ribereñas exhiben sus mordeduras de balas, tanto por lo sucedido ese lunes, como de otros incidentes anteriores. Los moradores han aprendido a convivir con la existencia de los puertos clandestinos, que operan principalmente en la oscuridad de la noche, pero ahora están preocupados de que ya lo hagan a plena luz del día. Irónicamente llamaron Kuwait a su barrio, pero ahora temen que ese nombre que evoca a un lejano escenario bélico, se les vuelva una realidad cotidiana.
¿Puede la policía brasileña disparar impunemente desde la costa del vecino país hacía un sector marginal densamente poblado en territorio paraguayo, sin que eso signifique un incidente internacional, una violación de la soberanía, por más contrabando que lo justifique? Aquí, hasta ahora, nadie ha reclamado por eso. Los puertos clandestinos mueven mucho dinero y son parte fundamental del engranaje de la economía fronteriza.
Ante la lluvia de disparos, la lancha de los contrabandistas retornó a la costa paraguaya, donde los tripulantes respondieron al fuego con armas automáticas, generándose un infernal tiroteo de costa a costa, de país a país, durante cerca de tres horas.
Desde el centro se escuchaba el eco sordo de los balazos, pero ni la Policía, ni las autoridades de la Fiscalía o del Poder Judicial, acudieron en el momento a verificar lo que estaba sucedieron. Un grupo de periodistas llegó hasta cierta distancia y pudo registrar escenas de mujeres y niños huyendo despavoridos, y alumnos de una escuela que rezaban con el miedo en sus rostros.
Cuando todo terminó, hubo varios relatos anónimos sobre lo sucedido, pero nadie quiso asumir una denuncia oficial y menos dar entrevistas. Se supo que dos de los tripulantes de la lancha resultaron heridos por los balazos, y recién al día siguiente la Policía obtuvo sus identidades: Padero Alderete Gaona y Roberto Ruda, brasileños que residían ilegalmente en el lugar, sin documentos de identidad. Para entonces, ambos ya habían desaparecido.
Las paredes de las humildes casas ribereñas exhiben sus mordeduras de balas, tanto por lo sucedido ese lunes, como de otros incidentes anteriores. Los moradores han aprendido a convivir con la existencia de los puertos clandestinos, que operan principalmente en la oscuridad de la noche, pero ahora están preocupados de que ya lo hagan a plena luz del día. Irónicamente llamaron Kuwait a su barrio, pero ahora temen que ese nombre que evoca a un lejano escenario bélico, se les vuelva una realidad cotidiana.
¿Puede la policía brasileña disparar impunemente desde la costa del vecino país hacía un sector marginal densamente poblado en territorio paraguayo, sin que eso signifique un incidente internacional, una violación de la soberanía, por más contrabando que lo justifique? Aquí, hasta ahora, nadie ha reclamado por eso. Los puertos clandestinos mueven mucho dinero y son parte fundamental del engranaje de la economía fronteriza.
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viernes, 22 de octubre de 2010
La venganza de los edificios
Meses atrás se cayó el techo del Palacio de Justicia de Ciudad del Este. Este martes 19 ocurrió lo mismo con el histórico local del Correo Paraguayo, en Asunción. Ayer viernes 22, el edificio del Congreso Nacional literalmente hizo agua: la lluvia se coló por los agujeros del techo, invadiendo la lujosa Sala VIP de Sesiones de la Cámara de Diputados, y mojó costosos equipos informáticos y carpetas de documentos de los parlamentarios.
No faltarán quienes intenten explicar que estos “accidentes” se deben a simples fallas técnicas, sea por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento en el caso del Correo, o por deficiencias estructurales como consecuencia de la corrupción, al utilizar materiales de baja calidad en la construcción de los otros locales.
Sin embargo, quienes nos consideramos seguidores de Cortázar y García Márquez, proclives a leer los signos de los tiempos y a encontrar vida en la materia inerte, no podemos dejar de interpretar que detrás de estos sucesos se ocultan mensajes bien determinados. Es la venganza de los edificios.
Quienes conocen el gran mercado judicial del Este, inapropiadamente llamado Palacio de Justicia, no deben extrañarse de que el techo se desplome de vergüenza o de cansancio ante la alevosa compra-venta de resoluciones y sentencias de jueces, o de votos adelantados de ministros de la Corte. Hay quienes aseguran haber visto más de una vez a la estatua de la diosa Astrea bajar de su pedestal, sacarse la venda, tirar la balanza y echar a correr despavorida por las calles.
Lo del Correo, tampoco sorprende. Tantos años de cartas violadas y encomiendas saqueadas, robadas, perdidas. Tanto prebendarismo, burocracia e ineficiencia acumulados. Es como para sacudirse y querer sepultar todo lo viejo. Dejar que surja algo nuevo.
En donde menos existen dudas es en lo ocurrido en el Congreso. A pocas horas de que la mayoría de los diputados aprobaran, por 47 votos a favor y 15 en contra, una estirada declaración que enarbola como amenaza la posibilidad del recurrente y rayado juicio político, hay que dar gracias de que solo se haya producido un fuerte chubasco interior, y no un diluvio bíblico.
Ok, podrán decir que todo esto es solo un fantasioso delirio para llenar esta columna de fin de semana. Todo lo que quieran. Pero yo, por las dudas, en estos días evito pasar por cerca de estos escenarios de tantos excesos oficiales y políticos.
No faltarán quienes intenten explicar que estos “accidentes” se deben a simples fallas técnicas, sea por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento en el caso del Correo, o por deficiencias estructurales como consecuencia de la corrupción, al utilizar materiales de baja calidad en la construcción de los otros locales.
Sin embargo, quienes nos consideramos seguidores de Cortázar y García Márquez, proclives a leer los signos de los tiempos y a encontrar vida en la materia inerte, no podemos dejar de interpretar que detrás de estos sucesos se ocultan mensajes bien determinados. Es la venganza de los edificios.
Quienes conocen el gran mercado judicial del Este, inapropiadamente llamado Palacio de Justicia, no deben extrañarse de que el techo se desplome de vergüenza o de cansancio ante la alevosa compra-venta de resoluciones y sentencias de jueces, o de votos adelantados de ministros de la Corte. Hay quienes aseguran haber visto más de una vez a la estatua de la diosa Astrea bajar de su pedestal, sacarse la venda, tirar la balanza y echar a correr despavorida por las calles.
Lo del Correo, tampoco sorprende. Tantos años de cartas violadas y encomiendas saqueadas, robadas, perdidas. Tanto prebendarismo, burocracia e ineficiencia acumulados. Es como para sacudirse y querer sepultar todo lo viejo. Dejar que surja algo nuevo.
En donde menos existen dudas es en lo ocurrido en el Congreso. A pocas horas de que la mayoría de los diputados aprobaran, por 47 votos a favor y 15 en contra, una estirada declaración que enarbola como amenaza la posibilidad del recurrente y rayado juicio político, hay que dar gracias de que solo se haya producido un fuerte chubasco interior, y no un diluvio bíblico.
Ok, podrán decir que todo esto es solo un fantasioso delirio para llenar esta columna de fin de semana. Todo lo que quieran. Pero yo, por las dudas, en estos días evito pasar por cerca de estos escenarios de tantos excesos oficiales y políticos.
viernes, 15 de octubre de 2010
El Gran Mercado Judicial
El Palacio de Justicia de Ciudad del Este queda a tan solo dos cuadras de la Feria de los Productores Hortigranjeros, junto a la Terminal de Ómnibus, y a seis cuadras del Mercado de Abasto, pero en la práctica es como si el mismo fuera apenas una prolongación de estos frecuentados centros de comercio popular.
La diferencia es que en estos dos últimos locales se ofrecen a viva voz frutas, verduras, queso, huevo, carnes, mandioca, ropas, calzados…, mientras en el primero se ofrecen libre y abiertamente en venta: resoluciones y sentencias de jueces, servicios de agilización o extravío de expedientes, implementación de chicanas, votos adelantados de ministros de la Corte Suprema de Justicia. ¡Hagan sus ofertas, señores…! ¿Quién paga más…?
Todos lo saben, todos lo dicen: en Ciudad del Este hay tres mercados: el de la Terminal, el del Abasto… y el más grande de todos, el Judicial.
Todos lo dicen, todos lo saben, pero pocas veces se ha podido documentar y mostrar de manera tan flagrante la alevosa y escandalosa corrupción, como lo han hecho en estos días algunos colegas periodistas de Última Hora y Telefuturo, junto con un equipo investigador del Ministerio Público, encabezado por el fiscal anti-corrupción Arnaldo Giuzzio.
Ver las filmaciones hechas con cámara oculta en la que el juez de Santa Rita, Carlos Ortega, recibe 2.000 dólares como anticipo de una coima de 15.000 dólares a cambio de una sentencia judicial, nombrando como presunto cómplice a su colega Manuel Trinidad, juez penal de Ciudad del Este, es algo que revuelve el estómago… aunque aquí nadie se ha sorprendido por eso. Todos lo saben, todos lo dicen. Lo único llamativo es que los muy tontos se hayan dejado filmar.
Tampoco sorprende mucho que el ministro de la Corte, Sindulfo Blanco, aparezca salpicado en la presunta venta de un voto suyo a cambio de 15.000 dólares, a cargo de un funcionario judicial llamado Carlos Torres, en una causa en la que la sentencia no se conocería públicamente hasta cuatro meses después del cobro. Por suerte en Paraguay hay muchas personas llamadas Carlos Torres… y siempre se puede alegar un caso de homonimia.
Todos lo dicen, todos lo saben: Habrá imputaciones, separaciones de cargo, sumarios abiertos, declaraciones rimbombantes de gremios de abogados, mucha prensa durante día o semanas… y luego, nada. El gran Mercado Judicial del Este no va a interrumpir sus vitales actividades bursátiles por estas nimiedades.
La diferencia es que en estos dos últimos locales se ofrecen a viva voz frutas, verduras, queso, huevo, carnes, mandioca, ropas, calzados…, mientras en el primero se ofrecen libre y abiertamente en venta: resoluciones y sentencias de jueces, servicios de agilización o extravío de expedientes, implementación de chicanas, votos adelantados de ministros de la Corte Suprema de Justicia. ¡Hagan sus ofertas, señores…! ¿Quién paga más…?
Todos lo saben, todos lo dicen: en Ciudad del Este hay tres mercados: el de la Terminal, el del Abasto… y el más grande de todos, el Judicial.
Todos lo dicen, todos lo saben, pero pocas veces se ha podido documentar y mostrar de manera tan flagrante la alevosa y escandalosa corrupción, como lo han hecho en estos días algunos colegas periodistas de Última Hora y Telefuturo, junto con un equipo investigador del Ministerio Público, encabezado por el fiscal anti-corrupción Arnaldo Giuzzio.
Ver las filmaciones hechas con cámara oculta en la que el juez de Santa Rita, Carlos Ortega, recibe 2.000 dólares como anticipo de una coima de 15.000 dólares a cambio de una sentencia judicial, nombrando como presunto cómplice a su colega Manuel Trinidad, juez penal de Ciudad del Este, es algo que revuelve el estómago… aunque aquí nadie se ha sorprendido por eso. Todos lo saben, todos lo dicen. Lo único llamativo es que los muy tontos se hayan dejado filmar.
Tampoco sorprende mucho que el ministro de la Corte, Sindulfo Blanco, aparezca salpicado en la presunta venta de un voto suyo a cambio de 15.000 dólares, a cargo de un funcionario judicial llamado Carlos Torres, en una causa en la que la sentencia no se conocería públicamente hasta cuatro meses después del cobro. Por suerte en Paraguay hay muchas personas llamadas Carlos Torres… y siempre se puede alegar un caso de homonimia.
Todos lo dicen, todos lo saben: Habrá imputaciones, separaciones de cargo, sumarios abiertos, declaraciones rimbombantes de gremios de abogados, mucha prensa durante día o semanas… y luego, nada. El gran Mercado Judicial del Este no va a interrumpir sus vitales actividades bursátiles por estas nimiedades.
sábado, 9 de octubre de 2010
El invisible Paraguay kamba
Entre las muchas deudas pendientes que el Paraguay tiene con sus habitantes a lo largo de su historia, hay una que es quizás la más dura, la más negada y la más invisible: el necesario reconocimiento de su población afrodescendiente, la que formó parte de esta Nación desde su periodo colonial, y que hoy sobrevive aún ignorada bajo el ropaje de oscuras sombras.
Soy de los muchos que crecimos aprendiendo la mentirosa lección escolar de que “en el Paraguay no hubo esclavos negros”, y de que los pocos únicos son los que llegaron en 1820 con el caudillo uruguayo Gervasio Artigas.
La primera en romper el mito fue la querida Josefina Plá, en 1972, con su libro fundacional Hermano negro. En los últimos años, una nueva generación de historiadores, como Ignacio Telesca, nos revela que hubo una importante y numerosa presencia africana desde el mismo inicio de la colonia. Según censos de 1782 y 1799, los pardos, entre esclavos y libres, conformaban más del 11% de la población de país. La esclavitud se mantuvo aun después de la Independencia, hasta 1870. Una de las instituciones que más mantenía esclavos era la Iglesia Católica, en sus órdenes religiosas.Esta semana me ha tocado asistir en Managua, Nicaragua, a un encuentro de periodistas de toda América Latina, convocados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), para conocer de primera mano y debatir las más recientes investigaciones sobre derechos de la población afrodescendiente en el continente.
Ha sido una experiencia rica aproximarse a las valiosas maneras en que las organizaciones de afrodescendientes reivindican el reconocimiento de su identidad, su cultura y sus derechos, a lo largo de los países de la América también negra. Y es triste y doloroso saber que el Paraguay está entre los países que menos reconocen la existencia, la visibilidad y los derechos de su población de piel más oscura.
El Gobierno del Paraguay no tiene una sola dependencia oficial que se ocupe del colectivo afro descendiente, y todo recae muy amplia y genéricamente en la Defensoría del Pueblo. No hay datos ni cifras estadísticas oficiales sobre el porcentaje de la población que se considera parte de este grupo humano. La mayoría de los demás países latinoamericanos incluirán en su próximo censo preguntas para saber quiénes y cuántos son afro descendientes, pero aquí no existe esa intención. Solo se ha podido hacer una prueba piloto, a iniciativa de comunidades como la de Kamba Kua, pero a base de voluntariado y poco respaldo institucional.
En pleno Siglo Veintiuno, pareciera que los paraguayos y las paraguayas seguimos teniendo vergüenza de reconocer que una buena parte de nuestra historia, de nuestra identidad y nuestra cultura, además de europea e indígena, es también kamba. Hay una sonoridad de tambores llegados del África que se ha metido hondamente en nuestra polca, como lo demuestran valiosos trabajos realizados por músicos como Rolando Chaparro con su Afropolka, y Mario Casartelli con su Kamba mba’epu. Quizás en esta negación haya también una parte de culpa por la esclavitud que les hicieron padecer nuestros antepasados blancos, o un racismo latente que sobrevive, aunque no lo queramos asumir conscientemente.
En pleno Siglo Veintiuno, pareciera que los paraguayos y las paraguayas seguimos teniendo vergüenza de reconocer que una buena parte de nuestra historia, de nuestra identidad y nuestra cultura, además de europea e indígena, es también kamba. Hay una sonoridad de tambores llegados del África que se ha metido hondamente en nuestra polca, como lo demuestran valiosos trabajos realizados por músicos como Rolando Chaparro con su Afropolka, y Mario Casartelli con su Kamba mba’epu. Quizás en esta negación haya también una parte de culpa por la esclavitud que les hicieron padecer nuestros antepasados blancos, o un racismo latente que sobrevive, aunque no lo queramos asumir conscientemente.
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viernes, 24 de septiembre de 2010
Se venden niñas, tratar en Paraguay
Este jueves, 23 de setiembre, se “celebró” el Día Internacional contra la Explotación Sexual y Trata de Personas. No faltaron los discursos y mensajes oficiales sobre el “arduo e interesante trabajo” que presuntamente se realiza desde organismos del Estado paraguayo para erradicar este aberrante delito, considerado el tercer negocio criminal más lucrativo en el mundo, luego del tráfico de drogas y de armas.
Hay mucha mentira e hipocresía en este tema. Se gastan millones en realizar congresos, seminarios, conferencias, estudios, encuestas, investigaciones, confeccionar y distribuir publicaciones, carpetas, folletos, afiches, cedés y devedés promocionales… que repiten lo mismo de siempre, pero casi nada se hace para atacar los puntos críticos de la frontera por donde numerosas niñas y adolecentes mujeres paraguayas siguen siendo llevadas ilegalmente, para ser sometidas a una inhumana explotación sexual en los burdeles y prostíbulos de Argentina, Brasil, Chile, Bolivia, Perú, México, Estados Unidos y España, principalmente.Me ha tocado acompañar a equipos de medios periodísticos internacionales, como Televisión Española (TVE) y el canal estadounidense Infinito, que vinieron en estos días al Paraguay, siguiendo la huella de una serie investigativa que hicimos en Última Hora sobre la trata en la Triple Frontera. Por la dura realidad de pobreza y de ignorancia en que viven miles de familias, nuestro país tiene hoy como un inmenso cartel internacional que dice: “Se venden niñas, tratar en Paraguay”.
Les pude mostrar a los colegas que aquella realidad que expusimos en ÚH, en enero del 2008, no ha variado absolutamente nada: por solo 8.000 guaraníes o 5 pesos es posible hacer pasar ilegalmente a una niña en canoa a través del río fronterizo, desde las costas paraguayas del Sur del Alto Paraná (Península, Cedrales, Puerto Irala, Bertoni, Paranambú), sin que funcionarios de Policía, Marina o Migraciones controlen documentos. Lo que si piden, apenas huelen que hay tráfico ilícito, es la correspondiente coima.
Hace pocas semanas, los miembros del Centro de Atención, Prevención y Acompañamiento a Niñas, Niños y Adolescentes (Ceapra), la única organización no gubernamental que mantiene un hogar para víctimas menores de la trata en todo el Paraguay, fueron desalojados del local que ocupaban en el barrio Boquerón de Ciudad del Este, porque ya no tenían para pagar el alquiler. La Organización Internacional de Migraciones (OIM) les cortó la única ayuda financiera que recibían. La Secretaría de la Mujer y la Itaipú Binacional les prometieron ayuda, pero hasta ahora… nada. Allí andan, en otra casa prestada, donde no saben hasta cuándo podrán permanecer.
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sábado, 18 de septiembre de 2010
Los sobrevivientes de la Isla de la Utopía

Están allí, acampados frente a la sede del Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (Indert), en Asunción, casi desapercibidos para los medios de comunicación. Tienen el pelo canoso, la piel marcada por los años y los golpes recibidos, pero en sus miradas se percibe intacto el brillo de aquella antigua rebeldía. Siguen siendo los mismos hombres y mujeres que hace tres décadas se internaron en los montes de San Pedro para fundar la colonia San Isidro de Jejuí, con la utopía de "vivir como hermanos”.
Eran tiempos sombríos de la dictadura stronista, pero en algunos sectores del campesinado, bajo el influjo de aires renovadores en la Iglesia Católica, surgían las Ligas Agrarias Cristianas, en busca de una sociedad más justa y solidaria.
La Fenalac (Federación Nacional de Ligas Agrarias Cristianas) obtuvo del IBR la adjudicación de tierras junto al río Jejuí. En mayo de 1969, en un área de 230 hectáreas, se establecieron 31 familias (unas 150 personas), dispuestas a construir un modelo autosustentable de tenencia asociativa de la tierra y de producción comunitaria.
Se convirtió en "mal ejemplo". La dictadura no podía permitirlo. El diario Patria, vocero del Partido Colorado, acusó que San Isidro era un "koljós" soviético en medio de la selva. En la madrugada del 8 de febrero de 1975, un pelotón al mando del teniente coronel José Félix Grau asaltó la colonia y apresó a los moradores. El pa'i Braulio Maciel, párroco local, fue baleado en la pierna.
Los ranchos fueron destruidos, las chacras arrasadas. Las tierras, por las que ya habían pagado hasta el último guaraní, fueron confiscadas y revendidas. La Isla de la Utopía se convirtió en estancia. San Isidro fue borrada a sangre y fuego. Pero sus pobladores —presos, torturados, perseguidos y dispersos, con la absoluta prohibición de regresar al lugar— mantuvieron vivo el sueño.
Con la caída de la dictadura, empezaron la lucha por recuperar sus derechos. Dos veces fueron desalojados con violencia por la Policía, acusados de invadir sus propias tierras. En 2005, treinta años después de haber sido expulsados, el juez Silvino Delvalle, dictaminó que 150 hectáreas les sean devueltas.
Desde entonces, la burocracia estatal ha impedido el cumplimiento de la reparadora sentencia. El Indert del Gobierno de Fernando Lugo, abanderado con la reforma agraria, pone aún más escollos que los gobiernos colorados. Cansados de esperar, los sobrevivientes de la Isla de la Utopía están allí, acampados en la jungla de cemento, reclamando un sueño más antiguo que sus propias vidas.
No habría que dejarlos tan solos.
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viernes, 10 de septiembre de 2010
Memo para la posteridad

Aquí están, estos son…
Los que elegimos por voto universal para ser representantes del pueblo en la Cámara de Diputados, pero nos traicionaron grosera y alevosamente para representar a los intereses de unos pocos poderosos fabricantes de cigarrillos, que se niegan a ajustarse a las regulaciones internacionales de protección de la salud, y no tienen escrúpulos para seguir amasando millones a costa de la muerte.
Aquí están, estos son…
Los que hicieron retroceder al Paraguay varias décadas en el tiempo, borrando de un plumazo valiosas conquistas como la prohibición de fumar en lugares cerrados, o advertir con mayor rigor los peligros de contraer cáncer. Los que desoyeron irresponsablemente las recomendaciones de la comunidad médica y los organismos mundiales de la salud. Los que exponen al país a recibir sanciones por violar acuerdos internacionales.
Aquí están, estos son…
Los 41 diputados que aprobaron el jueves una Ley de control de tabaco a la medida de los cigarrilleros y rechazada por la ciudadanía. Los que seguirán siendo culpables de que unas 730 personas mueran anualmente en el país por causas relacionadas al tabaquismo, según datos de Ministerio de Salud. Tomen nota, hagan copy paste y guarden la lista en el archivo de la memoria, para que los hijos de nuestros hijos lo sepan y no lo olviden.
Aquí están, estos son: Andrés Retamozo, Arístides Da Rosa, Arnaldo Samaniego, Atilio Penayo, Blanca Duarte, Carlos Liseras, Clemente Barrios, Concepción Cubas, Eladio Gómez, Herminio Dávalos, Hugo Velázquez, Jorge Baruja, Juan Espínola, Juan Vázquez, Juan Ziet, Justo Cárdenas, Justo Zacarías, Luis Gneiting, Luis Sarquis, Luis Sarubbi, Madgaleno Silva, Mario Morel, Mario Soto, Nardi Gómez, Oscar Silvero y Víctor González, todos del Partido Colorado, Asociación Nacional Republicana (ANR).
La lista sigue con Andrés Giménez, Blas Vera, Blas Lanzoni, Carlos Zena, César López, Dionisio Ortega, Edgar Ortiz, Gustavo Cardozo, Hugo Capurro, Jorge Ávalos, Julio Mineur, Luis Neuman, Mirta Mendoza, Modesto Salinas y Nelson Segovia, todos del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA).
Aquí están, estos son…
No los olvide.
Muy pronto vendrán otra vez a prometernos la Luna y a pedir nuestro voto.
No sé usted… pero yo tengo muy clara la respuesta que les voy a dar.
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viernes, 20 de agosto de 2010
El cáncer maligno y la cuestión Benigna

No le están saliendo bien las cosas al presidente Fernando Lugo. Además de su delicado estado de salud tras el cáncer que se le detectó, la amenaza de juicio político a su ministro de Defensa, ahora vuelve al tapete el tema de sus hij0s no reconocidos, con nuevas posibilidades de conflicto judicial.
Benigna Leguizamón, la segunda mujer que le querelló por reconocimiento de filiación, y que luego retiró la demanda tras un evidente acuerdo privado, rompió su silencio en el programa Última Hora, conducido por el colega Luis Bareiro en Telefuturo, con revelaciones que pueden ser un nuevo dolor de cabeza para el jaqueado Gobierno.
Benigna confirmó públicamente datos que veníamos manejando of the record. Admitió que tras las chicanas y presiones políticas que congelaron su causa judicial, en diciembre de 2009 aceptó un acuerdo con el abogado Marcos Fariña, representante legal del presidente, en el que aceptó le transfieran una casa amoblada en la ciudad de Presidente Franco, y una cuota mensual de 2 millones de guaraníes para su hijo L.F., con la promesa de que Lugo reconocería su paternidad en el 2013, tras entregar el Gobierno.
Lo revelador de esta confesión es que Benigna sacó a luz el nombre de otro de los “empresarios fantasmas” del entorno presidencial: el de Cesar Luis Sosa, propietario de una red de hoteles en Asunción, Villarrica y Ciudad del Este, quien junto a Fariña dio la cara en esta oscura transacción y asumió los gastos en nombre de “su amigo” el presidente. La escritura de compra de la casa y el contrato de posterior transferencia a Benigna, están firmadas por Sosa.
El primer encuentro público entre Benigna y Fariña se hizo en el Hotel Presidente, en Asunción, propiedad de Sosa. Benigna afirma que Lugo se reunió privadamente con su presunto hijo, en dos ocasiones, en el Rosa Palace Hotel de Presidente Franco, también propiedad de Sosa. En ese mismo lugar, el empresario le paga mensualmente los 2 millones de guaraníes de la supuesta “ayuda” o prestación alimentaria.
Ahora, molesta porque no le cubren 20 millones de guaraníes de deudas en muebles, la mujer va a la televisión y amenaza con reiniciar la demanda. Más allá de lo que la Justicia resuelva sobre la filiación, su confesión abre cuestionamientos más preocupante: ¿Cuál es el papel de empresarios como Sosa? ¿Por que cargan con las cuentas de las cuestiones privadas que afectan al presidente? ¿De dónde sale el dinero para estos “arreglos privados”?
viernes, 13 de agosto de 2010
Cáncer y política

No hay que ser dramáticos, pero tampoco minimizar la situación: Es la primera vez, en la historia contemporánea del Paraguay, en que a un presidente se le detecta cáncer, en vísperas de cumplir sus dos primeros años de gestión. En la balanza de evaluaciones sobre la tarea gubernamental hay ahora un elemento inesperado, que vuelve relativas muchas apreciaciones políticas.
Por más que los médicos digan que el mal es curable y permitirá a Fernando Lugo seguir gobernando con normalidad, no será tan fácil. Quienes conocen de cerca al cáncer, saben que la lucha es dura y dolorosa. Y ya están ahí los buitres de la política, especulando miserablemente con que una enfermedad les permita acceder a lo que no son capaces de lograr por vías institucionales.
Lo que le pasa al jefe de Estado hace más visible la realidad de muchos ciudadanos y ciudadanas, golpeados por dolencias que ubican inesperadamente ante el espejo de la vida y la muerte, y que no tienen el privilegio de ser asistidos por los mejores oncólogos, encargar sus análisis a un laboratorio de Harvard, o ser sometidos a tratamientos en el Hospital más especializado de Brasil.
Pero Fernando Lugo es el primer mandatario y no un ciudadano común. El linfoma no Hodgkin amenaza no solo a su salud, sino también a la del sistema democrático. Es legítimo que el Estado le provea los medios y recursos necesarios para cumplir adecuadamente su función.
Uno le puede criticar muchas cosas al gobernante, pero eso no impide sentir compasión por la persona, expresarle solidaridad y desearle de corazón que pueda curarse. Actitud que tampoco implica perdonar errores, ni eventuales irregularidades en el ejercicio del poder, solo por hallarse enfermo.
El sistema republicano cuenta con mecanismos constitucionales de sustitución de un mandatario, en el caso de que haya impedimentos graves para gobernar, y está bien que los analicemos y los tengamos previstos, pero con la debida seriedad y respeto.
Mientras Lugo pueda cumplir su mandato, aún en delicado proceso de tratamiento médico, debe contar con el respaldo de toda la ciudadanía democrática, ante cualquier sector golpista u oportunista que pretenda aprovecharse de su estado de salud para conquistar indebidamente el poder.
Quiera Dios que se cumpla el milagro de una buena y pronta curación… y en una de esas hasta sea capaz de ofrecernos un mejor Gobierno que el realizado en estos dos primeros años.
viernes, 30 de julio de 2010
Vivo o muerto

Es lo que decían los polvorientos carteles del Viejo Oeste: Wanted dead or alive (Buscado vivo o muerto). Fotos borrosas, rostros dibujados a carbón, cabezas humanas puestas a precio. Cazadores de recompensas que disparaban primero y preguntaban después. Era más seguro cobrar por cadáveres y nadie reclamaba en ese territorio sin Ley. Muerto el perro, se acabó la rabia.
El Paraguay del 2010 no es el Far West del siglo XIX, por más que a veces se le parezca. Aquí existe un Estado de Derecho y significativos avances en la legislación y la acción institucional. Aunque algún sector importante de la población aplauda con entusiasmo, no es correcto que un presidente de la República declare que la muerte del ex integrante del Ejército del Pueblo Paraguayo, Severiano Martínez, era “una noticia largamente esperada”. Ninguna muerte de un ser humano, por más peligroso criminal que se considere, debe ser noticia esperada para gobernantes de un país democrático.
Hallar y matar al prófugo fue un punto positivo para las fuerzas de seguridad, en la misión de acabar con la banda armada de secuestradores con entrenamiento guerrillero. Pero, en un país con tradición de policías de gatillo fácil, hay un error conceptual en la orden de capturarlos “vivos o muertos”.
Un instructor de Swat dijo que el mejor Grupo Comando es el que consigue atrapar vivo al más peligroso criminal y entregarlo a la Justicia. Aunque decida "no entregarse vivo", un combatiente profesional sabe “anular a un objetivo hostil sin usar fuerza letal”, disparando a puntos no vitales del cuerpo. ¿No podía ser el caso, con siete tiradores entrenados, con fusiles de asalto, chalecos anti-balas, contra un hombre con una sola pistola, mal alimentado y varios días de sobrevivir en el monte? Nadie puede ponerse en la piel de hombres en una situación límite con armas, pero el acribillamiento abre pie a teorías de ajusticiamiento, presuntas “quemas de archivos”, y pérdida de oportunidad de obtener informaciones valiosas.
Lo más preocupante es la perversa lógica instaurada del “si ellos matan… nosotros también matamos”. O la cuantificación de números de víctimas y policías asesinados contra el de delincuentes abatidos, como si se tratara de una mortal competencia. Un Estado de Derecho no puede responder con la misma técnica de los criminales, porque el respeto a la vida humana y la aplicación de la Ley es lo que lo diferencia de quienes se ponen al margen. La pérdida de nuestros familiares, amigos y conciudadanos, no dejará de dolernos. Pero en su memoria debemos exigir Justicia y no venganza.
viernes, 23 de julio de 2010
La otra policía

Son apenas 22 hombres y mujeres, sin patrulleras, casi sin recursos presupuestarios, manteniéndose con la contribución de algunos empresarios, con una existencia institucional todavía nebulosa… pero en un año y medio han conseguido cambiar en gran medida la imagen de corrupción e inseguridad que generalmente tienen los extranjeros al ingresar al Paraguay por el Puente de la Amistad.
En la noche del último domingo, el popular programa televisivo Fantástico, de la Rede Globo del Brasil, emitió un reportaje en el que alabó a la nueva Policía Turística paraguaya, una fuerza pública “eficaz y diferente” en la estigmatizada Ciudad del Este, que orienta y defiende a los visitantes. El informe mostraba como los peculiares agentes de uniforme color celeste ayudaban a un turista brasileño a recuperar su dinero, tras haber sido engañado por un vendedor callejero que le entregó una caja con botellas de agua mineral en vez de la notebook que le había vendido.
“Me quedé gratamente sorprendida. Es la primera vez, en los 5 años que llego viviendo en el Brasil, que la Rede Globo emite una noticia positiva sobre Ciudad del Este”, me escribe emocionada desde Sao Paulo la colega Nancy Areco, ex reportera del Sistema Nacional de Televisión, hoy afincada en el país vecino
La Policía Turística es un proyecto impulsado contra viento y marea por Liz Cramer, ministra de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur), que arrancó en diciembre de 2008 como una división interna de la Policía Nacional, operando desde una pequeña oficina cedida por la Aduana en la zona primaria del Puente de la Amistad, y con un decidido respaldo de la Fedecámaras, que nuclea a entidades de comercio y organizaciones ciudadanas del Este.
De enero a julio de 2010, además de resolver 60 casos de estafas a turistas en casas comerciales, aprehender a 24 delincuentes en flagrancia y demorar a 154 sospechosos, logró reducir a cero los casos de asaltos a turistas en la entrada al país, así como los pedidos de coimas e intentos de sobornos en la zona primaria del Puente.
Los miembros de la unidad son cuidadosamente seleccionados entre jóvenes aspirantes, y sometidos a un estricto control. No ha faltado el caso en que uno de ellos fue denunciado por intentar coimear a un turista, pero rápidamente fue sometido a investigación y proceso judicial, y deshonrosamente expulsado del cuerpo. La diferencia con otras fuerzas es que aquí no hay impunidad.
Además de la de Ciudad del Este existe otra en Salto del Guairá y pronto se habilitarán en Encarnación y Asunción. Será cuestión de seguirles la pista y ver cómo evolucionan, pero hasta ahora el resultado es alentadoramente positivo: hoy los extranjeros que llegan al Paraguay sienten que el uniforme celeste de la Policía Turística les inspira confianza, seguridad, honestidad, eficiencia y buen trato. Que ya es mucho.
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viernes, 16 de julio de 2010
¡Opata ko la mundo...!

Las voces de alarma no se hicieron esperar. Apenas se supo que el Senado argentino había aprobado la Ley que avala el matrimonio entre homosexuales, tras una maratónica sesión de más de 14 horas, en algunos medios locales se escucharon verdaderos gritos de temor: ¡Dios mío, a dónde llegamos…! ¡Qué perversión! ¿Qué les vamos a decir a nuestros hijos? ¡Estamos como en la época de Sodoma y Gomorra! ¡Opáta ko la mundo…!
Son voces nacidas ante el miedo a lo nuevo. Para un importante sector de la población, formada con los rigores de una cultura tradicional y conservadora, es la sensación de la estantería que se tambalea con todo lo que parecía tan seguro, tan firme, tan cuadrado… ¿Cuánto tardarán en copiar aquí el “mal ejemplo” argentino? ¿Qué va a pasar con el modelo de familia que nos inculcaron?
Cuesta abrirse a lo diferente cuando uno se ha pasado la vida cerrando los ojos a otras caras de la realidad, buscando convencerse de que quienes tienen una orientación sexual distinta son personas anormales, enfermas o inmorales, y no pueden gozar de los mismos derechos que las personas consideradas “normales”. ¿Formar pareja, casarse, compartir bienes, tener proyectos de vida en común…? ¡Ni soñarlo!
Pero he aquí que un buen día uno se despierta y descubre que el mundo ha evolucionado. Y que quizás es uno el que se ha quedado atrás, y le cuesta reconocer que hay avances cívicos que vienen de la mano con la madurez de la humanidad. ¿Acaso los reclamos de libertad para los esclavos o el derecho al voto para las mujeres, en su momento no parecieron también una locura? Ahora los vemos en el tiempo como derechos tan lógicos y naturales.
La Argentina hoy da el ejemplo, como primera Nación latinoamericana en poner fin a una larga y oprobiosa discriminación contra los homosexuales, tras un largo y enriquecedor debate, en que se han oído todas las posturas y se han permitido todas las manifestaciones. Tarde o temprano, en el Paraguay vamos a tener que profundizar este mismo debate a nivel institucional, y sería bueno que tengamos más argumentos que los puramente fundamentalistas o religiosos. Que primen el respeto y la convivencia civilizada, la tolerancia y la inclusión. Crezcamos, maduremos, aprendamos.
¿Qué les vamos a decir a nuestros hijos? Digámosles la verdad: que el mundo no se va a acabar porque los homosexuales pueden contraer matrimonio legalmente. Por el contrario, es un mundo que se está volviendo más igualitario, y ellos tendrán la suerte de vivir en él, con mucho menos discriminación.
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martes, 13 de julio de 2010
Ser joven en el Paraguay (segunda parte)

–No te metas, mi hijo. No es tu problema.
–Sos muy joven todavía, no podés entender.
–¡Sacate ese arito, parecés un maricón!
–¡Estás loca...! ¿Cómo vas a estudiar esa carrera? ¡Te vas a morir de hambre!
–Vas a estudiar ingeniería, como tu papá. Así tenés el futuro asegurado.
–¡Apagá esa música horrible!
–Dejá de escribir boludeces y hacé algo productivo.
–Esa chica no te conviene.
–Tenés que volver antes de la una.
–Esos amigos no te convienen.
–Vos andás en algo raro.
–¿Cómo vas a salir vestida así a la calle?
–¡Cortate el cabello, parecés una mujer!
–¿Por qué te cortaste el pelo tan cortito? ¡Parecés un tipo!
–Cuando seas grande vas a poder decidir.
***
¿Les suena conocido...?
Son algunas de las características frases con las que los adultos solemos "orientar" la vida de los jóvenes.
Les hablamos desde la distancia.
Desde atrás de una muralla.
Desde el otro lado de los barrotes de una cuna.
Creemos que todavía no han crecido, cuando en verdad quienes no hemos terminado de crecer somos nosotros.
Nunca les hablamos, por ejemplo, sobre el sexo. ¿Será porque nosotros mismos no sabemos lo que es?
Los cuidamos de las drogas, pero no de los malos gobiernos, ni de esa otra droga que es la mala televisión.
Les reprochamos que el reguetón o el trash metal no son música, sino ruido para drogadictos, olvidando que nuestros padres nos decían lo mismo cada vez que escuchábamos a U 2, a Pink Floyd, a los Rolling o a The Beatles.
Ellos se juntan en el shop, a la salida del cole.
Beben cerveza como si tuvieran toda la sed del mundo.
Ponen el volumen de la música al máximo, pero no les alcanza para aturdirse.
Quieren votar, pero no saben a quién. La palabra política les produce náuseas. Sueñan con un país diferente, pero no saben cómo...
A veces quisieran estar lejos, muy lejos.
Han nacido en nuestros brazos... y de pronto parecen extraños.
Ya no los conocemos, o tenemos miedo de conocerlos.
A lo mejor no hay que buscar entenderlos.
A lo mejor solo hay que quererlos.
viernes, 9 de julio de 2010
Lo mejor del Mundial

A veces el universo se ve mejor por el ojo de una cerradura. A veces lo pequeño habla de lo grande, el árbol ayuda a ver el bosque. Solo que en un show tan brillante y grandioso como un Mundial de Fútbol, los pequeños detalles se pierden entre tanto oropel planetario. Pero hay quienes tienen la capacidad de ver… y de contar.
“Lo mejor del Mundial” tituló una de sus vibrantes crónicas escritas en su blog el periodista Martín Muñoz (creo que es mexicano, no hay muchos datos acerca de él en la red, solo sé que es el editor general de Yahoo! Deportes). No se refería al mejor equipo, ni al mejor goleador, ni al mejor arquero, ni al mejor árbitro, ni siquiera a la promocionada “Novia del Mundial”, nuestra bella compatriota Larisa Riquelme.
No. Martín se estaba refiriendo a un gesto humano, a algo que sucedió durante muy pocos minutos o segundos, al término del partido entre Paraguay y Japón, el martes 29 de junio, aquel largo y dramático cotejo de 120 minutos de juego sin goles, que tuvo que definirse en penales, y que nos puso finalmente entre los ocho mejores equipos de fútbol del mundo, cuando un futbolista japonés equivocó un penal y acabamos ganando por 5 a 3.
Fue una explosión de júbilo entre los seguidores de Paraguay, y una depresión colectiva para los de Japón. Y mientras el mundo se llenaba de colores, las cámaras enfocaron por un fugaz momento a Yuichi Komano, el jugador japonés que había fallado el penal, y que allí estaba llorando desconsoladamente, sin que ninguno de sus compañeros le dieran apoyo.
Dos jugadores paraguayos se aproximaron a Komano. El primero fue Edgar Barreto. Así lo cuenta Martín Muñoz: “Se acercó al japonés y, en una de esas raras instancias en la vida en la que no hacen falta palabras, el paraguayo, con un gesto intentó consolar al hombre que les había abierto sin querer las puertas de cuartos de final. No fue el único, luego llegó Nelson Haedo Valdez y el fútbol nos mostró su mejor cara. La que vemos tan pocas veces”.
Hay dos o tres fotos de ese momento. Un reportero de Associated Press percibió lo que ocurría y se acercó a disparar, rápido. Lo de Barreto ya no alcanzó a registrarse, pero hay una bellísima foto en la que Haedo toma entre sus manos la cara de triste niño huérfano de Komano, y recuesta su cabeza por la de él, transmitiéndole toda la ternura, toda la grandeza, la calidad y la calidez humana.
Coincido con Martín: Definitivamente, fue lo mejor del Mundial.
miércoles, 7 de julio de 2010
Ser joven en el Paraguay
Ser joven en el Paraguay es comenzar a ser adultos o ancianos antes de los 15 años. Es crecer a golpes de realidad, hipotecar el futuro a cambio de un puesto de vendedor en un shopping. Es empacar los sueños dentro de una ajada mochila y salir a enfrentar al mundo sin pasaporte.
Ser joven en el Paraguay es archivar los libros y las ilusiones en el ropero, para resignarse a subsistir en la chacra, en un taller, en una carpintería. Es esperar pacientemente en largas colas frente a una agencia de empleos: certificado de buena conducta, antecedentes policiales, experiencias laborales, referencias comerciales, ¿sabe hablar inglés?, ¿conoce el Window Vista?, ¿tiene nociones de márketing?, vuelva el lunes, nosotros lo vamos a llamar, lo sentimos mucho pero el puesto ya ha sido ocupado.
Ser joven en el Paraguay es vivir bajo la constante sospecha de estar cometiendo un delito que nadie sabe explicar cuál es. A ver, documentos. Contra la pared. De dónde viene, carajo. Les tienen que venir a buscar sus padres. ¿Por qué tenés los ojos colorados?, seguro que estuviste fumando marihuana. ¿Estudiando toda la noche, quién te va a creer?
Ser joven en el Paraguay es vivir la vida a ritmo de video-clips. Es morirse por un jean de Valentino o una campera de Caro Cuore. Es llorar con una película de la serie Crepúsculo. Es creer que Dios tiene el rostro de un cantante de reguetón.
Ser joven en el Paraguay es soñar que se llega al paraíso desfilando a través de una pasarela. Es matarse de hambre por parecerse a Larissa Riquelme, Egni Eckert o Patty Orué. Es vivir desmayándose como los poetas del romanticismo.
Ser joven en el Paraguay es creer que se puede apagar con mucha cerveza la sed de tantas preguntas. O que se puede tapar con el sonido al máximo del mp4 o el i-pod el molesto y estruendoso ruido de la realidad.
Ser joven en el Paraguay es creer en todo y no creer en nada. Es ser feliz y hundirse en la depresión sin sentido aparente. No entender nada y de pronto comprenderlo todo. Odiar a los políticos y amar a los jugadores de la Albirroja. Ser ingenuo y cínico a la vez. Creer que la felicidad está al alcance de la mano o del lado oscuro de la luna. Querer cambiar el mundo o desear que estalle en pedazos.
lunes, 5 de julio de 2010
Paraguay ganó
Paraguay si ganó el Mundial de Futbol Sudáfrica 2010.
Ganó la admiración y el respeto del mundo.
Hoy figuramos en el mapa con nuevos colores y sonidos.
Fue la mejor participación paraguaya en todos los mundiales, algo que casi nadie esperaba de un equipito que se fue colando a pura garra y pasión entre los favoritos.
Valió la pena. En ese último partido ante España, en cuartos de final, la Albirroja cayó con dignidad, con orgullo, con grandeza.
¡Hicimos historia...!
Me siento orgulloso de ser paraguayo.
Ahora la vida está volviendo poco a poco a su ritmo habitual. Hasta ya hay otras noticias en la tele, que no sean fútbol.
Nos queda la angustia… ¿qué cosas nos unirán y nos harán felices, ahora que la Albirroja ya no está en Sudáfrica?
¿Será que han aprendido algo los políticos y dirigentes de lo que nos pasó en este Mundial?
¿Será que entenderán el mensaje que la ciudadanía les pasó con tanta alegría en las calles? ¿Que los paraguayos sí podemos (y queremos) estar unidos detrás de cosas buenas, grandes y movilizadoras, y no matarnos peleando por macanadas?
viernes, 2 de julio de 2010
El paraíso con la punta de los dedos

Si, ya sé… Es solo fútbol. Es solo una pelota pateada por once tipos contra otros once tipos en un estadio, mientras el mundo entero está en las graderías, mirando. Es solo eso… pero es más. ¡Mucho más…!
Trataba de explicarle a un amigo extranjero, que me preguntó con asombro por qué los paraguayos estamos tan pasados de revoluciones, tan eufóricos y combativos, como si el destino mismo de la Patria dependiera de un partido de fútbol.
Intentaba hacerle entender que en esta isla rodeada de tierra, que ha padecido no solamente cien sino todos los años de soledad, en donde ya creíamos que el infortunio se había enamorado de nosotros, darnos cuenta de que estamos entre los ocho mejores equipos de fútbol del mundo, disputando la final de Sudáfrica 2010, no solo tiene un sabor a gloria, sino es además una reivindicación histórica, una sensación sublime de acariciar el paraíso con la punta de los dedos.
Le decía que nunca antes, en todo el largo calvario de dictaduras y democracias enmascaradas, he visto tanta alegría en el rostro de la gente como lo vi en las calles, tras la victoria ante Japón. Y hasta quienes no somos hinchas fanáticos, y a veces hasta cometemos la tontería de afirmar que es el fútbol un deporte masificador y alienante que desvía la atención de las cosas importantes, nos encontramos sorprendidos de nosotros mismos, vestidos con la casaca albirroja, comiéndonos las uñas ante el televisor.
Le decía que ojalá aprendiéramos todos de este momento único. Que es lindo sentirse tan solidariamente abrazados por encima de nuestras diferencias, y que si pudiéramos encauzar estos positivos valores que nos da el futbol hacia otros ámbitos como la política, la economía o las relaciones sociales, allí si no nos iba a parar nadie.
Le dije finalmente lo que les digo a todos los no paraguayos: Déjennos gozar libremente de esta alegría. Déjennos sentirnos tan unidos en medio de nuestras históricas rencillas cotidianas. Déjennos vibrar con la satisfacción que nos dan los chicos de Martino (y que hasta ahora nuestros políticos, ni nuestros dirigentes sociales, no han sabido darnos). Déjennos el placer de intentar llegar hasta donde podamos, con esa garra, con esa pasión, con ese ser paraguayos que quizás muy pocos entienden, pero que a veces da increíbles y gratas sorpresas.
Y ya no digo más, porque está por empezar el partido contra España. Entran once jugadores a la cancha, pero seis millones y medio de corazones entramos con ellos.
¿Se escucha, Sudáfrica…? ¿Se oye, Planeta Tierra…?
Ronco grito guaraní que retumba por encima de las vuvuzuelas: ¡Vamos Paraguay! ¡Vamos Albirroja! ¡Vamos, vamos a ganar…!
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