sábado, 19 de junio de 2010

Karai Félix


Era habitual cruzarse con él en la calle, en un micro cargado de pasajeros, o descubrir su presencia solidaria en un acto político o cultural, sin que muchos supieran que ese abuelito de barba entrecana y andar humilde es uno de los más grandes poetas en lengua guaraní.
Aprendí a admirarlo en la Escuela de Locución, donde compartimos el ejercicio de la docencia durante muchos años. Yo llegaba a dar clases y el estaba allí, compartiendo sus historias mágicas, sin advertir que había sonado el timbre, como si habitara otro tiempo y lugar. Sin atreverme a interrumpirlo, me colaba en el aula y me dejaba envolver por esa voz dulce y profunda que nos traía aromas de naturaleza agreste, tierra roja mojada por mil lluvias, acordes de guitarras y sonidos de machetes rebeldes.
Supe de su infancia sufrida en las soledades campesinas de Paraguarí, donde nació en 1924 como Félix Giménez Gómez, hasta que adoptó para siempre el artístico nombre de Félix de Guarania. Supe de su secuestro en Medicina por la dictadura de Morínigo, de su primera obra de teatro censurada y prohibida, de las muchas persecuciones y encierros, hasta que en 1960 la dictadura de Stroessner lo expulsó del país.
Fueron 26 largos años de exilio, en que sobrevivió dando clases de guaraní en universidades de Moscú, mientras sus poemas iban naciendo con el dolor y el amor por la Patria lejana, hasta que el amanecer de la democracia le permitió regresar con sus hijos.
Escribió cerca de una docena de libros, incluyendo una versión al guaraní del Quijote de Cervantes. En lo personal, me conmueven las adaptaciones al guaraní de clásicas canciones de Chico Buarque, Silvio Rodríguez, Violeta Parra, Chabuca Granda, John Lennon, Joan Manuel Serrat, entre otros, para los dos discos El canto de los Karai de Ricardo Flecha. Los versos del Imagine de Lennon, transportados del inglés al guaraní, hablan de la sublime universalidad tan joven del viejo Karai Félix.
A sus 85 años de edad, Félix de Guarania está muy enfermo y requiere la solidaridad de sus compatriotas. Perdió la vista y la movilidad, y sus familiares casi ya no disponen de recursos para costear su tratamiento. Este prócer de la cultura, incansable militante de la vida, unos de los pocos raros ejemplos de coherencia y dignidad que tenemos los paraguayos, sufre la misma triste situación de abandono y pobreza en que terminaron sus días tantos artistas y creadores. Aunque recibió medallas y condecoraciones, y percibe una casi simbólica pensión graciable del Congreso, su caso demuestra lo tremendamente injustos y poco solidarios que seguimos siendo con quienes nos engrandecen con su arte y sabiduría.

viernes, 11 de junio de 2010

Locos por las armas


Tras un trágico “accidente” que cobró la vida de un chico en el barrio San Miguel de Ciudad del Este, envolviendo en un horrible drama a la familia de una querida amiga, conocí con horror la última diversión de moda entre los jóvenes: El juego de la “ruleta rusa”, un revólver cargado con una sola bala, a la que hacen girar el tambor y luego aprietan el gatillo apuntando al jugador de enfrente, con apuestas en dinero a ver si se dispara o no.
El episodio no es aislado, sino la manifestación sintomática de un país que arrastra una larga tradición de culto al mbokapu, donde impera un impune tráfico ilícito que mueve millones, ligado al narcotráfico, especialmente en zonas fronterizas de Ciudad del Este, Salto del Guairá y Pedro Juan Caballero, donde las armas se venden como si fueran caramelos.Escribo este artículo desde Montevideo, Uruguay, en un seminario convocado por la Fundación del Premio Nobel de la Paz costarricense Oscar Arias, en donde me toca exponer resultados preliminares de una investigación sobre tráfico de armas en Paraguay, que realizamos con la abogada Yenny Villalba.
Sobre estadísticas de la Policía Federal brasileña, que en dos años decomisó 20.000 armas introducidas ilegalmente por Ciudad del Este, es posible cuantificar que se trafican 30.000 armas de fuego por año desde el Paraguay, especialmente con destino a organizaciones criminales brasileñas como el Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV).
En este seminario accedemos a nuevos y preocupantes datos oficiales. Diana Vargas, directora de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, revela que en el Paraguay hay 700.000 armas no registradas en poder de ciudadanos. El teniente coronel Oscar Villagra, de la Dirección de Material Bélico de las Fuerzas Armadas (Dimabel), indica que sólo 288.887 personas han registrados sus armas, y reconoce la dificultad de controlar la venta y el uso. El director de operaciones de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), Miguel Chaparro, muestra como los narcotraficantes adquieren con suma facilidad en el mercado negro poderosas armas de guerra, desde fusiles de asalto hasta ametralladores y cañones anti-aéreos.
Paraguay mantiene una tasa de homicidio de entre 12 y 13 por cada 100.000 habitantes, que según índices de la Organización Mundial de la Salud es calificada como epidémica, ya que lo normal es de 0 a 5. Otro factor alarmante es que hay 210 empresas privadas de seguridad registradas, que emplean a 24.000 guardias privados, más que el doble de los 10.000 policías operativos.Un punto muy positivo expuesto por los representantes del Gobierno es que existen acciones en marcha para ejercer un mayor control y reducir el tráfico y transferencia de armas.
Pero Paraguay aparece muy detrás de experiencias comunitarias de entrega y destrucción de armas que se llevan a cabo en países como la Argentina. Aquí, por el contrario: una donación de explosivos c-4 de Estados Unidos para destruir armamento obsoleto de las Fuerzas Armadas acabó siendo robado y ofertado en el mercado negro, junto a las armas que se debían destruir.

sábado, 5 de junio de 2010

El mundo será una gran pelota de fútbol


Es lindo ver a la gente eufórica y patriota, con banderas al viento, ahora que la selección paraguaya está en Pietermarizburg para disputar el Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010.
Me sumo con entusiasmo al coro de la pasión albirroja... pero no puedo evitar preguntarme: ¿por qué nadie alienta con igual fervor al país, cuando se enfrenta contra la endémica corrupción, en ese otro mundial en el que si somos negativamente campeones?
¿Por qué nadie sale a la calle, vestido con la camiseta roja y blanca, a gritar "¡Arriba, Paraguay...!" cuando la patria disputa su cotidiano partido contra la pobreza y la miseria?
¿Por qué no hay hinchadas multitudinarias, batucadas rítmicas, caravanas con bocinazos frente al Panteón de los Héroes, gargantas roncas, abrazos efusivos, gritos y llantos de emoción... cada vez que el Paraguay logra alguna conquista mínima en el torneo contra la injusticia?
¿Por qué las radios y los canales de tevé no dedican interminables programas y transmisiones vía satélite, y los diarios no nos inundan con coloridos suplementos... cuando salimos a disputar el campeonato contra el atraso y el subdesarrollo?
El fútbol es pasión de multitudes. Perfecto. Pero... ¿por qué no lo es la solidaridad? ¿Por qué no convertimos también a la honestidad en un "deporte rey"? ¿Por qué no tenemos a un Roquegol haciendo vibrar de emoción a la platea en el campo de la política? ¿Por qué no hay un Nelson Haedo o un Lucas Barrios rompiendo defensas enemigas para meter goles a favor de la cultura, el trabajo, la educación, la salud pública, la protección del medio ambiente...?
Desde el 11 de junio, la vida será solo fútbol. Estaremos prendidos a la tele y nos va a importar un carajo que se desbloqueen o no las listas sábanas, que se apruebe la Ley de seis horas para los funcionarios públicos, que sean capturados los líderes del EPP, que aumente el índice de violencia y criminalidad, que suban los precios de la canasta familiar, que alguna otra mujer demande al presidente por paternidad, que los niños pobres se caguen de frío y de hambre junto a un semáforo, que el lago Ypacaraí tenga aguas rojas o que un unicornio azul ande suelto por la Plaza Uruguaya.
Mientras dure el Mundial, el destino de la patria paraguaya dependerá del Tata Martino y sus once leones guaraníes correteando detrás de un balón, ante las cámaras de la tevé planetaria. El planeta Tierra se habrá convertido en una inmensa pelota girando bajo los pies de algún dios deportista en la gran cancha de fútbol del universo.

viernes, 28 de mayo de 2010

Huevadas violentas



Se hacen llamar dirigentes sindicales, líderes que en teoría luchan por un modelo de sociedad alternativa con mayor justicia y equidad, pero el comportamiento demostrado el miércoles a la tarde, al rodear y atacar a la sede de la Redacción del diario Última Hora, en Asunción, arrojando huevos y petardos, además de proferir insultos verbales de todo tipo, contradictoriamente los asocia a exaltados integrantes de turbas o patotas, o de violentas barras bravas futboleras.
La Mesa Coordinadora Sindical quiso justificar que la manifestación fue dirigida solo contra el empresario Antonio J. Vierci, presidente del grupo empresarial al que pertenece este diario, en protesta por “la línea editorial que responde a intereses fácticos”, pero quienes se hallaban en el interior del edificio atacado eran periodistas y funcionarios, obreros de talleres y de transporte, y asustados clientes atrapados por la violencia.
A los comunicadores nos resultó aun más inexplicable identificar entre los dirigentes al propio secretario de organización del Sindicato de Periodistas del Paraguay, el colega Eduardo “Coco” Arce. Un medio periodístico atacado por una turba, y el directivo del gremio que debería defendernos, ubicado del lado de los agresores.
La línea editorial de un diario es la opinión oficial de sus editores, con la cual se puede discordar libremente, y existen mecanismos democráticos para contestar y expresar el disenso: el derecho a réplica, los espacios informativos, las secciones de opinión pública, o las variadas opciones de libre acceso y contestación que permite también la edición digital en internet. Un acto de agresión como el que protagonizaron los funcionarios públicos no solo cae en la práctica ilegal de la violencia, sino además configura un atentado contra la libertad de prensa y de expresión.
Quienes conocen mi manera de pensar y mi postura personal, saben que siempre apoyé las conquistas laborales, y en este caso estoy a favor de la Ley que reduce las horas de trabajo de los funcionarios públicos, por más que crea que en este conflicto se juegan intereses políticos extra-gremiales, en la pulseada de poder entre el Gobierno y sus adversarios en el Parlamento. Dentro del pluralismo que caracteriza a Última Hora, nunca he sentido restricciones para expresar mis opiniones en mis columnas semanales, aunque resulten discordantes con la línea editorial del diario.
Es lo que muchos periodistas venimos haciendo desde hace décadas: informar responsablemente y expresar con libertad nuestra opinión, y leer y escuchar con respeto a quienes disienten, sin salir a patotear y a arrojar huevos a la cara de todos los que piensan distinto.

viernes, 21 de mayo de 2010

El hombre que hizo temblar a la dictadura


Diciembre de 1969. La caravana de promeseros asciende la loma de Caacupé, mientras el país se estremece bajo una fuerte oleada represiva del terrorismo estatal. Los campesinos de las Ligas Agrarias son perseguidos a sangre y fuego. En los oscuros calabozos, medio centenar de presos políticos claman sordamente a una Justicia que tiene los ojos más vendados que nunca.
El dictador Alfredo Stroessner se dispone a hacer gala de catolicismo en la tradicional Procesión de la Virgen de Caacupé, cuando le comunican que el nuevo obispo de la Diócesis serrana ha resuelto suspender la festividad religiosa, en protesta contra “las injusticias y falsedades de parte de los responsables del Gobierno del país”. En una carta pastoral, el prelado escribe: “La Procesión de la Virgen hubiera debido significar íntima alegría de todos los hogares, pero en muchos la luz de la alegría se apagó. El temor alejó, si no es la muerte, al jefe del hogar…”.
El supremo gobernante monta en cólera: ¿Quién es ese insensato obispo que se atreve a desafiarlo, privándolo de la anual exhibición ante el altar de la Virgen? “Es un salesiano, excelencia…”, le contesta la voz trémula de uno de sus esbirros. “Se llama Ismael Rolón”.
Aquel cura caazapeño testarudo se convierte rápidamente en uno de los mayores dolores de cabeza del tirano. El 4 de febrero de 1971, a poco de asumir como arzobispo de Asunción, monseñor Ismael Rolón renuncia a integrar el Consejo de Estado –cargo que constitucionalmente correspondía a los arzobispos-, para no avalar “la situación de crecientes abusos y patentes violaciones de derechos humanos”, según justifica en una carta pública.
Habló con profética valentía cuando tenía que hablar, y actuó calladamente cuando sentía que las gestiones privadas eran más efectivas. Sus masivas “procesiones del silencio” enseñaron que la mudez puede ser más estentórea que el grito panfletario. Y definió con una certera frase para la historia (“hombres escombros”) a los autoritarios y corruptos.
Tras la caída de la dictadura, en 1989, dejó su silla arzobispal, pero siguió educando y defendiendo los derechos humanos. Desde su idílico Oasis de Ypacaraí, iluminó con su palabra reflexiva la realidad cotidiana.
En estos días en que su cansado cuerpo físico se debate entre la vida y la muerte, a sus 96 años de edad, es necesario rescatar la figura de monseñor Ismael Rolón. Un compatriota digno y heroico, quien mantuvo siempre una intachable conducta moral, una coherencia y rectitud humana poco frecuente en el Paraguay.

viernes, 7 de mayo de 2010

Patria



“Son las paredes de un barrio, es su esperanza morena. Lo que lleva en el alma todo aquel cuando se aleja. Son los mártires que gritan: bandera, bandera... No memorices lecciones de dictaduras o encierros. La Patria es un sentimiento, como mirada de viejo. Sol de eterna primavera, risa de hermanita nueva. ¡Patria son tantas cosas bellas!”.

(Rubén Blades, “Patria”).



Hay un país que nos espera al otro lado de la niebla. Un país que todavía no conocemos y sin embargo extrañamos, cuya belleza no se puede pintar sobre el papel, porque su geografía pertenece al intangible territorio de los sueños.

Un país hecho con la madera de nuestras mejores utopías, e iluminado con el sol de nuestros recuerdos más felices. Incluso con los recuerdos de las cosas que todavía no sucedieron, como aquella Independencia que nació en una furtiva madrugada de mayo de 1811, pero todavía está en camino.

La Patria vive en ese viejo y querido trapo de colores que flamea libre contra el cielo, y algunos llaman bandera. Pero también en la mirada de ese niño de pies descalzos que espera junto a un camino polvoriento. Como hace casi doscientos años de soledad, simplemente espera…

La Patria vive en el canto de los chicos y las chicas de blanco, formando fila en el patio de la escuela o el colegio, mientras sus voces se quiebran en desafinadas estrofas: “Ni opresores ni siervos alientan, donde reinan unión e igualdad…”. Pero también en el eco de las risas, en los juegos de rebeldía que desafían los límites del sistema autoritario y dan rienda suelta a la imaginación creativa.

Patria de mi alegría y de mi duelo. Trueno entre las hojas, puñado de tierra, isla sin mar. Territorio del dolor y la esperanza, donde el aire todavía hiere los ojos de tanta belleza y transparencia. Nación de historia inconmensurable escrita todo el tiempo sobre la arena. Arpa desgranando trinos de campanas en medio de la selva. Guarania que brota desde abajo del suelo y se alza libre como una paloma. Desgarrada bandera rescatada por las manos de una mujer en medio de un campo de batalla. Una pluma que se hunde hasta el mango en el papel y escribe con sangre una historia nueva.

Patria. La palabra rohayhu pintada en los muros de una plaza. Ausencias que duelen. Guitarra en blancas noches de luna y amistad bohemia. Procesión de espectros en busca de la tierra sin mal. Niños pervertidos, poetas olvidados, políticos mentirosos, mafiosos al acecho, jueces en oferta, burócratas corruptos, mujeres de quebracho. ¡Y esta terca esperanza que no se rinde!

viernes, 30 de abril de 2010

México en Paraguay


El senador Robert Acevedo mostrando el sitio por donde se sacan cargamentos de cocaínas, arrojados desde avionetas al aterrizar, en la cabecera del aeropuerto de Pedro Juan Caballero.

Sucedió en Colombia, sucede en México y está sucediendo cada vez más en el Norte del Paraguay: Mafias del narcotráfico que se instalan y controlan territorios enteros en zonas de frontera, ante un Estado ausente o con representantes que se dejan corromper, o no actúan por miedo.
Asesinatos y ajustes de cuentas a plena luz del día. Atentados a balazos contra periodistas o autoridades, como el caso del director propietario de radio Mburucuyá, Santiago Leguizamón (hace 19 años, crimen aún impune) o el del senador liberal Robert Acevedo, propietario de Radio Amambay, el pasado lunes, quien salvó su vida por milagro. Ambos ataques en una fecha más que simbólica: 26 de abril, Día del Periodista Paraguayo.
En el Norte de México, hace más de una década se declaró una guerra sin cuartel entre siete cárteles de la droga -Golfo, Tijuana, Sinaloa, Milenio, Oaxaca, Colima, Juárez- que en los últimos tres años provocó el asesinato de más de 15.000 personas, según informes de Amnistía Internacional.
En el Paraguay, desde los años 90, se viene registrando una guerra abierta entre organizaciones criminales brasileñas como el Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV) por controlar la producción y la comercialización de la marihuana y el crack, en los departamentos de Amambay, Canindeyú, Alto Paraná, San Pedro y Concepción, así como la recepción y la redistribución de la cocaína procedente de Bolivia, con agregado del tráfico de armas y el lavado de dinero, entre otros negocios ilícitos.
No hay datos sistematizados sobre la cantidad de asesinatos registrados en esta escalada de violencia criminal, pero ya ascienden a miles. Si le sumamos las acciones armadas del llamado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) en la región, tenemos un caldo de cultivo más que preocupante. Lindo escenario para el encuentro entre el presidente paraguayo, Fernando Lugo, y su par brasileño, Lula da Silva, en la ciudad fronteriza de Ponta Porá, este lunes 3 de mayo.
Ninguno de los anteriores Gobiernos colorados que emergieron tras el derrocamiento de la dictadura stronista han querido enfrentar con firmeza a la mafia criminal del narcotráfico, quizás porque sus tentáculos llegaban (y siguen llegando) hasta la gran mayoría de las instituciones del Estado. La administración de Fernando Lugo es la primera que demuestra signos de dar una batalla más fuerte y decidida, con la aplicación del actual Estado de Excepción y el desplazamiento de fuerzas policiales y militares a la zona, pero no resultará fácil.
Hay que restablecer la presencia del Estado en ese vasto territorio sin Ley, barrer con policías, militares, aduaneros, fiscales y jueces corruptos, y desarrollar nuevos proyectos de desarrollo social para rescatar a las poblaciones de más de cien años de soledad. Desafío grande para el Gobierno, pero aun más para toda la sociedad paraguaya. ¡Hay que detener la escalada de muerte y violencia, antes de que sea muy tarde!

sábado, 24 de abril de 2010

Caso Santiago Leguizamón: La marca de la impunidad


Pedro Juan Caballero, Paraguay, verano de 1985. Desde la ventanilla, la ciudad se extendía como un árido sueño difuminado entre remolinos de tierra roja.
El ómnibus me dejó frente a un céntrico hotel, en la zona más turbulenta junto a la línea divisoria. La tarde empezaba a caer y el aire parecía impregnado con un denso olor a barricada. Me instalé en una habitación y pedí un teléfono. Busqué el número del corresponsal que alguien me había apuntado en un papel. Me habían dicho que se trataba del director de una radio local.
El papel decía: 2598, Radio Mburucuyá, Santiago Leguizamón.
Una voz grave y enérgica me respondió desde el otro lado del tubo. Le expliqué que acababa de llegar, enviado por el diario para realizar una serie de notas periodísticas, y que necesitaba su ayuda. Me preguntó donde estaba alojado y le di el nombre del hotel. Entonces, con un tono imperativo que en principio me asustó, me ordenó que recogiera inmediatamente mis cosas y lo esperara a la entrada.
-Vas a venir a la radio –me dijo-. No voy a permitir que un colega quede abandonado en ese antro de pandillaje.
Toda protesta fue en vano. Quince minutos más tarde, un hombre corpulento y burlón preguntaba por mí en la recepción. Allí empecé a conocerlo, sin presagiar todavía que me encontraba frente a la dimensión de una leyenda.

* * * *

En esa época, el local de Radio Mburucuyá no era más que una pequeña casa de tablas construida en medio de un enorme terreno baldío, casi en las afueras de la ciudad, a unos setecientos metros de la “terra de ningueim” (tierra de nadie), como llaman los lugareños a ese mundo entre dos países que es la frontera seca paraguayo-brasileña.
Una precaria torre de metal que bailaba con las ráfagas del viento norte le servía de antena. Más de una vez la estructura fue derribada por las tormentas, pero a los pocos días estaba otra vez levantada, desafiante, irradiando su mensaje transgresor.
Adentro, en un pequeño estudio armado con equipos que parecían sacados de un museo, Santiago Leguizamón ofrecía cotidianamente su programa Puertas abiertas, un espacio de libre comunicación que abarcaba todo el territorio de la mañana, tejiendo una amplia red de información y solidaridad, mas allá del constante sobresalto de vivir en la frontera.
Me impresionó encontrar esa línea periodística tan claramente crítica y comprometida con el cambio en una radioemisora del interior, sobre todo en una zona tan marcada por la corrupción y la violencia como el Amambay. En medio de la tormentosa niebla represiva de la dictadura, Santiago había logrado encender una luz de esperanza para toda la ciudadanía honesta de Pedro Juan Caballero, con la que se identificaron decididamente quienes deseaban convertir esa comarca del terror en un espacio de integración y convivencia solidaria.

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-¿Por qué Radio Mburucuyá es prácticamente una excepción con respecto a las demás radios del interior? –le pregunté una mañana, mientras tomábamos mate en el estudio, antes de empezar la transmisión.
-El secreto es muy sencillo –me respondió-. Para mí, el micrófono de la radio es mucho más que un simple trozo de metal.

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Su dormitorio estaba instalado en una habitación contigua al estudio de la radio. Allí, al lado de la suya, en forma permanente había dos o tres camas disponibles “para los atorrantes que siempre caen de visita”. Le gustaba compartir su casa, su vida y su trabajo, como si la entrega hacia los demás fuera su mejor forma de ser feliz.
Como empresario era buen periodista. Pasaba avisos radiales que nunca se facturaban, porque eran pedidos de sus múltiples amigos o correspondían a algún servicio social. Allá por el 88 se le ocurrió la idea de instalar un “negocio anexo” a la emisora, un lavadero automático para vehículos, que resultó en un rotundo fracaso. Allí quedaron las costosas instalaciones, sub utilizadas para lavar los “móviles” de la radio, que se reducían a una camioneta, una citroneta destartalada, una moto y algunas bicicletas.
Desde 1990 había comenzado a editar Mburucuyá Revista. Perdía plata, pero no le importaba.
-Si quisiera volverme millonario, vendería la radio y me dedicaría al contrabando –me dijo una vez-. Me resultaría tremendamente fácil, porque conozco a todos los mafiosos de la zona.

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Conocía a la mafia, sí. Pero desde el otro lado de las barricadas de combate, que había comenzado a edificar con sus palabras aceradas, defendiendo a golpes de claridad el nebuloso sueño de la democracia.
Cada vez que uno de sus móviles llamaba para informar que había amanecido un cuerpo acribillado en medio de la línea divisoria, Santiago se indignaba porque daban la noticia como quien informa sobre el estado de tiempo.
“No podemos resignarnos a aceptar el crimen en Pedro Juan como parte de la vida cotidiana. Cada asesinato tiene que seguir siendo un motivo de escándalo”, exhortaba en sus programas.
Una de sus frases favoritas era la que se atribuye a San Juan Crisóstomo y que estampó con letras visibles en el primer número de Mburucuyá Revista. La frase dice: “Hay que temer más el escándalo que produce el silencio, y no el escándalo que proviene de la verdad revelada”.

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Vivir bajo constante presión y recibiendo continuas amenazas no le impedía derrochar su espíritu farrista y dicharachero. Le gustaba organizar asados en el patio de la radio, compartir el whisky, la cerveza o la caipirinha. Acudía casi todos los días a almorzar en su lugar favorito: el “Pato Restaurante”, propiedad de uno de sus amigos más queridos, Julio Cesar Acosta, entonces presidente de la Liga Deportiva del Amambay, quien se negaba a cobrarle la cuenta a pesar de sus continuas protestas.
“La feijoada que preparan en el Pato es lo mejor de Pedro Juan y Ponta Porá”, solia propagar. Precisamente, ese trágico viernes del 26 de abril de 1991, Santiago se dirigía al mismo local para celebrar el Día del Periodista con sus amigos y toda la gente de la radio, cuando la muerte lo esperó en una esquina. Desde entonces, en el Pato quedó un lugar vacío junto a una mesa que ya nunca nadie podrá llenar.

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En principio se burlaba de las amenazas de muerte y los avisos que le hacían llegar los mafiosos. Aquella mañana, horas antes de su muerte, le dijo a Humberto Rubín: “Prefiero la muerte física a la muerte ética”. Llevaba un revólver en la guantera, más para tranquilizar a sus amigos que como verdadera medida de precaución. Aceptaba la compañía de su fiel e incondicional secretario Pedro “Carapé” Cabral, no tanto por seguridad, sino para tener a álguien que oyera sus plagueos. La ultima vez que lo vi fue dos meses antes de su muerte, cuando pasó por la redacción del diario a dejarme los últimos ejemplares de su revista. Me contó que un conocido industrial yerbatero de Pedro Juan le había dicho: “Cuidate, porque te van a matar”.
Recuerdo que en esa ocasión le pregunté algo que ya varias veces le habíamos cuestionado con otros colegas: si valía la pena ese estilo de “periodismo kamikaze” que él ejercía con tanta audacia en esa región donde no hay policías ni jueces que te puedan proteger. Recuerdo que hubo un largo silencio, antes de que me respondiera con otra pregunta: “¿Y te parece que hay otra manera...?”.

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Cuando se supo la trágica noticia, me encontraba con los colegas Héctor Guerín y Oscar Torrents en Ciudad del Este, en una conferencia con los estudiantes de periodismo, y recuerdo que ninguno supo qué decir. Nos quedamos largamente en silencio, juntando bronca y dolor
Después vinieron las marchas, el sepelio desgarrador, la indignación, las promesas del presidente Andrés Rodríguez: “No descansaremos hasta atrapar a los asesinos”. El rostro de Santiago multiplicado en pancartas y volantes. Santiago con alas de ángel dibujado por Casartelli. Santiago estatua de bronce gracias a Herman Guggiari. Santiago convertido en nombre de una calle. Santiago premio de periodismo. Santiago en los informes internacionales sobre derechos humanos. Santiago ritual de encuentro cada 26 de abril, con flores, discursos y velas encendidas. Santiago grito, canción, proclama, símbolo vivo, espina lacerante.
Y por detrás de todo, una realidad cruel: el caso Santiago Leguizamón es el patético ejemplo de la inoperancia del trabajo policial y judicial en el Paraguay.
UN paciente trabajo realizado por los periodistas y abogados José Valiente y Eligio Fariña, quienes -por encargo del Sindicato de Periodistas del Paraguay (SPP), con apoyo del Ministerio Público y de la organización Reporteros sin Fronteras- durante largos meses bucearon de lleno en el voluminoso Expediente N° 70 del Juzgado del Crimen del Amambay, permitió revelar las elementales e inexplicables torpezas cometidas desde el principio en el proceso de la investigación, los múltiples y sospechosos cabos que se dejaron sueltos, como si existiera una deliberada voluntad oficial de permitir que el crimen de Santiago Leguizamón continúe en la más absoluta impunidad, mientras sus asesinos se pasean por las calles, a plena luz del día.
El informe fue presentado por el SPP a las máximas autoridades del poder Judicial, del Poder Legislativo y del Poder Ejecutivo, a principios de 1998. Desde entonces, a pesar de las públicas promesas, no se ha avanzado casi nada.
El expediente N° 70 duerme su sueño telarañas en algún estante olvidado del Poder Judicial.

viernes, 23 de abril de 2010

El sitio al Estado


La declaración del Estado de Excepción en cinco departamentos del país revela la incapacidad del Gobierno de enfrentar a los integrantes del llamado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) con los recursos ordinarios del Estado de Derecho.
Aunque los constituyentes de 1992 le hayan puesto un nombre más moderno, la aplicación del artículo 288 de la carta magna evoca inevitablemente al viejo y odioso Estado de Sitio que la dictadura del general Alfredo Stroessner aplicó arbitrariamente durante 35 años para perseguir, encarcelar, torturar y asesinar a miles de paraguayos.
Puede sonar a un simple juego de palabras, pero la instauración del Estado de Sitio implica también reconocer que una pequeña pero violenta banda armada de secuestradores con entrenamiento guerrillero ha logrado poner en sitio al Estado, al punto de obligarle a aplicar su recurso constitucional más extremo.
Visto de este modo, los miembros del EPP han logrado su objetivo mediático, ya que con esta declaración el Gobierno les otorga de hecho, aunque no oficialmente, el carácter de guerrilleros, sediciosos o contrainsurgentes que tanto estaban reclamando, contradiciendo a la estrategia originaria del ministro del Interior, Rafael Filizzola, de tratarlos simplemente como delincuentes comunes.
No hay dudas de que la gran mayoría de la población apoya la declaración del Estado de Excepción, tras la criminal y despiadada violencia con que los presuntos miembro del EPP asesinaron a cuatro personas en la zona de Arroyito, Concepción, el pasado miércoles 21 de abril, pero ello no impide que surjan temores y fantasmas ante el retorno de esta extrema figura constitucional.
El Estado de Excepción implica inevitablemente un retroceso democrático, porque recorta las libertades civiles en los lugares donde estará en vigencia. Siempre existe el riesgo de que se cometan abusos durante su implementación, por tanto la prensa y las organizaciones de la sociedad civil, especialmente las de derechos humanos, deberán estar muy vigilantes. Y ojalá sirva realmente para terminar de una vez con la amenaza del EPP, y devolver la paz y la tranquilidad que tanto necesita el Paraguay
Por último, no deja de ser estimulante ver a los dirigentes de los principales partidos políticos presentándose unidos para apoyar el Estado de Excepción. ¿No podrían unirse también para avanzar juntos en otras cosas más positivas para el país?

viernes, 16 de abril de 2010

Los sueños de aquel 20 de abril


La portada del diario Última Hora todavía está allí, pegada como un póster en la pared de la oficina.
El papel se ha puesto amarillento y ajado, pero aún puede verse la imagen de un Fernando Lugo sonriente, la bandera paraguaya sobre los hombros, el puño izquierdo levantado contra el fondo de una multitud eufórica frente al Panteón de los Héroes. Un titular enorme y contundente: “Lugo tumba al Partido Colorado”. Es el fiel retrato periodístico de aquella noche del 20 de abril de 2008, un parte aguas en la historia política contemporánea del Paraguay.
Dos años después, otras tapas de diarios se amontonan sobre el escritorio. “Corrupción en la era Lugo”. “Juez procesa a Soares y Lugo lo deja en el cargo”. “Fiscal imputa al titular de Petropar por caso PDVSA”. Otro tiempo, otro clima, otras noticias. ¿Tanto ha cambiado todo en tan poco tiempo? ¿En dónde están los sueños de aquel 20 de abril?
No es fácil separar el trigo de la cizaña de intereses tan determinados. No es fácil ser críticos sin caer en el juego perverso de quienes perdieron sus privilegios aquel domingo histórico y hoy acechan con demenciales teorías de conspiración y amenazas de juicios políticos o golpes de Estado. No es fácil informar sobre los cada vez mayores hechos de irregularidad o corrupción en el Gobierno Lugo, sin ser pretendidamente descalificados como propiciadores de una “campaña mediática de desprestigio y persecución política”, aunque suene al mismo libreto del anterior Gobierno colorado ante las denuncias periodísticas.
Quizás era previsible el desgaste en el poder de un Gobierno de signo político nuevo, que prometía ser distinto y acaba cayendo en varios de los mismos vicios que se propuso transformar, pero aún habrá que poner en la balanza algunos de sus logros, más simbólicos que efectivos: la gratuidad de la salud pública, los esfuerzos por una educación más despolitizada y de mejor calidad, la desigual batalla por limpiar la corrupción en la Policía, los valederos intentos por formalizar la economía.
Convengamos en que este no es el Gobierno distinto que soñábamos aquella noche, y quizás ya no tenga la oportunidad de serlo en el resto del camino que le queda. Pero fue quizás la única opción concreta que nos dio la historia, en su momento, para poner fin al largo periodo de dictaduras asesinas y democracias corruptas enmascaradas, que dejaron a un país hundido en el fondo del pozo más oscuro, y cuya trágica consecuencia la seguimos pagando hasta ahora. De lo que Fernando Lugo y sus colaboradores hayan hecho -y todavía puedan hacer o dejar de hacer- con los sueños ciudadanos, tendrán que rendir cuentas. Pero esos sueños permanecen vivos, y más temprano que tarde exigirán nuevos caminos a la historia.

viernes, 9 de abril de 2010

Top Secret

Las acusaciones del ministro del Interior, Rafael Filizzola, contra los medios periodísticos que divulgaron grabaciones de la negociación entre familiares de Fidel Zavala y los secuestradores miembros del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), para lograr su liberación, han provocado un interesante debate sobre los límites éticos de la prensa, y la responsabilidad en torno a la libertad de expresión y el derecho a la información, a pocos días de celebrarse el Día del Periodista Paraguayo.
Filizzola confunde la función del periodismo. La prensa no trabaja para el Gobierno, ni para el sistema de Justicia, ni para los organismos de seguridad, ni para los investigadores del caso Zavala, y no está obligada a “colaborar con la investigación”, ni a responder a criterios internos de la burocracia estatal. La prensa está al servicio de la sociedad, a la que debe proveer en forma libre toda información de interés público, que ayude a los ciudadanos a formarse criterios para juzgar los temas de actualidad, incluyendo la misma actuación del Gobierno y los organismos de seguridad.
¿Las grabaciones del caso Zavala son de interés público? Una vez liberada la víctima, sí lo son, pues aportan reveladores detalles de cómo se manejó la negociación en un secuestro que tuvo mucha repercusión política y social. Cualquier editor que acceda a un material como este, lo va a publicar por su evidente valor periodístico, sin estar calibrando si beneficia a los delincuentes o si beneficia al Gobierno, como pretende el ministro del interior. La noticia es noticia, y punto.
¿El material era de carácter confidencial, por tanto no debía ser publicado? La esencia del periodismo de investigación es obtener información importante que los poderes mantienen oculto. Si se obtuvo una grabación “top secret”, eso habla bien de la habilidad de los periodistas en hacer su trabajo, y habla mal del Gobierno y de los servicios de seguridad que no supieron resguardar la confidencialidad, como para evitar filtraciones.
¿Qué la publicación favorece a los delincuentes y debilita la imagen de los investigadores? Si esa es la lectura de la realidad… ¡sorry! Pero convengamos en que los investigadores ayudan muy poco a no mostrar falencias, cuando la propia fiscala del caso admite que desconocía la existencia de las grabaciones, y luego el Fiscal General la contradice públicamente, tras una semana de intercambio de acusaciones entre el Ministerio del Interior y el Ministerio Público.
Llama la atención que Rafael Filizzola ataque a los periodistas por hacer su trabajo. Justamente él, que en su época de ejercer como abogado y luego como parlamentario, supo ser un gran estudioso y un abanderado del derecho a la información. ¿Será que cambia tanto la perspectiva desde el ejercicio del poder?

martes, 6 de abril de 2010

Tribunal a bordo de un ómnibus


Sucedió el miércoles, cerca del mediodía, a bordo de un ómnibus de la línea 21, en su recorrido por la avenida Eusebio Ayala. Yo andaba por Asunción, realizando apurados trámites antes de emprender una expedición al Sur, cuando la realidad cotidiana me regaló esta historia.
El bus no estaba lleno. Gente volviendo de la última jornada laboral, pensando en el feriado de Semana Santa. En uno de los asientos iba una joven mujer, acompañada de una chiquilla de unos 4 años, que lloraba desconsoladamente. Nerviosa, la mujer le pedía que se calle, pero ella seguía llorando. Entonces le propinó un violento pellizco en el brazo. La nena pegó un aullido aterrador, que hizo sobresaltar a todos.
Otra mujer, ya mayor, la miró con dureza desde la fila de asientos de enfrente:
-¿Es tu hija? -preguntó.
-Sí, es mi hija -respondió la mujer joven.
-¿Y por qué le torturás así?
-¿Qué...?
-¿Por qué le torturás así a esta pobre inocente?
-¿Qué te pasa...? ¿Por qué te metés, vieja loca? -le recriminó la mujer joven-. ¡Es mi hija y le puedo corregir como quiera!
-¡Estás muy equivocada! Los niños tienen derechos protegidos por la Constitución. Cualquier ciudadano puede defenderlos ante un caso de maltrato, y denunciarte ante las autoridades, aunque seas su mamá.
-¡Es mi hija, ya te dije, y puedo hacer con ella lo que quiera..! ¡Vieja metida, preocupate por tus hijos, quien sabe dónde están!
-¡Mis hijos están bien, gracias! Sos una pobre ignorante. Le vas a traumar todo a esa pobre criatura. ¡Si le volvés a levantar un dedo, llamo a la Policía y te mando a la cárcel!»
La nena había dejado de llorar y miraba entre confundida y aliviada, a su madre castigadora y a su inesperada defensora. Entre el resto de los pasajeros nadie hablaba. Algunos movían la cabeza en señal de aprobación o rechazo, en un surrealista juicio a bordo del bus, que ya tenía acusada, jueza, defensores, fiscales y testigos. El chofer reía divertido, mirando por el espejo retrovisor.
La mujer joven ya no dijo nada. Se quedó en silencio, soportando la mirada dura de la mujer mayor. Se escapó en la primera parada, alzando en brazos a su hijita, con una suavidad y ternura que hasta entonces no había mostrado.

lunes, 29 de marzo de 2010

El día después de mañana


Hay que hacerse a la idea: las tormentas llegaron para quedarse entre nosotros, con toda su furia destructiva.
En el Alto Paraná se está volviendo costumbre que, cada tres o cuatro meses, torrenciales lluvias con vientos huracanados dejen a centenares o miles de familias sin hogar. Barrios enteros inundados por las aguas desbordadas de ríos y arroyos, techos acribillados por granizos del tamaño de pelotas de tenis, paredes arrancadas desde los cimientos por la fuerza del ventarrón.
Hasta ahora, la única respuesta de las autoridades es llegar muchas horas o días después, con cargamentos siempre insuficientes de alimentos de subsistencia para unos pocos días y chapas de fibrocemento para reponer los techos destruidos, que quedan nuevamente a merced de la próxima tormenta.
A fines del Siglo XIX, cuando toda la región era una larga franja de indómita selva, un aventurero científico suizo se internó en el corazón de las tinieblas a desentrañar los secretos de la madre naturaleza. En su idílico rincón a orillas del río Paraná, Moisés Santiago Bertoni elaboró un calendario climático que durante más de una centuria fue capaz de predecir con precisión casi milimétrica los días de lluvia en el año, y cada campesino paraguayo podía fijarse allí para programar sus ciclos de siembra y cosecha, o hasta para organizar las fiestas populares al aire libre.
En las décadas del ‘60 y ’70 del Siglo pasado, cuando la dictadura del general Alfredo Stroessner regaló las mejores tierras fronterizas a los grandes “fazendeiros” brasileños, la era de la “sojalización” arrasó con casi todo el bosque Atlántico, dejando vastos campos pelados como mesa de billar. El clima se alteró radicalmente: calor insoportable, tormentas irascibles, y hasta fenómenos nunca antes vistos en esta zona, como las “colas de tornado” o remolinos de nubes.
Hasta ahora convivíamos con el mito de que el Paraguay está a salvo de las grandes catástrofes naturales que azotan a otros puntos del planeta. El vendaval apocalíptico que hirió al país el martes último nos muestra que la naturaleza también nos está pasando la factura de todo el daño irracional que le causamos. Y también nos revela lo frágil, vulnerable e improvisado que somos.
No hay políticas de Estado, ni infraestructura para prever y enfrentar los azotes del clima. Todo es asistencialismos de emergencia, que se limita a repartir víveres y chapas en el día después. Puro parche o aspirina sobre la herida profunda. Correr a apagar incendios, antes que prevenirlos. O un espectáculo aun más triste, como el que se ve en Alto Paraná: El Municipio, la Gobernación y la Secretaría de Emergencia Nacional compitiendo en quien lleva su ayuda con su aparato de marketing electoral, en lugar de trabajar coordinadamente.

sábado, 6 de marzo de 2010

Los increibles magos de Ciudad del Este


El mago estadounidense David Cooperfield hizo desaparecer a la Estatua de la Libertad, durante uno de sus mejores shows en Nueva York. Duró apenas unos minutos, pero le valió ser considerado como uno de los mejores ilusionistas del mundo. En Ciudad del Este, un grupo de anónimos magos paraguayos, disfrazados de funcionarios de Puertos y Aduanas, hicieron desaparecer tres enormes contenedores repletos de mercaderías, en un espectacular show de ilusionismo que ya lleva más de un mes de duración… pero nadie les ha dado el merecido crédito por eso.
Y para que Cooperfield no vea su fama amenazada por sus humildes émulos paraguayos, aparece un fiscal llamado Arnaldo Giuzzio, que evidentemente no cree en trucos de prestidigitación y pretende convencernos de que lo sucedido no fue un show de abracadabra, sino un caso flagrante de contrabando y evasión impositiva.
Para quienes vivimos y trabajamos en esta región de belleza paisajística deslumbrante y conflictos humanos conmovedores, con su realidad más densa y sus muchas maravillas, no es ninguna sorpresa que los mandrakes locales hagan desaparecer camiones y contenedores, o que vuelvan invisibles a enormes depósitos y numerosos muelles piratas. Por el contrario: la sorpresa es que al fin algo se intervenga.
A más de un año y medio del Gobierno de Fernando Lugo, el esquema de contrabando y tráfico ilícito en la frontera Este no ha variado mucho de lo que era en la época de los gobiernos colorados. Los puertos clandestinos sobre el río Paraná y el Lago de Itaipú continúan intactos y operando con total impunidad, así como siguen las operaciones de sub-facturación o de “paso en frío” por Puertos y Aduanas. La llamada “guerra de los celulares” y el caso de los contenedores desaparecidos “por arte de magia” solo revelan que los miembros de la mafia fronteriza se siguen enriqueciendo, ahora con nuevos aliados políticos.
A más de aplaudir que haya gente como el actual director de Aduanas Javier Contreras, o el incansable fiscal Arnaldo Giuzzio, dispuestos a librar nuevas batallas, la cuestión de fondo es exigir avances en la formalización y reconversión del comercio fronterizo de Ciudad del Este, y empezar a implementar proyectos alternativos de desarrollo para dar ocupación a las más de 50.000 personas que hoy viven del contrabando, pero que en pocos años, cuando el Arancel Externo Común del Mercosur entre en plena vigencia, y los sacoleiros pierdan interés en el Paraguay, se quedarán literalmente en la calle. Allí empezará el verdadero drama.

viernes, 12 de febrero de 2010

El amor en los tiempos del apagón


El Gobierno de Fernando Lugo debería agradecer bastante a los músicos, cantautores, poetas y literatos que impusieron la imagen de que no existe nada más romántico en la vida que una cena a la luz de las velas, en medio de las sombras de la noche.
Si este fin de semana persiste la crisis energética, es probable que a los paraguayos y paraguayas nos toque celebrar la Noche de San Valentín más romántica de todas nuestras historias personales y colectivas, convirtiendo en realidad la cursi estrofa del cantautor mexicano Gustavo Lara: “Caricias a la luz de la velas/ un par de almas gemelas/ solos en mitad de la tierra…”.
Claro que ni los poemas de Bécquer o Rubén Darío, ni los boleros de Agustín Lara o Armando Manzanero, ni las novelas de Corín Tellado o Ángeles Mastretta, mencionan lo poco amoroso que resulta aguantar una temperatura de 40 grados sin ventilador ni aire acondicionado, ni tener el cuerpo empapado de sudor y malos olores por no haberse podido tomar un baño debido al corte del servicio del agua potable, ni hablar de los mosquitos y demás insectos que se cuelan por las puertas y ventanas abiertas cuando uno las abre buscando que entre el inexistente aire fresco. ¡Así no hay romanticismo que valga!
Pero el amor es más fuerte… y ni las imprevisiones de la ANDE, ni las obsoletas conexiones de la ESSAP, ni el incorpóreo decreto de premios y castigos de Fatecha, ni los viajes de Lugo, ni las vacaciones truncas de Federico, ni la declaración de emergencia eléctrica nacional por parte del Parlamento, ni las falsas amenazas de bombas… podrán impedir que Cupido dispare sus flechas untadas de miel y que los TQM colapsen los servicios de SMS de los teléfonos celulares.
El amor es mucho más que una caja de bombones y una postal con corazoncitos, una vez al año, en el calendario del consumismo globalizado. El amor es darse por entero no solo a la otra persona que comparte contigo una relación de pareja, sino también a un ideal, a un sueño, a una causa noble.
Hay enamorados o enamoradas capaces de dar la vida por una idea de Dios, o por una utopía de Patria. Amores como el de Jesús de Nazareth, Juana de Arco, los niños de Acosta Ñu, los jóvenes del 23 de octubre, el Che Guevara, Martín Luther King, Nelson Mandela, los mártires del Marzo Paraguayo… son igualmente sublimes, igualmente locos, igualmente únicos, como el de Romeo y Julieta.
Aún con 40 grados de calor, sin agua y sin luz… ¡Felicidades a todos los enamorados y enamoradas que siguen esta columna!

viernes, 29 de enero de 2010

Adiós, vieja Encarnación, adiós


El histórico edificio del Correo y Banco Mercantil, en la zona baja de Encarnación, que será demolido en los próximos días.

Réplica de la fachada del mismo edificio, en una de las carrozas del Carnaval 2010, que en estos dìas rinde homenaje y despide a la Zona Baja, que muere y desaparece bajo las aguas.

El pasado fin de semana tuve el honor de integrar el jurado de las primeras noches de los Carnavales de Encarnación 2010. Fue el inicio de una linda fiesta, con mucho baile, imaginación y creatividad, como ya es habitual en el Sur. Pero en medio de la alegría había un grito de dolor sofocado: en esta edición, la capital de Itapúa rinde homenaje y al mismo tiempo despide a la parte más vital de su paisaje urbano, la que va muriendo para siempre, en espasmódica agonía, sepultado por la aguas del río Paraná, con el aumento del embalse de la represa de Yacyretá.
Resulta alucinante ver a la bella reina del Club 22 de Setiembre bajar de una carroza que es la réplica exacta del histórico edificio del Correo y Banco Mercantil, de deslumbrante arquitectura neo-clásica, inaugurado en 1915, y al día siguiente ver el edificio real erguido entre las ruinas, sabiendo que en pocos días será demolido y quedará solo en viejas fotos de un álbum amarillento, vago recuerdo de algo que nunca más será.
Caminar por las inundadas calles de lo que aún queda de la Zona Baja de Encarnación, en estos días, es como transitar por un territorio de guerra. Duele ver a toda esa gente desmantelando ladrillo a ladrillo el lugar donde anidan sus más cálidos afectos, como si con cada pedazo de pared que van tumbando, estuvieran arrancando jirones de su propia alma.
Del viejo muelle del Puerto solo emergen las puntas de las torres que alguna vez fueran clásicas imágenes de postal turística en algún dorado atardecer sobre el río. La hermosa casona colonial que fue el edificio de la Aduana es hoy un resto de decorado de película de Apocalipsis, sosteniéndose contra el viento en medio de los escombros ahogados en agua, mientras alrededor se consuma el último éxodo de pobladores agónicos, junto a las vías aun sobrevivientes de un tren que ya se marchó para siempre.
“Yacyretá es el segundo ciclón que arrasa con Encarnación…”, me dice mi amiga Susana, a quien cada martillazo de los moradores la hiere en el corazón.
Muere una parte de una de las ciudades más antiguas del Paraguay, llevándose bajo las aguas tanta historia, tantos recuerdos personales y colectivos, tanto sentimiento sureño. Otra ciudad de cemento y luces resplandecientes va naciendo más arriba, con cada palada de las grandes topadoras que remueven la tierra roja como sangre, como si Itapúa misma se desangrara para volver a nacer.
Yo fui testigo, hace 28 años, del mayor crimen ecológico de Sudamérica, cuando el embalse de Itaipú asesinó a los Saltos del Guairá, y una parte de mi infancia allí murió para siempre. Por eso entiendo la tristeza de los encarnacenos, al ver cómo va muriendo de a poquito parte del alma de su ciudad.
A todo esto le llaman Progreso, Civilización, Futuro.
Ojalá valga la pena.

martes, 26 de enero de 2010

Combatir al EPP también en lo polìtico


El ministro del interior, Rafael Filizzola, sostuvo desde el principio que el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) es solo una banda de delincuentes comunes, y no un grupo con pretensiones guerrilleras, pero en su búsqueda ha desplegado las más gigantesca movilización de tropas policiales y militares de combate, que –aunque no se llame así- tiene todas las características de un operativo de contrainsurgencia. Es decir, lo que se niega en teoría, se asume en la práctica.
En nuestras series de reportajes sobre el origen y la composición del EPP, hemos demostrado que desde su nacimiento en 1992, como proyecto de un supuesto ejército revolucionario y brazo armado clandestino de un partido político de izquierda (Patria Libre), encerraba un componente ideológico.
En estos 20 años, ni PL llegó a ser el gran partido de izquierda que pretendían sus fundadores, ni el EPP pudo convertirse en la guerrilla a destiempo, pero sí se transformó en la más temible y eficaz banda de secuestradores, la única que en el mapa del crimen organizado en Paraguay recibió adiestramiento y asesoramiento de un histórico grupo guerrillero latinoamericano que también devino en banda criminal: las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Es comprensible que el Gobierno no quiera otorgarles ningún cartel de fuerza combatiente, pero tratarlos solamente como delincuentes comunes significaría ignorar que tras de sus actos criminales enarbolan un discurso político anti-sistema, que ha permeado en estrados de pobladores y de organizaciones sociales y políticas de Concepción y San Pedro, especialmente en aquellos sectores humildes que más han sentido el abandono del Estado en todos estos años.
Hoy se recorre más rápido los 414 kilómetros desde Asunción hasta la ciudad de Concepción, que los 170 kilómetros desde esta localidad hasta la colonia José Félix López (Puentesiño), o los 190 hasta Vallemí, en donde la cinta de tierra roja abierta entre la vegetación no merece llamarse camino, en donde los pobladores deben recorrer lejanas distancias en moto, a pie o a caballo, para llegar a algún derrumbado puesto de salud donde solo hay dispensarios vacíos y médicos ausentes. Es en ese territorio de cien años de soledad donde el EPP logró crecer y hasta ganar la adhesión de reconocidos dirigentes campesinos.
Ocupar la región con ejércitos de policías y militares hoy puede traer una sensación de seguridad (aunque hay que estar muy atentos a los posibles abusos, o al efecto de “caza de brujas”, como ya sucedió durante el Operativo Jerovia, en 2008), y es posible que se logren importantes capturas de miembros o simpatizantes del grupo armado. Pero si además el Gobierno no se hace presente con caminos, hospitales, escuelas, programas de producción y desarrollo rural… el combate al EPP será solo parcial e insuficiente.

jueves, 14 de enero de 2010

De carne somos


El escándalo ocasionado con el reparto de carne de 30 reses vacunas por parte de la familia Zavala a poblaciones humildes de Asunción y el departamento de Concepción, por “cortesía del EPP” fue una noticia –si se quiere- positiva: la comprobación de que el ganadero secuestrado Fidel Zavala está vivo, y de que la familia negocia su liberación.
El anuncio de la distribución como un regalo populista del llamado Ejército del Pueblo Paraguayo y el nuevo dramático pedido para que las tropas policiales se retiren de Concepción, fueron claras evidencias de que los familiares estaban cumpliendo exigencias impuestas por los secuestradores en un proceso de negociación.
También fue una comprobación dramática y lamentable para el Estado de Derecho: la facilidad e impunidad con que un grupo armado al margen de la Ley puede chantajear e imponer de manera pública su agenda, no solo al Gobierno, sino a los demás poderes de la República, a los medios de comunicación, a la clase política y a toda la sociedad paraguaya, a costa de mantener secuestrado a un ciudadano. Fue sin dudas un logro mediático del EPP en su pulseada político-criminal, pero las cosas no le salieron del todo bien.
No debería habernos extrañado que cientos de humildes compatriotas se atropellen en una larga fila para recibir un pedazo de carne, sin importarles que sea producto del secuestro y del chantaje. Hay una gran porción del Paraguay que, además del hambre y la miseria, sufre la consecuencia de largos años de ignorancia impuesta, de ciudadanía vaciada.
Pero entre el patético cuadro de los carnívoros sin conciencia, hubo fulgurantes destellos de valentía cívica, como la de los indígenas Mbya Guaraní de Boquerón, que nos dieron la hermosa lección de que se puede ser digno en la pobreza y rechazar la supuesta dádiva guerrillera, aunque ello signifique condenarse a más hambre. O como la de la aguerrida Ña Sara Servián, que nuevamente demostró que sus acciones solidarias están fundadas en una ética imbatible. La carne devuelta frente al portón de la Agrupación Especializada fue un certero boomerang contra el “operativo Robin Hood” del EPP.
Más condenable fue el oportunismo de muchos políticos de la oposición y de un sector de la prensa, que buscaron responsabilizar al Gobierno por permitir la repartija de carne, como si hubiera habido otra opción posible. Hay que reconocerlo: Rafael Filizzola es el primer ministro del Interior que está enfrentando de modo firme y decidido la aventura armada del EPP, que los anteriores gobiernos colorados dejaron crecer libremente con irresponsabilidad cómplice. Y lo hace caminando sobre el filo de la navaja, sabiendo muy bien que un eventual desenlace negativo en el caso Zavala tendría un elevadísimo costo político.

viernes, 8 de enero de 2010

Itaipú, la caldera del Diablo


El ingeniero Gustavo Bogarín es un antiguo funcionario de Itaipú, quien durante las direcciones de Víctor Bernal y Ramón Romero Roa fue jefe de División de Infraestructura y autorizó la construcción de varias obras, por las cuales la binacional pagó millones pero nunca se ejecutaron. En declaraciones al diario ABC, Bogarín reveló que el dinero fue desviado a las seccionales coloradas por ordenes del entonces director Víctor Bernal y del propio presidente de la República, Nicanor Duarte Frutos.
Para quienes esperaban un cambio sustancial en el manejo del dinero de Itaipú tras la asunción del presidente Fernando Lugo, resultó una gran sorpresa que, en agosto de 2008, Bogarín sea nombrado director administrativo, bajo la dirección de Carlos Mateo Balmelli.
En 2007, cuando el candidato presidencial Lugo visitó Ciudad del Este, un antiguo amigo suyo, el médico Gerardo Cristaldo, le presentó a Bogarín, con la recomendación de que iba a resultar “un hombre muy útil dentro de Itaipú”. El ex hombre de Nicanor y Bernal le pasó a Lugo “informes confidenciales” sobre la binacional, y el premio fue su promoción al alto cargo político-administrativo.
Bogarín se convirtió en la “sombra negra” de Mateo. Enarbolando su “amistad” con Lugo, creó su propio feudo en la entidad y desacató instrucciones del director general, congelando pagos a la Fundación Tesai. Aliado a adversarios políticos de Mateo en la interna del liberalismo, inició una solapada guerra contra el jefe de Itaipú, buscando demostrar su “pésima gestión” y forzar su destitución. La ofensiva no se hizo esperar, y se graficó en la violenta patada que el ex intendente de Ypacaraí, Adalberto Morínigo (mano derecha de Mateo), le propinó a Bogarín el pasado 2 de diciembre, en la antesala de una sesión del directorio.
Ahora la guerra ya es abierta. El lunes pasado, Mateo Balmelli denunció a Bogarín, Bernal y Nicanor ante la Fiscalía General, por los presuntos ilícitos que cometieron en Itaipú. El jueves, la mano de Bogarín llegó también hasta el Ministerio Público, a través del ex asesor jurídico del Sindicato de Itaipú (Steibi), Adelio Aquino, en una denuncia contra Mateo por supuestos pagos irregulares de 17.500 millones de guaraníes, en concepto de fondos sociales proveídos a municipios durante el 2009.
La entidad binacional Itaipú hoy se parece al escenario de aquel clásico melodrama de tevé, “La Caldera del Diablo”. No sería muy grave, si no estuviera en juego la administración de la represa hidroeléctrica operativamente más grande del mundo, y de por medio la renegociación de nuestra soberanía energética ante el Brasil. Ni más ni menos.

sábado, 2 de enero de 2010

Desde lo cotidiano


Ya estamos estrenando los primeros flamantes días del 2010. “Año Nuevo, Vida Nueva”, reza el popular refrán. A juzgar por los textos de muchos mensajes de saludos que me llegaron via e-mail o sms en las últimas agónicas horas del año que se fue, habita realmente en el interior de muchas personas un imperioso deseo de que la renovación de la agenda anual también produzca cambios y transformaciones personales y colectivas.
¿Qué es lo que realmente termina y comienza en la frontera entre el 2009 y el 2010? ¿El tiempo, la vida, los sueños…? ¿Cambia algo dentro nuestro, solo porque cambia el calendario? ¿Necesitamos acaso la excusa de un almanaque para convencernos de que podemos renovar nuestra vida…? ¿Y si lo hiciéramos a cada instante que transcurre…?
Agradezco de corazón los muchos buenos deseos que me han hecho llegar en estas fiestas tantos queridos amigos y amigas, pero escribí en una de las redes sociales de internet que mientras aguardaba que se cumplan los deseos que me habían enviado en el anterior Año Nuevo... ¡ya se me terminó el año!
Por tanto, les propongo: ¿Qué tal si, en lugar de pedir y esperar que los buenos deseos para este 2010 nos caigan como una lluvia milagrosa desde alguna parte, nos dedicamos a hacerlos realidad nosotros mismos?
Hay mucha gente que lo hace, en forma anónima y silenciosa, sin buscar réditos políticos ni económicos, sin buscar las cámaras y los reflectores de los medios de comunicación, apenas porque sienten que esa es su manera de contribuir a cambiar y a construir un nuevo país, desde lo cotidiano.
Los rostros de algunas de estas personas, hombres y mujeres, han aparecido en la portada de Última Hora del 31 de diciembre, elegidos por los periodistas de este diario como “los rostros del Paraguay positivo”.
Niños crecidos en un carenciado barrio del Bañado, junto al basural de Cateura, que desde una escuelita de fútbol llamada “siembra” han sido capaces de ubicarse entre los primeros en el campeonato mundial de Milán. Un funcionario público del interior del país, que rompiendo el mito de la corrupción se bate de manera indoblegable por proteger el medio ambiente. Una médica estatal que inventa recursos para llevar a los pacientes desde sus casas al hospital y los cuida como si fueran sus hijos. Una familia humilde que perdió a la madre y esposa, y decidió donar sus órganos para dar vida a otros, sobreponiéndose al dolor y a los prejuicios.
No son santos ni superhéroes. Son gente común y corriente, como cualquiera de nosotros, con sus defectos y virtudes, con sus alegrías y tristezas, pero en su accionar diario van dejando una estela luminosa, a veces imperceptible para quienes solo se deslumbran con las luces y los estruendos artificiales.